Infokrisis.- La mitología del 11 de septiembre, indica que los atentados se fraguaron en gran parte en Alemania. Éste país que desde la desarticulación de la banda Baader-Meinhoff es el paradigma de la seguridad, pero eso no evitó que tres de los cuatro pilotos suicidas, incluido Mohamed Atta, residieron durante años en Alemania, sin levantar sospechas bajo la apariencia de estudiantes modelo.

LA “PISTA ALEMANA”

Unos días después de los ataques, la policía registraba una vivienda de la Marienstrasse, en Hamburgo. Y solo unas horas después de que el FBI emitiera su lista de 19 sospechosos de haber secuestrado y estrellado los aviones en Nueva York, Washington y Pittsburgh, un comando de la policía germana irrumpió en la casa, de la que Atta constaba como inquilino. A partir de ese momento se inició la reconstrucción de la vida de este egipcio de 33 años, de aspecto pulcro, hijo de un abogado del Cairo, que durante siete años estudió urbanismo en la Universidad de Hamburgo y que acabó pilotando el primero de los aviones contra las Torres Gemelas. Marwan al-Shehhi, el segundo piloto suicida, había sido su confidente desde que llegó a Alemania con una beca, en 1996, mientras que Ziad Jarrah, a bordo del avión que se estrelló en Pittsburg, había estudiado asimismo con Atta en Hamburgo.

El estupor recorrió a profesores y compañeros que habían compartido el campus con ese estudiante inteligente y herméticamente introvertido, en cuya "fundación islámica", una oficina instalada en las dependencias universitarias y sólo accesible a su grupo de amigos- siempre según la mitología del 11-S se fraguaron los atentados.

Tanto Atta como sus cómplices respondían al perfil de "chicos formales" de buena familia y no llamaron la atención de los servicios del espionaje alemanes, que no los incluyeron en su listado miembros o simpatizantes organizaciones islámicas radicales. Y no es que en Alemania no existan este tipo de grupos. Se calcula que existen 13 organizaciones de ese estilo con 31.000 seguidores dentro de un colectivo de 3,2 millones de musulmanes. Ni Atta, ni sus compañeros tuvieron el más mínimo contacto con ellos, ni siquiera sus compañeros de estudios aportaron el más mínimo detalle que indujera a pensar que se trataba de estudiantes integristas. De ahí que la mitología creara un término específico para llamarles, no solo a ellos, sino a otras supuestos grupos similares dispersos por el mundo: "célula durmiente". Obligados a la clandestinidad, no dejaban huellas de su ideario político, ni siquiera en las conversaciones intrascendentes con sus compañeros.

Atta y sus amigos abandonaron Alemania quince meses antes del atentado, pasaron por Afganistán y estuvieron en un campamento de Al Qaida, tras lo cual se instalaron en EEUU.
El Ministerio Alemán del Interior puso en marcha una operación de rastreo sistemático, basada en los métodos de "cruce de datos" empleados en tiempos de la Fracción del Ejército Rojo (RAF) para localizar a terroristas, que permite a los investigadores acceder a información de tarjetas de crédito, facturas, alquiler de viviendas y visitas médicas. Schily no dudó en sacrificar el derecho a la protección de datos -uno de los principios sacrosantos de la sociedad alemana- en aras del reforzamiento del control, en un momento en que el ansia de seguridad está en el primer plano de las preocupaciones ciudadanas. Se aceleró la supresión del "privilegio religioso" o cláusula que, en la práctica, permitía a organizaciones radicales llevar a cabo actividades anticonstitucionales con la pantalla de su estatus. Apenas cuatro días después de entrar en vigor la ley, Schily prohibió el "Estado Califal", la más radical organización islámica de Alemania, cuyo líder, Metin Kaplan -apodado El Califa de Colonia- cumple condena por instigar al asesinato de un rival. Schily se ha propuesto expulsar a los radicales islámicos residentes en el país, a menudo amparados en el derecho de asilo.

El 1 de octubre de 2001 se supo que los investigadores alemanes seguían la pista de un marroquí relacionado con la denominada "trama de Hamburgo" implicada en los atentados de Nueva York y Washington, que pertenecía a la misma organización que Mohamed Atta y tenía poderes sobre las cuentas de uno de los presuntos pilotos suicidas.

El individuo, al que se identifica sólo como Monnir El M., tiene 27 años, es casado, reside desde hace seis años en Alemania y, como varios de los sospechosos de haber participado en los ataques, estudia en la Universidad de Hamburgo, según avanza hoy la redacción del semanario "Stern". De acuerdo con esta fuente, Monnir El M. pertenecía a la organización Islam SA de la que era presidente Atta. El sospechoso es uno de los que firmaron como testigo en el testamento, datado en 1996, que fue hallado por el FBI en el equipaje facturado por Atta antes de tomar el avión. Según esa fuente, en los últimos meses Monnir El M. transfirió cantidades de entre 1.000 y 2.500 euros a Atta y otro sospechoso y, además, tenía poderes sobre la cuenta de Marwan Al-Shehhi, supuesto piloto suicida del segundo avión contra las Torres Gemelas.

El marroquí, quien estudia electrotécnica y recientemente participó en una visita a una central atómica alemana, ha admitido conocer a Atta y otros presuntos implicados en la trama, pero argumenta que no les ha visto desde hace años. Asimismo, ha explicado que los poderes sobre cuentas de otras personas es "normal entre extranjeros". Y, por supuesto niega la cuestión del “testamento de Atta”. La cuestión es, por lo demás, bastante grotesca. Atta habría dejado escrito una especie de "testamento fundamentalista", además de los documentos hallados por el FBI con los últimos preparativos ante el atentado. Lo más curioso es que incluye las instrucciones del destino que quería para sus restos mortales. Por supuesto el falso testamento incluye frases que lo acreditan ya en la época como un integrista fanático; establece, por ejemplo que "ni mujeres embarazadas ni personas impuras deben darme el último adiós". Indica, asimismo, que las mujeres no deben participar en su entierro ni visitar posteriormente su tumba y pide que quienes "laven mi cuerpo y mis genitales" lo hagan con guantes de goma para que no haya contacto carnal con sus restos. El testamento consta de dieciocho puntos, según "Der Spiegel", data del 11 de abril de 1996 y lleva las firmas de dos testigos. Uno de ellos sería Monrir El M. El testamento se encontraba en la maleta que el Vuelo 11 de American Airline dejó en tierra por error y fue así como cayó en manos de los investigadores... Es evidente que las odiosas indicaciones sobre la presencia de mujeres en su entierro lo acreditan como integrista, pero es lícito preguntarse si, cuando ya sabía que iba a morir en un avion cargado de carburante –y, por tanto, no iban a quedar restos reconocibles- lo más lógico hubiera sido destruir el documento antes de abordar el Vuelo 11. Por que era evidente que, antes de emprender el último viaje, el documento quedaría tan masacrado como el interesado. Y, para colmo, la maleta se perdió y lo que debía haberse quemado pudo leerse...

A pesar detodas estas insensateces, en Alemania, durante unas semanas el nerviosismo se hizo patente. No en vano la presencia de inmigrantes islámicos en aquel país es extremadamente alta. "Der Spiegel" informa asimismo de las detenciones en Wiesbaden (oeste del país) de otros tres presuntos integristas, a los que se encontraron documentos y tarjetas de crédito falsos, así como un arma cargada. Por su parte, el semanario "Focus" asegura en su última edición que el fiscal general, Kay Nehm, ha abierto diligencias contra un grupo de árabes que se sospecha tramaban un atentado contra el consulado general británico de Hamburgo. Esta publicación indica que los investigadores alemanes siguen la pista también de varios sospechosos, que supuestamente filmaron o fotografiaron en secreto otros objetivos potenciales, como la base militar estadounidense de Ramstein (oeste de Alemania), y la central nuclear de Obrigheim (sur del país).

El 13 de septiembre era evidente que algunas pistas conducían hasta Alemania. La Fiscalía General abrió varias investigaciones y se realizaron los primeros registros de viviendas y practicado algunas detenciones. La atención de las autoridades se centró en Hamburgo. Inmediatamente el fiscal general Kay Nehm, anunciaba la existencia de una red terrorista de la que hasta ese momento no se tenía noticia. "El objetivo de esta agrupación –dijo- era, al parecer, cometer actos violentos en cooperación con personas de la misma ideología y dentro de una amplia red, cuyo propósito era dañar a EEUU de una forma espectacular y en lugares simbólicos". Como todas las pistas seguidas en distintos países europeos, los datos llegaron desde el FBI. La Fiscalía alemana reconoció inmediatamente que tres hombres que residieron en ese país embarcaron en los aparatos, dos de ellos en uno de los Boeing que colisionó contra las Torres Gemelas de Nueva York y el tercero en el avión que se estrelló en el Estado de Pensilvania. Los tres estaban matriculados en la Universidad Técnica de Hamburgo y abandonaron el país a finales de mayo. Según la Fiscalía, uno de los tres supuestos implicados dejó una maleta en un aeropuerto con prendas del uniforme de una compañía aérea y una carta de despedida. Se refería a la maleta “extraviada” de Atta. La agencia EFE no advertía que en el parte que envió ese día cometía una tautología: “Los resultados de las investigaciones en Hamburgo parecen coincidir con las pistas que sigue el FBI en el Estado norteamericano de Florida”. Hasta tal punto coincidían que las pistas seguidas por la policía alemana eran las que el FBI les había indicado... En esos primeros momentos se realizaron dos detención de ciudadanos extranjeros con todos sus papeles en regla. Al día siguiente, el 14, uno de los detenidos fue puesto en libertad. El otro apenas estuvo unas horas declarando como testigo.

La Fiscalía General informó hoy de que fue puesto en libertad el hombre detenido ayer en Hamburgo, en el norte, después de que se confirmara que dos de los terroristas que participaron en los atentados en Estados Unidos habían vivido en esa ciudad y probablemente formaban parte de una red de fundamentalistas con contactos en otros países. Según informaciones que publica en su edición de mañana la revista "Der Spiegel", que cita fuentes del FBI, un tercer terrorista habría dado la misma dirección que Atta y Al-Schehi al comprar un billete para uno de los vuelos siniestrados. Otros cuatro pasajeros dieron el mismo número de teléfono que Mohamed Atta. Para aumentar el dramatismo, ese mismo día se hizo pública la detención de un ciudadano iraní en Hannover que advirtió sobre "una serie de atentados que conmoverían el mundo" y señaló con precisión la fecha en la que estos ocurrirían. Aunque las autoridades alemanas no tomaron en serio al hombre, éste insistió tanto que se le permitió llamar por teléfono a la Casa Blanca y a los servicios secretos estadounidenses. Sin embargo, cuando éste se identificó como un detenido sus interlocutores norteamericanos le colgaron el teléfono. Tras los atentados, las autoridades del centro de detención informaron al Ministerio de Justicia del estado federado de Baja Sajonia sobre las advertencias y el hombre, de 29 años e identificado como Ali S., fue interrogado ayer tanto por los servicios secretos estadounidenses como por la fiscalía general alemana. Sin embargo, el ministro de Justicia de Baja Sajonia, Christian Pfeiffer, sostuvo hoy que las declaraciones del hombre deben ser tomadas con cuidado puesto que se trata de alguien con síntomas de perturbaciones psíquicas. Pfeiffer informó de que el detenido hizo 12 llamadas a los Estados Unidos y dos a servicios estadounidenses en Alemania.

En los días siguientes fueron registradas dos viviendas de Bochum en las que donde vivió temporalmente Ziad Jarrahi, uno de los presuntos terroristas, según confirmó hoy el fiscal general, Kay Nehm. Ziad Jarrahi es uno de los nombres registrados en la lista de pasajeros del avión que se estrelló en Pensilvania. Las investigaciones llevaron a Bochum después de que una mujer denunciara la desaparición de su novio, que resultó estar en la lista de sospechosos. En un principio se creyó que la pista de Bochum podría poner sobre los pasos de un cuarto terrorista, pero el fiscal general confirmó hoy que, en realidad, es uno de los tres ya identificados.

El 16 de septiembre, la opinión pública alemana sabía que los supuestos terroristas era “gente normal”. Se supo también que el expediente académico de Atta era inmejorable y tenido en alta estima por sus profesores y compañeros. La Asociación Islámica que dirigía en la Universidad Técnica de Hamburgo nunca despertó sospechas y, desde luego, todas sus actividades entraban dentro de la normalidad. Otro tanto pudo reconstruirse de la vida de Marwan Al-Shehhi, que iba en el otro avión que impactó contra las Torres. Todos los que le conocieron afirman simplemente que parecía un "buen chico". En el verano de 1996 una familia de Bonn lo acogió como inquilino durante cinco meses, al término de los cuales el joven, que ahora tendría 23 años, les regaló un quemador de incienso y escribió unas amables palabras de despedida en entrecortado alemán. Nada parecía indicar que Atta y Al-Shehhi, que vivieron un tiempo juntos en Hamburgo y abandonaron Alemania el año pasado, se dispusieran a aprender a pilotar aviones para después estrellarlos contra las Torres Gemelas.

El desconcierto entre los conocidos de ambos debe ser todavía mayor para la novia de Ziad Jarrahi, un libanés de 26 años identificado como el tercer terrorista que vivió en Alemania. La mujer, residente en Bochum (oeste del país), no debía saber de los planes de Jarrahi, pues denunció su desaparición a la policía. Las autoridades alemanas comprobaron que su nombre figuraba en la lista de pasajeros del aparato que se estrelló en Pensilvania y registraron la vivienda de la joven, donde encontraron una maleta con información sobre aviones; no se trataba de nada anómalo teniendo en cuenta que estudiaba aeronáutica. Los tres sospechosos eran extremadamente discretos y lo único llamativo en su comportamiento era que se ausentaban durante temporadas de Alemania. La prensa se encargó de explicar que esta es la actitud habitual de los "durmientes", a la espera de cumplir una misión.

En las 14 viviendas registradas por la policía desde que se iniciaron las investigaciones, la policía no encontró absolutamente ningún elemento de interés. No puede decirse que el gobierno alemán hubiera realizado investigaciones preventivas anteriores al 11 de septiembre. Se supo que la Oficina de Protección de la Constitución tenía fichados a más de 3.000 simpatizantes de los muyahidín.

Hacia finales de septiembre la “pista alemana” que había arrancado sin duda como la más vigorosa de todas las seguidas en Europa, estaba completamente deshinchada. Ni se habían encontrado rastros de relaciones entre los estudiantes musulmanes muertos en el interior de los aviones, los “presuntos secuestradores”, y las redes de Bin Laden en aquel país. El único elemento anómalo es que “viajaban mucha”, “pasaban largo tiempo fuera de sus domicilios”. La asociación islámica presidida por Atta fue objeto de una investigación exhaustiva pero no pudo deducirse nada más que se trataba de un círculo de estudiantes que vendía apuntes a buen precio y realizaba algunas fiestas para sus miembros.

Nadie duda que Kim Philby fue uno de los grandes espías del siglo XX, capaz de permanecer en el anonimato como agente doble durante casi 30 años. Sin embargo, a poco que se escarvase en la biografía de Philby, era fácil encontrar declaraciones y testimonios sobre sus años de estudiante en los que demostraba ser un comunista convencido. No creemos que Atta y sus compañeros fueran mejores que Philby, de hecho sabemos que se comportaban como unos completos patosos en la escuela de vuelo, en los bares que frecuentaban, en las aduanas. Es imposible pensar que nadie recordara nunca ninguna confesión de su fe político-religiosa.

En tales circunstancias la “pista alemana” no es más ni menos increíble que la “española” o la “iraqí”, como habrá ocasión de comprobar. Si el FBI sostuvo desde el principio que los atentados se fraguaron en Alemania seis años antes de cometerlos, falta preguntar sobre qué bases puede establecerse esa temeraria teoría, especialmente por que la investigación posterior realizada con precisión germánica ha evidenciado que, salvo en los datos generales, el FBI trabajaba sobre informaciones surgidas de la nada.

© Ernest Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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