Dalí entre Dios y el Diablo (VI): Encuentros con lo siniestro

Publicado: Miércoles, 23 de Enero de 2008 18:27 por Ernesto Milá en CULTURA

Infokrisis.- A mediados de los años 60, Dalí empieza a tener relaciones problemáticas en el mundo del arte y de la cultura. Todos sus amigos pertenecen a círculos enfermizos, artistas problemáticos, directores de cine y músicos arrastrados por una sexualidad anómala. Es en estos años en donde Dalí se extravía, sus intuiciones intelectuales se dilapidan en un mundo de neurosis de base sexual que nada aportarán al pintor y que terminarán arrastrándolo al fango miserable en el que permanecerá en sus últimos años de vida. Su búsqueda espiritual se ha saldado con el fracaso.

VI

ENCUENTROS CON LO SINIESTRO

"A Dalí y Gala

les encantaba corromper a la gente" 

(Un "daliniano")

Algo ocurrió en el interior de Dalí hacia principios de los años sesenta... El pintor vive un momento de gloria. En 1963 tendrá un "éxtasis místico" en la estación de Perpignan y le llueven los encargos, honores y reconocimientos. Se interesa en 1964 por las imágenes holográficas y conoce a su inventor, el físico Denis Gabor. En 1966 se organiza en su honor una exposición en la Galería de Arte Moderno de Nueva York. Realiza múltiples actividades, incluso recibe 10.000 dólares por anunciar una marca de chocolate en la TV francesa: "Estoy loco, completamente loco... por los bombones Lanvin"[1]. Pero también se dedica al diseño de joyas, muebles, ceniceros, incluso bañadores; cualquier actividad, en definitiva, que pueda dar dinero. Sus apariciones en películas merecen, así mismo, que los productores le paguen cantidades similares por breves que sean las intervenciones. Sus ingresos a principios de 1970 se calculan en 500.000 dólares anuales, cifra extraordinaria en la época.

Sigue desarrollando los contenidos de su "Manifiesto Místico" que amplió con un "Manifiesto de la Antimateria". En esa época ha ido pintando a Gala desmaterializada y convertida en corpúsculos en multitud de obras. Pero algo ha ocurrido en su interior, algo que se evidencia a través de su ritmo de vida. A principios de los años sesenta, Gala hace una vida bastante independiente y deja de acompañarlo en sus cenas a los mejores restaurantes de los lugares donde reside. Dalí no es un hombre que haya cultivado las amistades. Todos los que lo conocieron, destacan su carácter difícil, agravado por la presencia de Gala, que, tarde o temprano, terminaba enfrentándose a quien Dalí deparaba más atenciones. Quería que estuviera concentrado en su obra, que siguiera representando el papel de Salvador Dalí Genio y cualquier cosa que pudiera humanizarlo -la amistad, por ejemplo- le producía pavor. A falta de amigos íntimos Dalí se rodea de "dalinianos", admiradores incondicionales para los que la proximidad del genio es suficiente recompensa, a pesar de las crueldades que él y Gala solían prodigarles. Dalí los desprecia y no pierde ocasión en ridiculizarlos incluso en público. Ellos, las más de las veces, ríen sus sarcamos. Todos ellos y algunos "extras" contratados por Du Barry o por sus secretarios, forman la "Corte". Cada noche le acompañan a un lujoso restaurante. El se sitúa en un trono, siempre sobre ellos; les atribuye un apodo que tiene que ver con sus rasgos físicos, valores o con la inspiración del momento. Con algunos -habitualmente con los "extras"- monta luego sus "masas eróticas" por puro placer banal y voyerista. Luis Romero cuenta que visitó a Dalí en el Hotel Ritz de Barcelona y el pintor, orgulloso, le mostró una bañera llena de caracoles que se paseaban sobre los cuerpos desnudos de modelos. Y así desperdicia buena parte de su talento y se rodea de gentes que poco o nada pueden ofrecer a su intelecto y que, en el fondo, ni entienden su pintura, ni pretenden otra cosa que aproximarse al genio: "Si son tan burros que no aprecian por sí mismos los auténticos valores de mis obras, merecen el castigo de que me burle de ellos".

Dalí empieza a banalizar su arte. Pero incluso aquí está presente la componente mágica. En tal contexto se genera el "Tarot Dalí" y el pintor, en la pendiente de su decadencia personal, traba relaciones con personajes, cuanto menos, curiosos. Se diría que, en esta época, su neurosis sexual, latente ya desde su infancia y que fue atenuada, primero por la presencia de Gala y posteriormente por su inmersión en el Período Místico, se ha disparado y avanza descontrolada, ocupando cada vez más áreas en su personalidad.

Dalí en aquella época había dejado atrás su período místico y se encontraba subsumido en un universo extraño, rodeado de personajes que muy poco le podían aportar, frecuentemente advenedizos o simplemente gentes que le ayudaban a satisfacer en alguna medida sus obsesiones voyeristas. Había poca gente capaz de enseñarle algo nuevo -todavía no conocía a René Thom, Francesc Pujols estaba muy anciano y retirado en su "Torre de las Horas" de Martorell y no había vuelto a ver al noble rumano Matyla Ghyka- y, desde luego, estos no estaban entre los habituales de su "corte" en la que empezaban a prodigarse algunas polémicas figuras del entorno de Andy Warhol: Isabelle Dufresne, a la que Dalí había apodado "Ultra-Violet", uno de los polos de atracción, y en algún momento Candy Darling, travestí muy popular en el entorno de Warhol, muerta de cáncer de colon a los pocos meses y a cuyo entierro Dalí envió un suntuoso ramo de flores. Amanda Lear, más adelante, estrecharía sus vínculos con Warhol y volaría hasta la "Factory" de éste en Estados Unidos, verdadero centro de sus actividades artísticas. Desde allí, Warhol dirigía la revista "Interview" en uno de cuyos números entrevistó a Dalí que aparecía en portada junto a Gala. En realidad, Warhol y el pop-art eran altamente deudores de Dalí. Tras las serigrafías reiterativas de las sopas Campbel, Marylin o una silla eléctrica, lo que se percibe es la "idea obsesiva" propia del método paranoico-crítico y otro tanto ocurre en otros artistas de la misma escuela (Oldemburg, Wesselman y algún otro)

Warhol y Amanda Lear, compartían en aquellos tiempos su afición por el LSD. Dalí no aprobaba enteramente esta adicción, frecuentemente decía que el suyo era un poder alucinógeno superior al LSD y sin necesidad de consumir drogas. Sin embargo, esto no le impedía reconocer que había encontrado en Warhol una especie de alma gemela, algunas de cuyas preferencias sexuales compartía.

AMANDA LEAR, "TRAVESTI NACIDO EN TRANSILVANIA"

El Tarot atribuido a Dalí es uno de los que han experimentado más difusión en los últimos diez años; sin embargo muy pocos conocen su origen y llama la atención que, tratándose de uno de los tarots más conocidos a nivel popular -se han hecho multitud de reediciones y distintas revistas y diarios lo han puesto en el mercado "por entregas"- muy pocos especialistas en cartomancia lo utilizan; es habitual entre estos calificarlo con unas palabras tan reiterativas como definitorias: el "Tarot Dalí no tiene buenas vibraciones", "hay algo en él que es negativo, extraño", no ha faltado quien nos lo definiera como "satánico". La ambigüedad del "Tarot Dalí" no es sino un reflejo de la ambigüedad espiritual del pintor.

Es suficientemente conocido que muchos surrealistas eran grandes aficionados al Tarot; Gala -ya lo hemos dicho- creía firmemente en la capacidad adivinatoria de las cartas y en la suya propia. Para ella no se trataba de un juego, ni mucho menos de algo frívolo o banal: era el patrón a través del cual analizaba su vida y la de Dalí, día a día, actuando según el dictado de los naipes. Gala -y esto resulta incuestionable- creó en Dalí el interés por las cartas del Tarot, hasta el punto de que el mismo pintor, se dejaba dirigir por las predicciones que su esposa le realizaba diariamente al despertar.

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(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

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