Infokrisis.- Con todas las salvedades y advertencias, recomendamos a nuestros lectores el documental Zeitgeist Addendum, segunda parte de Zeitgeist. Insistimos: lo recomendamos, sí, pero con todas las salvedades. Hoy día, nada puede asumirse sin algún tipo de reserva mental. Es lo que le ocurre a este documental –servido gratuitamente a través de Internet en versión castellana subtitulada- en el que lo mejor se junta con lo peor. Pero creemos que vale la pena dedicarla algunas líneas, pues no en vano, el “espiritu del tiempo” (el Zeitgeist) es precisamente ese: lo mejor mezclado inextricablemente con lo peor.

 

Hemos decidido realizar nuestro análisis dividiéndolo en cuatro partes:

1)    Jiddu Khrisnamurti abre fuego en Addendum

2)    La crítica al mecanismo monetario

3)    La crítica a la política de los EEUU

4)    La crítia a las propustas de Zeitgeist

Como siempre, ignoramos el tiempo que tardaremos en desarrollar estas cuatro partes, habida cuenta del poco tiempo del que disponemos. Pero sea cual sea, la continuación consistirá en abordar la matriz, es decir, el primer documental de Zeitgeist.

Como siempre intentaremos ser críticos, pero constructivos y resaltar algunos valores del documental que merecen serlo y que difícilmente encontraríamos en otras producciones. A fin de cuentas el documental no es otra cosa más que el “signo de los tiempos”: cada vez mayores franjas de la sociedad se sienten alejadas y divorciadas de la miserable realidad que se les ofrece y permanecen en un exilio interior cada vez más extendido. Sin embargo, falta la tarea de síntesis que precipite voluntades, ilumine y depierte –en el sentido espiritual de estos conceptos: como velo que cae y sensación renovada de “vitalidad”, de matenoia, esto es, de cambio radical de conciencia- y que está aún por hacer. De ahí que lo mejor se junte con lo peor. De ahí que gurús mediocres pero mediáticos como Jiddu Khrisnamurti hayan logrado atraer a los productores y guionistas de Zeitgest.

Mientras no haya síntesis lúcida y galvanizadora, no habrá reacción ni revolución, sino tan solo un confusionismo incapaz de separar los problemas reales de los imaginarios, de engarzar todos los aspectos de la crisis y de respnder coherentemente y sin fisuras, sin lastres ideológicos y sin apriorismos. En el documental, todas estas carencias se ponen dramáticamente de relieve: pero, insistimos, la crítica de algunos aspectos parciales –como la economía, el papel de la deuda en la creación de dinero, la política norteamericana, la ausencia de democracia real, la falsedad de la guerra contra el terrorismo, etc.- es válida y debe rescatarse de la hojarasca confusionista en la que está arropada.

 

Jiddu Khrisnamurti abre fuego en Addendum

Mal asunto un documental que empieza con un sermón de Jiddu Khrisnamurti. En los 60 todo joven que se preciara de serlo debía haber leído a Jiddu Khrisnamurti y a Marcusse y luego elegir entre ambos. Yo los rechacé a los dos. Hace falta no dejarse seducir por los cantos de sirena de quienes van de maestros y luego resulta que son especialmente maestros de la mentira de los de “no te fijes en lo que hago sino en lo que digo”. Y ahí estaba Khrisnamurti, en Zeitgeist Addendum explicando una vez más que no había maestros ni discípulos, que nadie debía buscar un gurú, que todos debíamos buscar la verdad dentro de nosotros mismos. Y esto lo decía en cursos de fin de semana a los que solamente podían acceder los niños bien y las jet-set de la época, los únicos que podían pagarse el costo no precisamente elevado y teniendo las economías más modestas la posibilidad de comprar unos libros en las que machaconamente se nos repetía de que nadie debe buscar un gurú. Este era el mensaje del gurú –por que lo era- Jiddu Khrisnamurti.

Tras su muerte se pusieron de relieve aspectos de la vida de Khrisnamurti que desdecian tal alta ética. Khrisnamurti era un gurú ocmo otro cualquiera. Mejor dicho, peor que cualquier otro en la medida en que se había curtido en esas lides desde su juventud cuando el pederasta y teósofo Leadbeater “leyó su áura” e identificó en el al “Cristo de la Nueva Era”, al “Guía de la Humanidad”. De esa época, Khrisnamurti aprendió que hay que desconfiar en los que dicen hablar continuamente con los espíritus desencarnados y mucho más de los que te arrogan misiones sobrehumanas en las que sólo los tntos creerían. Por el contrario, el gurú debe vender modestia, tener un mensaje excepcionalmente claro y directo. Lo que Leadbeater quería que vendiera era algo así como un proyecto cósmico de dimensiones “kolosales”. Él supo pronto que debía aparentar ser el más modesto de los hombres… pero buscar codearse con los poderosos. Cuesta más vender cursos de a 20 euros fin de semana, que retiros espirituales para ociosos a 3.000 euros. Khrisnamurti supo pronto que esa era la clientela que buscaba. En los año 60 se había configurado como el “gurú de las clases pudientes”.

Su mensaje era tan superficial que solo contarlo aburre: siempre volvía a la idea de que no hay gurús, no hay “vía”, todas las religiones son mentira, no hay maestros, cada uno es su propio maestro. A decir verdad, lo que proponía era una especie de “anarquía espiritual” y en donde no hay nada más aparte de estas ideas extremadamente simples, aptas para que las entendieran todos los cerebros. Ni uno sólo de sus discípulos se preguntaba: “Si no hay gurús, ni vías hacia la verdad ¿por qué diablo habré pagado 2.000 dólares para que este gurú me enseñe su vía hacia la verdad?”.

A su muerte, en 1986, su mensaje se difuminó y solamente algunos miembros de la New Age siguieron leyenda sus obritas. Como tantos otros gurús, su muerte puso fin a un mensaje que pretendía iluminar a la especie humana durante milenios. Y la permanente cantinela de Jiddu Khrisnamurti sobre que no hay gurús, ni vías hacia la verdad, que todas las religiones son falsas y que la verdad está dentro de ti, se olvidó. Entonces llegaron los productores y guionistas de Zeitgeist y nos lo colocaron en las primeras escenas de su Addendum.

Imaginen la grabación con la que Khrisnamurti rompe el fuego del documental. Si los guionistas de Zeitgeist Addendum han recuperado al fallecido Khrisnamurti es por que comparte con ellos cierta forma de anarquismo que está muy en la cabeza del público norteamericano una de cuyas bases de su nación es precisamente la reducción del Estado a la mínima expresión y el anhelo de que el Estado intervenga lo menos posible en la vida de los ciudadanos. Paradójicamente, en los EEUU, el ultraconservadurismo es la ideología más cercana al anarquismo: en efecto, ambos pretenden que el Estado sea exiguo y residual. No puede extrañar, por tanto, que Zeitgeist –y el grupo activista que ha elaborado los documentales- pidiera el voto para Ron Paul, formando parte del grupo de voluntarios que promovían la “Ron Paul Revolution”… y sin embargo, Paul luchaba por la nominación como candidato presidencial por el Partido Republicano. Finalmente, McCain se quedó con la nominación, pero ahora podemos intruir que quizás, Ron Paul hubiera podido despertar entre los republicanos las mismas espectativas que Obama lo hizo entre los demócratas. Ah, pro cierto, el teóricamente conservador Paul, había militado durante años en el Partido Libertario…

Khrisnamurti empieza explicando en el documental que: “Veremos cuan importe es despertar en la mente humana una revolución radical. La crisis, es una crisis de la conciencia, una crisis donde ya no podemos aceptar las antiguas normas, los antiguos moldes, las tradiciones antiguas. Considerando el estado actual del mundo, con toda su miseria, sus conflictos, su brutalidad destructiva, su agresividad, etc, y que el hombre continúa igual, aún es brutal, agresivo, violento, competitivo, y ha construido una sociedad de acuerdo con esto”. Y termina con una frase lapidaria: “No es saludable el estar adaptado a una sociedad profundamente enferma”

Ahora bien… todo esto está muy bien, pero lo que Khrisna –y los guionistas de Zeitgeist- han olvidado es que hay algo en la naturaleza del ser humano que remite a la biología, pues no en vano nuestro sustrato es biológico, sobre el cual se eleva el pensamiento.

El razonamiento de Khrisnamurti es erróneo. De hecho, cuando atribuye a los antiguos moldes y a las antiguas tradiciones, los problemas actuales y afirma que las soluciones propuestas ya no sirven, habría que recordarle –con Julius Evola- que lo que está hoy en crisis son los modelos burgueses, los modelos de civilización que triunfaron desde 1789 y, claro está, desde la revoluión americana. Así mismo, habría que recordarle que los “antiguos moldes” y las “antiguas tradiciones” dieron lugar a sociedades extremadamente estables, mientras que la modernidad –es decir, la ruptura con las que en rigor eran “antiguas tradiciones”- han generado un mundo absolutamente inestable y en crisis generalizada. Pero, no nos engañemos: hoy la crisis es la de los valores burgueses, de la gestión del capitalismo, de los valores de la sociedad liberal y de los mitos y sugesitones progresistas. La “sociedad tradicional” es otra cosa.

Khrisnamurti, la UNESCO, Zapatero y cualquier humanista universalista del tres al cuarto, lo que afirman es que el “mal” está en el ser humano que no logra zafarse de su “brutalidad destructiva”, su “agresividad”, etc. Hoy sabemos que los instintos son necesarios para que cualquier ser biológico sea capaz de responder a los desafíos del medio: sabemos que los instintos territoriales, de agresividad, de supervivencia y reproducción de la especie son comunes a todos los mamíferos superiores. Sabemos que cualquier especie biológica se organiza jerárquicamente y se especializa. Sabemos que el comportamiento humano está regulado por hormonas y que estas hormonas tienen mucho que ver en las actitudes ante la vida. Un ser humani sin agresividad y sin instintos, no sería un ser humano sino que posiblemente estuviera más cerca del mundo vegeral que del animal. Contrariamente a lo que afirma Khrisnamurti y la progresía actual, fueron las armas y la decisión del combate la agresividad y la capacidad para afrontar los desafíos, lo que hicieron que un homínido pudiera en un remoto pasado descender de un árbol, armarse con un femur de gacela y un cuchillo hecho con mandíbula de cérvido y triunfar ante sus competidores. Las armas y la agresividad han hecho evolucionar al ser humano. Desposee a éste de aresividad y tendrás un manso corderito incapaz de afrontar los desafíos de su tiempo.

Por eso, ni Khrisnamurti da soluciones aceptables, en la medida en que en su análisis místico faltan los elementos para comprender esa naturaleza humana en la que dice que están todas las respuestas. El hecho de que la jerarquía sea algo que está presente en todas las especies biológicas superiores, hace que sí existan “gurús”, que sí existan “vías”, que sí exista “verdad”. Y la prueba es que el mismo Khrisnamurti defendía su vía, era un gurú que se vendía a precio de oro e iba acompañado de una verdad propia.

La anarquía espiritual que predicaba Khrisnamurti solamente podía ser bien acogida en los EEUU y sólo allí podía haber superado los 20 años de desaparición de quien ostentaba su copyright. Y por eso, los neo-libertarios que han elaborado el documental Zeitgeist, muchos de ellos nutridos también al calor de las doctrinas de la New Age, se han identificado con su mensaje. Pero hay un error en todo esto.

En efecto: los grandes problemas de la modernidad no tienen nada que ver con el mensaje de Khrisnamurti. A fin de cuentas, la naturaleza humana está compensada: el cerebro modula los impulsos extremos del instinto y la justicia está para restablecer los equilibrios en caso de que se rompan. Esto no le gusta a Khrisnamurti: cree que los instintos son malvados y nos impulsan indefectiblemente al abuso y a la agresividad. Y, en cuanto a la justicia, la hace un instrumento de los poderosos contra los débiles, cuando en realidad se debería a estos protegerlos para evitar que cayeran en la maldad… Y a esto algunos le llaman “filosofía de la vida”, cuando a decir verdad no pasa de ser una colección de citas extraídas de obras clásicas del orientalismo, descontextualizadas y tamizadas por el cerebro de Khrisnamurti que quería huir de los “gurús”, porque el suyo, Leadbeater, fue un miserable pederasta, quería huir de las “religiones tradicionales” porque era un mestizo espiritual, nacido en la India, educado por la teosofía ocultista y vivido en los EEUU, y por tanto, era, simplemente, un desarraigado espiritual.

En cierta forma Khrisnamurti recuerda el rol desempeñado por buena parte de los judíos separados de la sinagoga, que han renunciado a su fe tradicional y se sienten predispuestos a luchar contra todas las tradiciones. Los encontramos entre los revolucionarios de todos los tiempos, los encontramos en los movimientos artísticos más corrosivos y entre los humoristas más ácidos, desde los hermanos Marx hasta “Krusty el payaso”. Quien no tiene tradición propia, quien es un desarraigado espiritual, busca destruir todas las tradiciones como forma de igualarse por lo bajo.

Este es el principal reproche que se puede formular a los productores y guionistas de Zeitgeist Addendum: haber partido de una forma de “pensamiento débil” como base para enraizar uan crítica a la modernidad. Y en este terreno, el  documental es extremadamente débil, confusionista. Por eso hemos dicho en el título que en Zeitgeist lo mejor se confunde y se entremezcla con lo peor. Y, a todo esto, ¿qué es lo mejor del documental? La crítica al mecanismo económico.

 

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

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