La novela de Jean Raspail, Le Camp des Saints, escrito en 1973, fue premonitorio. Escribir esta novela es imaginable hoy en día. Cualquier gran editor lo rechazaría. Muchos peligros se definen, muchos tabúes se refuerzan, muchas defensas inmunitarias se derrumban, se instaura aún más la ley del silencio, como si alrededor de un paciente se acercase un mal incurable. ¡Silencio! Nadie tiene la idea de observar, de decir la verdad a la cara, de describirla, de analizarla y de formular remedios para combatirla. Ya que incluso los más lúcidos temen el juicio de la burocracia y el castigo del sistema y de sus leyes, escritas o no escritas.   

No, no fantaseo. En 1997, el Instituto de Francia organizó bajo la presidencia de Pierre Messmee un simposio sobre esta cuestión donde todos los presentes, desde Jean-Claude Casanova a Alain Peyrefitte, estimaron que la inmigración es el problema esencial de la sociedad francesa y pronto de toda Europa. Alain Griotteray firmó un artículo (Le Figaro Magazine, 13/12/1997)  titulado La inmigración puede destruir Francia. Su tesis es que la IV República está muerta de no haber sabido tratar el problema algeriano y que la V puede morir sin que nada lo detenga, pero aún peor, repentinamente por negar y apoyar, la colonización de nuestro pueblo.

Por tanto, estos grandes espíritus conscientes no se movilizan realmente en el combate. Contrariamente a De Gaulle, al cual ellos adulan y al cual admiran, de modo comprensible su espíritu de resistencia, sin aplicarla realmente. ¿Es necesario hacer conscientes a las élites? No. Es siempre de la profundidad de los pueblos, de su energía misteriosa que surge la salvación. El pueblo es como una tierra fecunda para el simiente de ciertas ideas. Y la esencia del pueblo, esto es su juventud, es la aristocracia de su juventud.
 
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Seamos pesimistas: Francia, luego algunos países de Europa, se arriesgan mucho, en un futuro próximo, por simples razones demográficas, de verlo primero en comunidades enteras, luego regionalmente, caer entre las manos de los inmigrantes o de partidos islamistas que, como en Inglaterra o en Bélgica, comienzan ya a despuntar. Los norafricanos no votan, por desinterés, por los partidos "europeos", pero votan por sus candidatos y a sus partidos. Luego, cuando colateralmente los poderes electos, a todos los niveles, caigan entre las manos de los extranjeros, algunos despertarán, pero será probablemente demasiado tarde.

Respecto de la amenaza del islam, el geopolítico austríaco, el general Jordis von Lohausen, reconoce que este último, en plena expansión, ataca a la vez a Europa por el mediterráneo, el Cáucaso y Asia Central " disponiendo de reductos combativos en todas las capitales europeas". Añade, apuntando la colusión islam-Estados Unidos: " A pesar de la alianza de los americanos con los príncipes del petróleo, la guerra del Golfo ha conseguido reavivar en los Árabes las dolorosas heridas de la humillación inflingidos por las potencias coloniales europeas [...] Los soberanos de los Estados islámicos se reapropian siempre del mismo discurso del Corán "Besa la mano que no puedes rechazar. Pero es más bien Europa, situada a las puertas del islam y no los Estados Unidos, que será inevitablemente la primera en pasar por el aro. El envejecimiento de la población, el poco gusto de la población por las cuestiones militares, la inconsistencia de las políticas de la inmigración, la cobardía de los políticos o aún la ceguera de las masas condicionadas por un consumismo desenfrenado, llaman a un futuro sombrío. El resultado para los musulmanes podrá ser bueno un día." (en Éléments n°88, abril 1997).

Francia ha conocido bien las invasiones militares, que no han dejado de proporcionar vestigios indelebles. La última en fecha, la ocupación alemana de 1940 a 1944 para nada ha germanizado Francia. Esta ocupación no fue más que un golpecito histórico en relación a lo que nos estaba sucediendo. Por la primera vez, desde el origen de su historia, desde el fin del Imperio Romano, Europa está en proceso de ser colonizado, y por los pueblos radicalmente diferentes de ella. Incluso las invasiones arabo-musulmanes en España, en Aquitania y en Provenza del período medieval fueron bastante menos graves y masivas que la que nos sucede actualmente. A la arabización, a la africanización biológica, a la islamización, se añade ahora la americanización cultural, estratégica y económica. Jamás hemos conocido una situación histórica así preocupante. Hoy. Europa es el hombre enfermo del mundo. 

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¿Quiere decir esto que estamos perdidos, que nuestra civilización, o que nuestras viejas etnias europeas han empezado una declinación irremediable, preludio a su desaparición en el magma? La respuesta es clara, se inspira en el pesimismo activo de Nietzsche. Tiene cinco puntos:

1º) Aún hay tiempo, pero queda poco.

2º) La Historia no es un largo torrente tranquilo. Es imprevisible después de que desde los meandros lentos pueden surgir los rápidos y las cataratas.

3º) El renacimiento no podrá nacer más que de la crisis y del caos. Esto quiere decir, de la conjunción de una crisis económica muy grave y de una guerra civil étnica. Situación que es necesario desear, y que por sí sólo, puede hacer oscilar las mentalidades y provocar el despertar.

4º) Toda nuestra salvación reposa sobre la juventud europea, porque es ella la que deberá conducir la guerra y ganarla. Por "juventud" hace falta entender evidentemente una minoría activa. Como siempre, la gran masa de la población asistirá temerosa a las confrontaciones sin participar en ellas y se organizará del lado del ganador. Poco importa.

5º) En caso de reconquista exitosa, Europa deberá reformar profundamente sus modelos de sociedad, pero precisamente para transformarlas, adoptando valores no burgueses y etnocéntricos.

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Se trata en consecuencia de preparar mental e ideológicamente a la juventud europea a afrontar el caos probable y de asegurar el post-caos. Bien entendido, la mayoría de la juventud europea es incapaz de reacción. Es demasiado inconsciente, demasiado adherida al etnomasoquismo. Un importante porcentaje, aterrorizada por el fantasma del paro y de la precariedad económica, se refugian en los valores pequeño-burgueses, soñando con el status de funcionario.

Pero en la historia, sólo cuentan las minorías activas. Las masas siguen a las minorías voluntariosas, como lo había comprendido Lenin. Se trata de una élite de la juventud que es necesario ahora formar, preparar y endurecer. Sabiendo que, cuando sobrevenga la crisis, muchas mentalidades se desmoronarán, y que alrededor de un núcleo duro se agregarán los nuevos combatientes, porque estarán personalmente preocupados de su seguridad y de su supervivencia.

Este es el tema del famosos monólogo del Cid de Corneille, hoy políticamente incorrecto, reproducido al principio de esta obra. Para repeler a los moros que desembarcan, una pequeña tropa de voluntarios galvanizados comienzan, según las órdenes del Cid, pronto a congregarse en movimientos de nuevos combatientes. Y la victoria imposible se transforma en victoria real. 

A esta minoría activa, a este núcleo duro que desde ahora se debe organizar y federar en red a través de toda Europa, hace falta inculcar algunos valores de base. ¿Cuáles son estos valores?

(c) Por el texto: Guillaume Faye

(c) Por la Edición Francesa: Editions de l'Aencre

(c) Por la traducción castellana: Miguel Ángel Fernández

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