Infokrisis.- En este capítulo abordamos un área básica en la vida de Dalí: su relación con Gala.  Había algo anómalo en aquella relación, algo que se escapa a la sexualidad habitual. De hecho, la Gala real estaba muy lejos de la Gala idealizada por Dalí como figura andrógina perfecta.  Nuestra tesis es que la base de la atracción entre ambos  era de carácter mágico. Duró  casi 40 años  y cuando se rompió se transformó en una corriente de odio mutuo que amargó sus últimos años.

 

V

GALA-DALI:

El misterio del AMOR MAGICO

 

"En el erotismo hay dos fuentes de creación:

el miedo, la angustia de la muerte.

Y la pasión erótica.

Y las dos están presentes, constantemente, en mi obra"

Salvador Dalí

 

 

         Es indudable que sin la proximidad constante de Gala durante cincuenta años, la obra de Dalí hubiera discurrido por otros derroteros imposibles de vislumbrar. Suele decirse que Gala influyó negativamente en la obra de Dalí y que, sin su apremio, la producción del pintor hubiera sido más limitada y por consiguiente más meditada, factores que hubieran contribuido a una mayor cotización tras su muerte. Se acusa a Gala de haber inducido a Dalí a derivar su creatividad hacia actividades de dudoso gusto: joyería, escaparatismo, creación de objetos de regalo, etc... Pero también es cierto que sin la presencia de Gala, no hubieran visto la luz muchos de los mejores cuadros del mago de Port Lligat en los que la imagen de la que pudo ser llamada con propiedad "musa", se repite casi obsesivamente, nunca habrían sido pintados ni las dos "Madonas de Port Lligat", ni la "Assumpta Corpuscularia Lapislazzulina",  ni la "Leda Atómica", de las que ya hemos hablado, ni otras muchas telas más en las que reprodujo, casi hasta su fallecimiento, los rasgos de su amada. Es posible incluso que el carácter de Dalí le hubiera sumido en depresiones, accesos compulsivos de timidez e incluso en el abandono de la actividad como pintor o un suicidio precoz como su amigo, René Crevel; nosotros incluso pensamos, sin la presencia de Gala, el pintor no hubiera alcanzado jamás las cotas de concentración en su obra que logró. Más aún, sin Gala no hubiera existido el Salvador Dalí que conocemos.

         En la relación Gala-Dalí hay algo sublime: pocos amores, en efecto, han sido tan extremos, exaltados y sinceros como el que Salvador Dalí sintió por la única mujer de su vida, Helena Diakonoff, Helena Deluvina, llamada por él Gala, Galuchka, Gradiva, Galarina, etc. A través de éste amor, Dalí llega a situaciones de éxtasis místico como solo Dante podía haber alcanzado en la contemplación de su amada, la inaccesible y eterna Beatriz Portinari. Pero, junto a todo esto, existe un aspecto problemático, con ribetes desagradables sino viciosos, cuya presencia tiene un peso específico en la ecuación personal de Salvador Dalí. Hay que decir en su descargo -y en ello coincidimos con las apreciaciones de Ana María Dalí, hermana del pintor- que el contacto con el grupo surrealista -y más especialmente con algunos de sus miembros: René Magritte, Paul Eluard, Max Ernst, René Crevel- tuvo una repercusión favorable al desarrollo de estas tendencias problemáticas en la sexualidad daliniana, presentes ya desde su infancia; Gala procedía, inicialmente, de este entorno. 

         Pero hay otro elemento a tener en cuenta. Gala era una mujer muy particular. Estaba dotada de notables cualidades paranormales y, por lo demás, solía utilizar procedimientos mágicos para acometer su actividad diaria, como veremos más adelante. Así pues, lo esencial de las relaciones Gala-Dalí están contenidas bajo el epígrafe de la sexualidad, pero no de una sexualidad cualquiera, animalesca y primitiva, o simplemente romántica y apasionada, ni mucho menos burguesa y convencional, sino de una sexualidad mágica sobre la que existen abundantes datos: tanto documentales, como testimoniales, siendo, los más importantes, desde nuestro punto de vista, las propias telas del pintor en las que aparece su amada en distintas actitudes.

         Gala fue, a lo largo de toda su vida, una mujer libre; nunca se sintió condicionada ni coartada ante nada ni ante nadie, impuso su voluntad allí donde quiso, evidenciando frecuentemente modales groseros, bruscos o agresivos. Quienes la conocieron afirman que mostró sobradamente cualidades paranormales, mediúmnicas, y que dominaba el arte adivinatorio del Tarot. Gala solía acertar en sus predicciones con el tarot: estableció a través de este método la fama de Eluard y, mediante este método, condicionó a Dalí, día a día, durante 50 años. Era extremadamente supersticiosa y compartía este hábito con el pintor. Creía tener -y probablemente así era- aptitudes para la magia ceremonial. Dalí decía de ella: "Gala es una médium de verdad... Gala nunca, nunca, se equivoca. Lee las cartas con una seguridad asombrosa. Le predijo a mi padre el curso exacto de mi vida. Anunció la enfermedad y el suicidio de René Crevel". Cuando eso ocurría, Dalí y Gala se sentía atraídos irresistiblemente por la magia de las velas.

         En 1932, el pintor publicó un artículo sobre "El objeto revelado por la experimentación surrealista", en el cual demostraba conocer al detalle la utilización de la cera con fines mágicos. En una exposición de objetos surrealistas, Eluard había presentado un candela, Dalí, comentándolo escribe: "La cera no es solamente una de las sustancias más manejables que hay sino que antiguamente también era comida como vemos en determinados cuentos orientales; además, la lectura de algunos relatos catalanes de la Edad Media, nos muestran que la cera era utilizada en la magia donde gozaba de la reputación de provocar metamórfosis y suscitar la realización de deseos. Es bien conocido de todos que la cera era casi la única sustancia utilizada en la fabricación de efigies en brujería, efigies que eran pinchadas con agujas". Y más adelante menciona técnicas mágicas que María de Naglowska explicaba en sus conferencias de "La Coupole", en las mismas fechas que Dali escribía estas líneas para "This Quarter": "Hace falta tener en cuenta el significado de la consubstancialidad de la cera con la miel, en el hecho de que la miel es utilizada a menudo en magia con propósitos eróticos". María de Naglowska (o P.B.Randolph) en el libro "Magia Sexual", describe en cuatro ocasiones la utilidad de la "cera de abeja" con fines mágicos. La Naglowska afirma que este material es necesario para fabricar "volts" (condensadores fluídicos que deberían saturarse de energía sexual y en la construcción de "estatuillas animadas"). Dalí describe una escena a la que, seguramente, ha asistido en algún centro de reunión surrealista o en algún círculo ocultista: "Con ocasión de las sesiones de hipnotismo y de conjuraciones públicas donde se manifiestan determinadas supervivencias mágicas, es muy frecuente ver tragarse velas".

         Hemos visto la importancia de la brujería en el Empordà, territorio en el que la superstición ha estado siempre presente en los hogares. No es raro que Dalí y Gala congeniaran en este terreno: él habituado, incluso a través de sus relaciones con la famosa Lidia, a conocer directamente la superstición y la hechicería como algo propio de la mujer; ella, procedente de un país del que su hermana decía a la periodista Chantal Veuillé "los rusos son muy supersticiosos" y "ella [Gala] era supersticiosa como Puschkin, Tolstoi o Dostoievsky". Rusia fue siempre un terreno abonado para la superstición, Rasputin pudo ascender allí hasta las alcobas de la realeza; poco antes, los ocultistas "Papus" (Gerard d’Encausse) y "Maître" Philipe de Lyon, tuvieron mejor acogida que en su Francia natal; durante la revolución el "movimiento cosmista" de N. Fiodorov, difundió una especie de vampirismo y de culto racionalista a la sangre. Gala, no lo olvidemos, procedía de la Rusia profunda y tradicional, donde el chamán y el brujo, los ritos con transfondo sexual y las ceremonias neopaganas, coexistían con los iconos, los popes barbudos y la ortodoxia más venerable. Fue en su tierra natal donde emprendió -según su propia confesión, a los 15 años- la senda de lo paranormal y en aquella misma sociedad rural, debió conocer entre los sirvientes a chamanes y brujos que le transmitieran creencias y supersticiones. A partir de esa lejana fecha empieza a cultivar su "secreto". Nadie lo conoce: "El secreto de mi secreto es que no lo desvelo", había ironizado. Solo Dalí. Posiblemente, se trate, como algún analista y biógrafo ha resaltado, que su apariencia de mujer dura e inmisericorde no es más que una fachada para encubrir su verdadera debilidad interior. No estamos de acuerdo. Hay pistas suficientes que indican que el secreto de Gala es su conocimiento de las artes mágicas y el estar versada en ciencias ocultas.

GALA MEDIUM DE LOS SURREALISTAS 

         Paul Eluard, uno de los más destacados poetas surrealistas, era, como buena parte de ellos, un burgués de costumbres disipadas. Bretón, en el fondo era un puritano, apenas podía disimular el disgusto que sufría ante algunas actitudes de Eluard y de su entorno. Fue a través de él como Gala entró en el mundo de las vanguardias artísticas y una vez dentro, con el beneplácito de Eluard, pasaría de uno a otro. Al pintor italiano Giorgio de Chirico, tras contactar con el movimiento surrealista, se le hizo saber que podía disponer de Gala para lo que gustara. De Chirico no rechazó la oferta; Max Ernst hizo otro tanto. Otros muchos corazones surrealistas fueron seducidos por la misteriosa Gala, cuyo origen ruso, constituía, ya de por sí, un aliciente y verdadera garantía de exotismo y misterio. Se decía que si alguien producía una buena obra literaria es que debía haberse enamorado de Gala; también se comentaba que todo el que había sido abrazado por Gala, al cabo de nueve meses alumbraba alguna genialidad. La diferencia entre todas estos pintores y poetas a los que inspiró y la relación que sostuvo con Dalí, radica en que pasó junto a éste más de cincuenta años de su vida, mientras que con el resto, la relación fue solo fortuita.

         Al conocer Gala a Eluard, antes de la Primera Guerra Mundial, en el sanatorio suizo de Clevedel, apenas era una adolescente inquieta aquejada de una enfermedad pulmonar; lo ignoraba todo del sexo y del amor; reconoció en el poeta francés a su príncipe azul. Paul Eugene Grindel, nombre auténtico de Eluard, tenía una sexualidad extraña y atípica, que no evidenció hasta finalizada la guerra en la que combatió, primero como enfermero de retaguardia y luego como soldado del frente a petición propia. Eluard solo estaba interesado por los "menage a trois"; le gustaba ver como una mujer se acostaba con otros hombres y también relaciones entre mujeres.


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(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

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