Infokrisis.- Dolors Bramon es profesora de Estudios Árabes e Islámicos. El Institut d’Estudis Catalans le acaba de publicar el libro De quan érem o no musulmans en el que intenta demostrar los “orígenes musulmanes de Catalunya”. Algo, realmente complicado y, si se nos apura, grotesco. Pero, en estos tiempos de falsificación de la historia, a fin de cuentas ¿qué más da una enormidad más si contribuye a la Catalunya mestiza, multicultural y multiétnica?

”Nuestros antepasados, con un gran tanto por ciento de probabilidades, eran andalusíes, o dicho de manera vulgar eran 'moros'; una palabra que no tenía connotación despectiva. Eran tan æmoros' como los del Ebro para abajo. Y en Cataluña se tiene tendencia a olvidarlo." Y, ya puestos en vareda, añade: "Tan andalusí fue Barcelona como Tortosa; Tortosa como Córdoba, y Lleida como Granada. Simplemente -matiza Bramon- unas lo fueron más años y otras, menos."

Cada cual es libre de elegir “sus” tradiciones y la Bramon ha elegido la tradición islámica. Es admisible, aunque mucho menos es falsear la historia y retorcer los argumentos ignorando cualquiera que choque con la tesis que se aspira a imponer. Por aquello del “rigor”, la Bramon reconoce que no puede demostrar, que durante una época la mayoría de la población catalana era musulmana, pero que lo cree a pie juntillas.

Por supuesto, para la Bramon "la tolerancia era mayor en territorio andalusí que en territorio cristiano"… olvidando las persecuciones de Hixen II o la “noche del foso” de Toledo.

Cada cual demuestra lo que quiere demostrar realizando una selección interesada de pruebas a las que da un valor abusivo. Así que no vale la pena comentar el libro que puede ser arrojado en el montón de engendros pretenciosos. Es significativo que la obra haya sido publicada por el Institut d’Estudis Catalans, inseparable de quien gobierne en el Palau de Sant Jaume.

Ni una palabra, por supuesto, sobre la presencia de tribus íberas durante siglos, ni mucho menos sobre la presencia griega, ni sobre la latinización de la Tarraconense, ni mucho menos nada sobre los tres siglos de presencia visigoda que hicieron de Barcelona capital del reino durante algunos años. También olvida que fue precisamente en la Septimania donde tuvo lugar la rebelión del conde Paulus y que fue allí también en la Catalunya visigoda en donde reinó durante tres años Akhila, el último rey godo, sucesor de Roderic, muerto afrontando las huestes de Tarik y Muza.

Todo esto se produjo en algo más de 1.500 años… que no dejaron huellas para la Bramon. Y esto es lo más gracioso…

Si, porque Barcelona estuvo en poder de los musulmanes apenas de 70 años que para la Bramon bastaron para “islamizar” a toda la población. Hay que decir que, efectivamente, al parecer muchos barceloneses se convirtieron al Islam para evitar pagar impuestos… de la misma forma que, las tradiciones barcelonesas, cuentan que cuando las tropas de Luís el Piadoso se encontraban ante los muros de la ciudad, los propios barceloneses asaltaron el palacio del rey Gamir –tenido como el último rey moro- y lo ejecutaron, evidenciando la profundidad de su fe islámica… Y ¿qué decir del asedio y saqueo de Barcelona por Almanzor (Al-Mansur) y la posterior expedición catalana contra Córdoba en respuesta?

Para la Generalitat la historia es como un timón: como él, hacia donde se le da, gira. Los cerebros que planifican la política catalana han percibido que soplan vientos de islamización, ¡qué importa si desde los minaretes se predica en catalán! El asunto es coger el tren en marcha  intentar convertir a los islamistas en buenos votantes de ERC o del PSC. El problema es que, desde los minaretes se predicará… en árabe, como la Bramon sabe y debería de haber recordado a quienes le han pagado el libro, la lengua sagrada del Islam no es el catalán sino el árabe.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@hotmail.com – http://infokrisis.blogia.com

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