¿Provocadores o simplemente tontorrones?

Publicado: Lunes, 15 de Octubre de 2007 17:03 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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Infokrisis.- El 12 de Octubre uno de los más de media docena de grupos falangistas convocaron a sus menguadas huestes en Donostia en un intento de destacar sobre el resto de grupos azules que languidecen en el limbo político. La izquierda abertzale vio confirmadas sus tesis: Euskal Herria sufre una “invasión españolista”. Se manifestaron e impidieron la manifestación falangista. Los azules, escoltados por la Ertzaina sobrevivieron… Pasados los incidentes no está claro si el grupo cuya presencia en Euskal Herria desencadenó los incidentes fue “provocador consciente” o simplemente “tontorrón alucinado”. No hay una tercera posibilidad.

No hay nada nuevo bajo el sol

La acción del grupo falangista en cuestión no tiene justificación. No es la primera vez que ocurren incidentes de este tipo, que siempre responden al mismo patrón: un grupo de extrema-derecha alucinado y salvapatrias acude a defender la españolidad del País Vasco convocando una manifestación en el corazón del mundo abertzale.  

En la segunda mitad de los años 90, la tropa de Ynestrillas protagonizó el mismo esquema, suscitando idéntico resultado: la Ertzaina logró salvar a los “expedicionarios” madrileños, mientras la izquierda abertzale amenazaba con un linchamiento colectivo y, a falta de poder acercarse a los “pichones”, se contentaba con utilizarlos como excusa para ejercer la kale-borroka. Ynestrillas, al menos, tenía la excusa de estar, literalmente, como las maracas de Machín, carácter y actos que le llevaron a la cárcel por motivos muy poco dignos: Un tiroteo en una discoteca a causa de una “postura de perica” y dos atracos a locales nocturnos para proveerse del cuarto y mitad que necesitaba.

Años después, cuando se estaba constituyendo el Frente Nacional y uno de sus mentores vascos que atendía al nombre-alias de “Santiago Olabarría”, aspiraba a tener un protagonismo, se preocupó de que todo el eje de la acción de este frente pasara por Euskal Herria. Eludamos la malhadada entrega de datos selectivos a una revista pro-etarra y recordemos sólo la concentración en Bilbao que terminó justo como terminaron las idas y venidas de Ynestrillas a la misma zona.

Como no hay nada nuevo bajo el sol, a este nuevo grupo falangista no se le ocurrió mejor idea que convocar a sus menguadas huestes, nuevamente –imaginación al poder- en San Sebastián. Las anteriores experiencias no habían servido de nada, ni nadie en el medio azul las tomó en consideración, ni fue capaz de reflexionar sobre ellas. No hay científicos en aquel ambiente político, ni siquiera gente que utilice el sentido común: cuando se dan las mismas circunstancias y un proceso físico se produce en las mismas condiciones de presión y temperatura, se produce el efecto esperado. Las leyes físicas también sirven en política. Ocurrió lo que tenía que ocurrir, que era, justamente, lo que había ocurrido en las anteriores ocasiones.

Tienes menos futuro que la Falange en Euskal Herria

El problema no es que un grupo de falangistas quieran ejercer su legítimo derecho a la libertad de expresión manifestándose en el lugar que lo estimen oportuno. De hecho, en una situación normal, la manifestación falangista debería haberse podido celebrar normalmente, y unos 100 individuos vestidos de las maneras más sorprendentes y demodés hubieran hecho literalmente el ridículo en San Sebastián sin suscitar el más mínimo encono, dejando su demostración como una muestra de mero exotismo político. El problema es otro y es doble.

De un lado, constatar la evidencia de que no existe libertad de expresión en Euzkadi. Cualquier cosa que haga fruncir el ceño a los abertzales e, incluso, a los nacionalistas, el ondear una bandera española, por ejemplo, constituye la excusa para desatar la guerrilla urbana. El nacionalismo –todo nacionalismo- es una forma de irracionalismo y el irracionalismo no se expresa mediante la razón, sino mediante los sentimientos, la fuerza y la intolerancia. Siempre. Eso es lo que está ocurriendo en Euskal Herria, cuya historia está tan íntimamente ligada a la del resto de España que solamente el impulso nacionalista puede retorcer la Historia y falsearla hasta el punto de presentar como contradictoria y antagónica la relación entre el resto de España y Euskal Herria. Y llegamos al segundo problema.

Los “viriles muchachotes azules” que vanamente intentaron manifestarse en San Sebastián, no eran capaces de comprender nada de nada, ni siquiera qué diantres hacían allí, ni de entender que sus actos maltrataban y arrastraban por el barro el ideal que decían defender.

Es muy difícil explicar a estos últimos mohicanos del falangismo lo que es el jacobinismo, o el error de confundir jacobinismo con unidad nacional, o el daño que supuso para la unidad nacional el Decreto de Nueva Planta, y el hecho de que el franquismo desconsiderara y relegara al terreno de los Coros y Danzas las peculiaridades y las identidades regionales.

En ocasiones, una causa se defiende tal mal que solamente hace daño al ideal que se pretende defender. Que se lo pregunten a Bin Laden. Es absurdo e inútil pedir a los falangistas que se manifestaron y a sus jefes irresponsables que los convocaron, simplemente, que piensen. Que piensen en el modelo de Estado que quieren. Que piensen que estamos en el siglo XXI y que el patriotismo que defienden –o al menos, en sus sugestiones básicas- derivan de los efectos del desastre de 1898, lejano, muy lejano como para pretender actualidad. Que sean capaces de revisar el patriotismo y adaptarlo al tiempo nuevo.

Si son tan tontos como para dar una excusa a los abertzales para sus fechorías ¿cómo diablos podrían plantearse otro problema que no fuera el de dónde comprar hoy una camisa azul con el yugo y las flechas bordadas? Tema, por lo demás, complicado… El fondo de la cuestión no es que unos descerebrados absolutos hayan querido manifestar su concepto de patriotismo yéndose a Donostia, sino que el patriotismo español precisa ser REVISADO, ACTUALIZADO Y REDEFINIDO.

Y ellos ni tan siquiera son capaces de percibir estas necesidades: de ondear una bandera española en Donostia “por cohone”, seguro que se ocupa una “portada” (Ynestrillas, entre colocón y colocón, hace poco iba diciendo que él es el único que da “portadas” a la extrema-derecha…). Aquí no hay pedagogía posible, simplemente, porque no hay capacidad de razonamiento lógico que valga en estos patéticos sujetos; hay que reconocer que estos grupos falangistas son mera anécdota y que quien a estas alturas no se ha enterado de la época en la que vive, no se va a enterar nunca jamás.

La opinión de Luis del Pino

Hace poco, el blog de Luis del Pino, habitualmente dedicado a investigar los aspectos que no encajan en la “versión oficial” del 11-M, ha puesto el dedo en la llaga atribuyendo a algunos servicios una capacidad de maniobrar y manipular a la extrema-derecha. Mencionaba explícitamente a “los falangistas”. Pero no hace falta ir tan lejos. Es rigurosamente cierto que algunos grupos de extrema-derecha son extremadamente manipulables y se prestan –como los anarquistas- a ser utilizados por unos o por otros. ¿Es éste el caso de los tontorrones que fueron a Donostia?

Es rigurosamente cierto que cada escisión falangista es más extraña que la anterior y que es completamente vano e infructuoso intentar entender por qué se producen estos desgajamientos, frecuentemente violentos. La escisión del grupúsculo capitaneado por un tal Andrino permanece inexplicable. No es algo nuevo. Desde que Ramiro Ledesma y José Antonio Primo se separaron por causas poco razonables, ninguna escisión falangista ha tenido motivos transparentes y comprensibles.

En la actualidad, a nadie mismamente razonable se le escapa que la Falange es un cadáver como la vieja extrema-derecha superviviente del franquismo. Quien permanece en esos ambientes solamente puede responder a estas características: o bien es un idealista alucinado de pocas luces, o bien es un aprovechado que medra obteniendo fondos de las cuotas de aportaciones de “millonetis históricos”, un infiltrado, o bien solemnes tontos de baba.

No hay más opciones. En ese sector, ya no queda nadie razonable. Si fueran razonables no estarían allí. Esta tipología es lo que se le escapaba a Luis del Pino en su artículo. En ocasiones, los factores subjetivos explican muchas más cosas que las conspiraciones.  

¿Es posible una manipulación de la extrema-derecha hoy?

¿Qué sentido podría tener manipular a un grupúsculo azul hoy?¿Quién podría estar interesado en hacerlo? En el momento en el que se debate sobre la Ley de Memoria Histórica y Zapatero ha abierto la caja de los truenos, es conveniente tener a mano a un grupo de energúmenos que demuestre que también en el otro bando hay gente que no está dispuesta al paso de página y a la superación de la guerra civil. Unos pobres diablos enfundados en los mismos uniformes que en los años 30, es innegable que facilitan las cosas. Por otra parte, la frase de Pepiño Blanco el día anterior, atribuyendo al mensaje institucional de Rajoy y a su petición de que el patriotismo se demostrara de alguna manera, la responsabilidad de los incidentes que se perpetraran el 12-O, da otra clave del asunto.

Esto sin olvidar que mientras la reacción de la extrema-izquierda abertzale fue extremadamente tibia cuando se produjo la detención de los 23 miembros de la Mesa Nacional de Herri Batasuna, estuvo en condiciones de movilizar a varios cientos de activistas y a resucitar unos niveles de kale-borroka que desde hacía tiempo no era capaz de ejercer, gracias a la convocatoria falangista que daba, insistimos, la razón a sus tesis: “Los españolistas nos invaden”… pues no en vano la totalidad de los falangistas venían de fuera de Euskal Herria.

No creemos que existan posibilidades ni interesados en manipular a los que, por sí mismos, ya están dispuestos a hacerlo todo de la peor manera posible. La falta de educación política de estos grupos es tal, que cualquier acción que hagan, de por sí, ya será provocadora. Hay gente que supone un desdoro y un desprestigio para los ideales que dicen defender, cualesquiera que sean.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

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