Muchos dicen, sobre todo en entornos emparentados a cierta derecha antiliberal (pero que en el fondo sólo es sobre el plano económico y no político, lo cual es contradictorio) que "no es necesario vincular a los extranjeros, a los inmigrantes al fenómeno de la inmigración y sobre todo considerar que ellos la han provocado, sino que la verdadera raíz es nuestra propia decadencia ideológica y moral, en la cual las raíces son el individualismo, el materialismo, y el olvido de las solidaridades comunitarias como de las raíces populares. Tal es la causa última de la decadencia y de la inmigración masiva". Esta visión de las cosas es a la vez muy cierta, pero sin embargo insuficiente. Termina en la inacción.

Cierto, el hombre europeo es responsable de su propia decadencia y de su propia laxitud. El mal está en nosotros. Europa, civilización trágica y prometeica, ha producido Occidente, que se revuelve ahora contra ella.

Una cosa es curarnos de nuestro mal interior (nosotros hemos dominado y luego, por decadencia endógena, nos hemos dejado dominar, aquí mismo). Otra cosa es extinguir el fuego con urgencia.

En tres generaciones pasaremos de la condición de colonizadores a aquel de colonizados. Hay urgencia. Es éste el problema que hace falta tratar al principio por una lógica de ruptura y de conflicto antes de el de pensar en la reconquista moral de los europeos que llevará mucho tiempo.

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Yo ya tuve la ocasión de ponerme en guardia contra la retórica de algunos teóricos de la actual Nueva Derecha que, en Francia, en Bélgica, en Italia, en España y en Alemania, han tenido una influencia muy desmovilizadora hacia la inmigración y el islam. Estas posiciones, yo las compartí hace quince años. Pero la fuerza de los hechos me ha hecho totalmente revisar mi punto de vista, mientras que otros persisten en el error, viendo incluso acentuada sin sentido común una ideología de la tolerancia y del optimismo totalmente oníricos

Critico las tesis de mis amigos De Benoist y Champetier sobre el comunitarismo. He aquí otros ejemplos emblemáticos de las posiciones de los teóricos de la actual Nueva Derecha europea, que debido a sofismas esnobistas proceden a defender tesis objetivamente anti-europeas, y que pueden ser francamente asimilados a los dogmas social-demócratas. Inútil decir que el público natural de la Nueva Derecha y bastantes otros están completamente desorientados por estas posiciones precipitadas.

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En una entrevista en la revista Éléments (n°87), uno de los líderes de la Nueva Derecha española, José Javier Esparza, director de la revista madrileña Hespérides, alaba francamente las posiciones colaboracionistas. Negando a ver que su país sigue la misma pendiente que Francia y está siendo presa, vía Marruecos, del retorno masivo de moros musulmanes, afirma tranquilamente: "Nosotros miramos con simpatía los movimientos de los pueblos que quieren afirmar su identidad. (Él habla de los árabes. Les está agradecidos. Pero los pueblos, como los Europeos, que pierden su identidad encarando a los nuevos colonizadores ¿Qué piensa de ello M. Esparza?) Nuestra posición es en consecuencia clara: el islam no es un enemigo de Europa. (No, por supuesto, es un amigo. Además, todo lo que el islam hace en su casa por promover la cultura europea lo prueba, ¿no es así?) Nosotros somos vecinos, compartimos un mar y una historia comunes, tanto como la voluntad de escapar a la máquina exprimidora del nuevo orden mundial". ¿Respecto de qué el hecho de ser vecinos los convierte en aliados? Es todo lo contrario lo que es cierto. En cuanto a la "historia común", este español deberá saber que fue esencialmente belicosa. Por otro lado, los Arabo-musulmanes participaron alegremente en el nuevo orden mundial, ¡Pero mano a mano con los americanos! ¿Había M. Esparza alguna vez escuchado hablar de la cuestión petrolífera? El ignora evidentemente que las potencias musulmanas son las primeras en demandar el libre intercambio generalizado y la apertura de Europa a todos sus productos. Etc.

Luego viene el lenguaje almidonado, al estilo Balladur: "Conviene abrir las vías del diálogo y de la comprensión ". Más adelante, ya se hace lírico:  "Nuestros dioses respectivos, incluso si son diferentes, pueden erigirse juntos encarándose al mundo de los titanes." El totalitarismo de Alá aceptará por supuesto ponerse de parte de los paganos y los católicos contra Wall Street. Y luego el final: "En este sentido, el "pacto olímpico" con el islam no concierne solamente a España por razones geopolíticas: es también la misión de todos aquellos que quieren una Europa libre y soberana". Pero con buena sangre, esto por supuesto: para liberarnos de nuestra sujeción vis-à-vis de los Estados Unidos, para ser soberanos , necesitamos del islam liberador... y de un "pacto olímpico".

Las posiciones del líder de la Nueva Derecha española son un ejemplo mismo del espíritu falso. Ojo al romanticismo: Puede resultar a veces en infantilismo intelectual.

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Todavía más alucinante e irrealista es un texto de Michel Marmin (Éléments n°88) que asimila la acogida de los inmigrantes y de los clandestinos ¡Al viejo deber de asilo y de hospitalidad de los Europeos! Escuchemos este trozo de bravura inmigracionista titulada La Nación recompensa al denunciante para fustigar la ley Debré sobre el alojamiento de los extranjeros "Antes de este género de ley, el hombre derecha puede plantearse estas cuestiones: una tal ley ¿Hubiera sido pensable en una sociedad tal como aquella que retrató Homero? ¿Cuál hubiera sido la actitud de Don Quijote? ¿Cómo hubieran reaccionado un Péguy o un Bernanos?[...] En las sociedades tradicionales el deber de asilo y de hospitalidad es sagrado[...] El anfitrión podía preguntarle "su nombre, su raza" sin jamás además obligarlo a responder". Etc. El resto del texto, que se autoproclama entre otras cosas proceder de los valores de La Ilíada, de la caballería, y del tintero de las "tradiciones", vierte una sucesión de ideas totalmente confusas. Partiendo de valores que el ve como "de derecha", llega a las mismas conclusiones que los trotskistas, que Mgr Gaillot, que el Pr. Schwrtzemberg y otros cineastas "derecho-humanistas" que abogan por los "sin papeles". Marmin realiza un desvío de los valores europeos que pretende defender. Confunde -con sinceridad, lo cual es todavía más confuso- la acogida provisional de algunos huéspedes en galeras (generalmente de etnias próximas) en la Antigüedad y la Edad Media, con la llegada masiva de extranjeros. ¿Sobre qué planeta de Disneylandia vive esta gente?

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Otro teórico talentoso próximo de la Nueva Derecha, Arnaud Guyot-Jeannin, en un artículo sobre René Guénon (Éléments, n°88) utiliza el mismo desvío de los valores europeos "tradicionales" para formular una defensa pro-musulmana y, aún más, implícitamente pro-inmigración. Evidentemente, en nombre de los principios espiritualistas demasiado llenos de humo, hace apología de Guénon, convertido al Islam, asimismo que el arabófilo de esteta y "libertino" Gabriel Matzneff: "abrir a la diversidad del mundo y al esplendor de Oriente" y consecuentemente la preocupación es la de " ayudar al mundo árabe". Ayudar al mundo europeo, esto es ya otro problema. El autor, siguiendo las tesis más o menos delirantes de los autores gnósticos (Parvulesco, Thibon, Simone Weil), confiesa que Guénon (Abdel Wahed Yahia según su nuevo seudónimo está "desprovisto de todo proselitismo". En resumidas cuentas, un "musulmán-pagano", la alianza de la carpa y el conejo.

Nada es más peligrosos que este falso espíritu superficial y mal asimilado, este sentimiento de autodidacta, que reniega a la vez el buen sentido y el conocimiento de las religiones. El resultado concreto es una simpatía o una indiferencia vis-à-vis de la colonización y de la desculturización de Europa. Es necesario acabar con este pretexto del falso espiritualismo y de la "Tradición" distorsionada, en el que el resultado concreto es la despolitización de cierta juventud. En La Ilíada los dioses combaten, espada en puño. El evolianismo o el guenoianismo tuvieron una influencia mal interpretada y alucinatoria a la cual se debería escapar, por ejemplo, -debido a su cultura- Christopher Gérard, director de la extraordinaria revista Antaïos.

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Otro teórico de la Nueva Derecha europea, El austriaco Jürgen Hatzenbichler, preguntado por la misma publicación trimestral (nº91), redactor de la revista Zur Zeit, se desentiende, al ser preguntado por su entrevistador de " la reacción nacionalista y xenófoba respecto de los desafíos de la inmigración" y estima que "el populismo es ante todo un oportunismo". Defender el pueblo de uno, no es sincero, crea desorden y es vulgar. Continua con el intelectualismo burgués, y aunque se opone a lo "políticamente correcto", el austriaco afirma: "soy miembro de una organización muy abierta de tendencia conservadora y nacional-liberal". Sin embargo, no se encuentra en sus propuestas ningún derrotero a favor de la tolerancia hacia la inmigración. De ello no habla. Sin duda, en Austria, el problema no ha surgido, no?

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Por lo demás, dos dirigentes del movimiento alemán de la Nueva Derecha, Dieter Stein y Hans von Sothen (que se dicen cristianos), proponen ellos también análisis dudosos (en el trimestral nº86 anteriormente citado). Incentivan el diario berlinés Junge Freiheit, un gran éxito periodístico al otro lado del Rin, en la cual la estrategia hacia el gran público, muy pertinente, prohíbe evidentemente toda proposición provocadora. Los dos teóricos evocan de modo comprensible la democracia contra los "espabilados" de la cultura, la necesaria defensa del gran patrimonio cultural alemán que enferma por una americanización desesperada, el imperativo de la solidaridad europea, el necesario renacimiento de los pueblos de Europa central, etc. Pero todo esto huele demasiado a intelectualismo y a charlatanería. ¿Dónde está el combate en todos estos discursos?

La cuestión central, relativo a la biología, de la declinación demográfica alemana -y europea- absolutamente catastrófica, ¡No es jamás abordada en esta profesión de fe ideológica! Exactamente como en el reciente "Manifiesto de la Nueva Derecha" francesa, un destacado fracaso, además abstruso y lleno de jerga. Ninguna alusión, en estos alemanes, al catastrófico "derecho del suelo", de inspiración francesa, y que amenaza al pueblo alemán, limitándose a disertar sobre Carl Schmitt, Jünger y de la Revolución Conservadora, sujetos bastante secundarios y ¿Convenientes en estos tiempos de incendios? Nunca, pero nunca jamás, el sujeto central no es abordado. Esto es un signo de los tiempos. No se habla de la soga en la casa de un colgado ¿no?

Hechas estas críticas, se puede aplicar un silencio estruendoso en la descripción de la atmósfera ideológica del país. Pero sin embargo es una pena. Se tiene realmente la impresión de que la moderación burguesa ha emasculado a todos los guerreros de las Ideas.

Bien entendido, si me alzo contra los derroteros de la Nueva Derecha francesa y europea a la cual yo antes pertenecía, esto no quiere decir que no este en perfecto acuerdo con los análisis geopolíticos comunes y la concepción de una Europa soberana y no sometida a los micronacionalismos diversos, como de nuestras posiciones convergentes en contra del reino usurpador de la mercancía y por una resistencia eficaz respecto de las empresas americanas. Esto no quiere decir, que a los autores que critico duramente, que no sea capaz de reconocer un innegable talento y una perspicacia evidente. Si pero...

Pero sobre el capítulo de la inmigración y del islam, la Nueva Derecha se descarrila muy, muy gravemente, respecto de un sujeto esencial. Sin saberlo, dilapida un capital irremplazable y que no fomenta y desvía la única manera que cuenta hoy para despertar a la juventud y hacerla reflexionar: la Resistencia contra el verdadero enemigo. Escabullida inconsciente.

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Vis-à-vis con el mundo arabo-musulman, la alianza, repitamos, no es posible salvo con la hipótesis del cada uno en su sitio y en paz armada. Corregir las posiciones erróneas de la Nueva Derecha francesa y europea, esto es lo que conviene decir: no podemos pactar con la gran civilización arabo-musulman si 1º) No está étnicamente interpenetrado, 2º) El islam carece de espacio mínimo en Europa 3º) los Estados musulmanes no cesan en su política de colaboración y de alianza subterránea con los Estados Unidos contra Europa  4º) el derecho a la dominación total y sin reserva alguna está reconocida en los pueblos de zócalo europeo sobre el espacio que va desde el sur de Portugal al estrecho de Behring, incluyendo el norte del Cáucaso y la totalidad del espacio siberiano. Todo lo demás no son más que propuestas de salón.  
 
FINAL

Si Europa sucumbe, si nuestra civilización desapareciera, ahogado por el caos étnico, subordinado al orden imbécil y habitualmente criminal de la World Company americana, nuestros colonizadores habrán quedado encantados. Ellos nos habrán colonizados y descerebrado, pero no habrán dejado ninguna pincelada en la historia. Ellos no fundarán ninguna civilización durable, ya que no tienen el talento histórico. No dejarán más que campos de ruinas y desolación tras ellos. Habrán serrado la rama sobre la que se asentaron. Sic transit gloria mundi.

Es necesario que algunas cosas sean dichas. Por las generaciones futuras. Que al menos la posteridad sepa que algunos lo sabían. Que nuestra generación no es del todo pusilánime y estúpida.

Cada pueblo está sólo encarando su destino. Un pueblo privado de sus dioses, porque los abandonó, no tiene ya más la fuerza de pelear. Ya no osa derramar la sangre de sus enemigos, ya que su propio sangre no circula más en sus venas.

Nosotros somos descendientes de una civilización superior. Contra los censores e intelectuales, hace falta afirmar esta evidencia.

Hace falta combatir, combatir, siempre combatir -y primero contra uno mismo- para no dejarse ir. Esta es la lección del Cid  de Pierre Corneille. Hace falta capturar la desesperación, afrontarla y, al final, vencerla. El horizonte es negro, pero como decía Hölderlin, este es el momento más profundo de la noche, esta es la medianoche del mundo en la que uno está seguro de que el sol se elevará y que la hora de la mañana se aproxima. Lo esencial es mantener el alma serena y recorrer el fondo del psiquismo individual y popular, los manantiales de la fuerza y de la reconquista.

El islam piensa a largo plazo. Su objetivo es aplastar todo laicismo y no tolerarlas, mientras las somete y oprime, ya que las únicas religiones de Libro, las dos primeras, la judía y la cristiana son totalmente sumisas a su voluntad. 

Es el espíritu burgués el que hace falta abolir. Este espíritu burgués que desarma al hombre europeo. Que lo impide defender sus mujeres e hijos, que lo desviriliza. La tolerancia, la conmiseración, la piedad por el Otro, el más alejado: la indiferencia por aquellos de su clan, por su prójimo: tal es la lógica del espíritu burgués, este peste que hace falta combatir según la orden nietzscheana de el Umwertung, la "transvaloración de todos los valores". Nuestro veneno interior es totalmente el individualismo materialista burgués, esta mezcla de xenofilia abstracta y de angustia xenófoba inconfesable.

El burgués, sobre todo si pretende ser moderno y guay, firma las demandas para acoger siempre más "sin-papeles" impunes, pero rechaza inscribir sus hijos en las escuelas públicas demasiado densas en inmigrantes. Al burgués no le preocupa nada el pueblo al que pertenece, su principal preocupación es su enriquecimiento y seguridad personal. Durante el siglo XX, incluso perdió el sentido de la comunidad familiar. No tiene ideas: sus ideas no son más que reclamos publicitarios sociales, que varían a merced de las modas y de los intereses. 

En este sentido, respecto de la colonización del pueblo, de la desfiguración de la civilización europea y de su germen el burgués siente poca preocupación; ya que no le afecta (aún) personalmente. La burguesía sólo cambiará cuando los desórdenes étnicos la toquen directa y concretamente. En este sentido, la burguesía es significativamente una masa blanda, fácilmente manipulable y pusilánime, que cede a todo poder y que se organiza siempre arrimándose al sol que más calienta. Las minorías activas, surgidas del pueblo, pueden trastocarlo en caso de crisis. Una pauperización económica como una guerra civil será suficiente para dislocar al espíritu burgués.

Los médicos de la fe musulmana, las élites musulmanas, conciben de modo comprensible a los Europeos de muy ingenuos, incapaces de descubrir su artería. Pero se equivocan. Deben acordarse de la reconquista española y de la detención en seco del francés Charles Marte. Contra el sable de Allah, la espada cruciforme de los Cruzados resguardados en su funda. Y la Cruz de Cristo a la intemperie, al mismo tiempo que las iglesias son ofrecidas y transformadas en mezquitas y que en la Roma misma, símbolo donde los haya, se apresuran a construir allí mismo una inmensa. Algún día caerá el Rayo de Zeus o el Martillo de Thor.

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

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