José de Vasconcelos o lo que queda de la "raza cósmica"

Publicado: Miércoles, 14 de Octubre de 2009 16:01 por Ernesto Milá en CULTURA

Infokrisis.- El primer mexicano que conocí en mi vida, era profesor de la Universidad de Guadalajara, México. Había pertenecido a una sociedad secreta católica, el Teccos, formada por herederos de los cristeros, y era un fanático lector de José de Vasconcelos (al que algunos le restan el "de"). En esa época, la revista Fuerza Nueva solía colocar glosas a este autor del que tardé en conocer alguna de sus obras. La figura de Vasconcelos es interesante desde el punto de vista literario, aunque algunas de sus teorías sean, como mínimo, problemáticas.

La primera vez que oí hablar de Vasconcelos debió ser hacia finales de los años 60 en la revista Fuerza Nueva. En aquella publicación colaboraban ocasionalmente algunos católicos iberoamericanos y, seguramente, alguno de ellos mencionaba con cierta insistencia al autor mexicano. Pero no fue sino hasta conocer personalmente en 1972 a los primeros camaradas mexicanos, cuando me di cuenta del impacto que Vasconcelos había creado en nuestro ambiente político en aquellas latitudes. La idea de la "raza cósmica" era repetida inevitablemente por todos ellos, como un objetivo a alcanzar, objetivo que, desde la Vieja Europa, algunos considerábamos una pesadilla.

Aun no comportamiento -incluso, rechazando- lo esencial de la obra de Vasconcelos, no hay lugar para evitar reconocer que fue uno de los grandes de la literatura iberoamericana del siglo XX y que dejó una huella profunda. Por tanto, vamos a intentar realizar un esfuerzo de objetividad para describir su portentosa trayectoria intelectual y exponer los puntos más significativos de su pensamiento con toda la objetividad que requiere un trabajo de este tipo.

El Ateneo de la Juventud


Nacido en Oaxaca (México) en 1992, tras cursar estudios primarios en su tierra natal, se desplazó al Distrito Federal para estudiar derecho. En la universidad tuvo como compañeros a tres jóvenes que luego alcanzarían renombre:

- Alfonso Reyes Ochoa, hijo de un alto funcionario del gobierno de Porfirio Díaz. Tras concluir sus estudios de Derecho, fundaría con Henríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos, el Ateneo de la Juventud, una institución que realizaría una crítica en profundidad al positivismo de Comté, extraordinariamente desarrollado en México durante el gobierno de Porfirio Díaz (período conocido como "el porfiriato"). La Revolución de 1910 supuso una hecatombe para la familia e inseguridad para Reyes. Tras un período de dos años en la embajada mexicana en París (1912-14), las convulsiones generadas por los siguientes gobiernos terminan por exiliarlo del país. En 1914 llega a España donde conocerá a Menéndez Pidal. Se especializará en el Siglo de Oro español, aunque también se adherirá a la estética de Benedetto Croce. Desde España organizará un homenaje a la poesía simbolista francesa y especialmente a Mallarmé. Colaborará con la Revista de Filología Española, la Revista de Occidente y la Revue Hispanique. Cuando abandona España su obra poética será abundante. Traducirá también a Chesterton y Chejov y de retorno a la patria publicará a partir de 1930 la revista Monterrey y editará libros, entre otros, El poema del Cid y las obras del siglo de Oro español. Nombrado embajador de México en Argentina conocerá a Victoria Ocampo, Leopoldo Lugones, a Borges y al joven Bioy Casares. En 1939 presidirá la Casa de España en México, formada por exiliados españoles. Borges habló de él como "el mejor prosista habla hispana de todos los tiempos". En 1959 falleció en México.

- Antonio Caso Andrade, fue otro de los fundadores del Ateneo de la Juventud. Licenciado en Filosofía dirigía los estudios de la entidad en esa dirección e imprimió a la institución un carácter humanista y espiritualista. Como sus compañeros hacía del positivismo de Comté y Spencer su bestia negra, encontrando refugio en Schopenhauer, Bergson y Nietzsche. Ya en su madurez ocupó distintos cargos relacionados con la enseñanza, llegando a ser miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y rector de la Facultad de Filosofía y Letras. Expuso lo esencial de sus posturas filosóficas y patrióticas en dos obras claves: Ensayo sobre la esencial del cristianismo, inspirada en la interpretación de esta religión a partir de las posiciones humanistas de Blas Pascal y de León Tolstoi , el Discurso a la Nación Mexicana adopta como eje el rechazo a lo que considera con las dos ideologías el jacobinismo y el positivismo. Considera al primero como una forma extrema de liberalismo al que acusa de ignorar la realidad, mientras que el positivismo es criticado justo por lo contario: por someterse al fatalismo de esa misma realidad. Se le considera el origen de la "filosofía de lo mexicano" que luego desarrollaría Octavio Paz y Leopoldo Zea. Caso sostenía en 1924 que el problema más grave de México es el mestizaje y la falta de unidad étnica de los mexicanos, que se agravaba con la falta de unidad cultural y social. Morirá extremadamente influido por el existencialismo alemán.

- Isidro Fabela, nacido en 1882, participa también en la fundación del Ateneo de la Juventud mientras estudiaba la carrera de Derecho. Entró en el servicio diplomático cumpliendo misiones en distintos países (Francia, España, Inglaterra, Alemania y buena parte de los países iberoamericanos). Fue gobernador del Estado de México en 1942 y juez de la Corte Internacional de Justicia. Pero será, sin duda, recordado sobre todo como escritor y polemista. Fue de los primeros en denunciar el papel deletéreo de los EEUU en la política continental en su obra Los Estados Unidos contra la Libertad. En sus obras literarias demostró haber conservado recuerdos de todos los países que visitó como diplomático así como cierta nostalgia por la vida bohemia. Fue nombrado coordinador de la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana. Perteneció a la Academia Mexicana de la Lengua, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la Academia Mexicana de Derecho Internacional y la American Society of International Law.

Como puede verse por el historial de estos tres amigos personales de Vasconcelos, la suya fue una generación que tuvo protagonismo en la historia de México de la primera mitad del siglo XX. Lo más sorprendente de este grupo de amigos fue su rechazo al positivismo, algo incomprensible en la actualidad. Habría que recordar que el positivismo es una escuela filosófica de origen francés que supone un intento extremo de racionalización de todas las actividades cotidianas. En cierto sentido puede definirse como un seudo-espiritualismo altruista y a la vez como un materialismo hiper-racionalista que, por lo mismo, solía caer habitualmente en posiciones ridículas. Era revolucionario en la medida en que quería hacer tabla rasa de casi toda la historia anterior. Ateo, era al mismo tiempo consciente de que en el interior del ser humano late un deseo de espiritualidad y un ansia de trascendencia, por lo que el positivismo, a fin de cuentas, adoptó la forma de una religión laica. En España apenas tuvo importancia salvo en algunas franjas del movimiento anarquista y en ciertos sectores de la masonería, pero jamás alcanzó el favor popular que tuvo en Francia. Sin embargo, en México, seguramente a través de los canales masónicos, el positivismo penetró con fuerza y especialmente en el Ministerio de Educación. Los jóvenes fundadores del Ateneo de la Juventud Mexicana lo que en realidad crearon fue un movimiento anti-positivista opuesto sobre todo a la política educativa de Justo Sierra, ministro de instrucción pública del "porfiriato". Así mismo, todo ellos rechazaban lo que llamaban el "determinismo biológico" y condenaban el racismo. Veían que el racismo -o lo que ellos entendían por tal- estaba en el origen de las desigualdades sociales y los conflictos generados en México. Esta idea, nunca será abandonada por Vasconcelos que terminará haciendo de ella el eje de su teoría.

En la práctica se admite que el Ateneo de la Juventud estableció las bases para la "recuperación de la cultura nacional en México". La posibilidad de viajar que tuvieron sus miembros en el ejercicio de sus carreras diplomáticas o literarias, facilitó el que extendieran a toda Iberoamérica estos ideales e intentaran crear una "identidad iberoamericana" que aportara una concepción del mundo con entidad suficiente como para emanciparse de la Doctrina Monroe (América para los americanos… del Norte). Querían, en definitiva, un progreso pero que no implicara la destrucción de sus identidades originarias, sino que se basara en una afirmación de las mismas.

Vasconcelos el político


Segundo de nueve hijos, se discute todavía el año de su nacimiento, 1882 para unos y 1881 para otros. Oriundo de Oaxaca, capital del Estado del mismo nombre, era una ciudad de 150.000 habitantes y constituía un centro comercial importante conformado en torno a su catedral construida en el siglo XVI. Por ironías del destino, Porfirio Díaz, situado en las antípodas de Vasconcelos, era igualmente hijo de Oaxaca. Su nacimiento también le facilitó estudiar en una zona de frontera, entre el Eagle Pass de Texas y las Piedras Negras de Coahuila. Sus primeros recuerdos y sensaciones de los EEUU datarán precisamente de esos primeros años. Instalada la familia posteriormente en Toluca, la madre moriría pronto y él obtuvo la licenciatura en derecho en 1907.

Dos años después de concluir sus estudios, funda con sus compañeros el Ateneo de la Juventud Mexicana y emprenden una crítica feroz contra el positivismo atrincherado en el gobierno de Porfirio Díaz. Fue la primera vez que Vasconcelos intervenía en política, aunque penetrara en este ámbito a través de la lucha cultural. En esta lucha contra los que llamaban despectivamente "científicos" los valores éticos y estéticos que proponían eran la libertad de cátedra, la libertad de pensamiento y, ocupando un lugar muy destacado, la afirmación de los valores iberoamericanos. Mientras el "porfiriato" experimentaba una verdadera fascinación por lo europeo, desconociendo los valores mexicanos, aquellos jóvenes entre los que Vasconcelos era sin duda el que mostraba más carácter y empeño, enfatizaban la recuperación de lo mexicano y, por extensión de lo latinoamericano como seña de identidad.

Vasconcelos apoyó a Francisco Madero a partir de 1909 apoyando su candidatura frente a la de Porfirio Díaz. En 1910 las elecciones concluyeron en un gigantesco fraude que dio la victoria a Porfirio Díaz, tras lo cual Madero y sus partidarios llamaron a la insurrección en lo que se conoce como el "Plan de San Luis", detonador de la Revolución de 1910. Se atribuye a Vasconcelos la paternidad del lema de la campaña de Madero: "Sufragio efectivo, no reelección", aunque parece que su responsabilidad se limitó a rescatar la consigna que había sido utilizada por Porfirio al inicio de su carrera política y esgrimida contra Benito Juárez en 1871. Madero logró hacerse con el poder tras la renuncia de Porfirio y en 1911 se convocaron nuevas elecciones que le dieron la victoria definitivamente.

Sin embargo, tras producirse el golpe de Victoriano Huerta, se inicia para Vasconcelos un período agitado que le llevará primero al exilio en EEUU. Allí le contacto Venustiano Carranza, jefe del Ejército Constitucionalista, rogándole que se convirtiera en agente de influencia en Europa logrando que el gobierno de Huerta no fuera reconocido ni obtuviera apoyo económico. De hecho, Vasconcelos fue quien más hizo para que Carranza fuera reconocido como presidente "Por mi Raza hablará el Espíritu" de facto. Al poco de ser nombrado director de la Escuela Nacional Preparatoria, estallaron divergencias entre él y Carranza y se abrió para Vasconcelos un segundo período de exilio. Volvió para ocupar la cartera de Instrucción en el gobierno de Eulalio Gutiérrez Ortiz, pero la experiencia fue breve. En estos períodos, la inestabilidad y la brevedad de los gobiernos impidieron que Vasconcelos estuviera en condiciones de poner en marcha ninguno de sus proyectos educativos.

Alienado junto a Álvaro Obregón contra Carranza, el presidente interino Adolfo Huerta le encargó la dirección de Universidades y Bellas Artes y la dirección de la Universidad Nacional de México, cargo que ocupó durante algo más de 15 meses. En ese momento tenía las ideas muy bien definidas: política social, antirracismo, ideología nacionalista, ideas que plasmó en el nuevo lema de la UNAM que todavía ostenta hoy y que fue obra de Vasconcelos. Tras ser relevado del cargo y realizar una amplia tarea reorganizadora en la UNEM, Vasconcelos pasó a dirigir la Instrucción Pública provisto de los mismos ideales. Impulso el cuerpo de maestros rurales de los que intentó hacer, según su propia declaración, "apóstoles de la educación", en un extraño modelo inspirado en los misioneros del período colonial. Asumió, así mismo, la edición de libros y folletos y su período al frente de la Instrucción supuso uno de los períodos de mayor brío en la difusión de la cultura y en las campañas de escolarización y alfabetización en el México deprimido posterior a la I Guerra Mundial y a lustros de inestabilidad.

La idea de Vasconcelos era que los países iberoamericanos eran hijos de la misma cultura y, por tanto, debían cooperar y forjarse un destino común o, al menos, incidir en lo que les unía. No dudó en enviar "embajadas culturales" a los principales países iberoamericanos, formadas por los estudiantes mexicanos más destacados. En esas misiones, sus miembros debían empaparse de la cultura y de las tradiciones de esos países y transferir, a su vez, las suyas. Estaba claro que ya, en ese momento, Vasconcelos contemplaba que la "fusión" y el "mestizaje" de las culturas iberoamericanas era una necesidad para el alumbramiento posterior de un destino común. Él mismo predicó con el ejemplo: multiplicó sus contactos personales con artistas mexicanos a los que promovió y facilitó su trabajo (entre ellos el muralista Siqueiros), apoyó a escritores iberoamericanos de prestigio aun cuando no fueran mexicanos (como a la chilena Gabriela Mistral), así mismo se relacionó con el peruano Haya de la Torre fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana con la que se identificó.

Durante su mando al frente de la instrucción pública se multiplicó la creación de escuelas públicas, bibliotecas y edificios destinados a la difusión de la cultura. Sin embargo, en todo momento mantuvo una encomiable independencia política que le llevaría a tener problemas y fricciones frecuentes con la presidencia de la República. De ahí que su carrera al frente de la Instrucción Pública fuera tan breve como intensa.

En 1929 decidió presentarse como candidato a la presidencia de la República. Fue candidato rival de Pascual Ortiz quien resultó finalmente elegido. La campaña fue dura y el candidato oficialista no dudó en lanzar a sus huestes contra los partidarios de Vasconcelos que debieron soportar una violencia inusitada. A pesar de estar apoyado por los intelectuales iberoamericanos más prestigiosos de la época, su candidatura resultó batida obteniendo poco más de un 1% de los votos. Su llamamiento a la insurrección fue desoído por el pueblo mexicano agotado por más de diez años de disturbios civiles. El fracaso de esta intentona política forzó a Vasconcelos a exiliarse en Europa.

En 1940 regresó a su tierra siendo nombrado director de la Biblioteca Nacional. Volvió de Europa teniendo en la cabeza el brillante resultado de los regímenes fascista y nacionalsocialista en Europa. La embajada alemana en México le financió la revista Timón que sostenía la causa del Eje. Sólo al acabar la guerra, Vasconcelos condenó a ambos regímenes, dando crédito a las imputaciones realizadas contra ellos por los vencedores.

Al concluir la guerra siguió dedicándose a su tarea docente y a la dirección de la biblioteca nacional, escribiendo en varios diarios y gozando de un cierto número de discípulos bien situados en las esferas de poder. Falleció en 1959.

Vasconcelos el doctrinario


Tras su fracaso en la elección presidencial, al exiliarse en EEUU y luego en Europa, Vasconcelos abordó la tarea de elaboración de un cuerpo doctrinal extraordinariamente diversificado que incluía elementos procedentes de muy distintos horizontes intelectuales. De este período datan sus reflexiones sobre el pensamiento hindú, su conocimiento en profundidad de la filosofía de Schopenhauer y de Unamuno, que integraría en una perspectiva humanista.

Todas estas fuentes -así como su opción pro-Eje durante el conflicto- hacen que se tienda a ver en determinados ambientes a Vasconcelos y a su obra como un doctrinario iberoamericano de carácter nacionalista y revolucionario. Lo es hasta cierto punto, pero no en el mismo sentido que puede atribuirse a estas palabras en Europa. De hecho, la obra de Vasconcelos está más próxima al Partido de Acción Nacional mexicano (derecha, más o menos liberal) y a la Alianza Popular Revolucionaria Americana (izquierda, más o menos socialista del Perú), que a los regímenes fascistas y nacionalsocialistas. En este sentido, la crítica suele considerar que su obra La Raza Cósmica (publicada en 1925) es, en gran medida, una crítica al racismo, a toda forma de racismo y un canto al mestizaje.

El mejor Vasconcelos es, sin duda, el juvenil, cuando sus escritos están impregnados de un idealismo, en ocasiones ingenuo, pero siempre claro, nítido y bienintencionado. Sin embargo, a lo largo de los años 30 y especialmente en sus últimos 20 años de vida, da la sensación de que su pensamiento se vuelve más complejo, inextricable, opaco, oscilante y repleto de divagaciones personales, muy frecuentemente lúcidas, pero en las que cuesta extraer conclusiones claras y nítidas.

En la Biblioteca de Catalunya están depositadas las Obras Completas de Vasconcelos publicadas poco después de su muerte por la importante editorial mexicana, Fondo de Cultura Económica. Sus obras más interesantes son autobiográficas, aunque no son las más claras y definitorias sobre su pensamiento. Algunos de sus pensamientos son extremadamente subjetivos y repletos de prejuicios. Considera, por ejemplo, que del Norte no puede venir nada bueno y es famosa su alegación de que incluso en el Norte de México, al estar más cerca de EEUU, sufre un proceso degenerativo, cuando dice: "En Sonora termina la civilización y comienza la carne asada". Esta opinión terminó siendo una obsesión y quizás sea la anécdota más conocida que suele contarse sobre Vasconcelos.

Como todo intelectual, amante de la cultura, Vasconcelos, mientras estuvo a cargo de los resortes culturales del país hizo todo lo que pudo por estimular la cultura, pero no siempre sus medidas estaban a la altura de las circunstancias. Es famosa, por ejemplo, la anécdota que se cuenta sobre el viaje del presidente Obregón a una aldea: "En una ocasión, Obregón y su comitiva estaban esperando un tren en una pequeña y desierta estación de ferrocarril. Obregón estaba de buen humor. De pronto se dirigió a un indio que pasaba: '¿Cómo se llama este pueblo?', preguntó el Presidente. El indio contestó flemáticamente que no conocía el nombre del pueblo. '¿De dónde eres?', preguntó Obregón. 'De aquí, siñor'. 'Pero es extraño, ¿es que acabas de llegar a él?', 'No siñor, aquí nací; aquí murieron mis padres, siñor'. Obregón movió tristemente la cabeza. Había encontrado mucha ignorancia, pero era espantoso encontrar a un nativo a tal punto ignorante, que no sabía ni siquiera el nombre del pequeño pueblo en el que había pasado su vida, y en el que posiblemente muriera. Dio su moneda al indio y se despidió amablemente. Después cuando el indio se hubo alejado, Obregón llamó a uno de sus compañeros. En un tono serio le dijo: en cuanto regresemos a México, que se envíen a este individuo los Diálogos de Platón y La Divina Comedia que editó Vasconcelos para la alfabetización del indio".

Uno de los intelectuales europeos que más contribuyeron a ensalzar la figura de Vasconcelos a este lado del Atlántico fue, sin duda, el conde Keyselring quien en sus Meditaciones Suramericanas habla de él con gran entusiasmo como "el pensados más representativo" y el "maestro de las juventudes de América". Dice, más delante de él: "España le ha otorgado sus más altas condecoraciones. Estados Unidos le ha llamado, con frecuencia, para que dicte conferencias en sus principales universidades. Pero Vasconcelos desprecia el éxito. Cuando éramos estudiantes nos aprendimos, de una de sus más célebres conferencias, aquel fragmento: 'El éxito es estéril y mediocre, se acomoda con el instante, muere con él, no suscita ni anhelos ni virtudes. Lo que se trunca por alzarse demasiado, conserva vigor en las raíces para recomenzar el asalto de la altura...'".

Se le reconoce la paternidad de tres principios filosóficos que constituyen la médula esencial del pensamiento de Vasconcelos. La primera consiste en una reconducción de la filosofía aristotélica sobre la belleza que el griego considera como sometida y derivada al ritmo, la medida y la armonía y que Vasconcelos llama el "Apriori Estético" y ve completamente independiente de los conceptos de la filosofía clásica, inspirándose en la filosofía idealista. La segunda tesis es igualmente completa, la llama "la teoría de la coordinación mental que une lo heterogéneo" y resume así: "Cuando pensamos en un objeto, por ejemplo, ponemos en un sector de la mente lo que nos dice del objeto la Física, lo que nos dice la Química, lo que nos dice la Literatura, y así la labor del filósofo va a consistir en coordinar todas esas esferas del conocimiento, para lograr algo que ya no es 'Logos', sino Armonía. La verdad, en consecuencia, ya no es la reducción de lo particular a lo general -piensa nuestro filósofo-, sino el secreto de la coordinación de valores irreducibles uno al otro, pero que se ligan por la vida y la acción, dando por resultado una existencia como armonía". La última tesis afirma que el arte es el resultado de elementos heterogéneos agrupados al margen de la racionalidad y la intelectualidad y en función de lo armónico y lo estético.

En su vertiente política el pensamiento de Vasconcelos se suele definir como un "regeneracionismo romántico antiimperialista a la mexicana". Aparte de esto, su aportación no hace sino confirmar lo que otros antes y después de él confirmarán: las clases bajas están movidas por el resentimiento y las altas por la soberbia, por tanto, es en la clase media en donde se encuentran los elementos más lúcidos de la nación. A las clases medias, en tanto que son las mejor dotadas intelectualmente, les corresponde no solamente liderar los procesos revolucionarios sino estabilizarlos luego.

Su proyecto regeneracionista no es otro que el de reconocer la hegemonía de las clases medias y entregarles el liderazgo del país. A diferencia de los movimientos "indigenistas" aparecidos en los últimos años del siglo XX en distintos países andinos, Vasconcelos no sostiene la superioridad y la "pureza" de las civilizaciones pre-colombinas. En su obra se muestra como un gran admirador de la colonización y de la figura de Cortés. Como los regeneracionistas de todas latitudes, Vasconcelos no duda en criticar los vicios del "ser nacional", las taras que los pueblos han ido adquiriendo con el paso de los años. En este sentido, es evidente que la inspiración de Vasconcelos procede  de España y de la Generación del 98, en particular de Unamuno. De hecho, si la obra de Vasconcelos puede compararse a algún pensador europeo, es a la de Unamuno con la que resulta más fácil relacionarla.

De todas formas, en general, su obra política es contradictoria: por una parte hay pueden encontrarse elementos fascistas, especialmente en los años 30, por otra, arrastrado por su crítica al imperialismo, sería posible vislumbrar en él ideas extraídos de la propaganda marxista más pedestre, sin embargo, a fin de cuentas, es un católico, más regeneracionista que conservador, que confiesa su fe en 1937 en ¿Qué es el comunismo? publicada ese año. Ese catolicismo se proyecta sobre su obra en forma de un humanismo omnipresente. Ese humanismo le acompaña desde su juventud, cuando él y sus amigos del Ateneo de la Juventud habían emprendido la cruzada contra el pensamiento positivista.

Fruto del rechazo antipositivista es el restablecimiento de la enseñanza de las humanidades que impulsó como director de UNMA y en los cargos políticos que ocupó. Sin declararse contrario a la ciencia, considera que ésta debe estar sometida a los principios. Rechaza, pues, la ciencia sin conciencia y el cientifismo social de Comté y los positivistas. Había escrito "Ambos no advirtieron que el deber del filósofo es unir el saber científico-empírico, con el saber humanista, el saber estético, el saber divino... No se puede filosofar si se desatienden dichos valores". En otros textos, Vasconcelos parece considerar la ciencia como una parte de la filosofía en la medida en que ésta apareció antes que aquella.

El pensamiento de Vasconcelos no es racionalista. Intenta arraigar en la filosofía clásica si bien es cierto que con una visión personal que no debe nada ni a Nietzsche, ni siquiera a las interpretaciones de otros filósofos de la modernidad. La suya es una interpretación personal en gran medida y, especialmente antirracionalista: sostiene, por ejemplo, que el "conocimiento" puede alcanzarse mediante los "sentidos, el intelecto, la imaginación y las emociones", pero esta frase no debe engañarnos: si el pensamiento de Vasconcelos no es algo es, desde luego, racionalista. Frente a éste sitúa el método socrático: el alumno debe conocer las propiedades de los objetos guiado por su experiencia y por la labor pedagógica del profesor. Esta es la base de su gnoseología.

Su proyecto educativo tenía mucho que ver con todo esto: Vasconcelos quiere convertir a todo el pueblo en "artista". Para ello le es imprescindible rescatar las raíces autóctonas del pueblo. En buena medida estar raíces son indigenistas, especialmente en música, pintura y arquitectura. Vasconcelos aspira a una síntesis entre este indigenismo y la filosofía griega. Es inevitable, pues, que desemboque en un cierto nacionalismo iberoamericanista que desembocará en un "hombre nuevo" y en una "nueva forma de vivir".

Sostiene que el principal valor iberoamericano es la "libertad" en la medida en que la considera el rasgo distintivo de "la raza íbera y portavoz de una cultura emergente". Y es en este contexto en donde aparece la teoría de la "raza cósmica" que supone el elemento más característico de su pensamiento.

La "Raza Cósmica".


1. Influencias

En 1925 se publicó lo que, desde nuestro punto de vista, es la obra más significativa de Vasconcelos: La raza cósmica. Es un libro extremadamente extraño del que cuesta fijar las fuentes en las que se basa. Sus discípulos y biógrafos han aportado poco e incluso han intentado verosímilmente ocultar algunas influencias de las que, sin embargo, hay constancia.

Llama la atención, fundamentalmente, el título compuesto por dos palabras "raza" y "cósmica". Estamos en 1925. La alusión a la raza no se podía tomar todavía como una derivación de la doctrina nacionalsocialista que enfatizaba el valor de la raza. En ese momento, Hitler acababa de salir de la prisión de Landsberg y el movimiento era completamente desconocido fuera de los círculos nacionalistas alemanes. Así pues, la palabra "raza" (y el concepto que le acompaña) no procede de la actitud pro-alemana que acompañará a Vasconcelos en la segunda mitad de los años 30. Por otra parte, la alusión a lo "cósmico" no es tampoco muy habitual. Si lo que Vasconcelos quería significar era el advenimiento de una raza dominadora sobre el globo, había otras muchas palabras que podían expresar mejor esta idea: "la raza que gobernará", "la raza imperial", "la raza dominadora", pero ¿"cósmica"? ¿Cuál es pues la inspiración de ambas palabras: "raza" y "cósmica"?

Hemos estado dando vueltas a este problema hasta que no nos ha quedado más remedio que situar el pensamiento de Vasconcelos en esa época dentro del contexto que le es propio: filosofía antirracionalista e idealismo extremo. Por otra parte, no se entiende bien esa obsesión de los primeros miembros del Ateneo de la Juventud en contra de la filosofía de Comté cuyo pensamiento, en realidad, no pasaba de ser una anécdota, sino fuera por que insiste en un racionalismo extremo y asfixiante que los jóvenes que lideran la iniciativa -con Vasconcelos al frente- consideran como lo más alejado de su concepción del mundo.

En aquella época era relativamente conocido un pensamiento que utilizaba frecuentemente estos dos conceptos: "raza" y "cósmico". El ocultismo. Nuestra tesis es que Vasconcelos, en alguno de sus estancias fuera de México conoció las distintas corrientes del ocultismo de su época (algunas de las cuales habían llegado con cierto retraso a Iberoamérica). El teosofismo era una de estas corrientes.

a) El concepto "raza" como derivado teosófico

En La Doctrina Secreta, la Blavatsky presenta al lector una "cosmogonía" muy particular y exótica de su propia invención. Como se sabe en su doctrina el número siete ocupa un papel central. Siete son pues las razas que se suceden una tras otra liderando a la humanidad y siendo hegemónicas. Hoy estaríamos en el período de gobierno de la "quinta raza matriz". A nuestra "raza" seguirá la sexta que regresará al continente perdido de Lemuria y, finalmente, dentro de miles de años, acaecerá la hegemonía de la "séptima raza" que… abandonará nuestro planeta y empezará la colonización de Mercurio.

La doctrina es absurda, ridícula y sin base en ninguna otra tradición. De hecho es un apenas una especulación personal de la aventurera rusa. Así pues, huelga tomársela en serio, pero no puede desconocerse que a finales del siglo XIX y, más tarde, en Iberoamérica, a principios del XX (las obras teosóficas se editaron en español gracias a la munificencia de Josep Xifré Hamel, hizo del multimillonario y francmasón catalán Xifré Casas, el cual vendió los terrenos en los que hoy se edifica en Barcelona el Hospital de Sant Pau, para financiar la implantación de la Sociedad Teosófica en el ámbito hispano-americano). Así pues, el teosofismo goza creciente de una fama al sur de Rio Grande, cuando en Europa ya conocía sus primeras crisis.

El teosofismo enlaza perfectamente con la componente hiper-idealista y ultra-anti-racionalista de Vasconcelos. Y no sólo eso, sino que es posible que Vasconcelos conociera desde antes, la obra de la Blavatsky y sus delirios. Consta que conocía esa doctrina. Es más, muchos de quienes han analizado la obra de Vasconcelos han llegado a la conclusión de que la influencia teosófica era muy fuerte en él. Citamos cinco de las muchas referencias que hemos podido encontrar:

1) Artículo de Marta Elena Casaús Arzú en el Anuario de Estudios Centroamericanos, Universidad de Costa Rica, 27(1): 31-58,2001, titulado: "La influencia de la teosofía en la emancipación de las mujeres guatemaltecas: la Sociedad Gabriela Mistral". Como se sabe, Vasconcelos  en un período de su vida fue amigo y colaborador de la escritora chilena Gabriela Mistral. En el citado artículo se menciona: "Para Devés Valdés y Melgar Bao, parece clara la vinculación del poeta Santos Chocano, de Vasconcelos y de Gabriela Mistral a la teosofía y al orientalismo, de la misma forma que otros autores han confirmado la vinculación de Sandino y de Haya de la Torre. Véase, sobre las corrientes espiritualistas y teosóficas, E. Devés Valdés y R. Melgar Bao, "Redesteosóficas y… op. cit. Coincidimos con su hipótesis acerca de la gran influencia que tuvieron estas teorías en la formación del pensamiento político progresista de la época, en la lucha anti imperialista y en la consecución de los derechos civiles y políticos". Más adelante, expone la teoría teosófica sobre las "razas matrices": "En su teoría sobre la evolución de los grupos raciales plantea que la raza primigenia es la aria, de la que proceden todos los pueblos eslavos y germanos. A cada raza le corresponden unos aspectos físico, emocional y mental, así como un desarrollo espiritual determinados, pero este hecho no las convierte en inferiores o superiores, sino simplemente diferentes. Considera que se abre un nuevo 50. Esta idea muy similar a la de la raza cósmica de Vasconcelos y de la superioridad de la raza maya por proceder de la raza aria de F. Juárez Muñoz, nos da una idea de la enorme influencia de esta interpretación teosófica del evolucionismo de las razas en todo el continente americano. Véase, Marta Casaús Arzú, "Las elites intelectuales y la generación del 20 en Guatemala: su visión del indio y su imaginario de nación", en Revista de Historia, Elites familias y redes de poder en las sociedades Mesoamericanas, Managua, rev. No. 13, I Semestre, 1999, pp.: 83-107. Terminando así: "Esta red social de mujeres está notablemente influida por el pensamiento teosófico de la época y muchas de ellas pertenecen a clubes y asociaciones teosóficas, siendo éste uno de los vínculos que les genera mayores espacios de sociabilidad y que les va a permitir relacionarse y legitimarse a nivel local e internacional". En la nota número 10 se añade: "Las corrientes teosóficas que más van a influir en esta red de mujeres serán las sociedades teosóficas de Madam Blavatsky y Annie Besant y el pensamiento orientalista de Krishnamurti. Recordemos la relación de Gabriela Mistral con las sociedades teosóficas y la red social que la poetisa, con otros pensadores latinoamericanos como Vasconcelos, Haya de la Torre o Mariátegui formó a lo largo de las décadas de 1920 y 1930. Eduardo Devés Valdés, "La red de pensadores latinoamericanos de los años 1920: Relaciones y polémicas de Gabriela Mistral, Vasconcelos, Palacios, Ingenieros, Mariátegui y Haya de la Torre, El Repertorio Americano y otros más", en Boletín Americanista, Universidad de Barcelona, No. 49, pp. 67-81. Para Devés, la red intelectual más importante de los años 1920, aquella que tuvo un proyecto indigenista, socialista y mestizófilo, "pensó y se pensó en buena medida en categorías provenientes de lo teosófico orientalista", pp. 137 en "Redes teosóficas y pensadores políticos latinoamericananos 1910-1930, Cuadernos Americanos, No. 78, 1999). Sin duda esta es uno de los rasgos de la red de mujeres de la Sociedad Gabriela Mistral, en la cual la teosofía jugó un papel importante en la cohesión y amalgama de la red.

2) En el artículo de Álvaro Valenzuela Fuenzalida, titulado "Gabriela Mistral y la reforma educaciones de José Vasconcelos", publicado en Internet se dice: "La novedad de la experiencia mexicana no significará un quiebre en la vida de nuestra compatriota. Habrá, por lo pronto, una profunda comunión espiritual entre ella [Gabriela Mistral] y José Vasconcelos. Ambos habrán transitado desde el evangelio a la teosofía, y en todo caso, habrán edificado sus vidas sobre un claro predominio de lo espiritual (¿Herencia platónica y agustiniana?)".

3) En el volumen Prosa Religiosa de Gabriela Mistral con Introducción, Recopilación y Notas de Luis Vargas Saavedra. Santiago de Chile. Editorial Andrés Bello, 1978. En la introducción se dice: "El 8 de mayo de 1927, en El Mercurio, aparece su artículo sobre el libro "Indología", de José Vasconcelos. Allí Gabriela Mistral toca el ya lejano asunto de la teosofía: "En verdad, la señora Blavatski es un caos, a veces portentoso, pero a veces horrible y desconcertante, de ciencia y de imaginación infernal; se parece a los cráteres; tal vez su lava hirviente y sombría sea vivificante, pero da miedo e inspira desconfianza. Es una especie de cordillera, llena de abismos. La señora Besant, por el contrario, tiene la dulzura de las colinas; no siente el odio del cristianismo, y la luz del Evangelio la conserva".

4) En el artículo reproducido en Internet y titulado La novela que Tablada publicó por entregas, Jorge Luis Espinosa de El Universal dice: "Pero una historia que mezcla muchísimo un escuela esotérica muy en boga en aquella época: la teosofía, que practicaban tanto Tablada, Vasconcelos y otros intelectuales de la época. "Creían en la teosofía como una filosofía del espíritu que iba a redimir al hombre mexicano que de suyo es bárbaro. Y quien llevaría a cabo esta transformación sería un intelectual". Como recuerda el académico, para Tablada la prosa era eminentemente didáctica. Además, como Vasconcelos les había enseñado, el escritor es un educador en todos los sentidos: moral, estético, político e histórico, por lo cual los afanes mesiánicos de la novela era del tono de la época. Para Serrato, esta novela puede resultar fallida en varios sentidos pero es un documento histórico sin par. "Por ejemplo, tenemos ahí varios capítulos que hablan sobre la mariguana y sus efectos. Tablada describe sus visiones y hasta ofrece un glosario de cómo se les llamaba a aquellos que en los 20 le andaban quemando los cuernos al diablo". Tablada era un bebedor y mariguano de los más connotados, como refiere Serrato Córdova, incluso estuvo internado en el manicomio durante un año para curarse de sus adicciones. Pero la época, en sí era permisiva y no perseguía aún a los mariguanos y el ajenjo era la bebida de los poetas, muchos de los cuales terminaron prontamente en el panteón por su afición a esta bebida. EL UNIVERSAL"

5) En el artículo reproducido en Internet titulado Redes Teosóficas y Pensadores políticos latinoamericanos 1910-1930 de Eduardo DEVÉS VALDÉS / Ricardo MELGAR BAO, se dice, así mismo: "Se ha identificado livianamente la proliferación de religiones, de orientalismo o de creencias y movimientos espiritualistas a fines del siglo XX con la postmodernidad. Dicha visión de las cosas ignora cómo este tipo de sensibilidades ha sido recurrente a lo largo de nuestra historia latinoamericana, tanto como en sus fuentes indígenas, europeas o afroárabes. De hecho entre fines del siglo XIX y 1930, pero también después, de desarrolla entre nuestros intelectuales (poetas primero, educadores y pensadores después, políticos incluso) un movimiento espiritualista donde se combinan elementos teosóficos, con hinduismo, reivindicación de lo oriental y, en ocasiones, creencias o prácticas espiritistas. Esta sensibilidad teosófico oriental impregnó buena parte del quehacer intelectual y político. En particular, la red intelectual más importante de los años 20 -aquella que armó un proyecto social (socializante), mestizófilo, indigenista, antiimperialista- pensó y se pensó en buena medida con categorías provenientes de lo teosófico-orientalista. En este esquema un cierto pacifismo, la reivindicación de lo telúrico, la armonía de las razas y las culturas, la búsqueda en lo indígena de una sabiduría ancestral, la rebelión contra un "positivismo" o un "pragmatismo" de limitados horizontes, son ideas coherentes con el clima descrito.

Este trabajo explora las relaciones entre la teosofía y el pensamiento latinoamericano en las primeras décadas del siglo XX. Para realizar dicha investigación se procederá con dos hipótesis: que importantes figuras de nuestro pensamiento político poseyeron convicciones teosóficas; que algunas de estas personas vieron favorecidos sus contactos en la medida que compartían ideas o pertenecían a la hermandad teosófica. Estas hipótesis pueden entenderse de manera más intensa o  moderada y sin atrevernos a dar una respuesta allegaremos pruebas que permitan dilucidar si, al menos en su sentido más moderado, pueden ser verdaderas. La alternativa más intensa podría formularse del siguiente modo: la red de pensamiento político latinoamericano (José Vasconcelos, Alfredo Palacios, Víctor R. Allá de la Torre, Gabriela Mistral, Joaquín García Monge, César Augusto Sandino, José C. Mariátegui) se constituye a partir de una hermandad teosófica que implica cercanía en las ideas y contactos entre los correligionarios; la más moderada: la hermandad teosófica favoreció la configuración de una red formada por importantes figuras del pensamiento político latinoamericano.

El objetivo es descubrir la importancia que tuvo la teosofía para los pensadores (políticos) latinoamericanos más relevantes de la segunda y tercera décadas del siglo. En la medida que las creencias y principios teosóficos comenzaron a otorgar significado a ciertas orientaciones, decisiones y acciones políticas, moviéndose entre el orden político real y el que se quería que existiese, éstas quedaron insertas en el campo de la cultura política latinoamericana contemporánea. La teosofía contribuyó a modelar, en algunos intelectuales y políticos de la región, un particular tipo de liderazgo mesiánico y a veces carismático: fue el caso de Francisco Madero y José Vasconcelos en el México revolucionario; también fue el caso de César Augusto Sandino en Nicaragua y el de Víctor Raúl Haya de la Torre frente al aprismo continental y peruano. Algunos de nuestros teósofos latinoamericanos venidos a la política de manera coyuntural o permanente, confiaron cabalísticamente en las fechas símbolo, fastas o nefastas, para marcar o diferir sus respectivas insurgencias.

En su labor de recolección de datos a través de documentos, archivos y testimonios directos, el especialista en investigación  y docencia por la UNAM se encontró con personajes de la historia como Francisco I. Madero, José Vasconcelos, Plutarco Elías Calles y Miguel Alemán, con debilidades por el más allá, "en México la relación entre la política y la brujería ha sido un fenómeno permanente de la historia nacional pero también del mundo", agregó. "Personajes como Francisco I. Madero tenía cercanía muy estrecha con el espiritismo, él creía que se podía comunicar con ultratumba y obtener consejos, en unas cartas escritas por él aludían a que los espíritus se comunicaban con él y le decían qué hacer, así como que estaba destinado a incidir en la vida política del país; hay una famosa que escribió en 1908, que la firma como B.J., según algunos autores, creen que pudo haber sido el espíritu de Benito Juárez que se apoderó de Madero", aseveró el investigador. Enumeró otros personajes de la historia también relacionados con la mística y el ocultismo, tales como José Vasconcelos; y el presidente anticlerical Plutarco Elías Calles por su fervor a El Niño Fidencio".

Todos estos testimonios tienden a establecer que buena parte de los intelectuales iberoamericanos del primer tercio del siglo XX estuvieron vinculados a las redes teosóficas y se inspiraron en ellas. Los nombres que aparecen son siempre los mismos y no dejan de sorprender. Se trata de intelectuales que han aparecido vinculados a Vasconcelos en los datos biográficos que hemos presentado: Gabriela Mistral, Haya de la Torre, Miguel Alemán o políticos como Madero.

b) El concepto "cósmico" como forma de luciferismo

Así pues, cuando Vasconcelos habla de "raza" está aludiendo a un concepto, no genético, ni siquiera histórico, sino propio de la mitología ocultista establecida por Helena Petrovna Blavatsky. Es decir, a una seudo-mitología puramente irracional y que no tiene más valor que el ser una creación personal de la ocultista rusa. Lo que Vasconcelos hace es adaptar la doctrina de las "razas matrices" que forma parte del corpus teosófico y darle otra orientación: la "quinta raza" es la raza iberoamericana que surge de un proceso de mestizaje entre las poblaciones amerindias originarias y los castellanos que la colonizaron, prácticamente en solitario en los siglo XV-XVIII. Cuando la Blavatsky habla de la raza "indo-aria", Vasconcelos utiliza indio-aria… indio precolombino y ario castellano y colige de esto que se trata de una forma de "mestizaje" positivo. Lo "positivo" de este cruce se deduce nuevamente del corpus blavatskyano: la "quinta raza" (surgida del mestizaje) es la "quinta raza" que para la Blavatsky es hegemónica en esta "ronda planetaria".

Pero aún hay más. Queda el segundo término: "cósmica". ¿Por qué la "quinta raza" es cósmica? Para ello hay que recurrir a otra corriente ocultista muy particular: la Hermandad Hermética de Luxor, a la que perteneció la Blavatsky fue una organización ocultista que difundió técnicas de magia sexual en EE.UU., ofrecía un nivel bastante más alto que el de los actuales grupos ocultistas. Su gran atractivo eran "los poderes paranormales" de los que hacían gala sus altas jerarquías. El representante francés de la HHL era Max Theon, un tipo sorprendente y extremadamente influyente. Theon es, con mucho, el más inquietante y desconocido de todos estos personajes; en 1900, tras la disolución de la H.H.L., fundó el "Movimiento Cosmista" que curiosamente tuvo el mismo nombre que otro aparecido en Rusia en la misma época surgido en torno a la figura del llamado "filósofo de la causa común", Nikolai Fedorov, al que pertenecieron algunos ocultistas del Partido Bolchevique (Bogdanov, Lunacharsky, Verdansky, Zyolkovsky, etc.).
Mientras que el ocultismo occidental tenía tendencia a estructurarse en "órdenes iniciáticas", el ruso se articulaba en corrientes de opinión que influían en movimientos político-culturales de su tiempo. Las ideas, en cualquier caso, eran las mismas: y pueden ser identificadas con el "luciferismo", es decir, la doctrina que considera que el ser humano puede elevarse a la categoría de dios por diversos caminos (los cosmistas occidentales a través de la vía del sexo y los cosmistas rusos a través de prácticas científicas como… la mezcla de sangres). Ambos son hijos de la misma influencia que hace de la sangre el transmisor de la vida y considera que en ella se guardan las potencialidades de la "raza".

Cuando Vasconcelos alude a la "raza cósmica" se está refiriendo a la "raza futura" (nombre de una de las novelas del rosacruz británico y miembro de otra sociedad similar, la Golden Dawn -Aurora Dorada-, Bulwer Lytton). Esta raza está llamada a dominar el "cosmos", entendido, no sólo como el planeta tierra, sino la totalidad de la creación. La componente luciferina es demasiado evidente para obviarla. Ahora bien, cuando Vasconcelos publica La Raza Cósmica, utiliza la inspiración teosófica como punto de partida. Evidentemente, no acepta todo el corpus de la doctrina blavatskyana, sino solamente aquello que le interesa y, a partir de lo cual, elabora una teoría propia. Para Vasconcelos, la "quinta raza" (o la raza cósmica surgida del mestizaje) será la que está llamada a poblar lo que él llama "Universópolis", una nueva forma de concebir la civilización. Esa raza estará constituida por la mezcla de las poblaciones pre-colombinas con íberos (españoles y portugueses) y formará la "raza futura" destinada a iniciar "la era universal de la humanidad".

Vasconcelos critica el darwinismo como una forma de "positivismo cientificista". Su obra es la de alguien que admite el valor de la "raza" en la creación de cultura, pero que considera que pertenece a una raza "mestiza" y, por tanto, intenta encontrar justificaciones para atribuir a esa raza un rango hegemónico. Tal es la intención de la obra de Vasconcelos.

2. Contenido de la obra

Creemos hacer establecido con precisión el entorno ideológico en el cual surge la noción de "raza cósmica". No es el de la doctrina de la raza que entiende el nacional-socialismo, entonces desconocido fuera de los pequeños círculos nacionalistas alemanes y, especialmente bávaros, justo cuando Hitler sale de la prisión de Landsberg. No es tampoco la doctrina de la raza que desarrollará diez años más tarde Julius Evola utilizando como referente "la Tradición". Es otra cosa, es un producto derivado de las concepciones teosofistas y derivadas del teosofismo, que eran comunes en ciertos intelectuales iberoamericanos del primer tercio de siglo. Estas concepciones eran extremadamente problemáticas y tenían como epicentro distintas interpretaciones (y fascinaciones) de la obra de Helena Petrovna Blavatsky. Todo el entorno que crea el Ateneo de la Juventud y que luego constituye la red interamericana de amistades de José Vasconcelos, compartían estas ideas seudo-espiritualistas, interpretándolas cada uno en una manera peculiar.

En la obra de Vasconcelos se confunde mitología clásica con interpretaciones personales y conceptos ocultistas con conceptos teosóficos blavatskyanos en un caos inextricable. Es inevitable suponer que Vasconcelos hizo de la necesidad virtud y que su análisis "razonable" (más que racional) le indicó que la "raza iberoamericana" existente en el primer tercio del siglo XX estaba formada por cuatro componentes: el sustrato aborigen originario amerindio, que Vasconcelos identificaba con la "raza amarilla", la aportación mediterránea e iberoamericana (itálicos, portugueses y españoles) y, finalmente la aportación negroide traída por los esclavos africanos.

A diferencia de cualquier otra doctrina de la raza que insiste en que los "tipos" mestizos se caracterizan por su inestabilidad y por su alto grado de confusión interior, Vasconcelos convirtió estos rasgos en signos de "potencia". La fusión de las tres aportaciones que veía en el panorama genético iberoamericano daría como resultado lo que llamaba la "raza de bronce". Es fácil entender porqué le atribuyó este nombre: se trata de un nombre utilizado en la mitología hindú (que Vasconcelos conocía no directamente, pero sí a través de la teosofía) y de la mitología clásica (que le era más accesible), y que era el nivel superior a las razas de "hierro" (con que las distintas tradiciones caracterizaban a las razas humanas actuales, surgidas en un tiempo de crisis). Este planteamiento no era contemplado por la Blavatsky, pero sí estaba implícito en las obras clásica latinas y védicas que tan frecuentemente citaba y que Vasconcelos debió conocer y estudiar por su cuenta, extrayendo sus propias conclusiones. Vasconcelos en todo esto se nos aparece como un personaje que se da cuenta que ha nacido en un marco geográfico y cultural mestizo y cuyas preocupaciones consisten simplemente en intentar justificar ese mestizaje y encontrarle una perspectiva atrayente y dignificada.

Para crear su teoría utiliza fuentes diversas, pero la Blavatsky y el "cosmismo" es el eje central. En la doctrina de la Blavatsky sobre las "razas matrices" se percibe la gran influencia que recoge Vasconcelos. Para éste, "a través de la historia diversas razas han tenido la hegemonía del mundo, y cada raza debe de cumplir su misión en la historia, en estos momentos se vive el dominio de la raza blanca cuya misión en la historia es difundir la ciencia y los avances técnicos, para mecanizar el mundo , sin embargo se acerca el tiempo en el que el pueblo Latinoamericano producto de un mestizaje entre la raza blanca (españoles y portugueses) y la raza roja ejecute su misión, que es de suma importancia para la humanidad, servir de base para crear no una quinta raza , sino una raza síntesis , una raza que englobe lo mejor de cada una de las 4 razas por medio del mestizaje".

Vasconcelos aborda lo que considera una larga pugna que ha existido entre dos grupos de la raza blanca: latinos y sajones. Vasconcelos busca en la historia huellas de este conflicto "cósmico". Y, por supuesto, las encuentra. Digamos, piadosamente, en su descargo, que el fervor "racial" americanista es superior a su capacidad de raciocinio y que, en la historia, selecciona aquellos acontecimientos que le interesan y descarta los que supondrían un menoscabo para su doctrina. Explica que los "latinos", tras la reconquista, colonizan América y ve en Trafalgar la derrota de éstos frente a los anglo-sajones, prefigurado ya en el desastre la Armada Invencible y culminado finalmente en el desastre de 1898. Es evidente que la relación con Unamuno y otros intelectuales de la generación del 98 le ha inducido esta interpretación. Así pues, en este parte, su obra es un sincretismo de teosofismo y generación del 98… algo, en cualquier caso, sorprendente y exótico.

Para Vasconcelos, América es un continente de síntesis. Pero, al Sur de Rio Grande se ha producido una mezcla étnica enriquecedora, mientras que en el norte, el "sajón" ha seguido siendo hegemónico y ha arrasado con la "raza roja". Entonces aparece el Vasconcelos-profeta augurando el "declive de la raza blanca se acerca , al no querer mezclarse con otras razas se les puede comparar con los brahmanes quienes, al solo casarse entre ellos, su raza careció de vigor o los incestuosos faraones egipcios".

Para los que estamos familiarizados con la literatura teosófica y ocultista, todo esto no nos sorprende excesivamente. La diferencia entre textos "tradicionales" y textos "ocultistas", radica en que éstos son meras divagaciones personales de autores que, por algún motivo, han llamado la atención. La Tradición es otra cosa: hunde sus raíces en lo que está inhilo tempore y no puede ser asociado a ninguna creación personal o individual sino… al genio de la raza.

Cuando Vasconcelos escribe su obra, el padre jesuita Teilhard du Chardin a la vez teólogo y paleontólogo está intentando una aproximación "subversiva" entre ciencia evolucionista y el concepto de lo divino. Algunos analistas de la obra de Vasconcelos aciertan al considerar que algunas tesis expuestas en La Raza Cósmica están inspiradas por las doctrinas del padre Teilhard. Éste no alude al "mestizaje" como forma de alcanzar una "raza cósmica" superior, sino que establece que la propia evolución nos conduce hasta ese punto y en su perspectiva todo lo que es cruce étnico está completamente obviado. Para Teilhard la evolución refleja el "plan divino" y tiende a alcanzar el "Cristo cósmico", es decir, a transformar a toda la raza humana evolucionada en el mismo estado crístico y espiritual del que partió originariamente en el estado edénico primordial. Teilhard considera que el "creacionismo" y el "evolucionismo" son compatibles. Nos dice que, hasta ahora, la humanidad ha evolucionado desde estados primitivos hasta el estado civilizado, pero que la evolución no termina ahí sino que seguirá el camino de la espiritualización hasta alcanzar el estado crítico (el ser humano dominado por la pura espiritualidad que nos haría hijos de Dios) que supondría, lo que él llama "punto Omega" de la evolución, esto es, el punto final.

Teilhard se encontró con dos problemas: el primero de todos que ni siquiera en su época la doctrina de la evolución estaba confirmada y no pasaba de ser una hipótesis contestada desde el mundo científico sobre la base de que faltaban "eslabones" en la cadena de la evolución. Teilhard se vio implicado en dos escándalos de falsificación de restos fósiles: el escándalo del "hombre de Pildtown" y el escándalo del "sinántropus pekinensis" u "hombre de Pekín", considerados ambos hoy como falsificaciones científicas a efectos de establecer la existencia de eslabones perdidos. Por otra parte, en nuestra particular investigación sobre las fuentes de Teilhard du Chardin pudimos establecer que su teoría del "punto Omega" fue una adaptación científica de la obra de un teósofo que había recibido la iniciación sacerdotal: el abate Roca. Todo, nuevamente, lleva a una inspiración teosófica. Es más, su teoría sobre la "noósfera" fue literalmente calcada -incluso en el nombre- de la teoría de Vernadsky… uno de los miembros de la corriente "cosmista" rusa a la que hemos aludido antes.

Vasconcelos establece en su propia teoría que la raza anglosajona establecida en el Norte es la última "raza pura" que gobernará la tierra. A partir de ese momento, se abre el tiempo de la "raza cósmica" surgida por el mestizaje de las distintas razas y del que Iberoamérica sería su quintaesencia. Es sobre este tránsito sobre el que establece toda la dialéctica de las civilizaciones modernas: anglosajones contra mestizos.

A esto que, ya es de por sí, suficientemente inquietante y que desdice con mucho la "talla intelectual" de Vasconcelos se une una particular interpretación de la historia de España. Solamente la primera generación de colonizadores de Iberoamérica es saludada como positiva en su obra. Los Reyes Católicos son los grandes monarcas del mestizaje, pero no así Carlos I a quien llama "César de Oropel", ni Felipe II al que llama "perverso y degenerado", ni Felipe III, ni Felipe IV, ni Carlos II, de los que dice que fueron retratados en "compañía de enanos y bufones", unido a la "tontería napoleónica", consumaron el "desastre de la administración colonial". Esa "tontería"·consistió en la venta de Luisiana a EEUU y en "no sospechar que era en el Nuevo Mundo donde iba a decidirse el destino de las razas de Europa". Añade que "sin Napoleón no existirían los EEUU como Imperio mundial".

La colonización latinoamericana "creó el mestizaje". Alude, como hemos dicho, a "cuatro razas": blanca, negra, amarilla y roja que sería la amerindia… procedente de la Atlántica (aquí es nuevamente el eco teosófico-blavatksyano el que resuena). Estas cuatro razas se irán mezclando progresivamente según "las leyes de la emoción, la belleza y la alegría" (…) "con un resultado infinitamente superior al de esa eugénica fundada en la razón científica, que nunca mira más que la porción menos importante del suceso amoroso". Explica que "el indio es buen puente de mestizaje".

En resumidas cuentas: la teoría "racial" de Vasconcelos es pura locura. Ni siquiera está dictada por la doctrina hoy en boga en UNESCO sobre el "mestizaje y la multiculturalidad", sino que se inspira, simplemente, en el "pensamiento mágico" blavatskyano. A pesar de que la doctrina sobre la "raza cósmica" es lo que, hoy en día, más se recuerda de Vasconcelos, es, sin embargo, su doctrina más "loca" y enfermiza. Toda ella deriva del desatino ocultista que mamó en su juventud. A pesar de que tuvo toda una vida para arrepentirse, en las ediciones de 1949 de La Raza Cósmica, apenas atenúa algunas de sus posiciones más extremistas. Como suele ocurrir en muchos ocultistas, a medida que se van haciendo mayores y la edad les reseca sus ímpetus juveniles, también Vasconcelos, llegada su ancianidad, pareció rectificar los aspectos más extremistas de su obra y, en especial, todo lo relativo a su "doctrina de la raza cósmica".

En 1945, la prensa mundial lanzó la idea de que durante la II Guerra Mundial se habría producido un "holocausto" en los campos de concentración. Cualquier alusión a la "raza" quedaba, desde ese momento, proscrita, sea cual fuere. Las salpicaduras llegaron hasta Vasconcelos, que renegó de su participación en revistas próximas al eje y especialmente de su doctrina de la "raza". Murió como católico convencido y terciario franciscano. Llegó a retractarse de cualquier toma de posición que hubiera escrito contraria a la doctrina católica e incluso llegó a decir algo tan increíble como que su eslogan de la Universidad Nacional, "Por mi raza hablará mi espíritu" quería decir… "Por mi raza hablará el Espíritu Santo"… Esta retractación -y no toda su obra anterior- le valió el rango de "pensador católico" que yo conocí cuando tenía apenas 15 años en artículos en la revista católica Fuerza Nueva.

Si la "doctrina de la raza" es lo que llama más la atención en la actualidad de la obra de José Vasconcelos, habrá que colegir que esa obra ha perdido toda actualidad y que solamente puede tener interés a la hora de seguir las vetas intelectuales a través de las cuales el pensamiento ocultista de matriz blavatskyana se transfirió a Iberoamérica. De la misma forma que en el universo germánico, el teosofismo dio luz a vetas tan absolutamente exóticas y excéntricas como la ariosofía, en el espacio iberoamericano alumbró doctrinas tan peregrinas como la de la "raza cómica".

De ahí que el pensamiento de Vasconcelos no pase de ser una divagación personal, sin mucho interés en nuestros días.

© Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@blogia.com - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

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