ZP tras Obama y... Bush

Publicado: Sábado, 05 de Marzo de 2011 10:44 por Ernesto Milá en NACIONAL

Info-krisis.- Lo intuíamos pero no hasta ese punto. Han tenido que llegar los “papeles de Wikileaks” para que supiéramos que el gobierno Zapatero había cultivado desde sus primeros días de poder el servilismo más absoluto en materia de política exterior. Realmente, a poco que nos liberemos de prejuicios atribuidos por los clichés periodísticos, lo cierto es que no ha habido prácticamente diferencias entre la política de Aznar y la política de Zapatero en relación a los EEUU: ¿es el proamericanismo enfermizo de nuestra clase político algo inevitable? ¿Puede España en soñar con una política autónoma en relación a los EEUU? No, desde luego, mientras políticos serviles, oportunistas y sin escrúpulos ocupen el poder.

 

“Los cables de la embajada estadounidense en Madrid, revelados por Wikileaks y que van desde 2005 hasta 2010, aportan las pruebas y los nombres de la insólita sumisión de las autoridades socialistas españolas ante Estados Unidos. Detrás de una fachada de aparente firmeza e independencia, la realidad mostrada por los documentos diplomáticos es la continuidad del servilismo aznarista”, escribe Roberto Montoya en Le Monde Diplomatique del mes de enero de 2010. No se trata, pues, de un artículo escrito en un medio de la derecha liberal española, sino en una revista habitualmente proclive al zapaterismo y que siempre había loado sus presuntos méritos. Ni la izquierda más conspicua cree en las bondades antiamericanas del zapaterismo.

Una larga cadena de sumisiones

En el imaginario colectivo del pueblo español la impronta antiamericana del zapaterismo se basa en dos instantes inolvidables: el 18 de abril de 2004, cuando Zapatero ordenó la retirada del contingente español de Irak apenas un día después de haber jurado su cargo y el 12 de octubre de 2003 cuando permaneció sentado al paso de la bandera norteamericana durante el desfile del Día de la Hispanidad. Estos dos gestos sirvieron para atribuir a Zapatero una imagen de marca antiamericana que no tenía nada que ver con la realidad y mucho con la elaboración de una imagen de marca capaz de atraer el voto juvenil.

Los documentos de Wikileaks recogen varios cables del embajador norteamericano, George Argyros al Departamento de Estado previendo que el nuevo presidente de gobierno se comportaría de manera similar a como lo había hecho Felipe González veinte años antes. A fin de cuentas, FG había dado muchas más muestras de antiamericanismo…

Argyros tenía razón. Durante los años en los que Zapatero compartió mando con  George W. Bush (entre 2004 y 2008) la política de mano tendida de la administración española a la administración norteamericana fue tan constante como servil. Inmediatamente después de la retirada de las tropas españolas, Zapatero comunicó a Washington cuatro medidas destinadas a mostrar su buena voluntad en materia de Irak: el envío de 20 millones de dólares para garantizar la limpieza de las elecciones iraquíes, el ofrecimiento de personal militar español para entrenar al ejército iraquí reconstruido y colaboracionista con el invasor, el aumento de tropas en Afganistán y, finalmente, las palabras de Rey en 2004 en las que exaltó las relaciones entre ambos países. No había la menor duda: al margen de la retirada de tropas (prometida con demasiada insistencia como para que pudiera eludirse) los intentos de Zapatero por reconstruir las relaciones diplomáticas con posterioridad a ese hito fueron inmediatas, reiteradas y constantes.

Pero eso era sólo el principio. Los  papeles de Wikileaks confirman que lo que siguió fue todavía más bochornoso. De hecho se trataba de una constante en el socialismo español que venía de lejos…

El partido de los giros copernicanos

Vale la pena desterrar un primer prejuicio histórico: el PSOE que irrumpió en España en 1976 de la mano de la socialdemocracia alemana no tenía nada que ver con el partido fundado por Pablo Iglesias. Ese partido, a lo largo de cuarenta años de ausencia en la política nacional se había convertido en una especie de estado mayor de ancianos exiliados y sus restos pronto pasaron a ostentar la denominación de PSOE(h), esto es “histórico”. El socialismo español, a partir de Sûresnes no fue más que una emanación del SPD alemán que, a través de la Fundación Ebert, amamantó al nuevo PSOE dirigido por la “camarilla sevillana” formada por el tándem Felipe González – Alfonso Guerra.

Hasta antes de Sûresnes, la “camarilla sevillana” se mostraba contraria a la guerra del Vietnam, solía tener “desviaciones ultraizquierdas” y gustaba presentarse como “más a la izquierda” que el PCE. Su antiamericanismo era primario y propio de la extrema-izquierda de la época. Por supuesto, estaban contra la OTAN y no tenían empacho en denunciar al “imperialismo americano”. Anticomunistas, despreciaban a CCOO (el único sindicato realmente existente en el interior del país durante el tardofranquismo) achacándole el ser una “apéndice del PCE” (lo cual era cierto), pero callaban cuando se les reprochaba que la UGT no solamente era tan inexistente como el PSOE sino que era su sindicato subordinado…

Ni el PSOE, ni la UGT tuvieron una existencia real en el interior de España hasta finales de 1976 cuando empezó el goteo de avispados militantes de extrema-izquierda hacia las filas socialistas; luego, tras las elecciones de 1977, ese goteo se convirtió en chorro y, finalmente, pocos meses antes del ascenso al poder, grupos enteros –el Partido del Trabajo, la Organización Revolucionaria de Trabajadores y la Organización de Izquierda Comunista- ingresaron en bloque en el PSOE. Para ese momento, el PSOE ya había tenido su “Bad Godesberg” particular siguiendo las pautas de la socialdemocracia alemana: renunciar al marxismo y asumir el capitalismo como proyecto.

El PSOE, a partir de ese momento, dejó de ser “socialista” y pasó a ser “socialdemócrata”. No sería el único tránsito que realizaría el PSOE: el curso de esas transformaciones y giros copernicanos, el PSOE se fue desembarazando, poco a poco, de su antiamericanismo, renunció a su oposición a la OTAN, moderó sus políticas sociales y terminó siendo, ya en el poder, un partido acomodaticio para los intereses de Washington en España. No es raro que uno de los escasos socialistas del interior que militaban en el PSOE antes de 1975, Javier Solana, pasara del antiamericanismo más panfletario a ser secretario general de la OTAN y, como tal, responsable de los bombardeos sobre Yugoslavia en apenas un cuarto de siglo…

La mutación zapaterista

Cuando llega Zapatero a la secretaría general del partido, no solamente lo ignora todo sobre el marxismo, sino que ni siquiera tiene una idea muy concreta de lo que es en ese momento (2000) la socialdemocracia. Zapatero es hijo de aquella generación socialista que se incorporó al partido sin ninguna motivación ideológica y cuando ya se había convertido en un conglomerado de intereses mucho más que en una formación basada en un programa y en unos principios socialdemócratas. De hecho, el programa zapaterista de gobierno, con su afán de ingeniería social, tiene muy poco que ver con los programas socialdemócratas que se aplicaban en Europa a principios del milenio y tiene mucho más que ver con los contenidos del Correo de la UNESCO que con cualquier portavoz socialdemócrata.

Cuando Zapatero llega al poder, la tensión ideológica dentro del PSOE hace tiempo que ya ha cesado: las transformaciones en su línea política entre 1973 y 1993 han sido de tal calibre que, quienes han permanecido dentro de la sigla PSOE tienen como único denominador común, el oportunismo y la ausencia de principios.

Entre el año 2000 (cuando Zapatero alcanza el poder dentro del PSOE) y 2010 (cuando su estrella está irremisiblemente arrastrándose sobre el fango), ya no hay ni “programa”, ni “doctrina”, ni siquiera “liderazgo” en la socialdemocracia española, sino tan solo “imagen”. La “imagen” no es el reflejo de la realidad, sino una versión interesada de la misma destinada a reforzar la implantación y la presencia del partido ante determinadas bolsas de electores.

En 2000, justo cuando el PP había alcanzado una cómoda mayoría absoluta, el PSOE buscaba desesperadamente nuevas bolsas de electores. Cuando se produjo el sorprendente giro pro-norteamericano de Aznar y su bochornosa toma de posición en la cuestión de Irak, contraria a la lógica, al sentido común, a la honestidad y a los intereses de España como potencia europea, el PSOE vio el cielo abierto: ejercitaría, una vez más, el antiamericanismo primario como forma de captación del voto juvenil y del voto tradicional de izquierdas que había perdido en algunas zonas (el cinturón industrial de Barcelona, por ejemplo).

Así pues, toda la promoción electoral del PSOE entre 2002 y marzo de 2004 se centró en el tema anti-norteamericano a efectos de consumo interior. Pero, ni aun así, lograron distanciarse lo suficientemente del PP y, de hecho, hubieran perdido las elecciones de no ser por las extrañas y providenciales bombas del 11-M. 

Zapatero ¿el antimericano?

Si bochornosa fue la retirada de Irak y las contrapartidas ofrecidas (que han costado casi dos centenares de vidas en Afganistán), mucho más bochornosa fue la actitud del ejecutivo zapaterista ante la ofensiva norteamericana contra Irán. Los papeles de Wikileaks han demostrado que el gobierno español aceptó las presiones de Washington para que empresas españolas se retiraran de aquel país. Así lo hicieron –por presiones gubernamentales- los bancos Santander y Sabadell que cerraron sus oficinas en Teherán. Así lo hizo Iberia, Repsol, Unión Fenosa, Telstar entre 2004 y 2008… antes de que Obama llegara al poder. Zapatero aceptó la ominosa política antiiraní de Washington muy parecida en todos los sentidos a la impuesta por Bush a la administración Aznar.

Pero el punto más bajo de indignidad se alcanzó cuando ministros del gobierno español aceptaron la presencia de vuelos de la CIA sobre territorio español llevando a territorio norteamericano a secuestrados que serían torturados en cárceles secretas por su improbable relación con el “terrorismo internacional”. Esos vuelos, gracias a los papeles de Wikileaks, se sabe que prosiguieron con posterioridad a la llegada de Zapatero al poder y se prolongaron durante tres años hasta 2007.

Y no sólo eso. En el caso del asesinato del cámara José Couso, diversos ministros del gobierno español se comprometieron a presionar a las autoridades judiciales para que no procesasen a ningún ciudadano norteamericano. En este innoble cambalache participan desde el fiscal general del Estado, Conde-Pumpido, hasta el fiscal de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, pasando por el entonces ministro de justicia, López Aguilar y la vicepresidencia Fernández de la Vega y, por supuesto, Bernardino León (llamado en los papeles de Wikileaks, “el chico de oro”) hasta su superior, Fernández Moratinos…

La propia de La Vega expresó tácitamente al embajador norteamericano, Eduardo Aguirre (de origen cubano) que “no tiene reparos a los vuelos de inteligencia a través del territorio español”. La misma portavoz del gobierno expresó a Aguirre que Javier Zaragoza tenía una “estrategia para torcer el brazo a Garzón en el caso Guantánamo”… El servilismo, no sólo de Zapatero, sino de los personajillos que componían su gobierno, genera una increíble tristeza y es la muestra más palpable de la falta de independencia del gobierno de un país, aparentemente libre e independiente...

Más allá de la coincidencia cósmica

A partir de noviembre de 2008, cuando Obama gana las elecciones presidenciales norteamericanas, Leyre Pajín pudo hablar de una “coincidencia cósmica” al producirse ambas presidencias que, para ella, suponían la llegada al poder de dos mandatarios inspirados por una vaga idea humanista-universalista…

Sin embargo, las relaciones entre Obama y Zapatero no han llevado a una situación en la que España haya demostrado su autonomía en relación a la política norteamericana, sino que han confirmado la tendencia de la administración española a ir a remolque de las decisiones de Washington. Los ejemplos no faltan.

Poco después del primer encuentro entre el nuevo procónsul norteamericano, Solomont, con el presidente Zapatero en enero  de 2010, aquel envió un cable a Washington recogido por Wikileaks: “España está abierta a incrementar la presencia de EEUU en la base naval de Rota para que sirva a los objetivos del AFRICOM”… Lo sorprendente es que el AFRICOM, el mando del Pentágono para África, se sitúa en la nueva base norteamericana en Marruecos, a los pies del Atlas, la mayor base aeronaval del continente negro. Algunas dependencias del AFRICOM residirán en Rota, en especial todo lo relativo a inteligencia y operaciones de inteligencia… incluidas las operaciones false flag de inteligencia encubierta.

En otro documento de Wikileaks, Moratinos y Alonso se mostraban “entusiasmados” por la posibilidad de aumentar la presencia norteamericana en Rota. Y lo que era mucho más sintomático: en la primavera de 2010, fuerzas armadas españolas participaban junto a fuerzas marroquíes y norteamericanas en las maniobras “Flintlock”, de carácter antiterrorista organizadas por el AFRICOM. ¿Le interesa algo al Pentágono el hecho de que Marruecos sea, desde todos los puntos de vista, el enemigo geopolítico de España? Por supuesto que no: ni le interesa al Pentágono, ni mucho menos le interesa recordarlo al Ministerio de la Defensa español que, en buena medida no es más que una oficina local del Pentágono.

Gracias a los papeles de Wikileaks hemos logrado entender esa insistencia del ministerio del interior español en localizar a “grupos terroristas islámicos” en Catalunya… El barrio del Raval se ha configurado en los últimos cuatro años como la principal zona de detención de “yihadistas” en toda Europa… poco importa que en Catalunya no se haya producido ningún atentado terrorista y que absolutamente todas las detenciones de islamistas en Barcelona hayan llevado a sentencias absolutorias o a condenas por delitos comunes que nada tenían que ver con terrorismo… Nada importa que estas detenciones las haya realizado la policía española y los Mossos d’Esquadra utilizando materiales llegados a través de la CIA, del Departamento de Estado, del Departamento de Justicia norteamericano… cuyo valor probatorio ante un tribunal regularmente constituido es próximo al cero absoluto. Lo importante es reconocer que la presión del gobierno norteamericano sobre el gobierno español (como sobre cualquier otro gobierno tercermundista) se realiza agitando el, espantajo de la “lucha antiterrorista”…

A principios de abril de 2009 se produjo lo que parecía un aumento de la fricción entre el gobierno español y el norteamericano a raíz de la decisión unilateral española de retirarse de Kosovo. A pesar de que el vicepresidente Biden se encargó de reprochar a Zapatero el no haberles avisado con anticipación, lo cierto es que, inmediatamente, se apresuró a declarar que “la relación bilateral de España supera cualquier desencuentro sobre Kosovo”.

A parte de esta pequeña diferencia, lo cierto es que durante los dos años de administración Obama, Zapatero se ha situado siempre en el furgón de cola de la política exterior norteamericana… sin haber obtenido absolutamente ninguna contrapartida.

Los intercambios comerciales entre España y EEUU están estancados y son extremadamente débiles; Zapatero no ha logrado comprometer a Obama en su proyecto bienamado de la Alianza de Civilizaciones, el aumento de tropas en Afganistán (3.000 efectivos que nos cuestan un millón de euros anuales); tampoco ha logrado uno de sus objetivos programáticos históricos: el que el Pentágono se encargara de limpiar los 50.000 metros cuadrados contaminados desde 1966 con la caída de un avión que portaba ingenios nucleares en las palabas de Palomares.

No hay mejoras significativas en la posición española: tanto servilismo zapateriano no ha servido absolutamente para nada. Los “papeles de Wikileaks” solo han confirmado algo que ya intuíamos desde siempre: que ni siquiera en política exterior, el zapaterismo ha sido esencialmente diferente al aznarismo.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

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