Infokrisis.- Hace veinte años, la editorial Pardés publicó la traducción francesa de un libro extremadamente interesante: Les Racines Occultistes du Nazisme, un libro que apareció poco después de que la misma editorial publicara nuestra obra Nazisme et Esotérisme. Ambas obras eran, en cierto sentido, completementarias. Mientras yo me limité a sugerir una serie de posibles interpretaciones sobre el considerado “hitlerismo esotérico”, deducibles fácilmente de la lectura de los libros clásicos del movimiento nacionalsocialista, en especial que la “ariosofía” derivara de una disidencia de la teosofía alemana; Goodick-Clarke, en tanto que historiador llegaba a las mismas conclusiones avalándolas con una abundante documentación. Las tesis de ambas obras eran las mismas: si bien es cierto que el precedente del NSDAP, el DAP, fue fundado como emanación de la Logia Thule y ésta era, a su vez, la rama bávara de la Orden de los Germanos, uno de los grupos ariosóficos, no puede deducirse de todo ello que el NSDAP “hederada” los aspectos ariosóficos. Y, por lo demás, la “ariosofía” era una forma germanizada de ocultismo teosófico. Veinte años después, ambos libros, fueron editados de nuevo por Editions Pardés. Y es a partir de esta edición que hemos traducido la obra de Goodrick Clarke, de la que ofrecemos la introducción. Si alguien está interesado en adquirirla, puede ponerse en contacto con nosotros.

 

 

LAS RAÍCES OCULTISTAS DEL NAZISMO

Goodrick-Clarke

 

INTRODUCCION

Esta es una historia poco habitual. Aunque relata acontecimientos que tienen relación estrecha con los orígenes y la ideología del nacional-socialismo, en sentido estricto, no alude como temas centrales a los partidos o las organizaciones en el seno de las cuales los hombres defienden, de forma racional, sus intereses y sus ideas. Más bien se trata de una historia que tiene que ver con un universo subterráneo. Trata, en efecto, de los mitos, los símbolos y los fantasmas ligados a la génesis de las ideas reaccionarias y autoritarias de los nacional-socialistas. Es también una historia de marginales, en la medida en que los principales personales a los que aludiremos fueron místicos, videntes y miembros de sectas que vivían lejos de las realidades políticas y administrativas. Pero estos individuos supieron imaginar un sistema que con sus ideas abstrusas y sus cultos extraños, anticiparon las doctrinas y las instituciones del Tercer Reich.

Los historiadores tienden a no evaluar más que los acontecimientos concretos, las causas e intenciones racionales y frecuentemente tienden a dudar de la importancia real de esta trastienda fantasmagórica. Afirmaban que la política y la historia no están determinadas más que por intereses materiales. Sin embargo, a partir del momento en que los fantasmas quedan institucionalizados bajo la forma de creencias, de valores, de grupos sociales, se les puede considerar como causas. Los fantasmas son también vientos anticipadores no desdeñables de trastornos culturales y políticos inminentes. Los que tratamos en este libro han aparecido en el seno de un movimiento de extrema-derecha que tuvo como programa la creación de hombres superiores, el exterminio de los “inferiores” y el establecimiento de un nuevo orden. La naturaleza de este movimiento lo distingue totalmente de otras organizaciones políticas del siglo XX y lleva a interrogarse sobre su inspiración profunda. Un análisis de las quimeras subyacentes a un movimiento así puede aportar respuestas nuevas a cuestiones antiguas.

Reconstruyendo la vida, exponiendo las doctrinas, describiendo los cultos ariosóficos[1], reconstruyendo las vidas de Guido von List (1848-1919) y Jörg Lanz von Liebenfels (1874-1954) y sus sucesores en Austria y en Alemania, seguimos el encarrilamiento de estas ideas. Los ariosofistas, implantados originariamente en Viena, combinaban el nacionalismo völkish alemán y el racismo con nociones ocultistas inspiradas en el teosofismo de Helena Petrovna Blavatsky; pensaban poder profetizar y justificar así la dominación futura de los germanos sobre el mundo. Sus escritos dibujan una edad de oro prehistórica, donde sacerdotes sabios enseñaban doctrinas racistas y ocultistas y reinaban sobre una sociedad superior y racialmente pura. Afirmaban que una conspiración maléfica, procedente de las potencias anti germánicas (identificadas tanto con los no-arios como con los judíos, es decir, con la Iglesia primitiva), había pretendido sistemáticamente arruinar este mundo ideal provocando la emancipación de los pueblos inferiores en el nombre de una ilusión igualitaria. La confusión racial que habría resultado debía inaugurar los tiempos históricos con sus guerras, sus privaciones, su incertidumbre política, y frustrar a los germanos de su derecho a la dominación mundial. A fin de hacer frente a este mundo nuevo, los ariosofistas fundaron órdenes religiosas secretas consagradas a revivir el conocimiento esotérico perdido y las virtudes raciales de los antiguos germanos, así como a la edificación de un nuevo imperio pangermánico.

La evolución de la sociedad en la cual vivían era para los ariosofistas un tema que despertaba grandes inquietudes. Existe un lazo evidente entre sus ideales y los males de los nacionalitas alemanes en el imperio austro-húngaro de los Habsburgo hacia finales del siglo XIX. Factores tales como el catolicismo, las transformaciones urbanas e industriales rápidas, los conflictos de intereses entre alemanes y eslavos en un Estado multinacional, el ascenso del pangermanismo austriaco bajo la batuta de Georg von Schönerer y la ola de social-darwinismo y de sus preceptos racistas, ejercieron igualmente una influencia decisiva sobre su pensamiento. El importante papel jugado por el ocultismo en sus doctrinas supone, ante todo, el deseo de conferir una legitimidad sagrada a sus posiciones políticas extremas y a su reacción profunda contra la época en que vivieron. Los principales fantasmas de los ariosofistas fueron las nociones de elite y de pureza y la certidumbre de tener una misión frente a la conspiraciones, todo ello sobre un fondo milenarista.

Esta introducción está destinada a plantear un examen detallado de la ariosofía que situaremos en el contexto de nacionalismo, antiliberalismo, pesimismo cultural y racismo propio de la época en que fue concebida. Nuestro punto de partida será el movimiento völkisch que, a partir de estas diversas corrientes, construyó un sistema ideológico coherente. En su intento de definir la ideología völkisch, Georges L. Mosse[2] ha acentuado las connotaciones espirituales de la palabra “Volk”. En el curso del siglo XIX, este término ha significado para los alemanes , mucho más que su traducción literal, a saber, “pueblo”: ha representado más bien a la colectividad nacional inspirada por la misma energía creadora, los mismos sentimientos y la misma concepción del hombre. Estas mismas características tendían a definir la esencia cultural verdadera del pueblo alemán. El retraso que sufrió la unificación de Alemania así como una reacción romántica ampliamente extendida contra la modernidad, incitaron a numerosos teóricos políticos a reflexionar sobre la noción de Volk.

La desunión de Alemania, en esta época, aparecía claramente cuando se considera el mosaico de pequeños Estados particularistas que, con Prusia y Austria, constituían el Sacro Imperio Romano Germánico hasta su disolución en 1806. Tras la derrota de Napoleón, esta situación fue a penas modificada por la creación de una confederación germánica con lazos bastante distendidos para permitir a los Estados miembros proseguir vías separadas. Si los resultados del Congreso de Viena frustraron a los nacionalistas alemanes de 1815, sus esperanzas fueron de nuevo decepcionadas tras las revoluciones de 1848. En razón de la lentitud de esta progresión hacia la unificación política, los alemanes concibieron cada vez más la unidad nacional en términos culturales. Esta tendencia había empezado a manifestarse a finales del siglo XVIII, cuando escritores del movimiento pre-romántico Sturm und Drang subrayaron con que el parentesco entre todos los alemanes aparecía nítidamente en los cantos populares, las costumbres y la literatura. Pintaron un cuadro idealizado de la Alemania medieval para mostrar que su pretensión a la unidad espiritual estaba perfectamente justificada, incluso aunque jamás hubiera existido unidad política. Esta insistencia en el pasado y en las tradiciones confiere una impronta fuertemente mitológica a la causa de la unificación[3].

Cuando Bismarck proclamó al rey de Prusia como Emperador del II Reich en 1871, la unidad nacional parece finalmente realizada. Pero el nuevo Estado resulta decepcionante para numerosos alemanes. La anticipación idealista de la unidad había alimentado esperanzas utópicas y mesiánicas, a las cuales no podían responder las realidades prosaicas de la administración pública. Los sentimiento casi religiosos que habían animado esta espera no podían encontrar plasmación en los asuntos corrientes, gubernamentales o diplomáticos. Sentían que la unificación política bajo la égida de Prusia no había suscitado, contrariamente, a lo que se había pensado, este nacionalismo exaltado que habría debido ser su consecuencia. Además, el nuevo Reich estaba fervorosamente ocupado en la edificación de su industria y de sus ciudades, actividades puramente materialistas que destruían la vieja Alemania rural, mundo idílico a los ojos de los cantores románticos de la identidad alemana. El medievalismo falseado del Emperador, sus buques de guerra modernos, el Gründderstill en arquitectura, muestran perfectamente esta tensión entre lo antiguo y lo nuevo en el II Reich. Tras la extravagancia del aparato real y las fachadas pomposas, se descubrían las realidades de una revolución industrial acelerada.

Austria había sido excluida del nuevo Reich dominado por Prusia y, en los dos países, numerosos nacionalistas habían experimentado una viva decepción. La esperanza de una Gran Alemania había sido hundida en 1866 cuando Bismarck confirmó el ascenso de Prusia tras una victoria militar sobre Austria, obligando a esta a retirarse de los asuntos alemanes. La posición de los nacionalistas alemanes en Austria-Hungría se convertía a partir de ese momento en problemática. En 1867, los húngaros obtienen la garantía de su independencia política en el interior de un estado doble. El desarrollo del movimiento pangermanista en Austria en el curso de los decenios que siguen refleja el dilema al cual estaban confrontados los alemanes de este país en el interior de un Estado donde debían codearse con eslavos. El programa de este movimiento proponía la secesión de las provincias germánicas del imperio de los Habsburgo y su incorporación al II Reich. Este proyecto será culminado, por lo demás, mediante el Anschluss de Austria al III Reich en 1938.

También se percibe en la ideología völkisch una reacción general contra la modernidad. El desarrollo económico de Alemania y Austria había sido tardío en comparación con el de los demás países occidentales. En razón de la supervivencia de comportamientos y de instituciones precapitalistas en estos dos Estados, la modernización imponía un esfuerzo particular a los que se identificaban con el orden tradicional y rural. Muchos despreciaban la modernización por que el desarrollo de las ciudades y el de las fábricas que proliferan por todas partes, les cortaban de sus raíces, perturbaban su sensación de seguridad y amenazaban su estatus social. El liberalismo y el racionalismo eran también rechazados pues tendían a desmitificar las instituciones consagradas y a desacreditar las creencias aceptadas y las autoridades reconocidas. Esta revuelta antimodernista fue analizada en los escritos de tres importantes profetas del nacionalismo alemán: Paul de Lagarde, Julius Langbehn y Moellen van den Bruck[4].

El racismo y el elitismo tenían también su lugar en la ideología völkisch. Se explotaba la existencia de diferencias entre las razas para justificar las pretensiones de superioridad nacional. Desde que la antropología y la lingüística hubieron ofrecido criterios  empíricos para la clasificación de las razas, estas pretensiones se convirtieron en argumentos fundamentales de los panegíricos völkish sobre la raza germánica. Se estableció una relación entre las características físicas de los tipos raciales y algunas cualidades morales: así, los Arios (esto es, los germanos), con ojos azules, cabellos rubios y bien proporcionados, eran nobles, honestos y valientes. Se recurrió a la idea darwinista de la evolución mediante la lucha para demostrar que las razas puras y superiores prevalecerían sobre las razas inferiores y mestizas. Estas concepciones facilitaron el ascenso del antisemitismo político, por lo demás muy estrechamente ligado a los esfuerzos de modernización. Los conservadores pudieron descargar sobre el pueblo judío la cólera que albergaban a causa de las consecuencias deletéreas generadas por las alteraciones económicas, difamándoles y acusándoles del hundimiento de los valores y de las instituciones tradicionales. Los racistas afirmaron que los judíos no eran sólo una comunidad religiosa, sino también un grupo biológicamente diferenciado de otras razas[5].

Las raíces políticas de los ariosofistas se hundían en el terreno del movimiento völkish y del pangermanismo austriaco. Su respuesta reaccionaria al problema de las nacionalidades y a la modernidad les conducía a concebir un imperio pangermánico en el cual sería negada a los no alemanes y a las clases inferiores toda pretensión a la emancipación o a la representación. Si compartían con el conjunto del movimiento völkisch sus teorías sobre la excelencia racial de los ario-germanos, su antiliberalismo y su ansiedad frente a las transformaciones económicas y sociales, es necesario precisar que su ocultismo es un elemento original que corresponde, a su manera, a la voluntad de defender la validez de un orden social precario y obsoleto. Las ideas y los símbolos de las teocracias antiguas, de las sociedades secretas y de la gnosis mística del rosacrucianismo, de la khabala o de la francmasonería fueron pues combinadas con la ideología völkisch a fin de aportar la prueba de que el mundo moderno estaba fundado sobre principios malvados y erróneos, exponer las instituciones de un mundo ideal y alabar sus valores. La confianza que depositaron los ariosofistas en estos materiales semireligosos para legitimar sus posiciones muestra su necesidad de referencias absolutas para concebir una organización normal de la sociedad: indica también su profunda desilusión frente a la época en que vivieron.

En tanto que reaccionarios románticos y milenaristas, los ariosofistas se mantenían al margen de la acción política, pero sus ideas y sus símbolos penetraron, a finales de la era Guillermina, en varios grupos nacionalistas y antisemitas de entre los cuales, a finales de la Primera Guerra mundial, iba a emerger, en Munich, el Partido Nacional-Socialita. Veremos en esta obra como la ariosofía sobrevivió gracias a las publicaciones y a los contactos interindiviaules que suscitó. Examinaremos también la posibilidad de una influencia de List y de Lanz von Liebenfels sobre Hitler durante su estancia en Viena antes de la guerra. La ariosofía continúa siendo mantenida en los años veinte por pequeñas agrupaciones que propagaban las religiones racistas y sus misterios durante la República de Weimar en la esperanza de que se produjera un renacimiento nacional. Dos ariosofistas, al menos, mantuvieron relaciones estrechas con el Reichführer-SS Heinrich Himmler en el curso de los años treinta, aportando su contribución a sus proyectos en los dominios de la prehistoria y del ceremonial de la SS así como a sus planes visionarios para el Gran Reich Germánico del tercer milenio. Las fantasmagorías de la ariosofía pueden ser consideradas como síntomas de la ansiedad y de la nostalgia de una época y, como constataremos, aclaran el mundo mítico del III Reich.

 

© Goodrick Clarke – Les Racines Occultistes du Nazisme – Ed. Pardés – París 1986

© Traducción al castellano Ernest Milà

 

NOTAS DEL CAPITULO



[1] El término “Ariosofía” que ,literalmente significa “sabiduría oculta de los Arios”, fue inventado por Lanz von Liebenfels en 1915 y se convirtió en la etiqueta de su doctrina en los años veinte. List llamaba a su propia doctrina “armanismo” y Lanz utiliza los términos “teozoología” y “ariocristianismo” antes de la Primera Guerra Mundial. En este libro, utilizaremos el nombre de “ariosofía” para definir las doctrinas racistas de ambos y de sus sucesores.

 

[2] George L. Mosse, The Crisis of German Ideology (New York, 1964), págs. 1-10.

 

[3] La mobilización del sentimiento nacional alemán en medio del canto coral, de la edificación de monumentos, de los concursos de tiro, de gimnasia y de otras festividades públicas, es estudiado en George L. Mosse, The Nationalization of the Masses (Nueva York, 1975).

 

[4] Fritz Stern, The Politics of Cultural Despair (Berkeley, Calif., 1961).

[5] Peter G. J. Pulzer, The Rise of Political Anti-Semitism in Germany and Austria (New York, 1964).

 

 

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