Infokrisis.- Ni un soldado más para la guerra absurda de Afganistán. Zapatero ha enviado 500 soldados más a Afganistán, como si el tributo de sangre española derramada en aquella guerra absurda no fuera ya demasiado. No hay justificación posible: nada esencial se dirime en Afganistán para ningún país de la OTAN y mucho menos para España. No menos absurda ha sido la declaración de que España admitirá a cinco presos de Guantánamo (como si en EEUU no hubiera prisiones suficientes…). Pero lo más absurdo de aquella guerra acaba de ser desvelado por Aram Roston, en The Nation: El Pentágono hace llegar dinero a los talibanes. No es raro que aquella guerra permanezca estancada desde hace ocho años.

La Conferencia Internacional de Apoyo a Afganistán celebrada en septiembre de 2009 en París arropó los proyectos del presidente Hamid Karzai para los próximos cinco años y prometió 21.000 millones de dólares en ayudas. En contrapartida reclamó a Kabul más eficacia en su lucha contra la corrupción y transparencia en el gasto de la ayuda. Algo difícil porque la corrupción está anidada en el alma del gobierno Karzai, de los talibanes y del mismo Afganistán.

Cuando los talibanes se asentaron en el poder lograron disminuir la producción de adormideras de las que luego se extrae la heroína, sin embargo, tras la invasión norteamericana la producción fue subiendo hasta alcanzar una cifra record en 2009: más de 10.000 toneladas cultivadas en casi 200.000 hectáreas que, a través de la “ruta de la seda” están llegando a Europa. Pero la corrupción en Afganistán tiene muchos rostros.

El coste de la corrupción

Según la ONU, la corrupción tiene un costo para los afganos de 2.500 millones de dólares al año, no sólo en comercio del opio. La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) precisó que los afganos están más preocupados por los fraudes públicos. No hay campo de la administración de Hamid Karzai en donde la corrupción no haya irrumpido. Según UNODC la corrupción supone un cuarto de la producción económica del país. Lo que no está tan claro es que eso interesa tanto a los afganos.

El dossier de UNODC fue publicado nueve días antes de la conferencia internacional sobre Afganistán realizada el pasado otoño en Londres, en donde se requirió a Karzai para que luchara con más fuerza contra este azote a cambio del envío de más tropas para ayudar a su Gobierno a luchar contra insurgentes talibanes. Hay que recordar que Karzai fue reelegido presidente del país tras unas elecciones calificadas como “bochornosamente fraudulentas”.

A finales de año, el periodista Ivan Eland publicó un informe en el que destacaba que uno de los motivos por el cual la mayor parte de las campañas de contrainsurgencia fallan es que “son llevadas a cabo por ocupantes extranjeros que desconocen la cultura del país invadido”. En efecto, según Eland “Hay dos cosas a las que los afganos se han acostumbrado en los últimos 200 años: las guerras causadas por ocupantes extranjeros y la corrupción de sus propios gobernantes. El impacto de la elección fraudulenta, como un ejemplo de esto último, probablemente no haya desilusionado a los afganos tanto como lo ha hecho con los occidentales”, y añadía más adelante: “Esto es así porque en la cultura afgana, las elecciones y el gobierno de la mayoría de todos modos no tienen mucha legitimidad. La gente en Afganistán por lo general resuelve sus problemas políticos convocando a los líderes tribales y señores de la guerra a una gran asamblea llamada loya jirga. En lugar de que impere el gobierno de la mayoría, se construye un consenso”.

En realidad, lo que es considerado corrupto en los países occidentales allí es apenas “una sana diversión en Afganistán”. La brecha entre la cultura afgana y la accidental es tal que, para Eland: “En Occidente, para calmar nuestras conciencias, nuestros dirigentes disfrazan a la lucha por el botín, el territorio, la influencia o el interés nacional en términos de elevados principios nacionales (el mantenimiento de la paz, la edificación de naciones, la propagación de la democracia, etc.), y entonces la gente comienza a creer realmente todas esas pamplinas. En Afganistán, los combatientes que cambian de bando por dinero pueden parecer corruptos a los ojos occidentales, pero puede que sean más honestos con sigo mismos que los occidentales”.

Cuando el Pentágono paga a los talibanes

Pero ni la corrupción inherente al primer país productor de adormideras necesarias para fabricar heroína, ni la particular estructura tribal de la sociedad afgana bastan para explicar el porqué el Pentágono está haciendo llegar directamente dinero a los talibanes, tal como ha demostrado ampliamente el periodista norteamericano Aram Roston, en un artículo publicado recientemente en The Nation.

Roston se limitó a transcribir en la prensa norteamericana un secreto a voces en Afganistán y en las esferas del Pentágono: como se sabe, el ejército norteamericano ha privatizado algunos servicios de avituallamiento de sus tropas en puestos avanzados (esto es, en prácticamente todo el país…). El Pentágono paga a compañías privadas de transporte para que hagan llegar desde papel higiénico hasta municiones a las unidades distribuidas en territorio afgano. Estas compañías se limitan a pagar a los líderes tribales alineados con los talibán para que no ataquen los convoys. Aquellas compañías que se niegan a pagar –hasta ahora sólo una, Four Horsemen International– han sufrido bajas en prácticamente todos sus servicios… De esta manera se calcula que aproximadamente el 10% del dinero del Pentágono que va aparar a las compañías de transporte, se utiliza para combatir a los propios soldados norteamericanos.

Roston realizó un estudio pormenorizado de estas compañías, algunas de las cuales están vinculadas a la familia Karzai como el Grupo Watan Risk Management propiedad de Rashid Popal, primo del presidente. La ruta que controla Watan Risk, de Kabul a Kandahar, es la más jugosa y la mejor remunerada. Roston escribe: “[esta ruta] es un verdadero carnaval de personajes estrafalarios y relaciones dudosas, en el que antiguos funcionarios de la CIA y exoficiales del ejército se dan la mano con antiguos talibanes y muyahidines para recibir fondos del gobierno de los EEUU gracias al conflicto armado”.

La estructura tribal de Afganistán favorece este modelo de corrupción. Cada líder tribal controla una zona del país y si un convoy de aprovisionamiento de tropas quiere pasar por ahí, deberá pagar el peaje, de lo contrario será atacado a distancia con lanzagranadas RPG y ametralladoras de PKM. Si tenemos en cuenta que la seguridad privada que protege estos convoys sólo tiene autorización para defenderlos con los clásicos AK–47, se verá que quien no paga se arriesga a que su convoy no llegue a destino.

Las mismas fuentes del gobierno afgano entrevistadas por The Nation reconocieron que parte de los ingresos del talibán procede de esta fuente de financiación. En Afganistán en un secreto a voces, lo saben todos y lo sorprendente es que una información así no puede haber escapado a la eficacia de los agentes del CNI allí destacados. Sin embargo, ni Zapatero ni la Chacón se han hecho eco de estas informaciones.

Una urgencia: repatriación de tropas

Esta es la guerra a la que  Zapatero ha enviado a 500 soldados españoles. No solamente aquella guerra absurda no es nuestra guerra –y seguirá sin serlo a pesar de que cerca de 200 soldados españoles hayan muerto ya– sino que es una guerra absurda.

El Coronel David Haight, jefe de la Tercera Brigada de la Décima División de Montaña dijo a Roston: “El soldado norteamericano que hay en mí se siente asqueado por estas prácticas que esencialmente consisten en pagar al enemigo y decirlo: Déjame tranquilo”…

Al parecer, ni Zapatero ni la Chacón se sienten asqueados. Mienten cuando dicen que “estamos obligados” a enviar tropas. No lo estamos: si estamos obligados a algo es a convencer a otros países europeos de que retiren sus tropas. Mienten cuando dicen que “estamos combatiendo al terrorismo internacional”, por ética, por moral y por geopolítica. Nuestros soldados están combatiendo a bandas de cabreros y agricultores, estructurados tribalmente, que han hecho de la guerra un modus vivendi. Mienten cuando hablan de “misión de paz”. Nuestros soldados están allí con misiones propias de un conflicto armado a pesar de que ni siquiera su instigador –los EEUU– son capaces de mantener con la mínima seriedad que requiere una guerra.

Por eso es urgente la repatriación de las tropas allí destacadas. ¡Ni un soldado para guerra absurda de Afganistán! ¡Ni un soldado español para una guerra que no afecta a la seguridad ni a los intereses nacionales de España!

[Recuadro]

El dinero mueve la guerra

A lo largo del 2009, el Pentágono ha pagado a las seis compañías de transporte que abastecen a las tropas norteamericanas 2.200 millones de dólares. Si un 10% de esa cantidad llega a los talibán estaremos hablando de 220 millones de dólares. Una mina de oro para los transportistas, para los talibanes y para el gobierno Karzai. Por cada camión que llega hasta las avanzadillas, las compañías pagan 800 dólares y si trasladan combustible la cantidad varía pero puede llegar a los 1.300 dólares. Solamente la empresa Watan recibe mensualmente por sus servicios 500.000 dólares. Buena parte de los contratos de transporte van a parar a hijos y familiares de altos cargos de la administración Karzai.

Cada señor de la guerra local y cada banda talibán tienen “su compañía de seguridad favorita” con la que ha logrado establecer relaciones estables. Se ha demostrado que una de las compañías, la Afghan International Trucking paga cada mes 20.000 dólares en concepto de soborno a un funcionario militar encargado de las contrataciones. La AIT está dirigida por un sobrino del “general” Baba Jan, antiguo comandante de la Alianza del Norte que desde antes de la invasión trabajaba ya para los norteamericanos.

¿Quién paga al talibán? Todos. Aram Roston recabó el testimonio de un directivo de una firma privada de seguridad norteamericana que trabaja en Afganistán: “El gobierno es tan débil que todo el mundo está pagando al Talibán”. Cuando se paga a un “señor de la guerra” que controla un sector, se limita a poner a sus hombres al frente del convoy para que si éste tiene que atravesar una zona que no esté bajo su control, sea respetado. Luego reparten ganancias. El asesor de seguridad entrevistado por Roston explicó que los talibanes colocan dos vehículos, uno delante y otro detrás del convoy. Asunto resuelto: “De otra manera no se puede trabajar. Es imposible”, añadió. ¿Cuántos soldados españoles habrán muerto víctimas de armas compradas con dinero del Pentágono?

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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