Renovación Española: de monárquicos a fascistizados

a) Introducción

Como en el caso de Acción Española, se suele aludir a Renovación Española como un “partido monárquico”, algo incuestionable y que efectivamente era. Lo que ocurre es que no era solamente monárquico sino que existió –como en toda la derecha maurrasiana y en todo el monarquismo europeo entre 1918 y 1968 (entre la caída del Kaiser y la fusion del Partido Democrático de Unión Monárquica con el Movimiento Social Italiano) un proceso de deslizamiento hacia el fascismo.

Ese proceso tuvo distintas fases y no es nuestra tarea resolverlo aquí (si bien habría que recordar que uno de los pensadores de la derecha monárquica italiana era Julius Evola cuyo pensamiento, siendo monárquico, trascendía con mucho el monarquismo de la época), sin embargo, desde las crisis que sufrió Action Française en los años 20 y 30 y el apoyo de los monárquicos alemanes al NSDAP, siempre se reproduce el mismo proceso: los partidos monárquicos tienden a fascistizarse por mucho que al aristocratismo de algunos de sus elementos les repugne el populismo del que hacen gala los distintos fascismos. Dicho de otra manera: el conservadurismo monárquico se podia transmitir a las masas con mucha más dificultad que el fascismo, las necesidades electorales de los partidos monárquicos hicieron que los planteamientos fascistas y corporativistas fueran calando cada vez más entre sus filas. No fue que el fascismo se “monarquizara” sino que lel monarquismo se fascistizó.

El resultado nos lleva directamente a la idea de la que hemos partido en este dossier: existió una “derecha fascista” que incluía lo esencial de esta corriente doctrinal, siendo más monárquica que social, como existió una minuscula “izquierda fascista” más social que monárquica y un “centro fascista” en el cual la equidistancia de unos y de otros le daba carta de naturaleza: Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma serían los tres exponentes en España de estas tres corrientes.

La discussion sobre el “fascismo” y los “fascistizados” es vieja y rebasa con mucho las fronteras naciones. Ya existía en la época en la que Ramiro Ledesma lo utilizó por primera vez en su libro “¿Fascismo en España?”. Desde entonces la discussion entre historiadores ha proseguido. En 1982, el historiador francés R. Remond en su obra “Les droites en France” decía que “Existen aún muchas reservar que realizar sobre la noción de fascistización que a menudo no es más que una simplificación verbal, un subterfugio nominalista para evitar la dificultad de calificar a tal o cual regimen”.  El propio Stalin aludió en algún momento a la “fascistización de la burguesía” y Mussolini como recuerda Ismael Sanz Campos (en Fascismo y Franquismo) habló también de la “Europa fascista o fascistizada”. Ramiro Ledesma, como se ve, no tenía el copyright del término.

Un término, éste de “fascistización” que es, en definitive, poco claro y susceptible de sembrar el equívoco y la ambigüedad. Lo más razonable, de todas formas, es pensar que entre la palabra “fascista” y el concepto de “fascistizado” existe una allusion al “contenido” y al “continente”. Algunos regímenes de derechas –el franquismo, o el petainismo, incluso el salazarismo- estuvieron “fascistizados”, es decir emularon exteriormente al fascismo, sin ser propiamente fascistas. Lo mismo podría decirse de algunos partidos como Renovación Española y su alma Joaquín Calvo Sotelo: imitarían la exterioridad del fascismo, pero nada más. Algunos regímenes y partidos de derechas tomarían prestados elementos al fascismo, para caracterizarse como tales en un determinado momento de la historia europea en el que esta corriente estaba en boga, pero aquí acabaría todo. El franquismo, por ejemplo, sería un regimen autoritario mucho más que “fascista” y lo mismo cabría decir de los regímenes de Petain o Salazar

¿En donde estribaría la diferencia? Esencialmente en que los fascismos se declaran “totalitarios”… dando a esta palabra el contenido que el propio fascismo le daba (como intento de integrar en un mismo estado a la “totalidad” de los habitantes de una nación, sin divisiones de partido o exclusiones debidas al origen social). El término “totalitario”, aun mas que el de “fascistizado” se presta a equívocos. Hoy “totalitario” se aplica a los regímenes marxistas que, en rigor, no aspiraban a ser otra cosa que “ultrademocráticos” al considerar que el Estado Soviético era propiedad de “todos los trabajadores de la URSS…” tal como rezaba en la constitución aprobada promulgada por Stalin.

Para Ramiro Ledesma las cosas estaban claras: tras su salida de Falange explicaba: “Nuestra tesis es que España está a punto para la ejecución de la revolución nacional (fascista, en la terminología que el lector sabe). Cuanto ha ocurrido en España desde hace tres años, es lo más adecuado y favorable que podía ocurrir para que fuese posible con rapidez y éxito la revolución nacional española. Lo primero era crear su instrumento político, es decir, la organización ejecutora de ese designio. La realidad actual es que ese instrumento (que empezó a forjarse en las J.O.N.S., colaboró en ello F.E., y luego, más tarde, proseguido por ambas organizaciones unificadas) no ha podido, por diversas causas, vigorizarse suficientemente”, tras lo cual se plantea: “Si no el fascismo, ¿harán frente a la situación los fascistizados? La empresa es tan sencilla y oportuna que habría que optar por suponer que sí. Los fascistizados son una realidad española fuerte, con posiciones ya conquistadas en el Estado y mucho que perder si el enemigo llega” y más adelante: “Los fascistizados, ya se sabe, están hoy en lugares muy diversos; pero seguramente responderán con urgencia, el día que sea, al llamamiento del aldabonazo decisivo”. ¿Quienes son, pues, para Ramiro Ledesma los “fascistizados”? Él mismo responde: “Empresa bien fácil y sencilla es señalarlos con el dedo, poner sus nombres en fila: Calvo Sotelo y su Bloque nacional. Gil Robles y sus fuerzas; sobre todo las pertenecientes a la J. A. P. Primo de Rivera y sus grupos, hoy todavía a la órbita de los anteriores, aunque no, sin duda, mañana. Sin olvidar, naturalmente, a un sector del Ejército, de los militares españoles”. Intuye luego la proximidad de una “accion militar convergente” para evitar que todos esos sectores queden “reducidos a Comité electoral de un bloque anti o contrarevolucionario, que comprenderá esos mismos grupos a que nos hemos referido. Muchos parece que prefieren esa vía, deseando transferir el pleito a las urnas”. Estaba anticipando con dos años de adelanto el 18 de julio de 1936.

Sorprende un análisis tan lúcido. Ledesma añade en su obra: “Un régimen más o menos militar no está nada fuera de las características españolas. Casi siempre ha sido España gobernada de ese modo. Los llamados espadones del siglo XIX fueron lo único que de valor político produjo esa centuria española. Unificaron, como pudieron y les fue posible, el vivir de la nación. Siempre han actuado aquí las espadas un poco como resortes supletorios. ¿No estamos hoy ante la necesidad de suplir una fuerza nacional fascista, inexistente cuando es su hora exacta y propia?”. Si no hay “fascistas” en número suficiente, habrá “fascistizados” que los reemplacen y que creen un gobierno “fascistizado” vía golpe militar.

El problema era que Ramiro Ledesma escribía estas líneas justo después de su ruptura con Primo de Rivera. Dos años después, las cosas habían cambiado: ¿hasta qué punto una parte de los “fascistizados” no habían escorado hacia el fascismo convencional, cediendo en su monarquismo? Y lo que es, incluso más significativo: ¿hasta qué punto el propio Ramiro Ledesma por simples necesidades de supervivencia no se había aproximado a los “fascistizados” para poder tirar adelante algunos de sus proyectos periodísticos?

En nuestra opinión algunos intelectuales de la derecha española, con el paso del tiempo fueron asumiendo los rasgos del fascismo, dejando de ser fascistizados. Esta tendencia es particularmente visible en Calvo Sotelo para el que la restauración de la monarquía, a medida que iba pasando el tiempo, y el reinado de Alfonso XIII iba quedando atrás, dejaba de tener sentido. Como intentaremos demostrar, Calvo Sotelo, no solamente se “fascistizó” sino que terminó constituyendo el sector mayoritario del fascismo español en el último año anterior a la Guerra Civil.

Este escoramiento de la derecha antiliberal al fascismo convencional no se dio en todos los sectores que Ramiro Ledesma enunciaba como “fascistizados”. Y, por supuesto, no se dio en la mayoría del estamento militar. El fascismo nunca fue un regimen fascista en sentido propio y si el calificativo de “fascistizado” le corresponde a alguien en España es, en primer lugar, a Gil Robles y a su CEDA y en segundo lugar al régimen franquista que fue a la postre una mezcla de paternalismo y autoritarismo mucho más que de fascismo y revolución nacional. Solamente en el período 1936-1943, el franquismo asumió los rasgos de la Falange en lo que se ha conocido como “el período de exaltación imperial”. Eran los rasgos de la Falange los que podrían “caer mejor” y sintonizar más con los de los regímenes fascistas que habían ayudado a Franco a resolver el destino de la Guerra Civil. Pero, cuando la suerte cambió de bando, tras el Alamein, Stalingrado y, especialmente, tras la entrada de los EEUU en la guerra y el desplome italiano, cualquier militar mínimamente avisado podía intuir que el III Reich y el fascismo italiano tenían la guerra perdida. El régimen en ese momento cambió su estilo “fascistizado” por otro “nacional-católcio” en el que la Falange ya no era la fuerza hegemónica, sino los “propagandistas católicos”, la doctrina fascista quedó sustituida por la llamada “doctrina social de la Iglesia” y el régimen acentuó sus rasgos autoritarios y paternalistas.

Renovación Española fue ese partido fronterizo entre la derecha antiliberal y el fascismo español. Lo hemos calificado siempre de “derecha fascista española”, ubicada en la zona gris situada más allá de la derecha liberal y antes del fascismo convencional (representado por José Antonio Primo y Ramiro Ledesma). Esto no supone resolver todo el conflicto histórico: ¿hasta qué punto amplios sectores de las Juventudes de Acción Popular fueron “fascistizadas” pero no “fascistas”? Dadas las características de la época la impresión que da es que el “área fascista” (recuérdese lo que dijimos sobre el fascismo “uno y tirno”) se fue ampliando en los dos años anteriores a 1936 precisamente por la inexistencia de lo que Ramiro Ledesma consideraba como “ejecutores de la revolución nacional”. De haber existido un polo “centrista” en el fascismo español, la evolución hubiera sido diferente: sectores amplios de la derecha, pero también de las clases populares, se habrían sumado a este polo. Pero en 1934, Falange de un lado y las JONS de otro, eran pequeños grupos de activistas juveniles que no suscitaban absolutamente ninguna confianza en el electorado. Y luego estaban los albiñanistas algunos de cuyos rasgos son propios de los fascismos europeos (el hecho de que su “servicio de orden”, por ejemplo, estuviera casi completamente constituido por veteranos de la guerra de Marruecos).

Esto hizo que en la construcción del “fascismo español” haya que fijarse en sectores con más peso político (lo hemos hecho hasta ahora recurriendo a la revista Acción Española y ahora le toca el turno a Renovación Española) que ocuparon, casi de manera de manera inercial, es espacio vacío que no fue capaz de cubrir la endeblez y los errores de conducción política tanto de Falange Española como de las JONS. El mero hecho de que tanto José Antonio Primo de Rivera como Ramiro Ledesma mantuvieran relaciones con “los fascistizados” hasta el momento de su detención evidencia a las claras dónde estuvo hasta el 18 de julio de 1936 el eje de la forma española de fascismo: en la ”derecha fascista”, completamente fascistizada.

Lo realmente sorprendente no es esto –que a fin de cuentas entro dentro de la ley de las simetrías políticas y del relleno de los espacios vacíos-; lo realmente sorprendente es que buena parte de los historiadores que han asumido la reconstrucción documental del “fascismo español” se hayan centrado en un movimiento minúsculo en su momento (FE) o simplemente inexistentes (JONS) insuficientes para explicar tanto el 18 de julio como la propia fascistización de los primeros años del régimen franquista. Y mucho mas inexplicable todavía ha sido en los últimos 50 años esa persistencia de los que se han seguido considerando falangistas en negar la realidad: a saber que Falange era un “partido fascista” (desde los Círculos José Antonio hasta los hedillistas e incluso la mayoría de los falangistas-franquistas solían negar que falange fuera un “partido fascista”) y que compartía espacio con otro partido bastante más grande, el Bloque Nacional/Renovacion Española, así como el hecho de que para la izquierda el fascismo “peligroso” era el de Calvo Sotelo, mientras que los núcleos falangistas se les consideraba apenas –en la simplificación clásica del marxismo- “brazo armado del capital”.  

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