Infokrisis.- Este texto fue escrito antes de la campaña turística 2009. Cuando ésta ya ha acabado las previsiones que aportábamos se han confirmado completamente. Por distintos motivos, todos analizados en este artículo, los flujos turísticos hacia nuestro país han entrado en pérdida tanto en número de visitantes como en ingresos. Después de la caída de la construcción, ahora toda el desplome del sector turístico, los dos empleos tradicionales de la inmigración masiva.

En plena Semana Santa y como una de sus primeras tareas al frente del Ministerio, la flamante ministra Salgado confirmaba de 600 millones de euros para apuntalar una reedición del Plan Renove Turismo que hasta ese momento ya había consumido 400 millones. Mal síntoma, cuando un sector en otro tiempo pujante precisa subsidios y ayudas oficiales. La situación empieza a ser dramática. Por el momento se ha perdido oficialmente un 10% de ocupación hotelera, aunque las cifras oficiales hayan previsto solamente un 5,7% respecto al año anterior. Todo depende de, a partir de cuando se cuente: cuando los hosteleros dicen que han perdido un 10% de demanda es en los últimos 12 meses, cuando el gobierno dice que es un 5’7% es en los cuatro primeros meses del año. Zapatero elude decir que en todo el 2008 se perdió un 4% respecto al año anterior.  La "burbuja turística" existe en España desde los años 60 y, a partir de ese momento, se convirtió en el eje de la economía española. Ahora, una acumulación de errores, falta de previsión y degradación del panorama social en nuestro país, único a la recesión económica (que pronto habrá que llamar "depresión") están llevando al traste a la industria turística.

Para la patronal de hostelería no es una novedad el que en plena crisis económica el turismo no aumente, la verdadera novedad es la velocidad de caída que se está produciendo: en sólo un año, España ha perdido uno de cada diez turistas que nos visitaban el año anterior.  Se esperaba una bajada, pero no tan drástica.

El turismo reportó a la economía nacional 50.000 millones de euros en 2007. En torno a 60 millones de turistas visitaron nuestro país, lo que implica que cada uno consumió servicios por valor de 1.200 euros. La tendencia actual es al descenso en visitantes y en consumo. Especialistas en turismo y hostelería consultados por IdentidaD han indicado que al cerrarse el ejercicio de 2009, las caídas en visitas pueden haber alcanzado un 15% y en ingresos un 20%, lo que supondrá una contracción del sector que puede suponer uno de cada cinco puestos de trabajo perdidos. No se trata de una caída tan grave como la de la construcción, pero si significativa, y lo que es peor, dependiente sólo hasta cierto punto de la crisis económica: en efecto, aunque ésta desapareciera, sería difícil que el turismo español se recuperara.

Los errores de los últimos 40 años

España va a pagar cuarenta años de errores cometidos al configurarse como "nación de servicios especializada en destinos turísticos". La situación del turismo en España puede definirse como una crisis anunciada desde 1973. Desde finales de los años 50 (cuento llegó el "turista un millón" galardonado por el régimen) hasta 1973, cuando se produjo la primera crisis del petróleo, el crecimiento del sector turístico había sido desordenado y anárquico a pesar de los planificadores del régimen. En 1951 solamente existían en España 1.318 hoteles con 78.771 plazas, diez años después habían pasado a casi 3.000 hoteles, triplicando el número de plazas y diez años más a 8.244 hoteles que contenían 545.798 plazas. Los precios de los alojamientos estaban regulados por el Ministerio de Información… y Turismo.

El incremento del turismo se había debido a la modificación de las circunstancias económicas europeas en la postguerra. En los años 20 ya existía un flujo turístico hacia España procedente de Europa que se interrumpió con la Gran Depresión primero, la Guerra Civil Española después y la Segunda Guerra Mundial, finalmente, dramáticamente encadenadas. La reconstrucción de Europa entre 1945 y 1955 hizo que no fuera sino hasta la segunda mitad de la década de los 50 cuando las clases medias y trabajadoras del norte de Europa pudieron disponer de ingresos para sus vacaciones. Al mismo tiempo, los precios de los transportes  y la generalización de los vehículos utilitarios facilitaron los desplazamientos en el interior del continente.

En ese primer período (1955-1973), el turismo se polariza solamente en algunas zonas geográficas (especialmente en las costas mediterráneas y en Baleares) y en determinados períodos del año (julio-agosto). En poco tiempo, el turismo se convierte en un fenómeno de masas aupado por los precios extraordinariamente baratos de nuestro país en relación a los países de origen (Reino Unido, Europa occidental y nórdica), y a la climatología extremadamente favorable. Pero estas circunstancias favorables están también en el origen de la "burbuja turística": Yugoslavia, las costas del Adriático, del Egeo y del Mar Negro tienen esa misma climatología y, si bien, no la explotaban y el Telón de Acero suponía un obstáculo casi insalvable para el turismo hacia el Este, antes o después podría ocurrir que las circunstancias políticas variaran y España tuviera una competencia difícil de superaren esa dirección. Nadie, por supuesto, pensaba en 1973 qué fisonomía tendría la industria turística internacional treinta años después, a pesar de que el peso de este sector en la economía nacional iba creciendo de año en año.

Por otra parte, en las zonas donde el turismo se concentró se produjeron fenómenos de crecimiento desordenado. Si bien aparecieron nuevas fuentes de ingresos, las industrias y ocupaciones tradicionales desaparecieron en pocos años. Desde el punto de vista de los ecosistemas, zonas costeras de Catalunya y Levante quedaron completamente devastadas. Entre 1964 y 1967, con Fraga al frente del Ministerio y bajo las directivas del nuevo Plan de Desarrollo, se optó por una estrategia cuantitativa tendente a atraer al máximo de turismo. Sin embargo, la dotación habilitada en dicho plan para infraestructuras y servicios básicos, era mínima, y así siguió hasta bien entrados los años 70. El franquismo, por una parte, realizaba una política intervencionista (fijaba precios de los alojamientos, los clasificaba, concedía permisos, etc.), que tendía a que nuestros precios fueran más competitivos y atrajeras a cada vez más turismo. El resultado fue una infravaloración de los servicios y el aumento desmesurado del turismo de bajo coste que traído a través de turoperadores extranjeros los cuales pagan directamente a los hoteles a precio fijo. Ni hay en ese período estrategias de promoción turística, ni previsión racional de desarrollo de la industria turística, todo se basa en publicitar el sol y las playas, lo que reforzó la estacionalidad del fenómeno y su concentración geográfica.

En 1973, con la primera crisis del petróleo, desciende la demanda turística internacional. Afortunadamente, la recuperación fue rápida y esta crisis momentánea (en 1975 ya se había remontado) sirvió para replantear algunas líneas de la industria. Esto coincidió, por lo demás, con la muerte de Franco y el cambio de régimen. En esta segunda etapa se tiende a que el turismo no sea una actividad estacional, sino estable y prolongada durante todo el año. Sin embargo, el período que se abre en ese momento para el turismo no escapa a la inestabilidad de la sociedad española de aquella época. Esa segunda etapa terminará en 1982, coincidiendo prácticamente con el fin de la transición y con la transferencia a las Comunidades Autónomas de las competencias en materia turística. Así mismo, en esa época quedan abolidos los controles sobre los precios y se instala el liberalismo en el sector. La celebración del Campeonato Mundial de Fútbol ese año supondrá un nuevo impulso para la industria turística que sigue manteniendo un crecimiento anárquico y desordenado, si bien algunas Comunidades Autónomas empiezan a tomarse interés por el tema, realizar sus propias promociones turísticas. España,  hacia mediados de los 80 dispone ya de una mínima red de autopistas que facilitan los tráficos interiores.

A partir de 1982 y durante 10 años después, va ascendiendo la importancia del turismo en nuestro país. Los "eventos del 92" (Juegos Olímpicos de Barcelona, Expo-Sevilla y celebraciones del quinto centenario del descubrimiento de América, Madrid Capital Cultural) aportan un nuevo impulso que queda momentáneamente estancado ese año por tres motivos: fiel al liberalismo económico y a la desregularización, el Estado empieza a sostener que la mejor política turística es aquella que no existe y que da prioridad a los mercados para que se organicen y auto-regulen; en segundo lugar se produce la crisis que abarca de 1992 a 1995 que se deja sentir mucho más en España (con un tardo-felipismo permanentemente en la cuerda floja y que bastaba para retraer inversiones); y, en tercer lugar, una descentralización que parceló España en 17 comunidades autónomas, habitualmente con políticas sectoriales sin relación unas con otras y frecuentemente contradictorias y al albur de los cambios de gobierno interiores (caso de Baleares). Este período está caracterizado por un aumento lineal del turismo e incluso de la recaudación en los años en los que su número decrece (1993, por ejemplo).

En 1996 con la subida del PP al poder y las modificaciones legislativas consiguientes aparece un nuevo fenómeno en Baleares y el sureste español: se intenta construir viviendas en la costa y chalés a bajo precio destinados para jubilados europeos a la búsqueda de precios baratos, sol y tranquilidad. De 1996 a 2005 ese nuevo mercado dará sus frutos, a costa de la destrucción del hábitat de zonas enteras y de la importación de mano de obra inmigrantes. A partir de 2004, cuando la libra esterlina pierda valor en relación al euro, esta tarea se ralentizará. Por otra parte, los abusos y estafas, hicieron que estallaran escándalos que repercutieran muy negativamente en el mercado inglés. Todo esto contribuyó a una mayor anarquía urbanística (con aumento de la presión sobre el territorio, sobreexplotación de los recursos hidrológicos concentrada además en la temporada de más escasez el verano, registrándose críticas y oposiciones a la instalación de nuevos campos de golf que atraen al turismo inglés), e incluso al aumento de los casos de corrupción.

Por lo que se refiere a la acción de las Comunidades Autónomas, frecuentemente se quejan de baja capacidad presupuestaria, pero cuando ésta ha existido (en Euzkadi y Catalunya), habitualmente ha sido utilizada para encarrilar campañas de promoción turística de esas comunidades orientadas a captar… un turismo de masas. Así pues, la descentralización no ha hecho que abandonáramos las pautas estrenadas en 1965 cuando se inició el fenómeno turístico.

Cuatro grandes problemas 

En un mundo globalizado no pueden existir industrias "estables". Las industrias, como los capitales, son susceptibles de deslocalizarse, migrar de un país a otro y lo que en un tiempo fue fuente de riqueza para un país, puede convertirse en un lastre o bien, simplemente, desaparecer. En estas circunstancias, parece lógico que los gobiernos se preocupen por diversificar el panorama productivo de un país a la vista de la incertidumbre que representa fiarlo todo a un solo sector. Sin embargo, los distintos gobiernos que se han sucedido en España en los últimos 50 años, han dado por supuesto que el turismo seguiría siendo, por siempre jamás, la principal fuente de ingresos para nuestro país.

Ahora el problema ya se presenta en su perspectiva más descarnada y las perspectivas de la industria turística en nuestro país son escalofriantes. Por el momento, el gobierno achaca el descenso en el número de turistas a la crisis, esto influye, por supuesto, pero no es determinante. Aunque la crisis pase, es dudoso que el turismo español se recupere. Existen cinco factores nuevos:

- La aparición de nuevos destinos turísticos en el Este de Europa que rivalizan muy ventajosamente con el turismo hacia España con tres motivos: precio (se trata de destinos turísticos muy baratos y accesibles),  estética (en esos países todavía no existen paisajes masificados sino que, en buena medida, conservan su tipismo y su identidad originaria) y novedad (se trata de destinos todavía no explotados). Todos estos países (Chequia, Croacia, Bulgaria, Serbia) están dotados de infraestructuras y pertenecen al mismo ámbito cultural europeo. España que no vio en Marruecos, ni en Argelia (países atrasados y de ámbitos culturales muy diversos y, frecuentemente, "molestos" para el visitante), países competidores, todavía no se ha dado cuenta de que están apareciendo en el sureste europeo verdaderas potencias turísticas.

- Los precios de han ido encareciendo progresivamente en España. Pertenecer a la zona euro no está yendo bien para la industria turística, especialmente al producirse un desfase creciente con la libra esterlina. La depreciación de la libra en relación al euro ha alcanzado un 22% en los últimos meses haciendo que viajar a España se encareciera extraordinariamente para turistas procedentes del Reino Unido, el mayor suministrador de turismo a nuestro país. Sin embargo, para los bolsillos ingleses, el turismo es todavía barato o muy barato en el Este Europeo.

- Degradación de la industria turística a dos niveles: 1) En seguridad ciudadana, algo que perciben dolorosamente en su propia piel los turistas que vienen a España. Una encuesta realizada en el Reino Unido hace dos años indicaba que el 35% de los turistas de esa nacionalidad que visitan España fueran víctimas de algún tipo de delito o conocieran a alguien que lo había sido. Habitualmente, estos delitos son hurtos y tirones, pero generan una extraordinaria alarma social y, crean la sensación de que España se ha convertido en coto privilegiado de caza para delincuentes (sensación que, por lo demás, es rigurosamente cierta) 2) Degradación de los servicios turísticos generado por una llegada masiva de inmigrantes que han copado el 75% de los trabajos en el sector hostelero y que, en buena medida, carecen de conocimientos y preparación para la atención al público, ofreciendo servicios de dudosa calidad con el único aliciente para los empleadores de bajas remuneraciones salariales.

- Contracción social de la demanda turística a la única dimensión del "turismo de baratillo", caracterizado por utilizar los mínimos servicios y gastando cada vez menos dinero en nuestro país. Así como en otro tiempo el turismo europeo que se orientaba hacia España procedía de distintas grupos sociales, en la actualidad, domina la franja de los que se limitan a contratar en origen albergue con alimentación y evitan gastar al máximo en "extras". Resulta imposible establecer en qué porcentaje se ha ido reduciendo el consumo per cápita de los turistas que visitan España, pero es posible que en los últimos cinco años se haya contraído entre un 20 y un 25%, a pesar de que los precios de los servicios han ido aumentando. No es que, a mayor precio, la recaudación total sea mayor, sino que el precio y la recaudación están en razón inversa: a medida que aumenta el precio, en la medida en que la demanda no se mantiene, disminuye la recaudación. Los turistas que hace cinco años consumían cuatro cubatas por noche en un local público, ahora hacen los mismo pero comprando refrescos de cola de marcas blancas y botellas de ginebra en los mismos supers, y quienes tomaban sangrías en bares, ahora se limitan a comprar tetrabriks y a consumirlos en la habitación del hotel o en la playa más próxima. Hasta hace poco teníamos un "turismo de masas", a partir de ahora está llegando "lumpen turismo".

- Los problemas derivados del cambio climático: España está registrando en los últimos años una mayor sequedad en los paisajes y menos lluvias (desciende en nivel de los pantanos, el agua para el consumo y para el riego). A la inversa, en los países de origen del turismo está mejorando la climatología lo que implica que en las propias costas de Europa Occidental y del Norte se están creando infraestructuras turísticas más próximas a la demanda.

Alternativas imposibles y riesgos reales

Algunas comunidades autónomas (especialmente de la mitad Norte del país) se han planteado de qué manera pueden acceder a un "turismo de calidad", dándose cuenta de que solamente un turismo así podría detener la hemorragia de visitantes que se avecina. Pero la cantinela sobre el "turismo de calidad" recuerda mucho a la propuesta que hace inevitablemente todo gobierno de "estimular el I+D"… Cuesta poco decirlo, pero mucho más llevarlo a la práctica.

La "calidad" está reñida con la "cantidad". Aún en el supuesto de que se lograra atraer a un "turismo de calidad", sería inevitable que la demanda se contrajera y que sobraran plazas hoteleras, lo que, nuevamente nos lleva al problema del paro en el sector… especialmente porque la demanda de personal para este sector ha sufrido un aumento hipertrófico que se ha ido nutriendo con inmigración. Ahora vamos a pagar los errores cometidos por los gobiernos de Aznar y especialmente de ZP: al haber dejado entrar a 6.500.000 de inmigrantes, miles y miles de ciudadanos españoles que hasta hace poco tenían a la hostelería como ocupación, han sido sustituidos por otros tantos recién llegados que aceptan salarios más bajos, se despreocupan de sus derechos sindicales y no discuten condiciones de contratación. Ahora, buena parte de toda esta masa, corre el riesgo de ser arrojada, al paro. Mientras trabajaban, cotizaban por las franjas salariales más bajas, pero consumían sanidad y servicios como cualquier otro ciudadano (o incluso más habida cuenta de que la tasa de natalidad de la inmigración es tres veces superior a la de los autóctonos). Ahora viene el choque con la realidad: toca pagar el paro y el subsidio de desempleo y seguir manteniendo las ayudas sociales no contributivas.

Y este es el problema: los dos sectores que más habían crecido en los últimos 15 años y que se nutrían de más mano de obra inmigrante, construcción y hostelería, están en crisis y no hay esperanzas para ninguno de los dos de que experimenten una recuperación a corto o medio plazo: los 2.500.000 de viviendas que en estos momentos están libres (nuevas o usadas) no se lograrían vender, en la mejor de las hipótesis y teniendo en cuenta los ritmos de venta de los mejores tiempos, hasta dentro de 12 años. No hay perspectivas, pues, de una recuperación de la construcción sino a largo plazo y nunca con tasas de empleo como las que tuvo en el decenio 1996-2006. En cuanto a la hostelería, la situación es igual o peor: se han vivido cuarenta años en los que se creía que anualmente iba a aumentar la cifra de visitantes a nuestro país, hasta ¿el infinito? Sin embargo, en 2006-7 se tocó techo y a partir de ahora solamente queda una disminución paulatina, como hemos visto, motivada, no sólo por la crisis económica, sino por las cuatro causas que hemos enumerado (destinos más atractivos en el Este, aumento de precios, degradación de los servicios y masificación). Cuando se pierde clientela turística cuesta mucho recuperarla y, desde luego, los países del Este Europeo no nos lo van a poner fácil.

Las tasas de ocupación de la inmigración en el sector de hostelería eran ligeramente superiores a las de la construcción antes de empezar la crisis. Así pues, va a ser preciso reajustar drásticamente ambos sectores. No se trata de subvencionarlos, sino de que recuperen la normalidad. Y la noción de "normalidad" implica el que sean los trabajadores nacidos en España, residentes en España y con raíces en España, los que ocupen preferentemente los puestos de trabajo del sector hostelero. ¿Y la inmigración? La inmigración debe volver a sus países de origen, es así de simple. Si no hay puestos de trabajo para todos, y está visto que no los hay ni los va a haber en mucho tiempo a la vista de que ni hostelería ni construcción van a alcanzar nunca más los niveles de crecimiento que alcanzaron en el decenio 1996-2006, se trata de recuperar la normalidad del mercado laboral: el sentido común indica que en un país concreto, los ciudadanos de ese país tienen un derecho preferencial o ocupar un puesto de trabajo. Lo absurdo del actual sistema globalizado es traer a un trabajador chino para servir tapas en un bar de Bobadilla, Matalascañas, Arrigorriza o Sant Feliu de Guixols, solamente porque cobra menos que un autóctono.

¿Turismo de "calidad"?

Por otra parte, hay que preguntarse si no es ya demasiado tarde para buscar "clientela de calidad". Durante cuarenta años, el turismo en España se ha convertido en una cuestión de masas. En amplias zonas turísticas del litoral mediterráneo va a costar mucho reconvertir las infraestructuras para un "turismo de masas" y adaptarlas a un "turismo de calidad". En general, tanto la patronal de hostelería como los ayuntamientos se han adaptado al "aquí te pillo aquí te mato", se han preocupado poco de los aspectos culturales, deportivos y de ocio que podrían atraer a un turismo de calidad y quién sabe si no es ya demasiado tarde para rectificar.

España ocupa el puesto de segundo destino turístico a nivel mundial, después de Francia, pero quien haya visitado el vecino país sabe perfectamente que la industria turística está mucho más adaptada para ofrecer al "turismo de calidad" lo que busca: facilidad de acceso a zonas de especial atractivo cultural, más accesibilidad en la información turística, una panoplia más amplia de oferta y unos paisajes mucho más cuidados. Vale la pena seguir la costa de Girona hacia el norte para advertir el momento en que se cruza la frontera: al sur masificación turística, anarquía constructiva y pérdida de la identidad regional, mientras que en el norte se ha mantenido el tipismo, la masificación no es tan flagrante y ha existido una disciplina urbanística mucho más rigurosa.

En estas condiciones, parece evidente que un "turismo de calidad" solamente puede aparecer, paradójicamente, en zonas en las que antes no ha existido un "turismo de masas": cornisa cantábrica, meseta castellana, Galiza y zona pirenaica. El concurso de los ayuntamientos sería esencial para lograr un abandono de las estrategias de atracción del turismo masificado, pero no está claro que muchos municipios estén dispuestos a aceptar esta conversión a la vista de los extraordinariamente abultados déficits que les inducen a buscar más "cantidad" que "calidad" y les vedan nuevas inversiones.

La "burbuja turística" se está deshinchando ante los ojos del gobierno y el gobierno de la nación ni ha hecho absolutamente nada para preverla, ni está haciendo absolutamente nada para disipar los nubarrones. 

[recuadro fuera de texto]

Previsiones que no se cumplen, crisis que se abren

El turismo le reportó a España 48.181 millones de euros durante el año 2006, lo que supone un 4,7 por ciento más que en 2005, y la sitúa en segunda posición en ingresos económicos, por detrás de Estados Unidos, y por delante de Francia e Italia. Ahora bien, en 2009, observadores independientes de la administración prevén una caía de ingresos del 15%, lo que nos remitirá a los niveles de ingresos obtenidos en 2004.

La consultora AFI, pronostica que en mayo de 2009 se habrá perdido un 6% de ocupación en el sector turístico, que podría triplicarse en octubre. Sólo hasta mayo se habrán destruido 100.000 puestos de trabajo. Pero lo peor tendrá lugar entre el otoño y el invierno de este mismo año: ningún turoperador británico ofrece vuelos a las Baleares para este invierno, según informan desde Exceltur. Pero si bien el pronóstico para el 2009 resulta desalentador, no se espera que llegado el año 2010 comience a despejarse el horizonte.

Según las previsiones de la Organización Mundial de Turismo, la llegada de turismo extranjero a España debería crecer una media del 5% anual en los próximos veinte años, lo que hace prever que España recibirá 75 millones de turistas extranjeros en el año 2020, casi 20 millones más que los recibidos en el año 2005: turismo no masificado, sino ultra masificado. Pero estas optimistas previsiones se basaban en la hipótesis improbable de un crecimiento económico continuo en toda el área euro. Hoy, ya nadie cree en estas previsiones, pero las cadenas hoteleras, ingenuamente, las han tomado en consideración a la hora de establecer sus planes de inversión en España.

A pesar de que España acapare un 7% de la demanda de turismo mundial con sólo Francia por delante y teniendo detrás a EEUU e Italia, las perspectivas de futuro son cada vez más sombrías. El 60,7% del turismo extranjero en España procedió en el 2006 de tan sólo tres países: Reino Unido, Alemania y Francia. En 2006, ¡algo más de una cuarta parte de la población del Reino Unido pasó sus vacaciones en España! De ahí la importancia que para nuestro país tiene la oscilación de la libra en relación al Euro. La proximidad a la frontera y su carácter costero favoreció el que en 2006, entraran por Catalunya el 25,7% de turistas llegados a España, seguida por Baleares, Canarias, Andalucía y Valencia, por este orden. Estas comunidades son las que más sufrirán mermas en sus mercados laborales interiores cuando el sector hostelero empiece a perder puestos de trabajo. La situación se tornará imprevisible, especialmente en Catalunya dado el altísimo porcentaje de inmigración que vive en esta comunidad y que laboralmente depende del turismo. Así mismo, en Baleares ocurre otro tanto, con el agravante del aislamiento relativo que supone la insularidad, a lo que en Canarias se unen las reivindicaciones marroquíes sobre este territorio, formuladas por el Istiqlal en el poder y compartidas por la casa real marroquí.

© Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http//infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin citar origen.

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