Infokrisis.- Alicante ha cambiado radicalmente. Ha pasado en apenas 20 años de ser una provincia que vivía del turismo en la costa y la industria y la agricultura en el interior, a ser una provincia en vías de convertirse en el “geriátrico de Europa”, con turismo, una industria en declive y una agricultura estable, para devenir, finalmente, una provincia en crisis, con un marcado proceso de desertización industrial (mayor a cualquier otra provincia española), que lo fiaba todo a la construcción y a la que ha terminado por afluir una inmigración en volumen absolutamente insoportable… y, para colmo, con una agricultura. A partir de ahora, ni siquiera va a ser el geriátrico de Europa.

Y, finalmente, ha llegado la crisis. A la rotura del tejido socio-económico de la provincia se une ahora la mayor crisis económica que haya vivido nuestro país en su historia. El riesgo es que ambas crisis conduzcan a crear nuevas realidades insostenibles para esta provincia.

Alicante, meca del turismo y de los jubilados europeos

La forma de la provincia es triangular. Su base es una parte del “frente mediterráneo” de la Península y, desde mediados de los años 60 fue uno de los emplazamientos privilegiados de nuestra industria turística. A diferencia de otras zonas costeras, inicialmente en Alicante no se trató de un turismo masificado, sino extraordinariamente diversificado. De un lado era la meca de un turismo interior procedente, de la Comunidad de Madrid. Pero, al mismo tiempo, llegaba un turismo procedente de Europa Occidental y de los Países Escandinavos. Inicialmente, todo este turismo se limitaba a alojarse en hoteles y pensiones, pero pronto –hacia finales de los años 60- el turismo interior empezó a adquirir apartamentos y luego a establecerse en la zona. Todo esto generó el que ya en 1967, la primera actividad de las zonas costeras no fuera la pesca como hasta entonces, sino la hostelería, el turismo y la construcción.

Los visitantes llegaban atraídos por el sol y el mar que parecían más escasos en sus lugares de origen. Se ha llegado a esgrimir como reclamo turístico el que Alicante tiene 340 días de sol al año. Hasta principios de los años 90, los jubilados ingleses, holandeses, alemanes y nórdicos preferían establecerse en Canarias y en Baleares. Pero pronto se hizo evidente que la lejanía de Canarias era un problema para muchos y que las Baleares estaban saturadas. A decir verdad, muchos inmigrantes europeos además de mar y sol, buscaban también tranquilidad. Fue entonces cuando a principios de los 90 empezaron a fijarse en la provincia de Alicante que contaba con un aeropuerto fácilmente accesible desde las zonas costeras de Torre vieja-San Fulgencio, con un turismo “de calidad” –especialmente en el eje Javea-Denia-CACPE-, cuyas infraestructuras eran buenas y los precios, inicialmente, no eran excesivamente caros. Además, la convivencia con los autóctonos era excelente.

Con el paso de los años, toda la costa alicantina se saturó de urbanizaciones pobladas mayoritariamente por unos “inmigrantes” europeos que, no solamente no planteaban problemas sino que estimularon el movimiento económico y, por tanto, la riqueza de la zona. Poco a poco, se impuso la imagen de “Alicante = geriátrico de Europa”. Pero ocurrió algo peor: la construcción alcanzó un desarrollo hipertrófico en toda la costa al iniciarse el período de gobierno del PP. Se estaba construyendo por encima del umbral de sostenibilidad. Y no había nadie que lo detuviera: todo lo contrario, se estimulaba. Para construir al ritmo que precisaba la expansión turística de Alicante, ya en 1997, era necesario contar con una mano de obra que no existía en la provincia. Así que fue preciso recurrir a otro tipo de inmigración completamente diferente al que había llegado hasta entonces.

La inmigración no daba miedo a los alicantinos. A fin de cuentas, antes de la llegada de los jubilados europeos, en los años 60 habían llegado decenas de miles de franceses procedentes de la traumática descolonización de Argelia (“pieds noires”) que tuvieron su parte en el desarrollo económico de la provincia entre 1961 y 1969. A partir de 1996 empezaron a llegar masivamente inmigrantes andinos y magrebíes. La crisis del “corralito” argentino hizo que también afluyeron miles de bonaerenses a la provincia.

Si la franja costera del triángulo alicantino vivía del turismo, la hostelería y la construcción, el interior de la provincia tenía sólidos puntales industriales construidos primorosamente desde el I Plan de Desarrollo franquista entre 1964 y 1967. La industria juguetera española se concentraba en Ibi, una población que hasta ese momento era casi exclusivamente heladera. En Crevillente se concentraba la industria de la alfombra de toda España y buena parte se dedicaba al textil, llegando a funcionar hasta 80 fábricas que exportaban el 75% de su producción a finales de los años 90. Elda-Petrer, Novelda, Villena y Elche concentraron hasta finales del milenio a una industria del calzado que exportaba a todo el mundo y suplía con creces las necesidades nacionales. En Elche se fabricaba hasta el 42% del calzado consumido en España. Un 30% de la mano de obra villenera llegó a trabajar en pequeñas factorías y en sus hogares, también en el sector del calzado.

El resto de industria del interior de la provincia tiene que ver con las canteras y con los productos químicos utilizados en agricultura. Pero, desde principios del milenio, el sector agrícola sufre una recesión cada vez más acusada. Algunas zonas de la provincia, observadas desde el aire, generan una irreprimible tristeza al percibirse con claridad el aumento incesante de los campos de cultivo abandonados. Las causas de este abandono han sido tres: de un lado no poder soportar la caída de los precios de la producción agrícola ante las importaciones magrebíes e incluso iberoamericanas; de otro el aumento en la edad media de los campesinos y el que sus hijos no se vean motivados a seguir trabajando los campos. Finalmente, las políticas agrícolas comunitarias, erráticas y contradictorias, elaboradas por centroeuropeos que lo ignoraban todo sobre los cultivos mediterráneos, han terminado apuntillando al sector.

A partir del último tercio de los años 90, la globalización empezó a generar sus efectos más deletéreos sobre la industria de la provincia de Alicante. El textil empezó a migrar hacia el Magreb, fue el primer síntoma de que algo estaba cambiando. Luego –ya a partir del 2000- le siguieron el juguete (casi completamente deslocalizado en estos momentos), el calzado (en vías aceleradas de deslocalización) y el mueble de la vecina Yecla (Murcia) que también absorbía mano de obra alicantina. Hasta 2006 no hubo problemas porque los excedentes laborales de estos sectores eran absorbidos por la construcción o las industrias suministradoras de materiales de construcción. Pero en 2006 empezaron a notarse los primeros síntomas de desaceleración. A partir de entonces, los parados generados por otros sectores ya no pudieron reciclarse en la construcción y el paro empezó a enseñorearse en la provincia. En el momento de escribir estas líneas, empiezan a verse las colas del paro en las oficinas del INEM de la provincia. Es sólo el principio. Cuando entre marzo y junio de 2008 terminen las obras en curso, apenas quedará en activo en el sector de la construcción un 25% de quienes lo componían hace sólo dos años.

En cuanto a la agricultura, el drama no es menor. En el momento en que la UE empezó a subvencionar determinados cultivos, buena parte de los agricultores orientaban su producción hacia los cultivos subvencionados para lo que debían adquirir maquinaria apropiada. En el caso de la viña la situación ha sido dramática: por un lado se empezó a subvencionar las plantaciones de cepas… para luego subvencionar el arranque de las mismas, todo esto en un marco de caída de los precios de la producción. Se han subvencionado la colocación de espalderas, la compra de aperos, el riego por goteo… para negarse a subvencionar en absoluto la producción (que a fin de cuentas era lo esencial para compensar las caídas en los precios de la producción). El resultado ha sido el hundimiento del sector, lo abusos y el abandono progresivo de la agricultura.

Pero hasta hace dos años, cualquier agricultor que quisiera vender sus tierras y obtener el dinero suficiente para la jubilación, sabía que podía hacerlo. Hoy, eso ya es imposible. A partir de 2006 se orientaron amplias zonas agrícolas hacia la energía solar. En Beneixama se encuentra la mayor “huerta solar” de Europa con 32 hectáreas de placas. Buena parte de los agricultores intentaron entrar en el nuevo negocio. Pero las hidroeléctricas no facilitaron las cosas a tenor de que deben comprar obligatoriamente la energía producida a un precio superior al del kilowatio que venden… En cuanto a los generadores eólicos, muy discutidos (por el ruido vibratorio que producen, por la alteración del paisaje y por su rendimiento oscilante), la otra posibilidad con la que contaban algunos agricultores, apenas han podido concretarse dos nuevos parques eólicos, estancados en el momento de escribir estas líneas.

El turismo ha entrado también en crisis en 2008 y los jubilados europeos han dejado de afluir. Es más, algunos han fallecido y sus herederos tienen dificultades en vender sus chalets y apartamentos. Los que se venden van a parar a otros jubilados del mismo origen… pero ya no se construye.

Este es el drama económico de la provincia… un drama que es  también social: de una parte, la población autóctona empieza a registrar tasas importantes de paro que recuerdan las de principios de los años 90. De otro, la provincia de ha llenado de inmigrantes que habían venido atraídos por las posibilidades de trabajar en hostelería, construcción y agricultura… sectores que están en crisis. Lo peor es que no parece que, en breve, esta situación pueda ser reversible.

La construcción nunca más –nunca- volverá a tener la importancia que ha tenido hasta el 2006 en la provincia de Alicante. De otro, la industria deslocalizada ya no volverá, y lo que es peor, no existe la más remota idea de qué podría sustituirla. En cuanto a la agricultura, salvo que ocurriera un cambio en la economía mundial, en las actuales circunstancias, con un Marruecos que cada vez obtiene más beneficios de la UE y donde se concentran cultivos intensivos de ínfima calidad pero de precio adaptado a los tiempos de crisis, no se ve de qué forma ni en función de qué podrían levantarse los campos alicantinos.

En estas circunstancias ¿qué hacemos con los excedentes migratorios? Siguen llegando masivamente a la provincia… pero no hay trabajo ni siquiera para los que llevaban diez años asentados en Alicante. ¿Entonces…? Contrariamente a lo que quieren pensar las autoridades provinciales, autonómicas y estatales, el problema de la provincia es de modelo económico: nadie fue capaz de prever las oscilaciones de la agricultura, ni denunciar las inconsecuencias de la UE en materia agrícola, nadie fue capaz de prever lo que implicaba la globalización para la industria de la que vivía el interior de la provincia. Nadie fue capaz de crear un modelo económico alternativo para el momento en el que fallara la construcción (¿quién pudo pensar que se podría construir eternamente y sin medida?) o que el turismo entrara en recesión. Si bien el Magreb no ha logrado suplantar a España en materia turística, como se temió a principio de los 90, las costas del Adriático y los países del Este, una vez liberados de la pesada losa del socialismo real, se configuran hoy como destinos turísticos de primer orden con un crecimiento exuberante que atrae al turismo de calidad, dejando para nuestras costas un turismo de alpargata y garrafón.

De “provincia modelo” a “provincia mártir”

Luís Díaz Alperi, un hombre clave en la política municipal del PP en Alicante ciudad, explicaba hace poco algo demasiado lógico y evidente como para discutirlo: “muchos inmigrantes van a delinquir para vivir”. Claro está que las conclusiones que realizaba Alperi al diario Levante eran incomprensibles: “hace falta más dinero para la inmigración”. Esto es, evitar que roben… subvencionándolos. No hay que olvidar que la degradación de la vida en la ciudad, la creación de guetos de la inmigración, la “limpieza étnica” del centro, si tienen un responsable por omisión es el PP del que forma parte Alperi y que ha gobernado ininterrumpidamente desde 1995.

Alicante es, junto a Valencia, la provincia con más inmigrantes parados que no cobran subsidio. Solamente un 58% de los 14.288 extranjeros que había en paro en junio de 2008, cobraban algún tipo de prestación que asegurase sus necesidades más básicas. Resulta un misterio saber de qué vive, exactamente, el resto. Seguramente la mayoría del trabajo negro, pero es inevitable conectar esta situación con el aumento de los robos en la provincia experimentada desde principios de 2006.

En el ya lejano 2001 -con  el copyright de Dinpesa- se ofrecían unas cuantas pinceladas –suficientes- de lo que estaba ocurriendo en la ciudad de Alicante: Las calles del centro tradicional de Alicante se han transformado. Una de las zonas más emblemáticas de la capital ha cambiado su habitual aspecto -negocios de restauración y establecimientos al servicio del turismo- tras haberse convertido progresivamente en un barrio magrebí. En poco más de un año el centro histórico de Alicante ha tomado acento árabe y son ya pocos los negocios nativos que allí subsisten. El día a día de esta zona toma paisaje de un zoco, dónde sólo tienen cabida inmigrantes que viven o viajan a Alicante gracias a un ferry diario que enlaza la capital con Orán. El problema radica en que la convivencia se ha tornado harto complicada. La voz de alarma surgió este verano con la formulación de todo tipo de denuncias por robos, tráfico de drogas y, prostitución. Lo cierto es que en una decena de calles se concentra más del 70% de los delitos que se cometen en la ciudad. Las denuncias iban más lejos: comerciantes que traspasaron sus negocios a los magrebíes rompían su silencio y aseguraban haber sido víctimas de extorsiones y prácticas mafiosas, con la única intención de hacerse con el control de la zona. Hecho que finalmente se ha producido. Bazares, locutorios telefónicos, comedores árabes, pensiones, panaderías, carnicerías ... son algunos de los dominios de estos inmigrantes que se han abierto hueco en la vida cotidiana. La guinda al pastel la ponen las 81 denuncias presentadas por mujeres allí residentes que dicen haber sido "víctimas de amenazas e insultos por parte de los magrebíes que han tomado la calle", según señala un portavoz de la Coordinadora para la Recuperación del Centro de Alicante”.

Era sólo el principio. En 2001, escribir esto equivalía a hacerse acreedor del calificativo de “xenófobo y racista”. Sin embargo, toda la ciudad de Alicante y el consistorio gobernado por el PP, eran perfectamente conscientes de lo que estaba ocurriendo. Como siempre, se creía poder superar la situación inyectando fondos públicos. Siete años después, no solamente no se detuvo la degradación del centro de Alicante, sino que el problema se extendió a otros barrios y al interior de la provincia [tal como veremos en otras partes de este mismo dossier].

Alicante ha pasado de ser una “provincia modelo” con industria diversificada, hostelería, turismo, agricultura, a ser una “provincia mártir” en la que la industria se ha deslocalizado, el turismo remite, la agricultura se extingue y de la construcción quedan solamente las brasas. Ahora viene “el tío Paco con la rebaja”, como se dice popularmente cuando se pretende expresar la idea de que lo peor está aún por llegar.

Pateras hasta en Alicante

Pero no es solamente la delincuencia que denunciaba Alperi lo que los alicantinos tienen ante la vista. Es mucho peor. En principio, lejos de retraerse los flujos migratorios a la provincia [como hemos visto] aumentan más que en ninguna otra provincia española. Esto se debe a que los inmigrantes están de espaldas a la realidad económica internacional y desconocen los problemas de la economía española. Llegan simplemente porque son conscientes de que en caso de existir “crisis” en España, en su país existe “miseria absoluta”; y, al menos aquí, aunque estén paro y vivan en precariedad (en su país de origen la precariedad es todavía más dramática), el Estado garantiza una serie de servicios (sanidad, renta mínima de inserción, escuelas, asistencia social, etc.) ¡Cómo van a dejar de venir! ¡lo raro es que no vengan a mayor velocidad! Es normal que en las zonas que hasta ahora han ido concentrando más inmigración (como Alicante) el “efecto huida” sea mucho mayor que allí donde nunca se han instalado inmigrantes.

Hecha la ley, hecha trampa. Controlado el Estrecho mediante un avión dotado de radar, las mafias de la inmigración cambian de táctica. Las pateras ya no parten de las costas marroquíes, sino que se embarcan en “buques nodriza”, habitualmente pesqueros marroquíes o pequeños mercantes, y son soltados en lancha cerca de las costas españolas. Contra más al norte se realiza la operación, más seguridad tiene de tener éxito.

En septiembre de 2007 se produjo la llegada a las costas alicantinas de cinco pateras procedentes de Marruecos. Demasiado lejos para que hubieran podido llegar por sí mismas. Y si las pateras llegan, también llegan drogas. Desde hace cinco años, la vigilancia policial en las costas gallegas ha hecho que descendiera la entrada de cocaína en los puertos de aquella autonomía. Como ya informó IdentidaD, a partir de 2003 tuvieron contactos entre los narcotraficantes marroquíes y los colombianos. Los marroquíes aseguraban la llegada de la cocaína a Marruecos y luego su traslado a España quedándose con un 5% de los envíos que, o bien serían consumidos en el propio Marruecos (el “majzén” –el entorno del palacio Real- es un “gran aficionado” a la coca) o serían distribuido en España por redes marroquíes hasta entonces solamente especializadas en haschís. Parte de esos envíos entran por las costas alicantinas. No es raro que el consumo de cocaína y de haschís en Alicante esté por encima de la media nacional.

Incluso la inmigración argelina que nunca había sido apreciable (ni apreciada, a decir verdad, dado que los antiguos “pieds noires” franceses residentes aun en la provincia son excepcionalmente críticos hacia ellos) en la provincia ha repuntado en plena crisis económica. A principios de agosto de 2008, se registró la llega de 10 pateras en Torrevieja con 91 argelinos. Otras llegaron, así mismo, a la vecina Murcia. Desde principios de año, habían resultado detenidos 781 argelinos aspirantes a entrar en España, el año anterior 83 argelinos habían perecido ahogados en la aventura y 1.530 fueron detenidos.

¿Crean riqueza o deslocalizan capital?

Derechas e izquierdas alicantinas han estado de acuerdo en que la inmigración “crea riqueza”. No es así. De hecho, la inmigración es uno de los dos aspectos de la globalización: no crea riqueza sino que desplaza la riqueza. En Alicante, la inmigración ha sido la causa de que los precios de la mano de obra agrícola, pero también en construcción y hostelería, bajaran. Cuando los defensores de la inmigración masiva reconocen esto –y hoy ya pocos se atreven a negarlo- pasan a sostener que gracias a las cotizaciones de los inmigrantes se pagan las pensiones de los abuelos (pero evitan decir que la inmensa mayoría de inmigrantes cotizan en las franjas salariales más bajas, tienen trabajos temporales y familias numerosas, con lo que si bien la SS recauda más… también gasta mucho más con lo que el sistema de pensiones peligra hoy más que nunca) una idea que hoy ya se cuestiona desde muchos puntos. Entonces, su última línea de justificaciones es decir que los inmigrantes “crean riqueza”.

Es cierto que gracias a la inmigración el PIB ha ido creciendo en los últimos 10 años. Es normal para un país en el que han ingresado una media de 600.000 inmigrantes/año, el PIB suba solamente por la presencia de estos mismos inmigrantes que comen, beben, se alojan y consumen en definitiva. Pero no es riqueza lo que se crea. La riqueza se crearía si el dinero ganado por los inmigrantes se invirtiera en España. Es cierto que se trata de cantidades mínimas, pero sumados, alcanzan más de 8.135 millones de euros… ese dinero se va en forma de remesas al extranjero.

Una vez en los países de origen ese dinero también sirve para poco: con él no se pueden crear pequeños comercios ni pymes, sino como máximo, servir para satisfacer el consumo básico de los receptores. Así pues, salvo para las entidades que tramitan los envíos de remesas y para los administraciones de los países receptores que cobran impuestos directos e indirectos sobre ese dinero, el producto del trabajo de la inmigración sirve para bien poco.

En total los inmigrantes residentes en la provincia de Alicante enviaron en 2007 728’6 millones de euros a sus países de origen, representando casi el 7% de la cifra total de remesas enviadas desde España.

Así pues, las remesas, lejos de ser una fuente de creación de riqueza, son un frente añadido más a la deslocalización de capitales. Es normal que así sea: a fin de cuentas, la inmigración no consiste en otra cosa más que en comprar mano de obra en el extranjero, que desarrolla aquí su trabajo, pero buena parte de cuyo pago se realiza en forma de remesas. En períodos de crecimiento económico, estas cifras apenas tienen repercusión, pero cuando se producen crisis de dimensiones incalculables como la actual, estas remesas adquieren una dimensión dramática: en primer lugar, los 728’6 millones de euros que se van al extranjero en la provincia de Alicante supondrían un mayor movimiento económico en la provincia e inyectar fondos en los circuitos económicos. Esa cantidad supone un dinero que es absorbido por una bomba, desaparece de la provincia de Alicante y reaparece pulverizada en los países de destino de esas remesas.

Algunas conclusiones

La provincia de Alicante vive una situación de conflictividad creciente cuyos efectos se dejarán sentir durante décadas. Con una natalidad crepuscular y una constante llegada de inmigrantes con demografía explosiva, hay que ser realistas sobre el futuro que le aguarda a la provincia: y ese realismo, implica necesariamente ser pesimista.

A eso hay que añadir el hundimiento de los modelos económicos que rigieron desde 1960 a 1985 y desde 1985 hasta la gran crisis de 2007. La globalización ha golpeado a Alicante más que a cualquier otra provincia española. Sus dos tentáculos, la inmigración masiva y la deslocalización empresarial, se han conjugado en Alicante de manera endiablada. En el momento en que escribimos estas líneas, ni el gobierno de la nación (PSOE), ni el gobierno autonómico (PP), ni la diputación provincial, ni los ayuntamientos de las primeras ciudades alicantinas, han sido capaces de prever la crisis hasta que ha estado encima ni mucho menos los remedios para establecer un nuevo modelo económico. En esas circunstancias, Alicante solamente tiene delante suyo la crisis, terrible, imparable, prolongada…

No hay lugar para el optimismo, pero sí una necesaria catarsis. Y el principal medio para realizarla es dejar de votar automáticamente a las opciones políticas que hasta ahora han gobernado y exigir un rendimiento de cuentas y una petición de responsabilidades a una clase política que ha sido capaz de sumir a Alicante en la crisis más profunda de su historia. Y, resaltamos, que la crisis provincial dista mucho de haber alcanzado sus cotas máximas.

Mientras Alicante siga gobernada por la misma clase política, interesada solamente por aumentar su patrimonio, que sigue con fidelidad perruna las leyes de lo políticamente correcto, será muy difícil salir de la crisis. Las ideas nuevas solamente pueden venir de la mano de gentes nuevas. La vieja clase política, responsable de la quiebra de una provincia, está inhabilitada para liderar el futuro.


De “Zapatero Premio Nóbel” a “Alicante, ven cuando quieras”


Todas las provincias tienen irresponsables, inconscientes y/o, francamente, tontos. En Alicante, últimamente, parecen proliferar. Dos noticias –dos “perlas”- son suficientemente elocuentes de lo que decimos.

Víctor Domínguez, miembro del Consejo Político local de Izquierda Unida-Alicante, publicó un artículo recogido en “Nueva Claridad” (subtitulado “Por una alternativa marxista”…) en el que seguía, obstinadamente, sosteniendo en ¡2006! el “papeles para todos”. En su nirvana marxista, Domínguez alude a que la Ley de Extranjería “ha provocado una fuerte respuesta tanto entre la población alicantina como entre los trabajadores inmigrantes” (?) lo que ha llevado a la creación del “Comité de Inmigrantes de Alicante”… No busquen información sobre ese “comité”. En Google solamente aparece en una ocasión: en el artículo en el que lo cita Domínguez. La tesis que sostiene es que el eslogan de la diputación de Alicante: “Alicante, ven cuando quieras”, no alude a los inmigrantes, sino al turismo “de clase” y él, humanitario como es, quiere extender el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, a todos los extranjeros. En definitiva “papeles para todos”. Con estos planteamientos se entiende que en pocos años Izquierda Unida haya descendido en Alicante del 10’3 en 1993 al 2’3 en 2008. Y todavía parecen muchos a tenor de los planteamientos de Víctor Domínguez.

La otra “perla” es casi tan buena. En 2007 un grupo de inmigrantes alicantinos propusieron a José Luís Rodríguez Zapatero al precio Nóbel de la Paz en 2008. La noticia es un despropósito, no sólo por la información en sí, sino por sus promotores que decidieron lograron sus 5 minutos de fama mediática provincial. Quienes promovieron colocar a ZP al mismo nivel que la madre Teresa de Calcuta, fueron los miembros de la Plataforma para la Integración y la conquista de los Derechos Políticos de los Nuevos Españoles y fue entusiásticamente apoyada por los andinos de Amigos de Alacant, Nueva Realidad y los magrebíes de Abya-Yala… que, en su conjunto, suman 250 afiliados. Indudablemente, se trata de los más “listos”, en la medida en que han entendido que Zapatero subvenciona a quien le ríe las gracias. Por cierto, mientras el portavoz de estas asociaciones, elogiaba a Zapatero y pedía para él una promoción internacional (al ser “un gran humanista”), aprovechaba para tachar las declaraciones de Díaz Alperi sobre el aumento de la delincuencia al aumentar el paro entre la inmigración como “criminales” y “xenófobas” y pidió para él la “aplicación de la ley al sembrar el odio y las divisiones entre la ciudadanía”.

Por supuesto de la Plataforma para la Integración y la conquista de los Derechos Políticos de los Nuevos Españoles, nunca más volvió a saberse nada.

Elche: de ciudad del calzado a ciudad de la inmigración

Elche es la tercera ciudad de la Comunidad Valenciana y excepcionalmente próxima a Alicante, frecuentemente se trata a ambos ayuntamientos de “conurbación”. Los males de la ciudad de Alicante se reproducen en Elche hasta el punto de haber situado a la ciudad en momentos de tensión (como las manifestaciones contra la proliferación del comercio chino en 2004).

Elche ha sido uno de los destinos preferidos por la inmigración. En la actualidad, el crecimiento demográfico de Elche (mediante nacimientos y empadronamientos) se debe en un 80% a los inmigrantes. El 20% restante es crecimiento vegetativo (diferencia entre nacimientos y fallecimientos). Los datos oficiales nos cuentan que en Elche había a finales del 2006 14.382 residentes extranjeros. De ellos, el grueso procedía de Ecuador, Colombia, Marruecos y Rumania, suponiendo el 55% del total. En el padrón municipal se reflejan hasta 115 nacionalidades distintas. En Elche hay una mayor proporción de magrebíes (20%) que en Alicante (13,6%). La proporción de rumanos en Elche es el doble que en Alicante.

En la primavera del 2004 estallaron en el polígono Carrús de Elche incidentes graves cuando empezaron a detectarse los primeros síntomas de crisis del sector del calzado.

La crisis del calzado, primer signo de la globalización

A partir de 2002 apareció un nuevo tipo de producto en España: calzado extremadamente tosco, de muy mala calidad, frecuentemente caminar un poco con ellos destrozaba el pie, su única ventaja es el precio: baratísimo y distribuido en la misma zona de Alicante. Paradójicamente, grandes empresas ilicitanas del calzado como Pikolinos, Martínez Valero y Kelme, entre otras, habían trasladado parte de sus procesos productivos al sureste asiático.

En la región de Elche y en el sector del calzado se produce un doble fenómeno: de un lado, los inmigrantes que han llegado de China, aceptan trabajar por un salario miserable, con contratos a tiempo parcial, cuando están trabajando jornadas de 10 y 12 horas laborables (lo cerrado de la comunidad china y el peso de las «tríadas» mafiosas, hacen que mantengan el silencio sobre lo precario de sus condiciones laborales). ¿Por qué? Porque en su estilo de vida, es aceptable permanecer diez o quince personas en el mismo piso (y por tanto, los gastos de alquiler bajan drásticamente) y trabajar durante jornadas interminables, sin derechos sociales, sindicación, pagas extras, etc.

De otro lado, el déficit del saldo comercial por el descenso de las exportaciones y el aumento de las importaciones de calzado y la paulatina pérdida de empleos conforman el escenario del conflicto que vive el sector del calzado de la provincia de Alicante. El resultado de esta doble tenaza es el estrangulamiento de la industria alicantina del calzado: no pueden competir con los ínfimos costes de producción de las empresas chinas en España, ni pueden competir con el precio de las importaciones de calzado procedentes de China.

China es hoy el primer proveedor de calzado de España en 2003 con 70,9 millones de pares, un 53% del total de las importaciones del sector en ese año. La cosa es todavía más sorprendente en la medida en que en el sector del calzado España podría ser completamente autosuficiente. En el periodo 1999–2003 las importaciones de zapatos procedentes de China se dispararon hasta el 108,15 por ciento, al pasar en dicho periodo de 29,7 millones de pares a los 61,9 antes mencionados. El precio medio por cada par de zapatos chinos importados se sitúa en 3,7 euros. Paralelamente, en los últimos tiempos se han ido destruyendo entre 1.500 y 2.000 empleos anuales en el sector del calzado de Elche y entre 10.000 y 15.000 trabajadores pueden perder sus puestos entre un futuro inmediato.

Si bien el retroceso del sector se inició en la década de los noventa, los problemas alcanzaron su cenit a partir de 2001 y 2002, con la caída de las exportaciones a Estados Unidos tras el 11–S. Ante esta recesión del mercado, firmas históricas como Martínez Valero, que funcionaba desde principio de los años sesenta, cerraron algunas de sus factorías y despidieron a sus trabajadores. En 2003 se tramitaron en las comarcas alicantinas del Vinalopó expedientes de regulación de empleo que afectaron a 60 empresas y 780 trabajadores en localidades como Elche, Aspe, Villena, Monóvar, Elda, Petrer, Sax o Aspe, cuyas economías dependen en gran medida de este sector.

Otro problema es el calzado de marca falsificado, actividad a la que se dedica buena parte de la estructura china. El 13 de enero de 2005, la Policía Local de Elche desmantelaba uno de estos almacenes en la partida de Altabix y quince días después la Policía Nacional detenía en la ciudad a dos empresarios, uno chino y otro español, acusados de distribuir zapatos falsificados, tras hallar en una nave industrial 3.244 pares de estas características. Precisamente las falsificaciones y la competencia desleal por parte de los chinos fueron la causa de las manifestaciones de trabajadores ilicitanos en el polígono Carrús en 2004.

¿De dónde vienen los chinos?

Antes –hasta 2001– los inmigrantes chinos procedían de Taiwan (China Nacionalista), Singapur y Hong–Kong: es decir, las zonas occidentalizadas de China que, o bien fueron colonias europeas hasta hace poco, o bien reagruparon a los oponentes a la revolución comunista de Mao (Taiwan). Habitualmente se dedicaban a la restauración o bien a negocios de import–export, o a tiendas de Todo a 100.

A partir de 2002, irrumpieron otro tipo de chinos: los continentales, procedentes del gigante chino en fase de evolución hacia un capitalismo tutelado por el Partido Comunista. Estos últimos entran a través de Yugoslavia (país que se venga de Europa por los bombardeos de la OTAN aceptando la llegada de chinos sin visado que luego se desparraman por toda Europa Occidental. Se trata de gentes más conflictivas que los anteriores, han traído sus mafias (las «tríadas») y tienen poca relación con gente de fuera de su comunidad. Habitualmente trabajan para empresas chinas sometidos a horarios infernales y salarios de hambre.

¿Cómo se inició el conflicto de Elche?

Durante los días anteriores a los sucesos circularon por Elche pasquines anónimos convocando una manifestación en contra de las empresas asiáticas instaladas en el Polígono Carrús. La convocatoria no fue comunicada a la Subdelegación de Gobierno de Alicante y tampoco fue secundada por sindicato alguno. Los aproximadamente 300 asistentes iniciales, según la Policía, comenzaron por cortar el tráfico y proferir gritos de «¡chinos fuera!», para luego apostillar «¡Elche se muere!». La crispación fue en aumento y los participantes más exaltados pasaron a la acción, yendo a la treintena de almacenes asiáticos abiertos. No eran muchas las opciones, ya que la mayoría de los encargados habían cerrado en previsión de lo que se avecinaba. Contenedores quemados, dos naves incendiadas y el saqueo de la mercancía de un trailer que proveía a uno de los almacenes fueron el resultado de la revuelta ciudadana.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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