No hay ninguna duda de que Perón ingresó en la Logia Propaganda 2, dirigida por el Venerable Gran Maestre Licio Gelli. Lo ha contado el mismo Gelli, así que no puede ponerse en duda. Durante unos años subsistieron dudas sobre si Rega fue, así mismo, iniciado en la Logia. Era lo más probable, sin embargo. De todas formas las dudas se disiparon cuando en 1981 la policía realizó un registro en villa Wanda, el domicilio de Licio Gelli en Arezzo y encontró una relación de un millar de miembros de la Logia. Entre ellos figuraban varios argentinos:

ALDO ALASIA - BUENOS AIRES
HIPPOLITO BARREIRO - BUENOS AIRES
FEDERICO BARTTFELD - BUENOS AIRES
LUIS ALBERTO BETTI - BUENOS AIRES
ENRIQUE VICTOR BOULLY - BUENOS AIRES
ANTONIO CALVINO - BUENOS AIRES
LAICO BRUNO CATTANEO - BUENOS AIRES
CARLOS ALBERTO CORTI - BUENOS AIRES
CESAR DE LA VEGA - ARGENTINA
GERARDO FINAURI - ARGENTINA
ANTONIO JOSE GHIRELLI GARCIA - ARGENTINA
JOSE’ ISAAC KATZ - BUENOS AIRES
RAUL ALBERTO LASTIRI - ARGENTINA
PABLO LAVAGETTO - BUENOS AIRES
FEDERICO LENCI - BUENOS AIRES
JOSÉ LOPEZ REGA - ARGENTINA
EMILIO EDUARDO MASSERA - BUENOS AIRES
GIOVANNI JUAN QUESTA - ARGENTINA
CARLOS SUAREZ MASON - ARGENTINA
FERNANDES WILSON DE VALLE - BUENOS AIRES
ALBERTO VIGNES - ARGENTINA
MARIO JOSÉ VILLONE - BUENOS AIRES

La lista no era completa. De hecho, siempre se ha dudado de que la relación cayera “accidentalmente” en manos de la policía. Todo induce a pensar que Gelli se limitó a dejar al alcance de la policía los nombres de colaboradores que habían tenido importancia en otro tiempo y de los que en la nueva situación podía prescindir, o de aquellos sobre cuya fidelidad no estaba completamente seguro o, finalmente, de los que resultaba innegable su afiliación a la logia. En este sentido la militancia de Massera y de Suárez Mason o de Alberto Vignes, Raúl Alberto Lastiri o Mrio José Villone, eran suficientemente conocidas. Sin embargo, resulta significativo que no aparezca el nombre de Perón… cuando en la relación, tras su ubicación geográfica se indicaba su calidad de “activos”, “pasados al Gran Oriente”, o “fallecidos”, como era el caso del general. Sin embargo, el reconocimiento de que fue el propio Gelli quien inició a Perón en la masonería, hace que esta filiación sea indudable. Por tanto, cabe decir en relación a los miembros argentinos que aparecen en la famosa lista ocupada en Villa Wanda, que “son todos los que están, pero no son todos los que son”.

La importancia de estas iniciaciones trasciende a la dimensión personal de sus protagonistas. A partir de ellas, la Logia Propaganda 2 se asentó sólidamente en la República Argentina y prolongaría su influencia en aquel país hasta la caída del régimen militar: un ciclo de prácticamente 10 años en los que la matriz italiana vio como la sucursal bonaerense rivalizaba en influencia.

Todavía no se ha escrito la última página sobre la Logia Propaganda 2. De todas formas, Licio Gelli, antes de morir, reveló algunos datos significativos, entre otros el hecho de que él mismo inició a Juan Domingo Perón en la masonería en Madrid. En septiembre de 1973, Licio Gelli viajó a Buenos Aires y fue condecorado con la Orden del Libertador San Martín. Perón había regresado el 20 de junio de ese año y moriría el 1 de julio de 1974. La reunión con Gelli fue íntima y el Gran Maestre de la logia P-2 lo recibió con el mandil de cuero en la cintura, el martillo de plata en la mano derecha y la joya con la escuadra y el compás colgada al cuello. Perón se inclinó sobre el Gran Maestre y le susurró unas palabras rituales en el oído. Previamente, en junio de 1973 , pocos días antes de su retorno a la Argentina, había ingresado en la Logia P-2: “Perón era masón, yo lo inicié en Madrid, en Puerta de Hierro, en junio de 1973”, se reafirmó cuando un periodista le preguntó sobre sus relaciones con el general: “Fue una ceremonia simple. No era difícil. Era un rito llamado al orecchio del maestro (al oído del maestro). A pesar de los 89 años que Gelli tenía cuando se realizó esta entrevista, conservaba frescos sus recuerdos. Perón en 1973 tenía las facultades físicas ya muy disminuidas.

En 1970, la Logia Propaganda 2 no había salido de Italia. Empezaba a ser un influyente círculo de políticos, miembros de los servicios secretos, empresarios, periodistas y trepas, movidos mucho más por la ambición y por un deseo de promoción personal antes que por una clara línea ideológica o política. Gelli no tenía problemas en incorporar a personalidades influyentes insinuándoles con todo el aplomo del mundo, que con él podrían aumentar su peso. Los años le habían hecho particularmente hábil en el manejo de las personas. Cuando sonaban tres nombres en los círculos del poder para sustituir al jefe de los servicios de inteligencia, Gelli se entrevistaba por separado con los tres y les hacía saber que influiría a su favor en la elección. Luego era simple: uno se sentiría extremadamente agradecido y los otros dos se perderían en el olvido. El agradecido, se entregaría en cuerpo y alma a Gelli a quien creería que debía el cargo. Una técnica propia de Rinconete y Cortadillo. Así trabajaba en Venerable. Solamente, a partir de 1974-75 empezó a elaborar un proyecto político que, finalmente, salió a la superficie en el otoño de 1980 cuando escribió un largo artículo en El Corriere della Sera proponiendo una “república presidencial”. Era fácil intuir que él se postulaba como el “hombre de la situación”. Año y medio después, Gelli, perseguido por distintas acusaciones debía huir de Villa Wanda en Arezzo, dejando deliberadamente que la policía capturara una relación de casi un millas de “piduisti”, esto es de miembros de la logia… otro millar ha permanecido desde entonces en secreto.

¿De dónde derivaba el interés de Gelli por la Argentina? ¿era el fruto de una casualidad o el resultado de una operación premeditada lo que le llevó a concentrar esfuerzos en aquel país? En 1972, Licio Gelli vivía su mejor momento de esplendor: había construido una red de influencias bajo la cobertura de una logia masónica y tanto él como sus colaboradores amasaban una gran fortuna. Su problema era cómo manejar e invertir todo ese dinero negro. Gelli cayó en la cuenta de que el Cono Sur de América Latina era la zona preferencial para realizar inversiones discretas, con la aquiescencia de las autoridades locales. Para ello precisaba un país en el que poder actuar libremente y que tuviera una potencia industrial media. El azar quiso que Perón en ese momento estuviera mediatizado por “el Brujo” y que éste fuera un adepto del ocultismo.

Da la sensación de que los problemas metapsíquicos, el espiritismo y el ocultismo le interesaban sólo de manera muy secundaria a Gelli, que anteponía la búsqueda del lucro personal y de la influencia ante las consideraciones doctrinales o esotéricas. Simplemente conocía la temática ocultista y sabía utilizarla como recurso para “capturar” a quien le interesaba. Rega, además, en aquel momento, aspiraba a algo más que a ser el eterno valido de Perón y el ejemplo de Licio Gelli, maestro masón, que había empleado sus conocimientos en esoterismo para crear una amplia red de influencias, constituía para él una verdadera fuente de inspiración. Cuando Rega y Gelli se conocieron, lo más probable es que éste invistiera “al Brujo” como miembro de su Logia Masónica (o bien en el viaje que hizo con Perón a Roma en 1972) y que, a partir de ahí la P-2 iniciara su expansión en Argentina, sabiendo que el paso siguiente era la incorporación del propio Perón, algo que le confió a Rega.
Isabelita, en cambio, no podía formar parte de la logia al ser mujer y al ser la Propaganda 2 una “logia salvaje” pero generada en el contexto del Gran Oriente de Italia que impedía a las mujeres el acceso a la iniciación masónica. Así pues, la célula madre de la sucursal de la P-2 en Argentina fue Rega y su círculo de ocultistas y oportunistas enclastrados en el peronismo. En aquella época, a poco que se conocía a Perón era evidente que estaba aquejado de una artereoesclerosis irreversible (cuando abandonó España, algunos testimonios que hemos podido recabar nos indicaron que apenas tenía entre 6 y 8 horas de lucidez al día) que interfería con otras enfermedades, entre ellas una dolencia de próstata (precisamente Rega frecuentemente le practicaba masajes de próstata) y era evidente que su influencia en Argentina iría disminuyendo: en esa época el general tan solo garantizaba que quien estuviera bajo su sombre, progresaría. Y en ese momento la sombra de Perón se proyectaba sobre todo sobre Rega y, naturalmente, sobre Isabelita.

Como oportunista y hábil estilista del regate en corto, Gelli, con un pie en Argentina no se limitó a tener contactos con el peronismo, sino con quien gobernase en ese momento. A raíz de la violencia que puso en entredicho el gobierno de Isabelita, tras la muerte del general, y a raíz del desastre económico generado por el “rodrigazo”, Gelli aprovechó para desarrollar su influencia hacia otros sectores. Con Rega había conocido a la “derecha peronista” y eso le permitió entrar en ósmosis con los medios militares que protagonizarían el golpe de marzo de 1976, especialmente con la marina. Dos almirantes que ocuparon cargos destacados en la Junta Militar, fueron iniciados en la P-2 por Gelli: el almirante Massera miembro de la primera Junta y el que entonces era su ayudante, el almirante González Masón, que luego dirigió la inteligencia argentina. Luego, Gelli siguió manteniendo relaciones en Argentina reuniéndose con el sucesor de Videla, el General Roberto Viola e incluso mantuvo una sólida estructura de influencia en el período de Menem. A través de Eduardo Massera, uno de los principales socios de Gelli, Umberto Ortolani, podría conectarse con el gobierno militar Uruguayo y constituir allí un núcleo de la logia P-2.

Uno de los más próximos colaboradores de Rega –quizás su colaborador más estrecho- era Luis Sobrino Aranda, diputado nacional por Santa Fe y astrólogo muy conocido en el país que todavía hoy prodiga conferencias, presentaciones de libros y predicciones. En 2004 publicó su libro “Astrología Política Mundial 2004-2050” en la que pronosticaba la caída de los EEUU como potencia hegemónica. La presentación del libro dio lugar a muchas conferencias y a que se recordara el pasado político de Sobrino. En 2005 pronunció en Buenos Aires una conferencia sobre “Astrología y Sociedad” y aprovecho, nuevamente para presentar su libro. A pesar de haber sido elegido en 1973 diputado por las listas del Frente Justicialista de Liberación, terminó enfrentándose a la presidenta, tras la destitución de Rega y pidiendo su dimisión. En esa época se enfrentó al “peronismo histórico” o “verticalismo” desde el Centro Estado y Sociedad (CEDES), situado en el centro-derecha del peronismo. En 1976, fuera del gobierno, apoyó el movimiento militar y fue durante años considerado como un hombre de los servicios de inteligencia. Fue uno de los colaboradores de Gelli en el establecimiento de la P-2 en Argentina. El común interés de Sobrino y de Rega por la astrología fue el vínculo de unión más estrecho entre ambos.

Es sorprendente cómo la astrología estaba presente en las altas esferas de la política argentina en aquel momento y cómo la Logia Propaganda 2 pareció ser un catalizador. Seguramente uno de sus miembros más conocidos era el almirante Eduardo Emilio Masera, cuyo nombre ha quedado unido a la transformación de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada en un centro de detención, tortura y ejecución. Massera tenía como astrólogo personal al “profesor Herfais”, de verdadero nombre Héctor Ricardo Faisal, un oscuro subteniente del ejército trasladado a los menesteres cósmicos. Tras la caída de Masera y de la Junta Militar argentina, se desplazó a Perú en donde pasó al servicio, siempre como astrólogo, de Vladimiro Montesinos, director de la inteligencia de ese país y cerebro de la liquidación del movimiento terrorista Sendero Luminoso siguiendo directrices parecidas a las utilizadas en Argentina contra los montoneros y el ERP. En cuanto a su superior, Alberto Fujimori, tenía en alta estima a Sixto Paz Wells, fundador de los Grupos Rama, dedicados a contactar con extraterrestres. Así que muy poco parecía haber cambiado en Iberoamérica desde los tiempos en los que el espiritismo estuvo de moda.

Se ha intentado dar muchas explicaciones a la aceptación de Perón para la implantación de la Propaganda 2 en Argentina. Se ha dicho que era un intento de que la logia italiana, que mantenía relaciones inmejorables en el Vaticano (tal como luego demostró el caso de Monseñor Marzinkus en el asunto del Banco Ambrosiano), reconstruyera la relación de Perón con la Santa Sede, rota desde el principio de su segundo mandato. Se ha añadido a continuación que se trató de un intento de Perón de que el Vaticano mediara en la devolución del cadáver momificado de Eva Perón, enterrado en el cementerio de Milán durante la dictadura del general Aramburu contando con la complicidad de la jerarquía católica. Creemos que ambas son interpretaciones demasiado forzadas. Perón había visto en cualquier sociedad secreta una forma de acrecentar su poder, influencia y de allanar el camino para determinadas maniobras políticas. Para él no era tanto una cuestión de “esoterismo”, como de seguir su instinto de supervivencia.

A partir de 1973, la P-2 en Argentina ya no era un asunto personal entre Rega y Gelli, sino que entraban otros muchos interesados. Se conoce la vinculación de algunos de ellos a la P-2.  Giarcarlo Valori, por ejemplo, miembro de la P-2 más próximos a Gelli, fue también colaborador habitual de Rega en la cuestión de las inversiones en Argentina. Nada podrá evitar que cuando se produzca el escándalo del Banco Ambrosiano y el asesinato del banquero Roberto Calvi, la Dirección Nacional de Inteligencia uruguaya registre distintos locales y encuentre los archivos internacionales de la logia P-2. En 1980, el vaciamiento del Banco Ambrosiano del Vaticano y la muerte del banquero Roberto Calvi, lleva a que en un allanamiento en una casa de Carrasco, el inspector Víctor Castiglioni de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) encuentre los archivos de la P-2 que involucraban a personalidades de todo el mundo. Los archivos de la P-2 se constituyeron en una poderosa carta de poder del régimen militar y sus predecesores, aunque su contenido, con los nombres de quienes estaban implicados en la logia, sus negocios y acciones, todavía continúa siendo un secreto que en Uruguay no se ha terminado de conocer. Gelli podría revelarlo ahora en televisión.

Alberto Vignes, canciller de Perón, era uno de los pocos presentes cuando Perón entregó la Orden del Libertador San Martín a Licio Gelli. Vignes era uno de los hombres de confianza de Gelli en Argentina, en tanto que viejo masón, y al mismo mantenía estrechas relaciones con Rega. Víctor Enrique Boully, secretario y amigo personal de Vignes, era al mismo tiempo miembro de la P-2 y suficientemente conocido en los medios masónicos iberoamericanos por su vinculación notoria a la Orden Masónica Paramericana. Gelli había contribuido a la formación en Brasil de la Organización Mundial del Pensamiento y la Asistencia Masónica y, por tanto, tenía contactos en la masonería del Cono Sur. Uno de sus amigos íntimos Adolfo Mario Savino, miembro por supuesto de la P-2, había sido colaborador del general Aramburu (luego secuestrado y asesinado por los montoneros), más tarde amigo de personal y colaborador del General Lanuse hasta que convocó las elecciones que venció la candidatura justicialista encabezada por Héctor Campora. Su proximidad a círculos masónicos internacionales y su relación con Gelli favorecieron el que fuera nombrado embajador en Roma y posteriormente ministro de Defensa. El mismo suegro de López Rega, Alberto Raúl Lastiri, conoció personalmente a Gelli y fue miembro de la logia P-2. Lastiri era un personaje atrabiliario del entorno de López Rega, habitual de los cabarets nocturnos de bonaerenses, con la voz carrasposa por el tabaco  el alcohol y, finalmente, conocido no tanto por sus capacidad políticas –que siempre resultaron inéditas- como por su famosa colección de corbatas, única en todo el Cono Sur. José María Villones, otro amigo personal de Rega y colaborador suyo en Bienestar Social, era miembro de la P-2, como también José Miguel Vanni, fervoro espiritista situado también en las esferas del poder tras el retorno de Perón. O César de la Vega, miembro de la P-2 y Secretario de Estado en el Ministerio de Bienestar Social con Rega, luego elevado a embajador en la ONU y en Francia, Gran Maestre de la Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones del Rito Escocés.

Sin embargo, todos estos personajes, en general, perdieron poder a partir del “rodrigazo”, cuando se hizo evidente que si Isabelita Perón quería seguir gobernando, tenía que atender a la realidad y reconocer que todos los hombres que había colocado en escalones de poder siguiendo las indicaciones de “el Brujo”, habían constituido un rotundo fracaso. Como hemos visto, todos estos personajes procedían, o bien de la derecha peronista o, lo que es mucho más habitual, no tenían absolutamente nada que ver con el entorno peronista, pero sí con el “grupo de amigos personales” de Raúl López Rega. Caído Rega en desgracia, toda esta red de tráfico de influencias se desvanecería. Gellí miraba mucho más lejos: ¿Qué habría después de “Isabelita”? Los “mílicos”, sin duda. De ahí que desde que pusiera pie en Argentina, tendiera siempre a expandir su Logia en esa dirección. De esta facilidad innata de Gelli para prever cómo iban a ser las correlaciones de fuerzas en el futuro, derivó el que su Logia pudiera sobrevivir en aquel país más allá del tiempo en que Rega fue todopoderoso. Cuando Rega entró en la dinámica que le llevó al exilio, a la clandestinidad y a su entrega voluntaria en EEUU y a su extradición a la República Argentina, otro miembro de la Logia Propaganda 2 (que en Argentina actuó con el nombre de Pro Patria, esto es Propaganda Patria) asumió la relación directa con Gelli, el almirante Emilio Eduardo Massera, designado por el presidente Cámpora como comandante en jefe de la marina argentina el 25 de mato de 1973, confirmado luego por Perón en el cargo y que permaneció en él, ya como miembro del triunvirato militar que asumió el poder en 1976, hasta 1979.

Durante el tiempo en que la logia Propaganda 2 se mantuvo activa en Argentina, buena parte de los escándalos protagonizados por ella, pasaron por el Cono Sur. Pero esto tiene que ver con la corrupción, no con el ocultismo en el entorno de Perón. Murió el General. Se extinguió la dictadura militar. Rega retornó vencido y preso a Buenos Aires para morir poco después. Pero la historia del ocultismo en el entorno peronista no había terminado todavía.

La profanación del cadáver de Perón y el ocultismo

El 17 de octubre de 2006 el cadáver del General Juan Domingo Perón era trasladado desde el cementerio de la Chacarita (Buenos Aires) hasta la que fuera su quinta de descanso en la localidad bonaerense de San Vicente, donde reposaría finalmente en un mausoleo erigido junto al de su segunda esposa, Eva Duarte. El 17 de octubre no era un día cualquiera. En 1945, el presidente general Edelmiro Farrell nombró al coronel Juan Domingo Perón secretario de Trabajo y Previsión, ministro de Guerra y Vicepresidente de la Nación. En ese puesto, Perón puso en marcha importantes medidas sociales: aumentos salariales, vacaciones pagadas, aguinaldo y tribunales laborales de justicia. El 8 de octubre de 1945, el general Avalos pidió a Farrell que destituyese a Perón. Éste fue detenido y llevado a la isla Martín García y luego al Hospital Militar. Amplios sectores populares sin militancia política concreta y fuera del ámbito de los partidos tradicionales se manifestaron masivamente en los días siguientes marchando sobre la Plaza de Mayo y reclamando la libertad del que había pasado a ser su líder y seguiría siéndolo en los siguientes 30 años. Desde las primeras horas de la mañana del 17 de octubre de 1945 la Plaza de Mayo se llenó de manifestantes con banderas y pancartas llegados de todo el país. Aquel 17 de octubre había nacido “el peronismo”. 

Cincuenta y un años después, exactamente, el cadáver de Perón fue removido de la Chacarita hasta su emplazamiento definitivo, junto a Eva Perón. ¿Casualidad o iniciativa deliberada a efectos de lograr “coyunturas cósmicas”?  Sin embargo, el cadáver de Perón estaba incompleto.

En junio de 1987 se produjo un hecho que causó gran conmoción en la Argentina: un grupo de desconocidos mutiló el cadáver de Perón, sustrayendo las manos. El robo solamente se advirtió unas semanas después cuando se estaban realizando preparativos para conmemorar el aniversario de su muerte. La peritación demostró que la tumba había sido abierta con sus correspondientes llaves. Eran entre diez y doce personas en total quienes participaron en la apertura de la bóveda y de su puerta de vidrio de 170 kilos que protegía el frente del ataúd, pero no se logró avanzar demasiado en la detención de los responsables. La causa pasó por tres jueces y veintidós años después de aquella profanación, no hay ningún procesado.

El 11 de julio de 2008, un comando allanó la casa de Alberto Baños, el juez que retomó la olvidada causa por la mutilación del cuerpo de Juan Domingo Perón. No sustrajeron nada salvo 800 hojas del expediente sobre el robo, un ordenador portátil, un móvil y Cds. Según el juez, todo el material era "recuperable". Durante años, los jueces que han llevado la causa han sido presionados y amenazados, y el caso ha quedado embarrancado a pesar de su importancia nacional. Un juez, incluso, murió sospechosamente durante unas cortas vacaciones.

Dos periodistas, David Cox y Damián Nabot responsabilizaron a Licio Gelli de la sustracción en su obra La Segunda Muerte. Según ellos, la operación fue realizada por antiguos miembros del Batallón 601 de la inteligencia militar de la última dictadura argentina. Los periodistas se basaron en un testimonio judicial de Leandro Sánchez Reisse, un represor que trabajó en el área de Inteligencia durante la última dictadura, que señaló a Gelli como responsable del crimen. Sánchez Reisse y Gelli se conocían porque habían compartido un calabozo en Europa…

Dicha obra recuerda la importancia de las manos en los ritos esotéricos y particularmente en los egipcios –nuevamente aquí reaparece la “obsesión egipcia”- concluyendo que "la mutilación del cuerpo de Perón fue un crimen ritual". En efecto, para autentificar el robo, los profanadores dividieron en tres partes la carta manuscrita de Isabelita que se encontraba en la turba de Perón y la enviaron a diputados peronistas junto a un texto anónimo que llevaba por firma "Hermes Iai y los 13". La explicación que dan los periodistas a esta firma no es satisfactoria.

Hermes es el dios griego que corresponde al dios egipcio de los muertos, Thot. Sin embargo “Hermes Trimegisto”, el Hermes tres veces grande, es el inspirador del Corpus Hermeticum alejandrino del que López Rega extrajo lo esencial de sus tablas astrales y sus correspondencias esotéricas que incluyó en las 700 páginas de su libro Astrología Esotérica.

El 13 es el número de las partes en las que se dividió el cuerpo de Osiris tras la revuelta de Seth y de sus 72 compañeros (72 es el número de grados que resulta de dividir los 360º de una circunferencia por 5 y remite al símbolo del Duat egipcio que… era el símbolo de los cosmistas rusos: la estrella de cinco puntas). La reunión de estas 13 partes era fundamental para que Osiris pudiera resucitar. Si los pies de Osiris tocaban la tierra, sus manos eran el elemento a través del cual incorporaba las fuerzas cósmicas. De ahí que los ocultistas den tanta importancia a las líneas de la mano que, a fuerza de alzarse hacia el sol recogiendo la energía cósmica, registraban también el futuro del individuo. Se sabe que Isis, en la leyenda, buscó desesperadamente el falo de Osiris, que le faltaba para completar las 13 partes de su cadáver una vez descuartizado por Seth y sus 72 compañeros. Si hubiera faltado cualquier otra parte del cadáver –las manos, por ejemplo- éste no hubiera podido descansar jamás.

Y ¿qué podía significar “IAI”? Para los periodistas se trataba de una palabra egipcia que significaba “la rebelión en el tránsito entre la vida y la muerte”… No es un concepto muy habitual en la religiosidad egipcia. IAI aparecía en la traducción de un jeroglífico del Antiguo Egipcio, perteneciente al papiro 3024 de Berlín de la Dinastía XII, descifrado por primera vez en 1978. En 2005, los autores de La Segunda Muerte tuvieron ocasión de examinar los archivos de Licio Gelli depositados en la biblioteca de su pueblo natal, Pistoia. Allí localizaron una carta de Gelli a Frank Ripel a quien se atribuye el significado de la palabra IAI que también es mencionada en un texto de Cagliostro, el fundador de la Masonería Egipcia. Ripel, por lo demás, era uno de los altos dignatarios del Rito de Memphis-Misraïm entre 1981 y 1999, el rito masónico al que pertenecía Gelli. Ciertamente, las pistas conducen a Gelli, pero también son posibles otras interpretaciones: de la misma forma que Rega aseguraba que podía transferir el “alma” de Eva Perón a “Isabelita” pero para ello necesitaba disponer de su cadáver, también es posible que alguna otra secta ocultista y/o espiritista con ambiciones políticas piense en aureolar a su líder con el carisma del general Perón, dominando su alma en pena, incapaz de completar el tránsito al “otro lado”, a causa de la sustracción de una de las 13 partes de su cuerpo. Técnicas de este tipo (genéricamente conocidas como “poner a trabajar al muerto”…) se utilizan en la magia afrobrasileña (la umbanda, kimbanda y el palo Mayombé en cuyos rituales frecuentemente se utilizan fragmentos de cadáveres (desenterrados por el grado más bajo en la jerarquía de estos grupos, los “paleros”… porque su función es desenterrar los cadáveres).

Las razones que los periodistas Cox y Nabot dan para certificar el interés de Gelli en realizar una venganza en el más allá sobre Perón tampoco son convincentes. Gelli, según ellos, se habría sentido decepcionado porque Perón no cumplió su promesa de darle la exclusividad de las exportaciones argentinas hacia Europa (¿era viable y razonable una promesa de este tipo?). Si Gelli se hubiera sentido decepcionado y traicionado por esta promesa incumplible ¿qué habría hecho con los cadáveres de muchos otros de sus enemigos o de muchos de sus “iniciados” que, simplemente, lo traicionaron?

Si bien la sombra de la logia Propaganda 2 pesa sobre Perón, es mucho más improbable que el ritual ocultista implícito inequívocamente en la desaparición de las manos de su cadáver y el mensaje “Hermes IAI y los 13”, pasen por Gelli. Seguramente hay que inscribir esta profanación –la más importante de la historia argentina reciente- en la misma línea de espiritismo, ocultismo y “obsesión egipcia” inscrita en algunos discípulos o émulos de López Rega. Porque el irracionalismo no acabó en la historia argentina con la muerte de Rega, ni siquiera con la disolución efectiva de la Logia Propaganda 2 o Pro Patria.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Comentarios  Ir a formulario