La protesta contra el parlamentarismo en Francia: 6 de febrero de 1934

Publicado: Lunes, 10 de Septiembre de 2007 15:22 por Ernesto Milá en CULTURA
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Infokrisis.-El 6 de febrero de 1934, el régimen parlamentario francés estuvo a punto de caer. Miles de manifestantes de las ligas de extrema-derecha a los que se sumaron militantes de las juventudes comunistas, protestaron contra los escándalos y la corrupción que habían llegado al corazón de la República. 17 murtos y 2.309 heridos fueron el balance de aquella jornada.

Un judío ucraniano… de paso frac-masón.

Serge Alexandre Stvisky, había abandonado pronto su Ucrania natal. En 1910 se nacionalizó francés. Era judío de raza aunque nunca le había preocupado mucho la religión de sus padres. Esto no fue obstáculo para que ingresara en la fanc-masonería. Allí hizo gala de su don de gentes y su habilidad para la estafa. Hacia mediados de los “felices años veinte”, ya estaba considerado como un estafador por los servicios policiales franceses. Sobre él recaían varia sospechas de robo y de estafa.

Su primer delito consistió en robar a padre, dentista, ciertas cantidades de oro dental. Poco después, su abuelo lo recogió tras ser expulsado del domicilio paterno. Ambos se convirtieron en gerentes del teatro Folies-Marigny de París. Al cabo de pocas semanas, ambos huyeron con la caja. Entre 1906 y 1926 había sido acusado de 84 robos y estafas.

En 1926, el “bello Sacha”, como se le conocía en la distinguida sociedad parisina, cumplió una condena en la cárcel parisina de La Santé de 18 meses de prisión por uno de estos delitos.

A pesar de que los estatutos de la masonería prescriben que solamente pueden ser miembros de esta “hombres libres y de buenas costumbres”, Stavisky se las arregló para seguir manteniéndose vinculado a esta red de influencias. Gracias a sus amistades masónicas consiguió estafar más de 200 millones de francos al Banco de Crédito Municipal de Bayona. La estafa no hubiera sido posible sin la ayuda de diputado y alcalde de la ciudad Joseh Garat así mimo, francmasón.

La estafa se descubrió el 23 de diciembre de 1933, cuando el director del Banco de Crédito Comunal de Bayona, Gustave Tissier, fue detenido por fraude y por poner en circulación 235 millones de francos en billetes falsos. A la policía le costó poco establecer que Tissier era apenas un ejecutor y que el verdadero cerebro de la operación era el “bello Sacha”… el expresidiario que, como por arte de magia, había logrado fundar esa institución de crédito.

A finales de 1933, cuando la estafa salea la superficie, Stavisky huye, pero finalmente es localizado en Chamonix. Allí tenía una chalet al que llamaba el “Vieux logis” (la Vieja Logia o la Vieja Morada). Lo más sorprendente es que cuando la policía entró en el inmueble, es escuchó un disparo y Stavisky apareció muerto. La primea versión indicó que se había suicidado.

Muerto Stavisky, se iniciaba el llamado “affaire Stavisky”. Lo que hasta ahora había sido un oscuro asunto de tráfico de influencias, corrupción y delincuencia, iba a desvelar que detrás, existían complicidades de altos vuelos y que el pequeño judío ucraniano no hubiera podido urdir un plan que le superaba ampliamente sin contar con ayudas poderosas.

Tres precedentes que hicieron rebosar el vaso

El formidable impacto del “affaire Stavisky no puede entenderse si hacemos abstracción una multiplicidad de casos similares que habían ensombrecido a Francia en los 30 años anteriores, arruinando a miles y miles de pequeños accionistas.

En 1879, Fernando de Lesseps, constructor del canal de Suez y masón de Rito de Menphis-Misraïm, estableció el patronato internacional que debía impulsar el proyecto del Canal de Panamá cuyo coste ascendía 600 millones de francos. Lesseps creó una sociedad anónima co la participación de varios bancos franceses. Dos años después de iniciadas las obras, la insalubridad del clima hicieron que las instituciones bancarias retiraran su apoyo al proyecto. Lesseps buscó entonces dinero de inversores privados. El problema vino cuando una parte de este dinero fue utilizado para sobornar a periodistas que investigaba las dificultades que encontraba la obra. Cuando el proyecto se encontraba a mitad de camino había costado más del doble e lo presupuestado. En ese punto, y a la vista, de los problemas técnicos que estaban surgiendo, Lesseps recurrió al ingeniero Gustave Eiffel quien alteró completamente el proyecto introduciendo el sistema de exclusas. Lesseps prosiguió con sus corruptelas, no deteniéndose en periodista sino tocando a políticos que aprobaron la ley que permitía la emisión de deuda. Aún así el 4 de febrero de 1889 la compañía quebró arruinando a 85.000 accionistas.

Desde el diario La Libre Parole, Edouard Drumont acusó a financieros judíos de haber animado a los pequeños inversores a iniciar su fatal aventura, generando una oleada de antisemitismo que se reforzó con el estallido del “affaire Dreyfus” tres años después. Varios ministros resultaron condenados, así como el propio Lesseps e incluso Gustave Eiffel, si bien años después sería completamente rehabilitado. El hijo de Fernando de Lesseps, Carlos, obtuvo 5 años de prisión. Después de este asunto, los EEUU tomarían a su cargo la construcción del canal.

Vinte años después, Marthe Hannau, la llamada «banquera de los felices veinte» había protagonizado otro escándalo que se evocó en los días del “affaire Stakisky”. En 1925 había fundado un diario que tuvo bastante éxito, La Gazette du fran, cuyas únicas informaciones eran de carácter financiero. Los pequeños inversores escuchaban sus consejos y seguían sus indicaciones. El éxito del diario fue tal, que la Hannau convenció a muchos lectores para que le confiaran a ella sus ahorros y los invirtiera en Bolsa, prometiéndoles unos intereses excepcionalmente altos. Se trataba de una estafa piramidal: pagaba los intereses, no a cuenta del beneficio de las operaciones realizadas, sino con el producto de las nuevas aportaciones. La pirámide se desplomó a finales de 1928. La suma total de la estafa ascendió a 100 millones de francos. Marthe Hanneau fue detenida en diciembre de 1928. Tras una huelga de hambre siguió un intento de evasión. Puesta en libertad bajo fianza, fue juzgada y condenada ingresando en prisión en julio de 1934. Se suicidó en la prisión de Fresnes el 14 de julio de 1935 ingiriendo un tubo de barbitúricos. La revista Le Canard Enchaîné realizó una investigación a partir de noviembre de 1928, concluyendo que la estafa no habría sido posible sin la cooperación de poderes políticos y económicos.

Antes que ella, Albert Oustric había fundado en 1919 una sociedad de banca especializada en operaciones especulativas ofreciendo elevados intereses. Oustric disponía de una red de contactos políticos que le facilitaron el poder operar de manera aventurera e irresponsable, tal como estableció la comisión que estudió la bancarrota que inevitablemente se produjo en noviembre de 1929. De las muchas dimisiones de altos cargos políticos que se sucedieron, la más importante es sin duda la de Raoul Peret, presidente del instituto de la monera de André Tardieu, presidente del consejo de ministros. También aquí, Le Canard Enchaîné dio el máximo relieve al asunto, generando involuntariamente una tendencia antiparlamentaria en la sociedad francesa.

Con estos precedentes y con unas ligas fascistas extremadamente fuertes que habían generado un caldo de cultivo antiparlamentario, puede entenderse lo que sucedió después.

El “affaire Stavisky” convertido en asunto de Estado

La muerte de Stavisky fue recibida con mucho escepticismo por los medios periodísticos franceses. Le Canard Enchaîné puso en duda la versión oficial y sugirió que había sido asesinado. Pudo demostrarse que la bala que había “suicidado” a Stavisky fue disparada a tres metros de distancia. El periódico pudo afirmar con ironía: “Ciertamente, tenía el brazo demasiado largo”. El periódico del monárquico Charles Maurras, L’Action Française, amplió todas estas informaciones. Pronto resultaron implicados en el asunto las más altas autoridades de la República que, por acción o por omisión, habían permitido a un estafador de poca monta facilitar su acción. No era casual que todos, sin excepción, fueran franc-masones. A partir de las informaciones de estos dos medios, lo que ya se conocía como el “affaire Stavisky” pasó a ser el símbolo de una república minada por la corrupción y gobernada por truhanes.

Pierre Bonny, el policía encargado de la investigación se propuso llegar hasta el final del asunto. Poco después fue suspendido de sus funciones. Sin embargo, consiguió encontrar el talonario de cheques de Stavisky, comprometiendo a la clase política del Partido Radical y de los socialistas. La protesta popular obliga a la prefectura a restablecer a Bonny en sus funciones e incluso a calificarlo como “el primer policía de Francia”. Durante la Segunda Guerra Mundial volvería a ser denigrado tras colaborar con los alemanes en la represión contra los atentados de la resistencia y dirigir los interrogatorios de la rue Lauriston.

Poco a poco fueron cayendo todos los cómplices: el diputado radical Bonnaure, el senador Renoult, el ministro de colonias y antiguo ministro de justicia Albert Dalimier, los periodistas Dubarry y Aymard que había publicado informaciones falsas favorables a toda la banda, el procurador general de la República, Pressard, cuñado del presidente del consejo de ministros Camille Chautemps que se preocupó de retrasar los juicios contra Stavisky. No es extraño que el “bello Sacha” no hubiera podido aparecer vivo.

Bruscamente, Francia se enteró que su clase política estaba podrida. El parlamento fue considerado por buena parte de la población como un cueva de Alí Babá en donde los ladrones eran mucho más de cuarenta. Además, no era el único caso de corrupción que había estallado en la época. El “affaire Panamá” flotaba todavía en el ambiente. En aquella época, el periodista Edouard Drumont ya había recordado que la mayor parte de financieros que sostuvieron el proyecto y que estaban detrás de su fracaso (la sociedad del Canal de Panamá quebró y arrastró a pequeños inversionistas) eran judíos. El “affaire Stavisky” resucitó el antiguo “affaire Panamá” y el impulso sinérgico entre ambos se convirtió en una formidable ola de antisemitismo, antimasonista antiparlamentarismo.

Algunos elementos objetivos se habían sumado a la crisis. Francia tardó dos años e sentir la gran depresión que había estallado en 1929. No fue el proletariado, sino las clases medias las que sufrieron extraordinariamente esta crisis en un momento en el que los gobiernos parecían mucho más interesados en lucrarse que en buscar soluciones a la crisis.

Para colmo en 1932, la Conferencia de Lausanne decidió cancelar el pago de las reparaciones alemana a Francia a causa de la Primera Guerra Mundial. La ira popular aumentó cuando se supo que Francia debía seguir pagando indemnizaciones por la ayuda prestada por los EEUU. Los contribuyentes se negaron a pagar impuestos. En muchas ciudades y pueblos se expulsó a los recaudadores o se incendiaron las oficinas del fisco. Los estudiantes dirigidos por Action Française ocuparon las facultades y la de Derecho se declaró en rebeldía. En 1932, par agravar más las cosas, el gobierno concedió un crédito a Austia por valor de 350 millones de francos, sin tener en cuenta que en ese momento el hambre empezaba a causas estragos en las clases populares. Julián Green en su diario pudo escribir: “El viejo mundo capitalista se tambalea” y tras su entrevista co Maritain añadía: “Nos estamos ya deslizando hacia el abismo. Estamos en él. Todos los místicos coinciden en ello. Si no hay una guerra, habrá una revolución que nos destruirá”. Y concluía: “Todo se derrumba”.

Entre mayo de 1932 y enero de 1934 se sucedieron vertiginosamente cinco gobiernos, en medio de un clima de creciente desconfianza por parte de las clases medias. A partir del 9 de enero de 1934, las ligas de extrema-derecha habían multiplicado sus campañas contra la república sobre tres ejes: antisemitismo, antiparlamentarismo y antimasonismo. La agitación llegó su límite en la tarde del 6 de febrero de 1934. La izquierda estaba en el poder desde 1932 y las ligas demostraban un inaudito nivel de actividad.

Era el momento en que la extrema-derecha podía pensar en asaltar el poder.

En la tarde del 6 de febrero de 1934

Los distintos grupos patrióticos y las ligas de excombatientes, incluidos los comunistas, llamaron a concentrarse en la Plaza de la Concordia a las 18,00 del 6 de febrero de 1934 cuando Daladier debía comparecer en el Parlmento. Cerca de allí se encuentra el Sena y la plaza está separada de la Asamblea Nacional por un puente, el llamado Puente de la Concordia.

Los Cruces de Fuego del Coronel La Rocque, excombatientes fogueados en el frente durante la Primera Guerra Mundial, popularizaron su consigna: “Abajo los ladrones”, desfilando por la orilla izquierda del Sena. La columna de La Rocque rodeó el edificio de la Asamblea Nacional dispersándose a continuación. Sin embargo, desde la orilla derecha, en la Concordia, los grupos más sensibilizados por la corrupción y el desgobierno, se mostraban mucho más amenazadores. En el fondo La Rocque era un hombre de orden –como por lo demás Maurras- y no albergaba la más mínima intención de poner en peligro la supervivencia de la República –a diferencia de Maurras-, paradójicamente, la izquierda consideraba que el verdadero peligro lo constituía La Rocque.

En el interior de la Cámara, los diputados de izquierdas y derecha se enzarzaron en una pelea que prefiguraba lo que iba a ocurrir en el exterior. En aquel momento no se logró la dimisión de Daladier que, en las primeras horas de la noche y a la vista del cariz que estaban tomando los enfrentamientos en el puente de la Concordia y en la plaza del mismo nombre, contempló la proclamación del Estado de Sitio. Al día siguiente y a la vista de la actitud de la policía y la magistratura y de la dimisión de algunos de sus ministros, se vio obligado a dimitir.

Dadas las circunstancias y el sentir de la opinión pública, en aquel momento era absolutamente posible derribar a la república y así hubiera ocurrido si el coronel La Rocque hubiera autorizado el asalto a la Asamblea Nacional. Su negativa a vulnerar la legalidad, supuso el fin de las esperanzas de destruir el régimen mediante la protesta popular. En lugar de una “marcha sobre Roma”, la “marcha sobre la Asamblea Nacional” hubiera tenido un efecto similar.

Cuando los manifestantes situados al otro lado del Sena, en a Plaza de la Concordia, aspiraron a hacer lo que La Rocque no se había atrevido, avanzaron hacia el puente de la Concoria, iniciándose el tiroteo que se prolongaría hasta altas horas de la noche. Al ver avanzar la manifestación, la policía disparó a matar.

Estuvieron presentes en la manifestación, además de los Cruces de Fuego, la Association Républicaine des Anciens Combattants, formada por los comunistas y las distintas ligas fascistas, especialmene los Camelots du Roi (el servicio de orden de Acción Francesa que disribuyeron la revista en cuya primera págin podía leerse: “Abajo el régimen abyecto”), las Jeneusses Petriotiques et Sociales y la Solidarité Française. También estuvieron presentes pequeños grupos de las juventudes comunistas con sus propios eslóganes. En total participó una muchedumbre de entre 30 y 50.00 personas. Los enfrentamientos duraron hasta la 2:30 de la madrugada. Todavía hoy ha sido imposible establecer la realidad de las cifras que oscilan entre 15 muertos y 435 heridos que han dado los más favorables a la República y los 17 muertos y 2.309 heridos que han dado otros. De lo que no cabe la menor duda es de que a la liga de Maurras, le correspondió el mayor tributo de sangre. El jefe de los Camelots du Roi, el escultor Maxime Real del Sartre, resultó también herido [Años después, del Sartre presentó compitió con Juan de Ávalos en el proyecto del Valle de los Caídos]. El siguiente número de Action Fançaise e abría con este titular: “Además de ladrones, asesinos”. Cinco de sus militantes habían muerto en aquella jornada. Anatole France pudo escribir: “La República gobierna mal, pero se defiende bien”.

Las consecuencias del 6 de febrero

El orden se restableció cuando se formó un gobierno de derechas moderadas del que su elemento más radical fue el mariscal Petain como ministro de la guerra. Poco después, la izquierda marxista convocó una contra manifestación el 9 de febrero, en la que formaron juntos socialistas y comunistas y que prefiguró lo que dos años después sería el Frente Popular que llevaría a León Blum a la presidencia de la República. A fin de cuentas, el 6 de febrero fue el germen de la “unión antifascista”

Las consecuencias en la extrema-derecha, fueron igualmente profundas. La extrema-derecha no había sabido encontrar su unidad ni el líder carismático que precisaba la situación. Pierre Coty, el propietario de L’Oreal y otros industriales habían financiado a estos grupos, dándose más un carácter anticomunista que verdaderamente fascista (entendiendo que el fascismo fue bastante más que el anticomunismo) y a ellos les cabe buena parte de la responsabilidad en la inoperancia política (y en la eficacia militante) de todos estos grupos que siempre ganaron tácticamente a los comunistas pero que perdieron la batalla estratégica ante la República.

Las ligas de extrema-derecha, incluida Action Française y los Cruces de Fueo, fueron disueltas por el Frente Popular en 1936, cuando ya había estallado la guerra civil española y Hitler se encontraba en la cúspide de su poder.

Perdida la esperanza de abatir al régimen parlamentario mediante la movilización popular, algunos sectores empezaron a organizarse de manera secreta con la intención de crear redes terroristas. Así nació La Cagoule.

(c) Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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