Infokrisis.- La publicación completa del texto sobre el Estatut –y no solo de las líneas generales- ha evidenciado que la decepción de los nacionalistas e independentistas es mucho mayor de lo que inicialmente habían temido. El Estatuto está tan recortado y sometida a tantas interpretaciones del Tribunal Constitucional que casi pueden estar agradecidos de que no se ha haya tomado la molestia de entrar en el fondo de la cuestión de si Catalunya es o no una nación. De todas formas este aspecto es, seguramente, el menos importante porque sea como fuere dentro de tres décadas Catalunya lo que va a ser en un emirato…

Lo que va de ayer a hoy

Maragall, arrastrado por Carod-Rovira, pretendió alumbrar un Estatuto de máximos que fuera, en realidad, mucho más una mini-constitución que un Estatuto en sí mismo. Y como tal esa mini-constitución debía de definir tres poderes (así son las constituciones). De ahí el interés en abordar esa parte que ha sido eliminada sin concesiones (todo lo relativo a la cúspide del pretendido poder judicial autónomo… que, por cierto, fue sugerido por el actual ministro Caamaño el cual no tuvo ningún empacho en decir que “mayoritariamente” el Constitucional “había refrendado el Estatuto”. Pues bien, todo aquellos elementos que definían a Catalunya como “nación autónoma” han sido liquidados o sometidos a interpretación. Así pues, estamos prácticamente en unos niveles de autonomía ligeramente mayores que los del Estatuto de 1980, y justo es decir que para ese viaje no hacían falta alforjas y que la parálisis de siete años de gobierno catalán no justifica las menguadas ganancias de techo autonómico.

Hace mes y medio estuve mirando la posibilidad de sugerir a una formación política que, aprovechando el texto del nuevo Estatuto y la reciente ley de Referendums en Catalunya, empezara a recoger firmas para un referéndum sobre la inmigración. Dado que la ley que desarrolla este artículo del Estatut relativo a los referéndums hacen una serie de limitaciones, la pregunta no podía tener sino relación con el derecho que se atribuía la Generalitat de conceder permisos de trabajo en Catalunya y la pregunta a plantear en ese referéndum que proponíamos era: “Cree que la Generalitat debe dejar de conceder permisos de trabajo a inmigrantes mientras no exista pleno empleo en Catalunya SI|NO” (o algo muy similar).

Hace un mes, un referéndum así era viable. Bastaba solamente con pedir autorización al  Parlament de Catalunya para proceder  la recogida de un 2% de firmas del total del censo apoyando la pregunta a plantear. Hoy, un mes después, esa posibilidad es absolutamente inviable. La ha tumbado el constitucional que ha sometido a interpretación tanto las competencias de la Generalitat en materia de inmigración (que actuará, no por iniciativa propia, sino por “delegación”, siendo a la postre una oficina expendedora de permisos de trabajo del Ministerio correspondiente) y liquida todo lo relativo a la celebración de referendos en Catalunya… eliminando la posibilidad de que la Ley sobre Consultas Populares elaborada por el Parlamento Catalán, se pusiera en práctica.

El golpe recibido por las aspiraciones soberanistas de Catalunya ha sido enorme y no es raro que la reacción de todos los partidos nacionalistas (y el PSC es hoy, un mero partido nacionalista, con la única connotación de que agrupa el voto de cierto número de castellanoparlantes de izquierda) e independentistas.

El tiempo del nacionalismo se acaba

A esto se une otro problema. A Zapatero le quedan dos telediarios en La Moncloa. Él –como Montilla en el Palau de la Generalitat- son ya historia, están amortizados y les queda únicamente terminar su mandato (si es que lo terminan), pero son auténticos cadáveres políticos y lo que es peor para ellos: no solamente son ellos quienes se han ido ya al garete, sino sus propios proyectos políticos. Ciertamente el de Montilla era un proyecto de bajo perfil, ir tirando como fuera, pero el de Zapatero era un proyecto de gran calado (aunque de mínima inteligencia) que consistía en aplicar medidas de ingeniería social que alterarían profundamente la sociedad española y harían de nuestro país e escenario en donde el mestizaje y no solamente la igualdad absoluta de mujeres y gays, sino una “discriminación positiva” convergieran con la mezcla étnica generada con la inmigración y dieran lugar ese nuevo tipo de sociedad por la que están clamando desde las sectas ocultistas (la “era de acuario”), pasando por los grupos que forman la llamada “new age”, hasta, finalmente, los laboratorios mundiales de [malas] ideas, la UNESCO y las NNUU.

Ese proyecto también se ha ido al garete. No ha soportado la crisis económica de la que el zapaterismo no tuvo responsabilidad en su desencadenamiento (procedía de un modelo económico fallido a plazo fijo creado por el aznarismo y de una crisis procedente de EEUU), pero sí ha tenido que ver con la falta de reacción, con la reacción errónea y con la impresión que nos han colocado como el “país riesgo” por excelencia.

En cuanto a Montilla, última esperanza del PSC, ha demostrado que sus ambiciones han estado muy por encima de sus capacidades. Simplemente, el “president” no ha dado la talla en los cuatro años que ha estado al frente del ejecutivo catalán, ni un solo momento. Llueve sobre mojado porque los catalanes habían estado previamente tres años viendo como otro “president” (que, en rigor pudo ser calificado como “la gran decepción”), dilapidaba una legislatura y regenera la reforma estatutaria tumbada por el constitucional.

El jueves pasado, Zapatero pidió calma afirmando –su única declaración sobre la sentencia- que se habilitarían leyes para que todo quedara igual… Zapatero no parece haberse dado cuenta de que la sentencia del constitucional es muy dura y restrictiva para todos los aspectos del Estatut que interesaban a los nacionalistas. Eso le deja muy poco margen de maniobra. Por otra parte, con todo el proceso de crisis social abierto, ciertamente a Zapatero le quedan pocos meses (y muchos problemas por delante) para preocuparse de burlar la sentencia del constitucional para satisfacer a los pocos amigos que le quedan en Catalunya.

¿Qué hará el centro-derecha en el gobierno en caso de no tener mayoría absoluta? Es sencillo: se apoyará en UPyD (que, a pesar de que carece de implantación nacional, sí puede obtener, en cambio, buenos resultados electorales en Madrid y ser refugio del voto decepcionado de ZP. Y el votante madrileño de UPyD parece mucho más dispuesto a pactar con el centro-derecha estatal que con el centro-derecha catalán (CiU)…

CiU (y no digamos ERC, o mejor, dicho, lo que quede de ERC), da la sensación de que tiene las horas contadas como “partido bisagra”. Durán i Lleida seguirá siendo por siempre jamás el inédito ministro de algún gobierno de coalición entre algún partido estatal y CiU. El PSOE tardará como mínimo una década en que el electorado olvide el zapaterismo y suponemos que Rajoy pondrá especial énfasis en que se reabra el sumario por el 11-M que veremos a dónde termina llevando, pero no desde luego al lugar en el que el PSOE se sentiría más a gusto.

¿Qué le queda entonces a Catalunya?

1.000.000 de personas en el Paseo de Gracia parece mucho (en realidad, hará falta esperar al lunes para saber con mayor aproximación las cifras reales: se ha apuntado justo la mitad o incluso menos). Es difícil saber las cifras reales sobre todo si tenemos en cuenta la santa alianza entre la alta burguesía nacionalista y las empresas periodísticas en la que, por supuesto, la policía municipal –que evalúa las asistencias a este tipo de eventos- apenas es el “chico de los recados”. Si en Madrid se habían manifestad 1.000.000 de personas contra el terrorismo o contra el aborto… en Catalunya no podía acudir menos gentío a una manifestación de apoyo al Estatut. Era evidente que la única cifra a la que podía aludirse era… 1.000.000 de personas.

De todas formas, el número exacto es irrelevante. La llegada de autobuses de toda Catalunya, la movilización de 1.000 asociaciones (todas subvencionadas por la Generalitat) y de todo el nacionalismo y el independentismo tanto radical como moderado, incluso la movilización de los inmigrantes, los funcionarios de la Generalitat, los funcionarios políticos contratados, los sindicalistas liberados, los promotores de los referéndums de fin de semana, y la clase política catalana, unida a las 300 familias que desde hace 200 años han constituido la médula de Catalunya y su columna vertebral… todo ello debían de dar una cifra extremadamente alta... pero irrelevante.

Irrelevante porque en otras ocasiones se han movilizado idénticas cifras y no ha ocurrido nada. Blas Piñar se aproximó a estas cifras en los 20-N de finales de los 70 y principios de los 80. El PP y las asociaciones conservadoras antiabortistas han llegado a cifras similares y en el Euskadi, tanto las movilizaciones nacionalistas como de la “izquierda abertales” (muy abertzale pero poco de izquierdas a decir verdad), sino en bruto, han alcanzado porcentajes de movilización parecidos. Y nunca, han ocurrido grandes cosas. Las masas ya no derriban gobiernos porque las masas están más próximas a los borregos que a los militantes decididos a acabar con determinadas políticas. En esta ocasión tampoco ocurrirá gran cosa.

De hecho si todos los partidos catalanes están compitiendo para demostrar quien se siente más airado y es capaz de una respuesta más radical, sería completamente diferente si no estuviéramos en período electoral. Por algún motivo que dista mucho de estar demostrado, en Catalunya los partidos opinan que ante las convocatorias autonómicas, jugar la carta del nacionalismo más radical les reportará buenos beneficios electorales. En lo personal creemos que si el PSC no ha logrado jamás distanciarse de CiU en unas elecciones autonómicas ha sido precisamente porque su actitud le ha inhibido del voto castellano-parlante procedente del cinturón industrial de Barcelona que voto primero al PSUC, luego al PSC, más tarde –a la vista del nacionalismo de facto que mostraban- fue a parar a la abstención para finalmente recalar en el PPC y luego –tras el mal sabor de la segunda legislatura aznarista- terminó sólo en parte en Ciutadans. Pero las 300 familias siempre han querido un PSC mucho más nacionalista que socialista… y el PSC que, a la postre ha terminado no siendo más que una reserva funcionarial, ha aceptado esta limitación antes de Maragall, con Maragall y hoy que Maragall apenas es un doloroso y olvidable recuerdo. Montilla, ha terminado siendo aquello que sus enemigos más recalcitrantes le echaron en cara: “el charnego pues al frente de la Generalitat para que amaestrara a los castellano parlantes…”, triste destino de un president gris cuya decisión más sensata fue matricular a sus hijos en el Colegio Alemán de Barcelona…

A partir de ahora las posibilidades que se abren en Catalunya son pocas. Algunas de ellas pasan por reconocer la responsabilidad de los dos últimos presidentes que se han sucedido en España sobre la situación catalana actual. Si en Catalunya se reprodujo un modelo económico erróneo fue gracias a Aznar (aunque también gracias a que la Generalitat no hizo nada para evitarlo). Si se empezó a tramitar la reforma del Estatut fue porque otro presidente todavía peor dotado, aseguró que aprobaría todo lo que saliera del Parlament como dijo a Carod, para luego traicionarlo y pactar el Estatut con Artur Mas… y traicionarlo, naturalmente, como corresponde a las tradiciones consuetudinarias de alguien que como ZP no se sabe si tiene más de serpiente que de vendedor de pomada de serpiente.

Además en Catalunya hay 1.250.000 inmigrantes y 600.000 parados. ¡Como para dar brincos de alegría! Con una economía deslocalizada y en vías de deslocalización, una inversión paralizada y una economía productiva en crisis, no es raro que muchos catalanes se estén preguntando en este momento si parte de esa situación no se debe a la catastrófica gestión de los dos últimos presidentes del gobierno español. Y a la pregunta de “¿qué podemos esperar de España?”, en algunos vaya calando la idea de que la respuesta es “nada”.

Harina de otro costal es si un gobierno catalán independiente hubiera actuado mejor. A la vista de la parálisis de los últimos siete años en la tarea de gobierno, nada induce a pensar que un “gobierno catalán” lo hubiera hecho mejor en algún terreno. E incluso, a la vista de los niveles de corrupción en Catalunya, queda por ver si la única acción de gobierno hubiera sido el saqueo sistemático de la población.

Mientras dure la crisis económica si es posible que el independentismo surgido de la burguesía media crezca ligeramente. Para su desgracia, los dirigentes independentistas son de muy baja calidad política y aun peor calidad técnica. Puigcercós sigue siendo lo que era en su juventud: un jefe de tribu urbana por mucho que ahora cuide la calidad de sus trajes. Benach un adiposo de pocos vuelos. Portabella un tipo odiado en el ayuntamiento de Barcelona. Carod-Rovira, oscila entre el dogmatismo y el fanatismo que ni siquiera aguantan dentro de su partido. ¿Los escindidos? Nada de valor en los CUPs, cero absoluto n el Reagrupament y un populismo de baja estofa en el entorno de Laporta. Y un par de cientos de críos encuadrados en casales independentistas, maulets y demás morralla. De ahí, difícilmente puede salir un independentismo político con capacidad suficiente para la secesión.

En cuanto a CiU jugará durante unos días más la carta radical e intransigente, luego se irá de vacaciones, volverá y volverá a jugar esa misma carta el 11-S y así llegarán las elecciones de noviembre en las que conseguirán descabalgar a Montilla. A partir de entonces CiU se moderará y, según queden el 2012 las simetrías en el parlamento nacional, corre el riesgo de que su papel de bisagra se vea ensombrecido acaso para siempre. Un tercer partido estatal sería mucho más agradable tanto para PP como para PSOE (o lo que quede de él en 2012) que un partido nacionalista e irredentista.

De no ser por la proximidad de las elecciones autonómicas, habría que pensar que el problema del Estatut terminaba aquí.

¿Y si volvemos a los problemas reales?

Las cifras van en contra del independentismo: los referéndums de fin de semana son un chiste inútil que demuestra que, el independentismo dista mucho-muchísimo de poder preocupar a alguien. El uso de la lengua catalana está estancado desde hace dos décadas y difícilmente un población que “entiende” pero “no usa” el catalán estaría interesado en la independencia. Lo que se prevé para las elecciones de noviembre es un aumento de la abstención, casi insoportable y que algunos estiman que puede alcanzar incluso el 50% del cuerpo electoral. Cualquier victoria nacionalista en esas circunstancias será una derrota corta y sin alas y si año y medio después se impone el PP con un fuerte aumento del voto de UPyD, el nacionalismo quedará en una posición excepcionalmente débil.

Tras noviembre la crisis económica continuará presente en Catalunya… y nada, absolutamente nada en el programa del centro-derecha catalán permite pensar que CiU tiene una fórmula mágica para paliarla. El PSC tardará en encontrar un candidato sustituto y no puede extrañar que sufra escisiones hacia un lado y hacia otro. ERC quedará capidisminuida. El PP seguirá más o menos en sus niveles actuales siendo completamente irrelevante en Catalunya y otro tanto le ocurrirá a ICV. Los electores que acudan en noviembre a las urnas exigirán resultados inmediatamente… y esos no pueden llegar a la velocidad que la sociedad catalana exige, especialmente después de 7 años de parálisis tripartita y 20 años de pujolismo de los que ha quedado es el regusto amargo de la corrupción y la reactualización del 3% de comisiones por concesión de obra pública como ha quedado patente en el Caso Palau.

Los problemas reales no tienen nada que ver con el soberanismo. El soberanismo satisface solamente a las vísceras de los nacionalistas y a los intereses de los capitanes araña que lo han promovido, la clase política que en Catalunya es de una mediocridad exasperante y lo sería mucho más de no ser por la omnipotencia de los medios de comunicación de la Generalitat y por la santa alianza entre las 300 familias y la clase política autonómica. Es importante recordar que la alta burguesía trabaja solamente para sus intereses, con el cínico principio de que sus intereses son los de Catalunya… ¡Que se lo pregunten a los últimos catalanes que viven en Salt, sin ir más lejos!

Repetimos el dato que hemos dado antes: 1.250.000 inmigrantes, de los que 2/3 partes son islamistas y 400.000 corren el riesgo de transformarse en catalanes entre 2012 y 2014, son suficientes como para alterar la composición étnica de Catalunya en apenas 20-30 años más. Y ni CiU, ni PSC dicen absolutamente nada creíble en materia de inmigración.

Eso y el trabajo: 600.000 parados son muchos parados y los niveles de paro entre los menores de 30 años superan ya el 30%. Sin olvidar una demografía declinante, especialmente entre los catalanes de más de dos generaciones. Se diría que hoy, en Catalunya, solamente tienen hijos los miembros de las 300 familias que componen la oligarquía catalana. Lo esencial de la natalidad en Catalunya lo componen en un 67% los hijos de inmigrantes. Lo dicho: en 30 años, el perfil, no solamente de Salt, del barrio del Raval, de la Ribera o de Poble Sec habrá dejado de ser el de un país europeo para estar más cerca del perfil de Marruecos.

España está blindada por varias pólizas: la "póliza UE" (la UE es una "unión de Estados Nacionales", no una confederación de regiones autónomas), la constitución española (que establece como "irrenunciable" la unidad del Estado y que el Tribunal Constitucional ha citado en tres ocasiones en su sentencia) y, paradójicamente, la presencia de inmigración masiva musulmana (muchos catalanes, incluso indepedentistas, empiezan a dudar de que Catalunya pueda hacer frente sola -y sin FFAA del Estado de guarnición en aquella comunidad- al inevitable aumento del radicalismo islámico paralelo al aumento de su presencia demográfica en Catalunya.

Por eso tiene gracia que la pancarta que presidiera la manifestación del sábado solamente mostrara como leyenda: “Som una nació…”, como si eso importara excesivamente hoy. En realidad, en apenas 30 años puede ser, con mucha más seguridad un emirato perteneciente a la umma islámica… logro “histórico” de los Magarall, los Montilla y los Pujol, logro de quienes llevaron la pancarta de la manifestación.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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