Historia del oro: de símbolo divino a objeto de mercado

Publicado: Jueves, 29 de Enero de 2009 20:58 por Ernesto Milá en CULTURA

Infokrisis.- El oro siempre ha movido al mundo. Entendido como símbolo de lo divino o instrumento de riqueza y poder, ayer y hoy, todas las civilizaciones han girado en torno al oro. A lo largo de 7000 años siempre ha existido una aureola mágica sobre este metal. Vamos a seguir los jalones más importantes de la historia del oro. Presentamos este artículo escrito hace más de 10 años y que fue reproducido en varias revistas impresas.

EL ORO COMO SIMBOLO

Si el oro ha sido considerado siempre como símbolo de la perfección es, en tanto que su aspecto exterior y su color, evocan la naturaleza del Sol. Las civilizaciones pueden dividirse en dos categorías, las que hacen del Sol, lo Masculino, el Oro, el Fuego, el elemento sagrado y aquellas otras que ven en la Luna, lo Femenino, el Agua y la Plata, sus coordenadas sagradas. Míticamente los primeros proceden de troncos nórdico-polares (los hiperbóreos griegos), mientras que los segundos proceden de la civilización Atlante en la que abundan los recuerdos relativos a lo femenino (de ahí surgieron las amazonas, la última reina de la Atlántida fue una mujer y la causa del cataclismo se atribuyó a la práctica de la magia telúrica).

La inalterabilidad del oro (se han encontrado doblones de oro en galeones hundidos hace trescientos años, que brillan como cuando fueron embalados), su brillo y color, llamaron la atención del hombre antiguo que vió en él la quintaesencia de la pureza y majestad. Pero fueron los griegos quienes más depuraron estas nociones simbólicas.

EN LA MITOLOGIA CLASICA

Desde la Edad del Cobre (del 4500 al 2100 a. de JC) el oro era ya considerado sagrado. Se extraía en Africa, Asia y Europa. Se han descubierto adornos de oro en tumbas y objetos funerarios. El oro garantizaba que el alma del difunto sería conducida hasta el Sol. Egipcios, babilonios, persas e hindúes, sostuvieron concepciones análogas mucho más elaboradas.

Griegos y romanos afirmaron que sus dioses estaban hechos de oro. Cuando Zeus quiere seducir a Danae, se metamorfosea en lluvia de oro para penetrar en la torre de bronce donde está encerrada. Hubiera bastado con una lluvia normal pero la naturaleza divina de Zeus, obligaba a que fuera de oro. Perseo, nacido de esa lluvia de oro, tiene por descendiente a Hércules, el héroe cuyo último trabajo consistió en robar las manzanas de oro de las Hespérides. Homero afirma que la túnica, el látigo y la balanza de Zeus son de oro, como también el escudo de Apolo, el caduceo de Hermes, el frontal de los caballos de Ares, las ruedas del carro de Hebe, el látigo de Poseidón, las riendas de Artemis, la sandalias de Atenea, las alas de Iris, el palacio de Helios, la espeda de Crisaor, el collar utilizado por Hefesto para la boda de Harmonía, y así sucesivamente. La categoría divina se mostraba por algún atributo de oro.

Otro tanto ocurrió en Roma. Los primeros romanos despreciaban el uso individual del oro y gozaban contando historias en las que los ambiciosos quedaban denunciados y condenados. Tarpeya, joven romana, abrió las puertas del Capitolio a los sabinos venidos a saquear la ciudad. Tarpeya se percata que los guerreros sabinos llevan brazaletes de oro en el brazo junto al escudo, y solicita estas joyas para pagar su traición. El rey sabino finje entenderla y ordena a sus guerreros que le entreguen todos sus escudos. Sumergida bajo un mar de escudos de hierro, Tarpeya muere asfixiada. Con más respeto, los romanos se enorgullecerán del Domus Aureo (Casa Dorada) que Nerón, en la cumbre de su popularidad, hizo construir en la colina Esquilina. El edificio, destinado a glorificar a Mitra, el dios del Sol, según Suetonio "estaba cubierto de oro incrustado de piedras preciosas".

LOS JUDIOS Y EL ORO

La caricatura que hace de los judíos impenitentes buscadores de oro, se basa en datos ciertos llevados al límite. En realidad, ya en el Antiguo Testamento queda claro que los judíos tienen una afición particular al oro y le conceden un valor terrenal, a diferencia de otras tradiciones para las que solo es un símbolo de lo divino.

El Edén, según el Génesis, está regado por el Río Ofir compuesto por cuatro brazos, "El primero se llama Pisón; y es el que rodea toda la tierra de Evila, donde abunda el oro; un oro muy fino". Se insiste que Abraham es rico por que tiene oro y rebaños. La Biblia llega a detallar el peso de las joyas que recibió Rebeca. Cuando abandonaron Egipto, los judíos pidieron a los egipcios regalos de oro para conmemorar su partida. Luego, en el desierto, forjaron un becerro de oro que Moisés, contrariado, destruyó como ídolo pagano que era. "Israel !ahí tienes a tu dios!" había exclamado el pueblo judío cuando vió el becerro. Más tarde, deseoso de crear símbolos sagrados, e iniciado en la religión egipcia, intentó elevar el oro a la categoría de objeto sagrado. El mismo dice haber recibido instrucciones precisas de Yavhé para construir el Arca de la Alianza, recubierto de oro por fuera y por dentro. Moisés destruyó el becerro, pero no el oro; se limitó a triturarlo y arrojar el polvo al agua que había de beber su pueblo; se dice que desde ese día el dios del oro permanece en los corazones del pueblo judío.

En realidad, el culto al becerro de oro volvió a repetirse en tiempos de Jeroboan quien erigió dos de estos ídolos en Bethel y Dan. David conquistó todo el oro de los rivales con los que se enfrentó y Salomón recubrió el sancta-santorum del templo con oro, tanto exterior como interiormente. Moisés como los Reyes de Israel procuraron elevar el oro a símbolo divino, pero existió siempre, en el seno del pueblo judío, una tendencia a ver en el oro un simple instrumento laico de poder.

EL ORO Y LA ALQUIMIA

El alquimista árabe Artefio explica que "el sol vivifica la tierra y algunos de sus rayos, al penetrar más profundamente en su seno, se condensan en ella y dan nacimiento a un metal refulgente, amarillo, es decir, el oro consagrado al astro del día"...

Entendemos por alquimia la ciencia tradicional que busca la transformación del ser humano utilizando símbolos y alegorías relacionadas con la metalurgia. Doctrina de realización del ser enunciada en forma de metafísica, pero también práctica operativa, cada fase de la transformación del ser humano tiene su equivalente en operaciones químicas bien concretas. No se trata solo de alegorías o aproximaciones simbólicas, sino de realidades tangibles.

La alquimia afirma que el hombre es "plomo opaco que puede transformarse en oro resplandeciente". La doctrina alquímica afirma que todos los metales caminan hacia su estado de perfección natural  -el oro- madurando en el interior de la mina. El alquimista, mediante sus manipulaciones, acelera la obra de la naturaleza. Los alquimistas sostenían que todo el universo y los seres vivos están formados por una sola y misma materia con distintos niveles de vibración. El mundo mineral es materia con un alto nivel de densidad vibratoria, mientras que el espíritu es materia sutilizada.

Mediante una serie gradual de operaciones, el alquimista manipulaba una materia prima (un sulfuro metálico, habitualmente el bisulfuro de antimonio o el sulfuro de hierro) que depuraba progresivamente y que corresponde a su espíritu. La última fase de las operaciones lleva a la obtención de la "piedra filosofal" que permitía transformar plomo en oro. La piedra filosofal es, químicamente, un catalizador que permite acelerar la transformación que la naturaleza realiza, lenta, pero expontáneamente. Para el alquimista es, apenas, un indicativo de que ha alcanzado el "Magisterio".

Historicamente existen unas decenas de casos de transmutaciones metálicas incuestionables. Nicolás Flamel en París, Ramón Llull en Londres, Sendivogius en Praga, Ireneo Filaleto, Bernardo Trevisano, Fulcanelli, etc., etc. afirmaron poder fabricar oro en el crisol. Y lo demostraron.

EL GLIFO, GUARDIAN DEL ORO TEMPLARIOS

Cerca de las capillas y encomiendas templarias siempre han aparecido unas estrañas esculturas. Las hemos visto en la encomienda templaria de Figeac (centro de Francia) y también tenemos restos en la Capilla templaria de Barcelona en la calle Ataulfo. En ocasiones lo que algunos ocultistas han querido identificar como representaciones del Baphomet", el ídolo templario, son, en realidad, Glifos, un extraño fetiche.

Según el "Fisiólogo", el Glifo es "el ave más grande de todas las del cielo. Cuando se yergue el sol sobre las profundidades marinas y alumbra el mundo con sus rayos, el glifo extiende sus alas y recibe los rayos del sol. Y otro glifo se alza con él y ambos vuelan juntos hacia el sol poniente, tal y vuelan juntos hacia el sol poniente". A su vez, el Bestiario de Cambridge, lo describe: "... es un cuadrúpedo con alas. Esta especie de animal salvaje nace en las zonas de Hiperbórea. Todos los miembros de su cuerpo son como los de un león, pero sus alas y su rostro son como los de un águila". Otro tratado medieval explica que "En la India están las grandes montañas de oro y piedras preciosas y otros tesoros en abundancia. Pero ningún hombre se atreve a acercarse a ellas, debido a los dragones y a los grifos salvajes".

A partir de estos tres textos se entiende la importancia que concedían los templarios a estos animales mitológicos: tenían la naturaleza regia y solar (eran un mixto de Aguila y León, reyes de las aves y de los animales), y eran por tanto, similares al oro. Eran los guardianes del oro. Los templarios explicaban que el glifo olía el oro y cuando lo descubría lo guardaba ante cualquier intruso. Por eso los templarios lo colocaban en las puertas de sus encomiendas. Hoy los glifos siguen custodiando el oro templario. Ni uno solo de sus tesoros han sido hallados.
Los tesoros templarios se consideran malditos. El glifo proyecta su amenazante silueta sobre quienes han intentado encontrar el oro de la Milicia del Temple a partir del 5 de octubre de 1307, cuando el rey Felipe el Hermoso destruyó la Orden. Ni un solo cofre de oro fue encontrado en las 9000 encomiendas que la orden poseía en toda la cristiandad.

Una tradición explica que Jacques de Molay, Gran Maestre de la Orden, pudo hablar con su sobrino Guichard de Beaujeu y le comunicó algunos secretos. Beaujeu abrió la tumba del anterior Gran Maestre y encontró una reliquia de San Juan Bautista y los archivos templarios. Con ellos Beaujeu encontró la corona de los reyes de Jerusalén, la Ménorah o candelabro de los siete brazos, los cuatro evangelistas de oro que figuraban en el Santo Sepulcro. En el coro del Templo encontró dos capiteles que basculaban y dejaban dos abiertas dos columnas huecas repletas de oro. Jacques de Molay indicó que ese oro debía servir para resucitar la Orden del Temple.

Robert Charroux sostiene que el tesoro templario está escondido en las inmediaciones del castillo de Arginy en el Departamento del Rhône. Louis Charpentier, por su parte, lo sitúa en el Bosque de la Espina al Este de Francia, escondido en las zonas pantanosas o incluso bajo una laguna artificial. Nuestro amigo, recientemente fallecido, el profesor Jacques de Mahieu, defiende la hipótesis de que los templarios embarcaron su oro en el puerto de La Rochelle y consiguieron hacerlo llegar a la desembocadura del Amazonas.

Sea como fuere, el tesoro del Temple sigue hoy escondido, casi setecientos años después de su ocultamiento, y guardado por celosos glifos.

LOS TESOROS PERDIDOS


Históricamente, sobre el oro siempre ha recaído una especie de maldición. En la mitología nórdica, los nibelungos, custodios del oro del Rhin, son seres oscuros y telúricos, alejados de la luz del sol; seres malditos y segregados. Aquel oro está sometido a una maldición. Quien lo encuentra, sucumbe.

En realidad, el mito es universal: quien utiliza y ambiciona el oro como un bien material, antes o después, sufre la maldición; el oro, sostienen todas las tradiciones es un símbolo y encarna la naturaleza regia y solar. No es un bien de consumo y quien así lo considera se hace acreedor de la maldición.

Antes del siglo XVI el oro era extremadamente raro en Europa. Antes de 1493 se calcula que circulaban por Europa 90 toneladas de Oro y una cuarta parte estaba escondido o perdido. Entre 1493 y 1600, llegaron de América 754 Tm. de oro y 22.000 de plata. Esto produjo una hecatombe económica.
A partir de Colón todos los conquistadores buscaron oro afanosamente. Colón justificaba este interés con unos argumentos, mas bien peregrinos: "El oro es algo excelente. Es lo más deseable en el mundo. El oro puede conducir al paraiso si se emplea en encargar misas"...

Las minas de Perú, Colombia, Brasil y Méjico, enriquecían considerablemente los tesoros de España, Francia e Inglaterra. Pero también una parte iba a parar a manos de los piratas. En el período mencionado llegaron a España 700 Tm. de oro, 200 se perdieron en el curso de tempestades y 100 (el 10%) fue robado por piratas. Ingleses y holandeses intentaron conquistar el oro de nuestros galeones.

El 21 de octubre de 1702, el puerto de Vigo fue atacado por una inmensa flota anglo-holandesa cuyo objetivo era el saqueo de 19 galeones de tres puentes que transportaban varias toneladas de oro. Treinta mil asaltantes alcanzaron el puerto. El General Velasco, gobernador militar de la plaza, consiguió evacuar una parte (1500 carretas llenas de oro según unas fuentes y 3000 para otras) e incendiar el resto de los galeones. Los asaltantes lograron solo sustraer una mínima parte del botín y en total España perdió 200.000 libras esterlinas de oro. Un buscador francés, Florent Ramaugé, buscó el resto del tesoro en las inmediaciones de las Islas Cíes entre 1945 y 1962. Un militar español, preso de los ingleses, el almirante Chacón, estimó que se habían hundido en la zona el equivalente a 5000 carretas.

Se trata solo de un ejemplo: en cada zona costera existen leyendas (o realidades) de tesoros hundidos o robados por piratas que, a su vez, los perdieron. En el Pirineo, los bandoleros catalanes solían esconder sus botines en el interior de árboles huecos, frecuentemente robles o encinas. Muchos de ellos, posteriormente, fueron detenidos y ejecutados; la ubicación de los botines se perdió. Bruscamente, la suerte de un fabricante de carbón vegetal, cambiaba. Habiendo cortado el árbol que contenía el botín y tras intentar hacer con la madera carbón vegetal, encontraba al día siguiente de la operación, monedas y joyas a medio fundir. Hasta que se extinguió la profesión de carbonero, menudearon este tipo de felices hallazgos.

Existe toda una geografía de los tesoros perdidos. Una abundante industria ofrece herramientas e instrumentos de búsqueda para quien quiera emprender tan la lucrativa aventura de la búsqueda. En Francia existen varios clubs de buscadores de una actividad que es considerada por sus practicantes como una especie de deporte de aventura.

LA DEGRADACION DEL ORO. EL ORO COMO MEDIDA

Las civilizaciones modernas son, en síntesis, la inversión completa de las antiguas, no solamente en su estructura y funcionamiento, sino también y, sobre todo, en su escala de valores. El oro que siempre ha sido apreciado por su valor, solamente a partir del triunfo de la burguesía y de su concepción economicista, ha sido deseado por su valor exclusivamente económico.

En la actualidad los cantos de las monedas se limitan a ostentar una serie de estrías, resto degradado de los signos sagrados que habían ostentado a modo de protección y también para "contener" el valor exclusivamente económico del metal. Estas civilizaciones tradicionales giraban en torno a lo sagrado e incluso la vida económica estaba sometida a lo sagrado. Piénsese que en las ciudades romanas el "foro" era el lugar de intercambios económicos y, al mismo tiempo, donde estaban situados los templos y lugares de culto.

Tras la revolución francesa de 1789 y el movimiento liberal que triunfó en toda Europa a lo largo del siglo XIX, fue un movimiento laico, progresivamente alejado de lo sagrado. Y así el monstruo que hasta entonces había sido contenido -la economía- se desencadenó y alcanzó vida propia. El oro pasó a ser un instrumento de medida, un patrón monetario. Antes, en el siglo XVIII, ya se había producido el tránsito hacia una sociedad regida por los valores burgueses en Inglaterra. John Locke propuso que la plata fuera adoptado como patrón monetario, pero Jorge III se decantó hacia el oro: "La moneda -escribió- debe ser el rasero fundamental por el que se midan los bienes y tiene que ser constituida por un solo metal, que solo puede ser el oro".

Cuando los Estados Unidos de América obtengan la independencia y deban optar por una moneda, hablarán en su Constitución por la de oro y plata. Inicialmente, el dólar fue fabricado indistintamente en piezas de oro y plata. El "bimetalismo", a partir de entonces tuvo un período de expansión.

En Londres ya en el siglo XVII se advertía que el uso desgastaba las piezas de plata y que éstas perdían peso y valor. Al producirse la Revolución Francesa grandes cantidades de plata huyeron del continentes hacia Inglaterra. Comerciantes espabilados compraban plata a bajo precio y los transformaban en moneda. El gobierno británico prohibió la acuñación de monedas de plata, mientras que seguía permitiendo la del oro. Sucesivas leyes irán limitando la acuñación del oro. En 1821 la Banca de Inglaterra está dispuesta a reembolsar en metálico todos los billetes que le puedan ser presentados al cobro; y lo hará en oro. A partir de esa fecha el oro es un patrón monetario.

Es el triunfo del oro. Pero también su gran degradación. De símbolo de la realeza y del poder, imagen de lo divino y de sus cualidades, ha pasado a ser medida de la materia y objeto de un culto laico y fetichista.

Aquí no hay poesía posible. Ni siquiera el oro es un valor absoluto en las relaciones económicas. La posesión de oro, ni siquiera supone una buena salud económica. Existe un "oro virtual", formado por todo el paquete de objetos económicos de nuevo cuño: crédito, acciones, dinero de plástico, etc. No siempre las economías de los distintos países se corresponden con las reservas de oro de esos mismos países. En buena lógica lo que crea riqueza en una nación es su capacidad industrial y de trabajo, junto a sus reservas en oro. Pero en la práctica no es así. La movilidad industrial y el desplazamiento del sector industrial a zonas concretas del Tercer Mundo, ha hecho que los países occidentales vean progresivamente disminuida su capacidad de producción de bienes, mientras aumenta la capacidad de consumo. Las oscilaciones en la Bolsa y los vaivenes especulativos se deben más a cuestiones psicológicas que a la situación real de las fuerzas económicas y productivas.

Se diría que la economía de nuestros días es un gigante que ha escapado a cualquier lógica y control y que ya nadie puede contener. El oro, en este contexto, ha perdido su valor económico central (el valor simbólico-religioso se fue diluyendo a partir del siglo XVI). El oro fue ayer considerado como un valor por sí mismo y en sí mismo. Más tarde fue un medio para alcanzar un fin, el enriquecimiento de sus poseedores. En la actualidad es, fundamentalmente, un objeto vanal de ostentación.

Triste destino para un metal tan noble.


RECUADROS FUERA DE TEXTO

LOS TESOROS MAS GRANDES DEL MUNDO... POR RESCATAR

- Tesoro maya enterrada en Chichen Itza en la península del Yucatán. Pizarro y sus conquistadores lo buscaron vanamente.

- Tesoro de San Fernando procedente de un galeón español hundido en 1597 en la Isla de Santa Lucía.

- Tesoro de Bobadilla compuesto por el oro de 25 naves y galeones del gobernador Ramón de Bobadilla con miles de kilos de oro, naufragado en el cabo del Engaño.

- Tesoro de los Jesuitas, enterrado ne la isla de Pinaki, en Oceanía. Sesenta peldaños de coral marcan su ubicación.

- Tesoro del Tubantia, buque de transporte torpedeado a media milla del faro de Noord Hinder, con 40 tm. de oro.

- Tesoro del crucero Hampshire, compuesto por 10 millones de libras de oro, hindido en 1916 al oeste de las islas Orkney.

- Tesoro de Lobenguela (Zambezi), compuesto por un número alto, pero indeterminado de sacos con oro, diamantes y marfil.

- Tesoro Hope formado por un cargamento de oro en un buque estrellado contra las rocas en 1827 en Tasmania.

- Tesoro de Lac Payao, hundido en el lago de este nombre en Thailandia.

- Tesoro de Rennes-le-Château (Francia), procedente de familias de la región de los Pinineos, escondido durante la Revolución. Frecuentemente se le ha confundido con el teroso de los merovingios, escondido en las inmediaciones de Lambres (en el Norte de Francia).

- Tesoro de Vercingétorix, de procedencia celta, amasado por los duidas y escondido en las cercanías de Clermont Ferrand.

- Tesoro templario, ubicado en no menos de una docena de lugares de Francia (en Saint Martin de Vence, Pommier, Trigance, el Bosque de la Espina, en Dordogna, y especialmente en el castillo de Arginy).

INVENTARIO DEL ORO OCULTO. SOLO PARA BUSCADORES DE TESOROS

Robert Charroux, presidente del Club Internacional de Buscadores de Tesoros inventarió cerca de 600 tesoros de oro desaparecidos que están a la espera de que alguién los localice:
    Tesoros artísticos ....................................  1
    Tesoros en tumbas .....................................  3
    Tesoros ubicados en ciudades o edificios en ruinas ....  5
    Tesoros religiosos .................................... 10
    Tesoros reales perdidos ............................... 13
    Tesoros escondidos por buscadores de oro .............. 14
    Tesoros de guerra ..................................... 20
    Tesoros templarios .................................... 25
    Tesoros perdidos en éxodos, revoluciones, exilios ..... 26
    Tesoros legados pero no heredados ..................... 26
    Tesoros legendarios con base presumiblemente histórica. 31
    Tesoros robados por piratas y bandidos y no hallados .. 45
    Tesoros de tradiciones no controlables ................130
    Tesoros tragados por los mares ........................250

ORO: FICHA TECNICA

Datos físicos:
    - Densidad 19,5
    - Masa atómica: 196,967
    - Punto de fusión: 1.064º
    - Cristaliza en forma de cubos (como todos los metales míticos: hierro, plata, cobre y el diamante)
    - Atomo formado por 1 electrón en la última órbita y 18 en la penúltima. 79 protones en el núcleo (el plomo tiene 82)
Características físicas:
    - sumamente maleable y dúctil (es posible malearlo y darle forma de chapa, hilo, lingotes, etc.)
    - con 30 gramos de oro pueden formarse 30 metros cuadrados de pan de oro o un hilo de 90 km.
    - buen conductor eléctrico y aislante térmico.
Características químicas:
    - el oro es prácticamente inalterable.
    - solo el agua regia (ácido clorhídrico más nítrico) es capaz de disolverlo.
    - en la "Tabla Periódica" de Mendeleiev el oro está situado entre el platino y el mercurio.
Características naturales:
    - Todos los minerales se formaron cuando la tierra era una bola incandescente. Al irse enfriando, los metales con mayor peso específico se concentraron en dirección al núcleo central. Los más ligeros se fueron depositando en la superficie. A partir de entonces, el oro está disperso entre rocas de distintos tipos: granito, cuarzo, silicio, etc.
    - El oro jamás se encuentra en estado puro. Aparece aleado con el plomo en la galena, con cinc en la blenda, con hiero o cobre en las piritas, con el antimonio en la estibina (la materia prima de los alquimistas) y en llacimientos de mercurio. Cuando está aleado con plata y adquiere una tonalidad blanquecino-amarillenta, se le llamaba "elektron", por similitud con el ámbar.
    - Se encuentra también en forma de pepitas, cristales redondeados de diversos tamaños que han sido arrastrados por las aguas. No necesariamente son minúsculas; se han hallado de 50 y hasta de 92 kg.
    - La corteza terrestre encierra la centésima parte de un gramo de oro por tonelada de rocas. En las aguas marinas, se encuentran sesenta miligramos de oro por cada metro cúbico de agua.
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© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar procedencia

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