¿Riesgo de centrifugación?

Publicado: Domingo, 29 de Julio de 2012 14:14 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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Infokrisis.- Realmente el hacer de la “unidad nacional” una bandera de combate política parecía hasta hace poco injustificado por la sencilla razón de que la unidad del Estado parecía bien asegurada por tres motivos: por la endeblez de los grupos independentistas, porque en las regiones afectadas por el virus independentista (Cataluña y el Euzkadi) no existía mayoría independentista y porque la Unión Europea constituía una especie de póliza de seguro (la UE es una “unión de Estados Nacionales”, no una reunión de comunidades autónomas independizadas). Y luego había un último factor: ni siquiera los partidos nacionalistas (CiU y PNV) eran unánimes en su interior al albergar a nacionalistas partidarios de la autonomía, de la federación o de la independencia.

No ha existido, pues, riesgo para la “unidad nacional”, algo constatable además porque no se ha producido en los últimos 30 años ni un solo intento separatista serio y con visos de aproximarse ni siquiera mínimamente a su objetivo secesionista. Ya vimos como después de años de preparación del “plan Ibarreche”, finalmente, una simple votación en el parlamento español lo desarmaba sin darle continuidad ni generar ninguna, ni generar un “plan B” en el independentismo vasco.

El factor nuevo: la crisis económica

Pero en los últimos cuatro años se ha producido un fenómeno de proporciones descomunales que no deja de crecer: la crisis económica. Siempre hemos sostenido que la crisis económica es mucho más que el pago de la deuda, y que, aun pagando la deuda, este país seguiría en crisis porque carece de modelo económico y abundan las “instituciones florero” que no sirven absolutamente para nada pero que son extremadamente costosas. Repasémoslas: Diputaciones Provinciales, Senado, Casa Real y, por supuesto, una estructura autonómica insostenible. Este paquete inservible, ineficiente, compuesto por una superestructura institucional creada por los partidos mayoritarios para dar un sentido a su militancia (“yo milito, luego el partido me recompensa con un cargo”) y para dar coherencia jurídica al origen histórico del propio sistema (la monarquía hizo que se pudiera presentar el proceso de cambios de 1976-1979 como una “transición”)  tiene como complemente una fuente increíble de gasto público igualmente inasumible: 7.150.000 inmigrantes de los que solamente contribuyen a las arcas del Estado (y por las franjas salariales más bajas) una media de 1.750.000, viviendo el resto de la caridad pública, de subsidios, subvenciones, becas y trabajo negro (salvo los 500.000 holandeses, ingleses y alemanes jubilados que viven en España y cuyo número, por cierto, va descendiendo de año en año). Con todos estos lastres y sin un modelo económico capaz de crear empleo y de generar una reindustrialización, no hay recuperación posible, ni pagando todo el déficit actual, porque de lo que se trata es de crear las condiciones necesarias para una recuperación económica, mucho antes que para pagar la deuda. Sin deuda pero sin recuperación, estaremos como antes, con unas “instituciones florero” y unas legiones de inmigrantes sin trabajo, que suponen una verdadera aspiradora de fondos públicos, de tal manera que el Estado nunca podrá invertir en sectores a desarrollar que absorban mano de obra.

La crisis económica (se dé la interpretación que se le dé: y para nosotros es una crisis estructural del sistema mundial globalizado, mientras que para los partidos mayoritarios es apenas una crisis coyuntural provocada por operaciones especulativas arriesgadas) será prolongada y está obligando a todos los sectores de la sociedad y del Estado a apretarse los cinturones. Y esto se nota especialmente en las autonomías y mucho más en Cataluña, región del Estado habituada al narcisismo y a exhibir cierto tono de superioridad.

Las bases tópicas del nacionalismo catalán

Se conocen las bases del nacionalismo catalán construidas a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XIX: 1) Catalunya tenemos una lengua propia y, por tanto, es una nación, 2) los catalanes somos laboriosos frente a otras zonas del Estado en donde solamente se piensa en la diversión, 3) los catalanes somos más ricos porque hemos trabajado más y 4) estas cualidades catalanas son superiores a cualquier otra del Estado y, por tanto, Cataluña debe guiar a España… o bien separarse. Sobre todo este cúmulo de razonamientos narcisistas ha funcionado el nacionalismo catalán en los últimos 130 años. Bases que, hoy no tienen absolutamente nada que ver con la realidad.

Las tasas de paro juvenil, de endeudamiento, de inmigración, de desindustrialización y de corrupción hacen que si Cataluña se parezca a alguna otra comunidad del Estado, sea precisamente a Andalucía, acaso la comunidad que siempre ha odiado más el nacionalismo catalán. Cataluña ya no es algo diferente y/o superior al resto del Estado, sino una de las regiones en donde la crisis ha ahondado más, fundamentalmente por las obsesiones nacionalistas: la obsesión por la catalanización del país (catalanización que tocó techo ya antes de las olimpiadas del 92: hoy la tasa de utilización del catalán es de un 35%), la obsesión por seguir considerándose una “nación industriosa” (cuando en realidad la alta burguesía catalana lleva años centrando sus inversiones en la especulación y ya no en sectores productivos o industriales), la obsesión por ser superiores al resto de España (cuando las comparativas aquí y ahora no lo confirman, salvo quizás en niveles de corrupción en donde efectivamente, en Cataluña han llegado a afectar a la propia presidencia de la Generalitat y, desde luego compitiendo con Andalucía) y ese victimismo tan habitual en el nacionalismo catalán presente y que quizás hinca sus raíces en la derrota de Muret allá en el siglo XIII (que considera que cualquier problema que exista en Cataluña es generado más allá del Ebro, nunca en Cataluña).

Todo esto hace que en la actualidad, los nacionalistas de CiU menos que nadie se vean obligados a dar una explicación a porqué Cataluña ni siquiera es capaz de apagar un incendio forestal sin el concurso de bomberos “de España” (es decir, venidos de Aragón o enviados por el Ministerio de Defensa) y de Francia. O porqué cuando se juzga al brazo derecho y al brazo izquierdo de Jordi Pujol (sus “hombres de confianza” Plenafeta y Alavedra) y al espíritu del nacionalismo (el Caso Palau), CiU haga como si la cosa no fuera con ellos como cuando Jordi Pujol estuvo a punto de ser juzgado por el Caso Banca Catalana (un banco descapitalizado para financiar la catalanización del país) y aquello se consideró como “un ataque a Cataluña”… Para el nacionalismo catalán todos son culpables de cualquier mal que afecte a Cataluña. Ellos nunca, ni siquiera tras haber gobernado ininterrumpidamente durante más de 30 años (el período de Montilla-Maragall no fue más que un tímido paréntesis socialista-nacionalista en el océano nacionalista catalán).

Los errores en cadena de "Madrid", esto es, del gobierno

Esa visión falsa, torpe y mendaz, sin embargo, ha calado en un sector creciente de la sociedad catalana. Los miles de millones repartidos por la Generalitat a los medios de comunicación catalanes han hecho imposible la existencia de prensa libre en Catalunya. Ciertamente, cada vez se lee menos prensa y  las tiradas de los periódicos catalanes van decreciendo como en cualquier otra autonomía) solo que en Cataluña prácticamente expresan SÓLO la opinión y los criterios de la Generalitat. Así que ésta ha decidido que para salvarse ella hay que responsabilizar a “España”. España es para la Generalitat el símbolo de todo lo negativo. El ciudadano catalán percibe que, efectivamente, quien gobierna el Estado lo hace desde Madrid. Si lo hace mal es “Madrid” (esto es, España) la culpable.

Y justo es reconocer que Felipe González negoció mal el tratado de adhesión a la UE (y de aquellas aguas procedieron parte de estos lodos), que Aznar creó un modelo económico suicida (ladrillo, salarios bajos, inmigración, crédito fácil), que Zapatero era el peor tipo de tonto, el tonto con ideas (aplicó tardíamente las peores medidas, abrió las puertas a la inmigración descoyuntando el mercado laboral y con él el déficit se disparó) y Rajoy en menso de un año ha demostrado ser mediocre, timorato, incapaz de resolver la crisis y de hacer otra cosa que no sea seguir con fidelidad perruna los dictados de la UE, sin tener la más mínima idea propia sobre cómo salir del pozo). Pero no hay que perder de vista que Felipe, Aznar, ZP, Rajoy NO SON ESPAÑA, son miembros del PP y del PSOE y es a estos partidos a los que hay que pedir responsabilidades. Pero, claro, si se piden responsabilidades a PP y PSOE ¿por qué no pedirlas a CiU o al PNV? De hecho si este sistema existe es porque esta “banda de los cuatro” lo creó para su beneficio y para eternizarse en el poder.

Hace unos meses, cuando se votaba la ley de presupuestos, la Generalitat no podía ni siquiera pagar la nómina de los funcionarios. Hacía falta dinero y Rajoy lo envió a cambio de una “actitud constructiva” de CiU en el parlamento. Ahora la Generalitat se enfrente a la inanición pero ya no tiene cartas que negociar: simplemente debe bajar la cerviz y poner el cazo. El Conseller de Economía ya ha indicado que no aceptarán condiciones políticas para una primera ayuda que puede ser de entre 3.000 a 5.000 millones… Como si ayudas de este tipo fueran cartas en blanco que no conllevaran algún tipo de contraprestaciones.

La situación dramática de la Generalitat

Artur Mas se encuentra en este momento es una situación dramática especialmente para un nacionalista catalán, es decir, para alguien que cree que su comunidad es superior a cualquier otra: ahora se demuestra que ha existido faraonismo y mala administración, que la catalanización del país ha sido un mal negocio y que se ha tragado abundantes recursos, que Cataluña se está desertizando industrialmente (como cualquier otra parte del Estado) e incluso que Cataluña con 1.250.000 inmigrantes (un 23%) es inviable y no sabe ni puede defenderse salvo al estilo que siempre utiliza el nacionalismo: la Generalitat considera que por decir “pis” en lugar de “piso” un inmigrante ya está integrado… El nacionalismo catalán creó aquella frase en los 70 de que “catalán es todo aquel que vive y trabaja en Cataluña” que ahora ha cambiado por esta otra de “catalán es todo aquel que habla o chapurrea catalán especialmente si está subsidiado por la Generalitat”.

Y esta es la inconsciencia del nacionalismo: lo que está pasando en Cataluña hoy es casi enteramente su responsabilidad (CiU nunca advirtió ni a Aznar ni a ZP de que el modelo económico del ladrillo y la especulación era suicida, simplemente se apuntó al carro, y la gestión de la Generalitat SIEMPRE ha sido obra del nacionalismo, así que ¿quién es responsable?) pero la Generalitat necesita angustiosamente fondos. La táctica del victimismo (“España nos roba”, “Damos más de lo que recibimos”) es una de las alternativas que le queda a CiU y que conducen directamente al referéndum de autodeterminación y a la opción centrífuga. Pero entre que esto se convoca y que se lleve a cabo pueden pasar meses… en el curso de los cuales la deuda de Cataluña con el Estado irá en aumento y la Generalitat precisará cada vez más del dinero del Estado (o del que venga de la UE cuando se producto el “rescate”… que se producirá antes de fin de año).

Artur Más y CiU deberán de bajar la cabeza y afrontar el echo de que están ante la alternativa histórica: o jugar la carta independentista (que puede acabar con todos ellos en la cárcel en el peor de los casos y con una simple suspensión del Estatuto de Cataluña en el mejor, pero nunca con una independencia que no sería nunca aceptara ni reconocida por la UE, ni por supuesto por Francia y Alemania que a partir de ahora no solo serán anti-independentistas para evitar el “efecto contagio” en sus territorios sino para garantizar que el “Estado Español” pague la deuda…) o bajar la cabeza, renunciando a competencias, asumiendo que Cataluña no tiene recursos para defenderse de 1.250.000 inmigrantes, parados en su mayoría y con salarios de hambre que pueden entrar en revuelta ante una simple bajada de subsidios. Saben perfectamente que la independencia de Cataluña es completamente imposible y que ni siquiera existe mayoría independentista (por lo que convocar un referendo sobre el tema es una muestra de la “liberalidad” de CiU y de nada más… en la medida en que las relaciones de Cataluña con el Estado no variarán en función de un referendo que dará un amplio voto negativo a la independencia).

Ahora bien, un referendo servirá para decantar posiciones: ¿a favor de quién se declararán los partidos catalanes? ¿Cómo enfocará el PSC un referendo de este tipo? Y en cuanto a PxC ¿abandonará las posiciones de los primeros tiempos cuando estaba reducida al núcleo de Vic (la única zona de mayoría independentistas) antes de crecer como la espuma en el cinturón industrial y la antigua Área Metropolitana de Barcelona mayoritariamente castellano-parlante? Por su parte, los distintos núcleos independentistas, multifraccionados y cuya influencia no va más allá de determinados municipios, enfrentados entre sí por rencillas seculares, parece difícil que logren hacer una campaña creíble que vaya más allá de repetir las ensoñaciones independentistas recurrentes desde los tiempos de Güell, Prat de la Riba y demás.

Pequeña anotación sobre el caso vasco

En lo que se refiere a Euzkadi la situación es completamente diferente. Allí existe la posibilidad de que Bildu y PNV formen una mayoría independentista. A partir de ahí se verá si Bildu es un partido más de izquierdas que nacionalista, o más nacionalista que de izquierdas… porque para fatalidad de la situación en el País Vasco el PNV es la derecha vasca y Bildu la izquierda vasca, hará falta ver si son capaces de entenderse. Y una vez aquí se repite el mismo problema que en Cataluña: la UE jamás permitirá un “Estado Vasco” escindido… que inmediatamente solicitaría la anexión de las provincias vasco-francesas iniciando la centrifugación también de aquel país. Falta ver, por supuesto, si los cargos electos de Bildu, una vez con el poder autonómico en sus manos, se modera en la cuestión independentista. No sería nada nuevo. De hecho hemos visto a generaciones de etarras pasar a todos los partidos del espectro político (incluido el PP).

Sea como fuere, lo cierto es que tanto en Euzkadi como en Cataluña se van a producir tensiones independentistas en los tres próximos años. Más que responder a un programa político secesionista, esta oleada de independentismo que se avecina tiene que ver con la coartada que las clases políticas regionales dan a su fracaso en la gestión autonómica, trasladando el centro de imputación de Barcelona o Bilbao, a “Madrid”.

Conclusiones

Es suficientemente conocido que el virus nacionalista suele cegar la conciencia de muchos, y, por supuesto, vale la pena recordar aquí que siempre, eternamente, el nacionalismo es la última trinchera de los canallas.

Los hacedores de la constitución de 1978 se equivocaron al situar las aspiraciones nacionalistas en un lugar tan elevado que les permitiera actuar siempre como árbitros para la gobernabilidad del Estado. De aquel primer error conceptual surgió el segundo: que existían “autonomías históricas” por el simple hecho de que durante la II República habían tenido Estatutos de Autonomía… cuando la “historia” es otra cosa mucho más seria y mucho más amplia que un simple período de ocho años en el devenir español. Asturias es historia, León es historia, los condados catalanes son historia, los señoríos vascos son historia… Tal fue el segundo error que precedió y se superpuso al tercero: el “café para todos” de Suárez que extendió las autonomías allí en donde ni siquiera había una mínima demanda. Porque, realmente, salvo en Cataluña y en Euzkadi, ni siquiera en Galicia (donde votó el 26% del censo en el referendo autonómico que aprobó el Estatuto) existía demanda autonómica: lo que existían eran las AMBICIONES DE LAS CLASES POLÍTICAS REGIONALES que querían beneficiarse de los nuevos repartos de poder que surgieron de la constitución de 1978 y que crearon nuevas redes clientelares. Y en eso estamos. El absurdo sistema de 17 autonomías se mantuvo mientras las crisis económicas fueron coyunturales, pero la entrada de la economía mundial en la fase globalizadora hizo que, a partir de 1992 la primera crisis económica de importancia que estallara no fuera coyuntural sino estructural y, por lo mismo, mundial. Los países más expuestos son aquellos en los que la economía financiera ha sustituido a la productiva, caso de España. Y a partir de 2007 –cuando se debatía la financiación autonómica, coincidiendo con el inicio de la crisis, precisamente- se evidenció que las autonomías suponían un lastre injustificable para el Estado y para el ciudadano. Esa sensación va ganando terreno desde entonces y se ha ampliado a otras “instituciones florero” (senado, familia real, diputaciones) de las que el Estado debe deshacerse si no quiere cargar al ciudadano con una losa insoportable.

Tal es el problema central que vamos a intentar resumir:

1)      Habrá agitación centrífuga en los próximos años.

2)      Esta agitación no logrará desprender Cataluña y Euzkadi del Estado.

3)      La UE es la primera póliza que asegura la unidad nacional.

4)      El monto total de la deuda que España debe a Francia y Alemania es la segunda póliza.

5)      La crisis económica hace que el aligeramiento del Estado sea una exigencia ineludible.

6)      Superar la crisis, pagar la deuda y generar empleo pasan por aligerar la administración.

7)      Aligerar la administración quiere decir liquidar las “instituciones florero”

8)      Liquidar las “instituciones florero” implica reformar la constitución.

9)      Reformar la constitución implica superar y romper el poder de la “banda de los cuatro” (PP, PSOE, CiU y PNV)

10)   Romper el poder de la banda de los cuatro implica la necesidad de que emerjan nuevas opciones políticas con nuevas ideas capaces de constituir una nueva clase política dirigente.

© Ernesto Milà – infokrisis – Ernesto.mila.rodri@gmail.com

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