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Infokrisis.- El juicio del 11-M ha terminado… sólo es de esperar que sirva para algo más de lo que sirvió la comisión parlamentaria de investigación. A estas alturas, y fuera de la demagogia oficialista, a nadie que piense y vea se le ocurre que el parlamento español sirve para algo más que ejercer de churrera legislativa y caja de resonancia del gobierno y de la oposición. En cuanto al poder judicial, no es que la población le tenga mucha más confianza (“la justicia es un cachondeo” desde mediados de los años 80 tal como se encargó de proclamarlo para la historia, Pacheco, el olvidable alcalde de Jerez que solamente pasará a la historia por esa frase), pero siempre queda la posibilidad de que algún juez dé el do de pecho y proclame en forma de sentencia lo que muchos pensamos. A saber: que por no estar claro, en el juicio del 11-M, casi nada ha estado claro.

Lo que fue del atentado a la comisión de investigación

Pocas veces en la Historia de España se produjo una confusión tal como la que tuvo lugar inmediatamente después de los ataques terroristas del 11-M. Solamente la SER lo tenía claro, extrañamente claro media hora después de las explosiones: “han sido islamistas y se han encontrado restos de un suicida”. Para Zapatero en esas mismas horas, la seguridad era la misma, y llamó a los directores de los diarios explicando que “tenía información fidedigna” según la cual “los suicidas habían sido cuatro”… En aquella trágica mañana del 11-M eran, al parecer, los únicos que sabían lo que había ocurrido, con una seguridad casi escatológica. Nunca han explicado por qué y va siendo hora de que lo hagan.

Pero si el papel de PRISA y de su apéndice, ZP, fue extraño, el del gobierno Aznar fue torpe, no solamente esos días, sino en los dos años siguientes en los que siguió manteniendo que el autor del crimen “era ETA”. Era, desde luego, mucho más fácil para ellos realizar esta afirmación que reconocer que el autor intelectual y el diseñador de los atentados les había tomado literalmente el pelo: en un primer momento les convence de que “ha sido ETA” y hasta 30 horas después de las explosiones sigue sosteniendo la “pista etarra” de cara a Acebes (el “legionario de Cristo” no era desde luego el ministro del interior más adecuado, como tampoco es hoy el portavoz más recomendable para el PP) y al gobierno, mientras que de cara a la opinión pública se filtraban datos en número suficiente para confirmar la “pista islámica”.

Podemos alardear que, en los dos meses posteriores al atentado, leímos todo lo publicado sobre el episodio, tanto en España como en las principales capitales extranjeras. Un número MUY CONSIDERABLE de informaciones correspondían a lo que genéricamente se llama “intoxicación informativa”. Eso era sorprendente, en especial porque esa intoxicación iba dirigida exclusivamente a confirmar un elemento dado como cierto desde el 13-M: la autoría islámica. Y era curioso: porque si esa autoría estaba fuera de duda ¿para qué intoxicar a la opinión pública lanzando decenas de bulos? A partir de ese momento, dimos como cierto que había algo inexplicable en todo el episodio. Por ejemplo: si la autoría de Zougham estaba fuera de duda, ¿por qué introducir la información según la cual se había encontrado un fragmento de plástico perteneciente a la carcasa del teléfono, por donde se habían introducido los cables del detonador… y que correspondían, precisamente, al teléfono que no había estallado en la celebérrima “mochila de Vallecas”? El juicio nos ha ayudado a saber que ese fragmento no existió nunca… entonces ¿quién difundió la información sobre el trozo de plástico con manifiesta intención intoxicadora? ¿Qué falta hacía? ¿Por qué se hizo? Datos como éste abundaron en demasía en los dos meses después del atentado.

Con un PP recién estrenado en la oposición y deseoso, solamente, de demostrar más allá de la ausencia de datos, que “había sido ETA”, y con un gobierno enrocado desde entonces en la versión oficial, inamovible, inconmovible y taladrada cada vez más por todo tipo de agujeros negros, algunos tuvieron la insensata esperanza de que la comisión de investigación parlamentaria sirviera para algo. No sirvió: el PP intentó demostrar que era ETA… sin conseguirlo, y el PSOE y sus aliados (especialmente IU, PNV, ERC y CiU, hay que mencionarlos y no olvidar su responsabilidad porque 192 muertos son muchos muertos para el ejercicio del oportunismo y de la frivolidad) que el PP había mentido. Lejos estaban para estos últimos los días del “queremos la verdad”.

Pero la comisión de investigación registró algunos momentos gloriosos, especialmente cuando Aznar puso el dedo en la llaga y aludió a “tramas superpuestas”… Salvo esto, y salvo el lanzamiento mediático de la Manjón, el resto de intervenciones fueron olvidables y muchos de los llamados a declarar mintieron con desparpajo. Por otra parte, faltaron testimonios clave y especialmente los de los confidentes policiales.

El día en que se cerró la comisión, todos los españoles tuvimos la sensación de que aquello había sido una de las pérdidas de tiempo más memorables de toda la democracia. A partir de ese momento estaba claro que solamente quedaba la justicia y la investigación paralela.

La “teoría de la conspiración”

La instrucción del juez del Olmo fue torpe, titubeante, angustiosamente prolongada y contradictoria. A medida que fue avanzando se produjeron importantes novedades, pero no tanto motivadas por la investigación judicial, como por algunos medios de comunicación. Era el inicio de la “teoría de la conspiración”. Al tsunami mediático de PRISA solamente le quedaba denunciarla con toda su carga de ironía. En un principio se despreció la teoría: los voceros del régimen sostuvieron por activa y por pasiva que todo estaba claro, que no había ni un solo agujero negro en la investigación y que la verdad policial estaba atada y bien atada: se conocía a los autores intelectuales (media docena…), se conocía los explosivos y su origen, se conocía a los autores materiales (desgraciadamente fallecidos en Leganés), se conocían todos los extremos e incluso la vinculación con Al Qaeda… luego no había ninguna duda.

El PP cometió el error de seguir insinuando que “era ETA”. No había ninguna prueba sólida contra ETA (circunstanciales y sospechas muchas, pero sólidas ninguna), y PRISA cargó contra este orden de ideas y responsabilidades: se limitó a mentir reduciendo toda la teoría de la conspiración a la responsabilidad etarra. Dado que no había pruebas concluyentes respecto a esa responsabilidad, la teoría quedaba desacreditada de partida y no hacía falta meterse en procelosas y conflictivas veredas en las que PRISA jugaba con desventaja.

Es rigurosamente cierto que en este tema ha existido cierta asimetría: los sostenedores de la teoría de la conspiración realizaban algunas afirmaciones que reducían la credibilidad de la versión oficial y contestaban a la versión oficial aportando datos y pruebas (en el tema de los explosivos y de su composición, este proceso ha sido sorprendente e irreprochable: no era Goma 2 ECO); sin embargo, los sostenedores de la versión oficial evitaban por todos los medios contestar los hallazgos realizados por los defensores de la teoría de la conspiración, repitiendo una y otra vez que todo estaba claro. Era un diálogo de sordos, pero solamente porque los partidarios de la versión oficial no aspiraban a dialogar sino a desacreditar. Siempre terminaban sus arengas (esos editoriales de El País, en los que la mano de Ekaizer era demasiado visible) ironizando sobre el “papel de ETA” y negándose a entrar en los datos aportados por El Mundo, Libertad Digital, etc.

Y, a todo esto, ¿existe verdaderamente la teoría de la conspiración? De hecho nunca ha sido formulada como teoría, así que podemos decir que no existe teoría conspirativa; lo que existe es la denuncia de agujeros negros presentes en la versión oficial.

Cuando PRISA y sus prolongaciones, incluida ZP, ironizan sobre la “teoría de la conspiración”, lo que están haciendo es negarse a reconocer que la versión oficial es un gruyere vaciado completamente de sustancia y que no resiste el más mínimo análisis objetivo y racional.

Sentencia para otoño

El juez Bermúdez y sus dos compañeros tienen ante sí una tarea titánica. A diferencia de la tibieza, timidez y despistes del juez instructor Del Olmo, Bermúdez, a lo largo de la vista oral, ha dado muestras de energía y ecuanimidad e incluso ha sustituido con mucha frecuencia a los abogados de las defensas, algunos de ellos inexpertos y otros sin motivación suficiente, a la hora de realizar las preguntas clave.

Los principales elementos que se han evidenciado a lo largo de la vista oral son:

1) No se ha logrado aclarar la naturaleza de los explosivos y, por tanto, no está claro si los explosivos se robaron en la mina de Caolín asturiana.

2) No se ha logrado aclarar cómo es que el Skoda Fabia aparece tres meses después en el parking de la estación de Alcalá con restos biológicos de los presuntos implicados, cuando nadie antes lo había visto.

3) No se ha logrado aclarar la participación de Jamal Zougham en los atentados. El primer detenido el 13-M ha visto cómo los indicios que pesaban sobre él han seguido siendo mínimos y en absoluto concluyentes.

4) No se ha logrado aclarar qué ocurrió en Leganés y ni siquiera cómo se produjo la película de los hechos.

5) No se ha logrado aclarar el por qué ciertos medios policiales eliminaron cualquier referencia a ETA, incluso circunstancial, de los documentos, informes y notas sobre el 11-M.

6) No se ha acreditado ni remotamente la presencia directa o indirecta de Al Qaeda.

7) No se ha logrado definir cuál fue el autor intelectual de la masacre.

8) No se ha conseguido establecer ni siquiera cómo fueron colocadas las bombas en los trenes.

9) No se ha conseguido explicar ni siquiera aproximadamente cómo es posible que, siendo la mayoría de los detenidos confidentes de TODOS los servicios de seguridad del Estado, ni uno sólo de ellos estuviera al corriente de lo que iba a ocurrir.

10) No se ha logrado explicar cómo es posible que al propietario de la Renault Kangoo le fueran sustraídas las llaves de la furgoneta ¡ocho meses antes! de la comisión de los atentados.

11) No se ha conseguido fijar el papel del policía español de origen sirio Adhman Kalaji en toda la trama.

12) No se ha conseguido explicar por qué la SER difunde media hora después del crimen la noticia de que se han encontrado restos de “al menos un suicida”.

13) No se ha conseguido explicar por qué la mayoría de los detenidos o considerados ejecutores materiales tenían los teléfonos intervenidos, algunos desde dos años antes, y no aparecieron indicios suficientes de que preparaban algo.

14) No se ha conseguido explicar por qué la policía italiana envía traducciones erróneas de las conversaciones de “El Egipcio”.

Y podríamos seguir hasta concluir que, si el juicio ha conseguido demostrar algo y si algo pasará a la historia de este juicio, es precisamente la existencia de tantos y tan contundentes agujeros negros.

En otoño conoceremos la sentencia. Hay que relativizar su importancia, pero no despreciarla; especialmente en lo que se refiere a Jamal Zougham: si Zougham es considerado inocente habrá caído en pedazos la primera detención realizada el 13 de marzo de 2004, en plena jornada de reflexión y, por tanto, habrá que concluir que se trató de un chivo expiatorio confeccionado con intención electoral.

Habrá que leer la sentencia entre líneas y atender a los razonamientos del juez para establecerla, eso y sólo eso dará la medida de su solidez. Pero no hay que olvidar que el gobierno ZP ha insistido tanto en la validez y vigencia de la versión oficial que cualquier pequeña grieta puede suponer su autodesmoronamiento… empezando por el papel atribuido a Zougham (uno de los nombres que hacían enlazar la trama con Al Qaeda). Es posible que en algunos puntos la sentencia sea deliberadamente ambigua y que deje la puerta abierta a las investigaciones paralelas que no cesarán el día después de que sea emitida.

El problema de la versión oficial es que, o bien es completamente auténtica o bien es absolutamente falsa: no se está medio embarazadito, como no se puede sostener una versión oficial capidisminuida con elementos interpolados procedentes de las investigaciones alternativas.

Sea cual sea la sentencia, la marcha del juicio y el haber dejado constancia en la vista oral de los agujeros negros legitimará las investigaciones posteriores. Nadie, absolutamente nadie, está seguro de qué contendrá la sentencia. En buena lógica, la mayoría de acusados deberían ser castigados por sus delitos (Zougham, al parecer, clonaba, ilegalmente por supuesto, tarjetas telefónicas y la mayoría de acusados se dedicaban al trapicheo de drogas), pero exonerados de toda responsabilidad con el 11-M.

Hay algo que deben tener claro los que planificaron el 11-M: 192 muertos son muchos muertos para que todo pueda cerrarse en el actual estado de cosas. Que lo sepan los que idearon el 11-M: nunca, absolutamente nunca, olvidaremos el crimen y nunca, absolutamente nunca, renunciaremos a conocer la verdad y a que los rostros de los ideadores de la masacre sean sacados a la luz pública. Los criminales del GAL terminaron siendo sentados en el banquillo de los acusados, que no piensen las mentes criminales que idearon el 11-M que les va a salir más barato su crimen.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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