La literatura criminal. Evolución del género y perspectiva actual

Publicado: Jueves, 30 de Septiembre de 2010 00:32 por Ernesto Milá en CULTURA
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Infokrisis.- El crimen ha estado siempre presente en la vida del hombre. La Biblia muestra hasta qué punto el crimen hunde sus raíces en el pasado ancestral. De hecho todos los asesinatos son la rememoración de aquel primero en el que Caín mata a su hermano Abel. Algo tan antiguo, necesariamente, debía tener un lugar en la literatura. El crimen, como ingrediente principal, y el enigma que le acompaña, logran capturar a un público cada vez más creciente. Tal es el la razón de ser del “género negro”. ¿A qué se debe este interés que ha hecho del género negro el tipo de novela más popular? Y a todo esto ¿qué es el crimen?

EL CRIMEN Y SUS CAUSAS

El crimen se utiliza habitualmente como sinónimo de la palabra asesinato; el “crimen” es el delito más prodigado en las novelas de “género negro”;  engloba a toda infracción grave de las leyes penales. El sociólogo y filósofo Emile Durkheim, asegura que la conducta criminal indigna tanto al ser humano, en tanto que ofende a la conciencia colectiva de la sociedad. Durkheim tiene razón: si bien el delito apunta contra una persona en concreto, nada impide pensar que otras personas que ocupan la misma franja social pueden ser víctimas de esa misma conducta criminal. Es como la gente que llora desconsoladamente en los velatorios, no tanto como homenaje al fallecido, sino al pensar que ellos mismos pueden ocupar algún día su lugar.

El interés hacia estos actos no solo se ve reflejado en muchos campos de estudio -como la psicología o la criminología- en donde se intentan encontrar las causas de estos comportamientos, sino también en la literatura dedicada a ellos. De hecho, no hubiera existido el género negro moderno de no haber sido por los avances de la sicología o la criminología que definen al tipo de delincuente de forma científica y que luego es reelaborado de forma literaria por los escritores.

La teoría criminológica más antigua está basada en la teología y la moral; los delincuentes, por el mero hecho de serlo, eran consideradas personas perversas, instigadas por el demonio y demás espíritus malignos. A finales del siglo XVIII, el médico alemán Joseph Gall planteó una teoría de pretensiones científicas en la que relacionaba la estructura y forma del cráneo con las inclinaciones del criminal. Gall, junto a Spurheim y al español Mariano Cubí, fundaron la frenología. Para ellos la forma del cráneo determinaba las inclinaciones del alma. Así pues, de determinadas formas craneales solo podían salir temperamentos criminales.

A pesar de que pronto se constató que la frenología apenas era ciencia en estado supersticioso, otros teóricos matizaron sus principios. En la senda de los frenólogos, el criminalista italiano Cesare Lombroso afirmó que los delincuentes tenían ciertos rasgos físicos hereditarios que permitían reconocerlos fácilmente.

Las teorías de Lombroso y de los frenólogos, refutadas a principios del siglo XX, generaron el estereotipo de criminal que aparece en muchas de las novelas de género negro. Hoy se tiende a revalorizar la obra de aquellos pioneros y se vuelve a reconocer que ciertas anormalidades en el cerebro y en el sistema endocrino contribuyen a que algunos individuos tenga inclinaciones delictivas.

Estudios realizados por investigadores de vanguardia han apuntado que acerca de un cuarto de la población carcelaria está compuesta por psicóticos, neuróticos o personas emocionalmente inestables. Se tiene la convicción de que estas condiciones mentales determinan una mayor propensión a la delincuencia. De todas maneras los expertos admiten que el delito surge como consecuencia de causas tan diversas como las influencias biológicas, psicológicas, culturales, económicas y políticas.

Ahora que tenemos definido el arquetipo del protagonista, veamos la evolución de la novela de género negro.

PREHISTORIA DE LA NOVELA CRIMINAL

Todo empezó con Allan Poe (1809-1849) el maestro del terror. Él fue quien llevó a los lectores los horrores del asesinato, en 1841 en el magazine The Graham’s Lady’s and Gentlemans de Filadelfia donde publicó Los asesinatos de la Rue Morgue. Auguste Dupin, su personaje, fue el primer detective novelesco. Las dotes de análisis y de deducción  que Poe atribuyó a su personaje, sirvieron de modelo para todas las novelas policíacas posteriores. La narración gira alrededor de las increíbles facultades intelectuales de Auguste Dupin. A partir suyo, la novela criminal gira en torno a un personaje habitualmente extraordinario: el investigador. Personaje habitualmente sobrehumano, gracias a su poderosa mente, el investigador  resuelve el enigma y permite que la normalidad sea restablecida.

ELEMENTAL QUERIDO WATSON

Pero lo que nace en América, encuentra su culminación en Europa. Y esto ocurre de la mano de un personaje sorprendente, Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930) y de su Sherlock Holmes. Gracias a ellos, en 1887, los relatos policíacos se hacen auténticamente populares. En Un estudio en escarlata, el lector ve nacer a Sherlock Holmes. Su fama se debió no sólo a las dotes detectivescas –como en el caso de Auguste Dupin- sino a los rasgos que Doyle atribuyó a su personaje y que le confirieron un carácter más humano y cercano al lector: con su pedantería, su adicción a la morfina, sus sagradas manías, su afición al violín y sus múltiples defectos que generaron un fenómeno de importancia social desconocida hasta entonces. Cuando Arthur Conan Doyle decidió acabar con su personaje en El problema final, recibió innumerables cartas de protesta procedentes de Inglaterra, Estados Unidos y de Francia. Doyle, finalmente, se vio obligado a resucitar a Sherlock Holmes. La criatura había superado a su creador.

Pero Doyle hizo algo más. Perfiló también el antihéroe negativo de la novela criminal. La inteligencia brillante y maligna del “profesor Moriarty”, con el que Holmes se enfrentó en repetidas ocasiones, hizo que el bien y el mal se equilibraran en las novelas de Doyle. Sólo un malvado como Moriarty estaba a la altura de un detective como Holmes.

Hubo un tercer elemento introducido por Doyle: la técnica del relato basada en la aureola de misterio que el lector iba descubriendo página tras página. La tensión que experimenta el lector para descubrir por si mismo el enigma, fue copiada y potenciada por muchos escritores
posteriores. No siempre los resultados fueron óptimos. Frecuentemente el relato literario quedaba desnaturalizando cuando los escritores se empeñaban en poner a prueba la inteligencia del lector ofreciendo complicados rompecabezas (como el de la habitación cerrada) y dejando de lado el factor literario y artístico del género criminal.

LA REINA DEL ASESINATO

Poco a poco, el género negro se fue convirtiendo en un juego de ficción orbitado en torno al crimen. El lector tenía que conocer exactamente lo mismo que conocía el detective, para que así la novela se convirtiera en un conjunto de indicios que llevasen, tanto al lector como al investigador, a la resolución final de la novela.

A finales de la I Guerra Mundial, en 1920, de la mano de  Agatha Christie (1891-1976) aparece Hercule Poirot, como protagonista de la novela El misterioso caso de Styles. El aspecto ridículo y ampuloso del personaje contrasta con la labor trágica en la que interviene. Más curiosa aún es la figura de Miss Jane Marple, solterona y vieja reliquia victoriana, rodeada de amigas de su edad, pero dotada de singular perspicacia que la lleva a resolver los crímenes haciendo gala de un punto de vista mucho más humano que Poirot. Las mil y una conversaciones y chismorreos que consigue Miss Marple, con sus inefables visitas de cortesía, inevitablemente llegan al fondo del asunto y logran descubrir al criminal.

La originalidad de la autora radica en la presentación previa de los personajes antes de que la acción se desencadene. Luego, la elaborada trama presentada al lector, convirtió a la Christie en la preferida de los lectores deseosos de convertirse en detectives aficionados, durante muchos años.

LA NOVELA NEGRA

Durante la década de 1930 surge una nueva variedad de historia policíaca que llega al lector a través de las revistas de la época: la novela negra, una nueva corriente del género criminal en la que la acción, la violencia y la
crítica social predominan sobre la clásica anécdota del crimen ocasional que se daba hasta entonces. Nacida en Estados Unidos, esta corriente es el producto de la sociedad industrializada y recoge perfectamente el ambiente de la época. La institucionalización de la policía y las masivas concentraciones urbanas que desembocaban en un aumento de la criminalidad.

Este tipo de novela surge de un nuevo tipo de protagonista que encarna al “malo” de la novela: los gansters, símbolo de la corrupción y del crimen organizado. En una sociedad  que desconfía de las propias instituciones, aparecen otras paralelas para que suplan la ineficacia policial. Tal es el papel perfecto para los detectives privados.

Dashiell Hammet (1894-1961) y su personaje Sam Spade en la conocida “El halcón maltés” (1930) fueron los pioneros de este nuevo estilo. Hammet fue detective privado durante la I Guerra Mundial, y adquirió una importante experiencia real que le proporcionó material para sus novelas. Philip Marlowe de Raymond Chandler (1888-1959) o Nick Charles y Sam Spade, criaturas surgidas de la imaginación de Dashiell Hammet, encarnarán a los detectives más populares del siglo XX.

En la novela negra, el detective ya no disfruta con los enigmas que se le presentan. Se trata más bien de tipos duros que trabajan por dinero, donde la sensatez de sus caracteres chocan con la realidad brutal y corrupta de su entorno.
Dashiell Hammet está considerado como el autor que dignificó la novela policíaca y mostró que mediante este género se pueden denunciar las corrupciones políticas y económicas.

LAS NUEVAS TENDENCIAS: LA ERA DE LOS PSICOKILLERS

En nuestros días la novela criminal ha sufrido una transformación paralela a los cambios que se van dando en la sociedad. Los “malos” que antes actuaban por lucro propio, normalmente económico o de poder, ahora se han convertido en psicópatas y asesinos en serie casi inmortales y todopoderosos que actúan por sus ansias de popularidad y por el placer de cometer el propio crimen,  cuanto más sangriento mejor.

Los policías por su parte son pseudopsicólogos que habitualmente sienten admiración por la inteligencia del criminal que una y otra vez se escapa de las manos o logra generar bruscamente una sorpresa inesperada. El ejemplo más claro que se ha transformado ya en un clásico de este género es el Doctor Hannibal Lecter.

Existe un riesgo en todo esto que vale la pena recordar en este año, cuando se cumple el centésimo aniversario de la muerte de Federico Nietzsche. El psicokiller es susceptible de ser examinado, no como un malvado sin escrúpulos, cruel y sanguinario hasta el límite y, por tanto, rechazable, sino como un personaje nietzscheano situado más allá del bien y del mal. Según esta perspectiva no se es “bueno” o “malo”, sino “grande” o “pequeño”. Y los psicokillers son grandes en su criminalidad. Eso hace que tengan tendencia a cautivar al lector que experimenta la sensación de situarse ante el abismo del horror. Y queda atrapado por el vértigo de la maldad...

[recuadros fuera de texto]

LA NOVELA CRIMINAL HIPANOAMERICANA

Los principales impulsores del relato detectivesco en nuestro païs:

-          Pedro Antonio de Alarcón (El Clavo, 1853)

-          Benito Pérez Galdós (La incognita, 1889)

-          Emilia Pardo Bazán (La gota de sangre, 1911)

-          Mario Lacruz (El inocente, 1953)

-          Manolo Vázquez Montalbán (con su Pepe Carvalho)

En Argentina hay que destacar un clásico:

-          Adolfo Bioy Casares y Jose Luis Borges  (Un modelo para la Muerte, y Dos Fantasías memorables)

[recuadro fuera de texto]

TRES MALOS CON PEDIGRI

-          Arsene Lupin: Alegoría del delito aristocrático. Creado por Maurice Leblanc  (1864-1941). Lupin es el caballero ladrón por excelencia. El primer prototipo de criminal que desafía a la policia haciendola quedar en evidencia, publicando sus delitos antes y despues de cometerlos en la prensa local. Su finalidad es la satisfacción del propio ego.

-          Fantomas: Creado por Pierre Souvestre y Marcel Allain (1874-1914). Un malo con superpoderes que le permiten burlar a la ley y a sus perseguidores con diferentes trucos: cambiar de fisonomía, saltar alturas increibles y que además oculta su rostro tras una capucha. Fantomas solo actúa impulsado por sus propios instintos malignos.

-          Fu Manchú: Es la más grande mitificación del mal. Creado por A.H Sarsfield Wald (1883-1959), de presencia siniestra e impresionante. Fu Manchú encarna el miedo a las culturas desconocidas. Es un personaje convencido de su destino mesiánico de conquistar el  mundo implantando su dictadura.


© Ernest Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

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