Infokrisis.- Estamos traduciendo una pequeña obra de Louis Charpentier -autor de libros publicados en los años 70 y 80 con títulos como El Misterio de la Catedral De Chartres, Los Gigantes y el Misterio de los Orígenes, El misterio Vasco, El Misterio del camino de Santiago y Los misterios Templarios- titulado El Misterio del Vino cuyo nombre ya es de por sí elocuente. La obra es singularísima porque explica todos los tradiciones que giran en torno al vino. El último capítulo sintetiza, en buena medida, lo que el vino ha constituido para la tradición occidental y que se resume en el tema del Graal. Y es justamente en estos momentos cuando la ola de confusión que cierta literatura novelesca de muy mala calidad ha difundido en torno al Graal, es de agradecer el retorno de quien como el fallecido Charpentier nos remite al "verdadero camino". Por eso reproducimos el capítulo que constituye el último de esta obra.

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El Grial

El hada o diosa gala Kerridwen era la personificación de la naturaleza e inspiradora de la poesía: preparaba en un caldero sagrado el brebaje de la sabiduría. Era una mixtura (gréal), compuesto, al parecer, por seis plantas mágicas que era preciso dejar hervir durante todo un año.

Un día, mientras que iba a recoger hierbas, dejaba el caldero a cargo de su enano Gwion. Pero, desgraciadamente, el enano removiendo el precioso brebaje, hizo caer tres gotas sobre sus dedos. Instintivamente, se llevó los dedos a la boca y, por ello, adquirió el Conocimiento.

Luego huyó. Perseguido por Kerridwen, una lucha con metamorfosis incluidas, se entabló entre ellos. Finalmente, Gwion, a fin de escapar a la magia, se transformó en grano de mijo que, ella convertida en gallina, comió; nueve meses después, tuvo un hijo. Taiesin, que más tarde sería el gran maestro de la sabiduría, un druida sabio entre todos.

Este caldero de Kerridwen, es igualmente el caldero de Lug; el caldero de la abundancia, el constructor, el mago. Es el Lug del largo brazo, el operativo. Hay un caldero en el cual hierven estas pociones que curan enfermos y heridos, que resucita a los muertos, el primero de los griales… Es médico y alquimista” (1).

Con los cristianos, el caldero donde se prepara el brebaje divino se convierte en el vaso sagrado que Cristo había designado a sus apóstoles invitándolos a beber, “li vaissiaus u Jesús sacrifioit”, aquel donde se ofrecía a sí mismo.

La leyenda cristiana de la Edad Media quiere que José de Arimatea haya recogido, en este mismo vaso, la sangre de Cristo que manaba del corazón traspasado por la lanza de Longinos: “Et la sanc qui en dégoutait mist en son vaisiel”.

El Grial es pues el instrumento de una comunión con el mundo sobrenatural; hubo conservado, por otra parte, los caracteres esenciales del caldero sagrado de las antiguas religiones célticas: da la sabiduría y, sobre el plano material, posee el poder de curar y apacigua la sed y el hambre. Así, cuando José de Arimatea sea encarcelado durante cuarenta y dos años sin que ningún alimento le sea dado, bastará contemplar el Grial que había guardado, para no tener necesidad ni de alimento ni de bebida.

“La historia de las cruzadas revela que, tras la toma de Ascalón, un vaso sagrado correspondió a los genoveses, un vaso de forma octogonal, de oro, y de este vaso nació la leyenda del Grial… (2).

Por otra parte el tesoro de la catedral de Valencia, en España, dice poseer el verdadero Graal, que es igualmente un muy bello caliz de oro adornado con piedras preciosas, que me ha sido dado admirar.

Este vaso maravilloso, lo volvemos a encontrar a finales del siglo XII, en los relatos de Chretien de Troyes:

Perceval, que cabalga solo en busca de aventuras, llega, una tarde, a la orilla de un amplio río que no puede atravesar. Ve una barca sobre la que se encuentran dos hombres. Uno de ellos le ofrece hospitalidad: es el que se llamará el “rey pescador” o rey méhaigné (herido).

Cuando el joven caballero llega al castillo de su huésped, le acogen servidores, despojándolo de su armadura y revistiéndolo de un manto escarlata. Luego, es conducido en la gran sala del castillo, donde, nos dice Chrétien, había lugar para cuatrocientos caballeros. El señor que le ha invitado, anciano y casi enfermo, esta recostado sobre un lecho, ante una chimenea donde arde el fuego. Ruega a Perceval sentarse a su lado. Y allí ocurre una escena extraordinaria:

Un valet (3) entra, manteniendo por medio de un mango una lanza escarlata. En la punta de esta, una gota de sangre discurre lentamente a lo largo de la lanza, hasta la mano del valet.

Le siguen dos hermosos jóvenes llevando cada uno de ellos, candelabros de oro donde arde un gran numero de velas. Una joven les sigue detrás de ellos:

Un graal antre ses deux mains

Une damoiselle tenoit,

Que avuec les valsez venoit,

Bele et jante et bien acesmée (4).

Quant elle fut leanz antrée

Atot le graal qu’elle tint,

Une si granz clartez i vint

Qu’aussi perdirent les chandoiles

Lor charté come les estoiles

Quant li solauz lieve ou la lune (5).

Según Chétien de Troyes, el Graal era de oro puro. La joven que lo lleva es seguida de otra que sostiene una pequeña bandeja plana.

Se sirve una comida suntuosa… Y al día siguiente Perceval se pone en camino hacia la corte del Rey Arturo donde le esperan numerosas aventuras.

La muerte prematura impidió a Chrétien de Troyes terminar su relato.

Inmediatamente después suyo, a principios de siglo XIII, Wolfram von Eschenbach recuperó el mismo tema y concluyó el relato. Según la antigua leyenda germánica, Titurel habría levantado un templo al Santo Grial, en Montsalvat, y lo habría confiado a la guardia de doce caballeros templarios. Pero una tradición quiere que von Eschenbach diera como marco a su canción de gesta, el monasterio de San Juan de la Peña, cerca de Jaca, en España, morada de los templarios, guardianes del Grial, y donde aún pueden verse, esculpidos en el monasterio, sus enseñas

Para el poeta, el Grial es una piedra maravillosa “que en su esencia es toda pureza”, que sana e impide morir.

En su relato, el cortejo que recorre el castillo es mucho más fastuoso que en el de Chértien; la reina, Repanse de Joie, está precedida por jóvenes magníficamente vestidas y “sobre un pañuelo verde esmeralda, lleva un objeto tan augusto que el paraíso no sería más hermoso. Este objeto, se llamaba el Grial”. Lo coloca sobre la mesa tallada en jacinto.

“Tres tablas han llevado al Grial. Una es redonda, la otra es cuadrada y la tercera es rectangular, y las tres tienen la misma superficie…”

“Y estas tres mesas están presentes en el plano de Chartres, siendo el medio de construcción más extraordinario y, por así decirlo, más extravagante que me he atrevido a describir” (6).

Existe igualmente una “leyenda según la cual el Grial habría sido tallado en una esmeralda desprendida de la frente de Lucifer (Lux, lucis y fero: el que lleva la luz), al caer junto a los ángeles rebeldes a las esferas de la luz increada…” (7)

“De textura hialina, esta gema preciosa entre todas debe su color verde al spiritus mundo, al espíritu del mundo que se introdujo como en un vaso de elección” (8).

Y esto plantea una cuestión: ¿qué era pues el Grial, este vaso misterioso del que se busca siempre su exacto significado? ¿Era el caldero sagrado donde los celtas preparaban sus “medicinas universales”? ¿O más bien era la copa que, tras haber contenido el vino de la Cena, hubo recogido la preciosa sangre de Cristo? ¿O la esmeralda, esta piedra preciosa como no hubo jamás, caía de la frente de Lucifer? ¿O según Wolfram von Eschenbach, la piedra maravillosa?

¿Continente o contenido?

Es evidente que “la leyenda cristiana del Grial no es más que una adaptación de una leyenda celta muy anterior. Y la palabra Graal es, en sí misma, un vocablo celta.

“Su origen no es, sin embargo, ciertamente céltico. Puede ser muy bien anterior. En mi opinión esta palabra deriva de la raíz “Car” o “Gar”, que significa “piedra”. El Gar-Al, o Gar-El, podría haber sido el vaso que contuvo la piedra, o el vaso de piedra (Gar-Al), o la piedra de Dios (Gar-El)” (9).

Sea como fuere, es indudable que el símbolo es alquímico, tal como nos permiten pensar todos los poemas y leyendas que giran en torno a la preciosísima copa.

En el relato de Chrétien de Troyes, en la procesión que atraviesa la gran sala, una joven lleva el Grial de oro puro, otra sigue llevando una bandeja de plata; el sol y la luna, los dos padres herméticos de la piedra filosofal. Y la lanza, indispensable para la obra alquímica, aún manchada con la sangre del dragón.

Y más adelante en el poema, Perceval, apoyado sobre su lanza, contempla –sin entender exactamente lo que está viendo- la sangre que ha extendido sobre la nieve blanca, una oca herida. El caballero está fascinado por estos dos colores, rotundos bajo el sol de invierno: el blanco y el rojo.

En la novela gala de Peredur, un pato había resultado muerto; sobre la nieve manchada con su sangre, se abatió un cuervo. Como Perceval, Peredur se detuvo a fin de mirar el cuervo negro, la nieve blanca y la sangre roja.

Es fácil reconocer en todo esto los tres colores alquímicos; en Chrétien, solamente aparecen dos: la obra al blanco y la obra al negro.

Para Wolfram von Eschenbach, es, como hemos visto, la piedra de “toda pureza, que cura e impide morir”, virtudes características de la piedra filosofal.

Y para nosotros cristianos, es el vaso sagrado que ha contenido el vino precioso de la Cena: la sangre de Cristo. Vino que cura el alma y le da la vida eterna.

En realidad, la solución del enigma nos es dada en el portal norte de la catedral de Chartres, el portal de los iniciados: Melquisedech lleva el Grial, el “santísimo vaso”, de donde emerge, perfectamente visible, la piedra filosofal. “Es el Santo Grial, es la gracia del Espíritu Santo”, tal como había dicho San Bernardo.

(1) Los Gigantes y el misterio de los orígenes. Ed. Plaza & Janés.

(2) El Misterio de la Catedral de Chartres, Ed. Plaza & Janés.

(3) En esta época, valen tiene el sentid de joven gentilhombre,

(4) Acesmée: adorno y de noble porte.

(5) Chrétien de troyes, Perceval le Gallois.

(6) Los gigantes y el misterio de los orígenes, Ed. Plaza & Janés.

(7) E. Canseliet, Alchimie, Ed. J.J. Pauvert.

(c) Por la traducción: Ernesto Mi,à - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

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