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Infokrisis.- Cuando el Ché Guevara empieza a planificar su aventura boliviana que, tenía una secuencia argentina añadida, los núcleos guevaristas argentinos constituyeron el Ejército de Liberación Nacional que posteriormente se transformaría en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, las FAR, que terminarían colaborando con el PTR-ERP en la fuga de presos del Penal de Rawson y finalmente integrándose en los Montoneros. Las FAR suponen la irrupción de una milicia marxista clásica que va hacia el peronismo, en un intento de ganar la base social del sindicalismo peronista.

 

 

1.4.2. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias

Cuando el Ché planifica su loca aventura, cuenta con los comunistas argentinos dispuestos a pasar a la lucha armada. Ni son mucho, ni están todos en la misma organización. Están dispersos, pero les une a todos ellos su admiración con el Ché y la identidad con sus estrategias de lucha. Hay militantes del Partido Comunista Argentino, del Partido Comunista Revolucionario, de las Juventudes Comunistas, militantes peronistas deslizados a la izquierda marxista, que en el último tercio de los sesenta, experimentaba la necesidad de seguir el ejemplo del Ché. Uno de aquellos militantes recuerda: "Sí, nosotros nacimos como grupo que se proponía incorporarse a la guerrilla del Che. Conocimos el proyecto con cierta antelación y nos preparamos para incorporarnos. Nuestro grupo era entonces pequeño, compuesto por gente que venía de la izquierda tradicional, algún peronista y mucha gente nueva, sin antecedentes políticos. Éramos conocidos, amigos, compañeros de luchas políticas y nos unía una idea servir en lo que pudiéramos en la columna del Comandante Che Guevara. No nos habíamos planteado una línea política independiente, delegábamos todo lo que se refiera al desarrollo integral de una organización, como es lógico, a la figura del Che”.

Pero, poco después, el Ché muere en Bolivia y el proyecto concluye. No es este el lugar para hablar sobre las implicaciones argentinas de la estrategia guevarista que abordaremos en otro lugar, pero si de recordar que en aquel momento, actuaba el Ejército de Liberación Nacional, que no protagonizó acciones terroristas, como tal, sino que era la estructura preparada para apoyar la acción del Ché en Bolivia y que luego se transformaría en las FAR. Existían también las Fuerzas Armadas de Liberación

Las FAL, de carácter marxista-leninista, actuaron entre 1969 y 1972. En su haber se cuentan las acciones más polémicas del terrorismo argentino. A finales de junio de 1969, asesinan a Augusto Timoteo Vandor, en otro tiempo delegado de Perón en Argentina. Precisamente una de las razones por las que rompieron con el Partido Comunista fue por la actitud de éste partido favorable a Vandor. Roban bancos, asaltan arsenales militares, secuestran a empresarios, asaltan emisoras de radio y radial proclamas, liberan presos arrestados, para confluir con las FAR en esta loca carrera.

Mientras que hay algo equívoco en las FAL que durante un tiempo parecen ligadas a la República Popular China, con las FAR todo está más claro. Se trata de una formación comunista, con su disciplina, su rigor y la estructuración propia de los partidos stalinistas. Con las FAL estamos ante otro fenómeno. Si desaparecen en 1972 es porque a partir de esa fecha, la República Popular China se desinteresa de las cuestiones iberoamericanas. En realidad, la creación del PCR hunde sus raíces en 1962, cuando en todo el mundo los partidos comunistas ortodoxos sufren escisiones en sus juventudes, generadas por la CIA… Pero esta es otra historia. De las FAR se empieza a oír hablar mucho más tarde, hacia finales de los sesenta, pero la sigla alcanzará fama mundial en 1972 cuando se produce la fuga del penal de Rawson.

1.4.2.1. Fuga de Rawson, masacre de Trelew

El 15 de agosto de 1972, un grupo de presos del penal de Rawson en la provincia de Chubut, al sur de Argentina, intentan fugarse. Pertenecen al PRT-ERP y a las FAR, aunque hay también algún montonero. Seis logran llegar a Chile y los otros diecinueve son fusilados el 22 de agosto en la base naval Almirante Zar. Son los “héroes de Trelew”, tal comola izquierda los ha conocido desde entonces. Fueron fusilados cuatro miembros de las FAR, once del PTR-ERP y otros cuatro montoneros. En el penal de Rawson se encontraban presos buena pare de los dirigentes de las organizaciones terroristas. Entre 1970 y 1972, la violencia no había sorprendido a la dictadura militar del general Lanusse que, había logrado infiltrar a la totalidad de los movimientos guerrilleros y terroristas. El movimiento insurreccional estaba “controlado”, aunque constantemente se creaban nuevas células. Los apellidos de los preosos en Rawson incluían el “Gotha” de las asociaciones terroristas: Mario Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Mena por el PTR-ERP, Fernando Vaca Narvaja de los Montoneros, Marcos Osatinsky y Roberto Quieto de las FAR, sin ir más lejos. Estos fueron los únicos que lograron escapar a Chile en un avión secuestrado. En cuanto a los diecinueve restantes se les aplicó la “ley de fugas”.

El comité de fuga estaba formado por Mario Roberto Santucho (PRT-ERP), Enrique Gorriarán (PRT-ERP) y Marcos Osatinsky (FAR). La fuga estaba prevista para 110 presos y en los tres meses anteriores, el comité de fuga se dedicó a perfilar el plan. Se confeccionaron unos cuantos uniformes de funcionarios penitenciarios, con los consiguientes distintivos. Se estudiaron los horarios de los aviones que aterrizaban en el cercano aeropuerto de Trelew y se consideró particularmente la forma y el momento de neutralizar a los presos. En principio solo contaban con dos pistolas, pero calculaban desarmar a los funcionarios y, tal como recomendaba Marighela, huir con las amas “requisadas”. La operación había sido apoyada sin fisuras por el PTR-ERP y por las FAR, mientras que la dirección montonera declinaba participar, teniendo la vista puesta en las elecciones que se avecinaban. A pesar de eso, los montoneros presos, dirigidos por Vaca Narvaja, decidieron colaborar en el intento de fuga. De hecho, en su última fase la fuga de los seis dirigentes guerrilleros solamente tuvo éxito a causa del “savoir faire” de Vaca Narvaja, que, vestido con el uniforme de oficial, ordenó imperativamente, al avión que ya había iniciado el despegue que se detuviera.

El penal de Rawson estaba dividido en ocho pabellones, de los que cuatro albergaban a presos políticos; las mujeres estaban en los pisos speriores. El 15 de agosto a las 18.30 con un gesto de Santucho realizado con su jersey, comenzó la fuga. Con una precisión asombrosa, en apenas diez minutos fueron reducidos aproximadamente sesenta guardia resultando muerto uno de ellos. Marcos Osatinsky, dirigente de las FAR, fue quien efectuó los disparos mortales contra el funcionario de prisiones. Los guerrilleros se habían numero del 1 al 110, los primeros eran los dirigentes guerrilleros, luego los cuadros políticos y finalmente, los militantes. Al parecer, algunos abogados del PTR-ERP habían logrado introducir unas armas que se utilizaron en la fuga. Pero las detonaciones que costaron la vida al funcionario de prisiones, hicieron pensar a los camiones que esperaban cerca de la prisión a los fugados, que la intento había fracasado y se dispersaron. Fue el gran error. Solamente permaneció en su puesta uno de los automóviles, conducido por un miembro de las FAR, que condujo a los seis dirigenes guerrilleros hasta el aeródromo de Trelew. El resto de los fugados intentó ganar el aeródromo llamando a taxis públicos, pero el BAC 111 de Austral, ya había despegado.

Los seis fugados lograron llegar a Chile y, de ahí, siguieron viaje hasta Cuba. Otro avión que debía aterrizar el Trelew, alertado por las autoridades, lo hizo en otro aeropuerto. Copados en el aeródromo y sin posibilidades de huir por aire, los diecinueve fugados convocaron una rueda de prensa y, tras recibir garantías de que serían retornados al penal de Rawson, se entregaron. Por supuesto, nadie pensaba respetar el acuerdo.

El 22 de agosto de 1972, en la intempestiva hora de las 3:30, los diecinueve presos fueron obligados a salir de sus celdas en la base Zar de la Marina. Una vez en el pasillo, los ametrallaron. Poco después, la marina hacía circular la noticia de que los presos habían intentado fugarse, arrebatando el arma  uno de los oficiales y, tras el tiroteo, murieron todos, salvo tres. La noticia de la masacre fue seguida por el estallido de 60 artefactos explosivos. Desde su exilio madrileño, Perón calificó estas muertes de “sesinatos” y, acto seguido, el día 25 de agosto, la CGT decretó un paro de 14 horas.

Hasta la fuga de Rawson, la represión se había encauzado por procedimientos, más o menos, legales. Se habían producido torturas y malos tratos, pero todavía no se habían alcanzado los excesos que tendrían lugar a partir de 1974. Puede decirse que a partir de la fuga de Rawson, las Fuerzas Armadas variaron su percepción sobre cómo podía resolverse la cuestión del terrorismo. Si las “cúpulas” guerrilleras encarceladas podían huir, era preciso liquidarlas físicamente antes de que ingresaran en prisión. Más adelante, cuando al odio hacia el terrorismo se sumó el impacto generado por sus excesos y por atentados extremadamente crueles contra oficiales y tropa, al deseo de restablecer el orden, se sumó la venganza personal. Y esto dio origen a la Triple A, y a la inflación de desaparecidos, no solamente de las cúpulas terroristas, sino de las bases y de los mismos simpatizantes. A partir de 1974, ya no se trataba solamente de hacer desaparecer –como en Trelew- a las cúpulas dirigentes del terrorismo, sino generar la sensación en la sociedad de que los terroristas, sus familiares, sus amigos, sus simpatizantes, debían desaparecer y ser ejecutados, a modo ejemplificador. Ya no se trataba solo de asesinar a los terroristas para evitar el terror, sino de hacer imposible el terrorismo en las siguientes generaciones. Y a la vista de lo que ocurrió después, la estrategia militar no iba reencaminada y mostró su brutal eficacia.

Los fusilamientos de Trelew fueron el preludio de lo que ocurriría después. Los distintos grupos guerrilleros no extrajeron las conclusiones

1.4.2.1. FAR: La guerrilla guevarista en Argentina

El 12 de noviembre de 1972, la revista chilena “Punto Fina”, publicó una entrevista con los responsables del comité de fuga de Rawson (Santucho,  Osatinsky y Fernando Vaca Narvaja, poco antes de que partieran para La Habana. La lectura de la entrevista genera inevitablemente la sensación de que los líderes guerrilleros seguían presos de un dogmatismo absolutamente ciego y que no habían advertido el significado de lo ocurrido en Trelew. Seguían como si nada, pensando que podían derrotar al Estado. Seguían sin advertir que las “organizaciones armadas” a las que aludía Santucho en el curso de esa entrevista, estaban muy distanciadas de los intereses de las masas y que la inmensa mayoría de los argentinos, especialmente de los votantes peronistas, no estaban ni a favor del terrorismo (la “guerra revolucionaria” a la que aludía Santucho en la entrevista, ni siquiera por la “construcción del socialismo”). Por lo demás, Perón seguía vivo, con pocas fuerzas, pero suficiente para condenar la amnistía general concedida por Cámpora y de reprobar indubitablemente la actividad de los grupos terroristas.

Los grupos terroristas ni siquiera estaban maduros para advertir que la situación anterior a la subida de Héctor Cámpora al poder (con el consiguiente retorno de Perón) no era la misma que durante los gobiernos de Ongania o Lanusse. A 35 años de distancia, la lectura de la entrevista de “Punto Final”, produce sonrisas y probablemente carcajadas si se ignorara todo lo que ocurrió después. Peronistas que hacen justo lo contrario de lo que Perón estima conveniente; comunistas que emulan a las guerrillas peronistas después de dos décadas de haberse convencido de que las masas obreras argentinas están con Perón; marxistas-leninistas aspirantes a montar una guerrilla rural en cualquier esquina del país.
Los tres dirigentes aludían a la “convergencia de los grupos armados” y coincidían en la necesidad de formar una “vanguardia de masas”, simple verbalismo revolucionario que jamás terminó de concretarse. De todas formas, tras Rawson las FAR iniciaron un proceso de convergencia que les llevaría a integrarse en los Montoneros.

Pero ¿qué eran las FAR? Es simple: las FAR eran el grupo armado de los partidarios argentinos de Ernesto “Ché” Guevara.

El núcleo inicial de las FAR se había formado “militarmente” en Cuba, sin embargo, por extraño que pueda parecer, sus cuadros no se nutrían ni de los escritos militares del “Ché” Guevara, ni mucho menos de la literatura guerrillera maoísta. No tenían ni idea de los escritos de Lenin o Trotsky sobre la técnica insurreccional y sus conocimientos sobre los clásicos del marxismo, eran primitivos. Todos ellos se habían nutrido de un libro muy alejado del marxismo, “Rebelión en Tierra Santa”, escrito por el terrorista sionista Menean Beguin.

Los cuadros políticos que dieron vida a las FAR no eran peronistas, sino que se ubicaban dentro del marxismo, próximo a las distintas agrupaciones comunistas. Pero el drama del comunismo argentino consistía en que, resultaba muy difícil aspirar a ser el portavoz de la clase trabajadora cuando ésta, mayoritariamente, era peronista. Así pues, en el último tercio de los años 60, además de la admiración hacia el guevarismo, la izquierda comunista argentina estaba empezando a reconocer que una vía “revolucionaria y antiimperialista, un camino de revolución nacional” (tal como lo había definido John William Cooke) solamente podía realizarse asumiendo una alianza con el peronismo, no, desde luego, contra el peronismo. Y, en este sentido, ni el ELN, ni las FAR fueron “marxistas-leninistas” en sentido estricto, sino que incorporaron elementos “latianoamericanistas” que, en Argentina, eran elementos propiamente peronistas.

1.4.2.2. Los factores que facilitan el nacimiento de los grupos armados

¿Cuándo aparecen las FAR y qué ocasiona su surgimiento? Generalmente, se ha dicho que las FAR eran el “grupo armado del Partido Comunista Argentino. En realidad, la coas no es tan simple de despachar. Si es cierto que sus miembros procedían de la Federación Juvenil Comunista, vinculada al PC, pero no es a la rama oficial, sino a una escisión que cuenta con el apoyo de los guevaristas argentinos, disidentes del Partido Comunista Revolucionario y, posteriormente, se integrarán núcleos de militantes surgidos de la dispersión de las Fuerzas Armadas de Liberación de carácter, más o menos, maoísta. Los guevaristas argentinos se habían organizado en el Ejército de Liberación Nacional, el mismo nombre que utilizará la guerrilla del Ché en Bolivia.

El 30 de julio de 970 tiene lugar la “Operación Gabriela” en la que participan por primera vez 45 guerrilleros de las FAR. Durante menos de una hora ocupan la localidad de Garín próxima a Buenos Aires, de 30.000 habitantes. La operación la dirige, personalmente, Carlos Enrique Olmedo, el jefe de las FAR. Garín es una experiencia que marca profundamente a sus protagonistas que extraen –erróneamente- como conclusión la posibilidad de crear “zonas liberadas”, algo que el PRT-ERP intentará años después en Tucumán.

Detrás de todo esto lo que se encuentra es la obra y el ejemplo del Ché Guevara. A las FAR se les consideraba “la guerrilla guevarista” de Argentina. Se ha comentado que, la formación de las FAR obedece a las necesidades de la guerrilla del Ché de extenderse también en Argentina. De hecho, el plan del Ché consistía en extender la guerrilla a la zona contigua a Bolivia, en el Norte de Argentina y también al sur de Perú. Pues bien, el núcleo originario de las FAR, debía ser el apoyo a la guerrilla del Ché en Argentina. Dado que el Ché fue liquidado en 1967, ya no tenía sentido seguir con el plan. Además, el núcleo disidente del Partido Comunista Argentino, comprometido con la guerrilla, seguramente a través de Ciro Bustos, de quien hablaremos en otro momento, se había sumergido en un debate sobre la idoneidad de la guerrilla rural. A poco de iniciarse ese debate, a lo largo de 1969-70 se descarta iniciar un foco guerrillero en Tucumán, optándose por la guerrilla urbana.

Y en entonces cuando tiene lugar la operación de Garín. Era el 30 de julio de 1970 a las 14:45. La operación había sido diseñada por Roberto Quieto, alias “El Negro”, Carlos Olmedo, alias “Germán” y Marcos Osatinsky, alias “Lucio”. La dirección táctica correspondió a Olmedo y a su mando estaban 12 mujeres guerrilleras y 24 hombres. La operación duró casi cuarenta y cinco minutos, e incluyó el asalto a la sucursal del Banco Provincia, la neutralización de la comisaría de policía y el robo de las armas, la destrucción de la estación ferroviaria y de la oficina de comunicaciones y teléfonos. Esta acción favoreció el hecho de que las FAR pudieran contar, a partir de se momento, con los abundantes fondos obtenidos en la operación.

No era la primera operación masiva que organizaban las FAR, aunque si era la más ambiciosa. En realidad, la acción de Garín estaba inspirada en un golpe de los Tupamaros uruguayos. La intención prioritaria de esta acción era la obtención de fondos, y de forma secundaria, la “propaganda armada”. Algunos de los que participaron en la operación reconocieron posteriormente que no hubo consideraciones políticas ni sociales para elegir Garín como objetivo.

Se cortaron los accesos a la ciudad y, durante los 50 minutos que duró la operación los guerrilleros no permitieron que entraran ni salieran automóviles. En total se incautaron tres millones y medio de pesos, armamento, uniformes poli­ciales y una pequeña imprenta.

La operación había sido un éxito. Los comandos se retiraron sin sufrir daños ni bajas… los dos únicos muertos fueron un policía y una mujer, durante la toma del banco. Sin embargo, en los años siguientes, Olmedo, Quieto y Osatinsky, los dirigentes de la operación morirían en los años siguientes. Marcos Osatinsky, cayó nuevamente preso en 1975 y fue asesinato ese mismo año en el curso de un traslado. Quieto, murió en 1976 liquidado por las FFAA.

En el proceso de formación de las FAR tienen importancia cinco factores:

1.- La celebración de la Conferencia Latinoamericana de Solidaridad, conocida como Conferencia Tricontinental.

2.- El inicio de la guerrilla del Ché Guevara en Bolivia y la posterior muerte del Ché en Vallegrande.

3.- Las primeras experiencias de los Tupamaros uruguayos, que consolidaron el concepto de guerrilla urbana que hasta entonces solo se había intuido.

4.- El episodio de inusitada violencia que ha pasado a la historia con el nombre de “el cordobazo”.

5.- El asesinato de Aramburu y el clima de violencia política que se viven en los medios políticos radicales a partir de 1967.

Estos cinco elementos interactúan y contribuyen a crear un caldo de cultivo particularmente revuelto que cristaliza en la formación de las organizaciones armadas y en concreto de las FAR. En realidad, puede entenderse que existieran organizaciones terroristas vinculadas al peronismo que, desde 1955 se había visto apeado del poner mediante el golpe militar de Aramburu, pero ya era más incomprensible que grupos de izquierda hubieran llegado a una conclusión estratégica similar. Los peronistas no pudieron olvidar jamás el que Aramburu fue el inspirador de la “Revolución Libertadora” y posteriormente de los 8 fusilamientos que siguieron al golpe de Estado del general Juan José Valle el 9 de junio de 1956. Aramburu entregó el poder a Frondizi dos años después, pero casi quince años después, el 29 de mayo de 1970, un grupo terrorista, hasta entonces desconocido, los “Montoneros”, lo secuestró y asesinó a los pocos días tras someterlo a un simulacro de “juicio popular”. Puedo asegurar que, al menos en ese momento, quienes componían el comando, no eran en absoluto marxistas, sino que, alguno más bien consideraba aquel crimen como una prolongación de su militancia en la Tacuara.

El 12 de enero de 1966, tenía lugar en Cuba la primera Conferencia Tricontinental, cuando el Ché se encontraba en paradero desconocido, pero nadie dudaba de que estaba articulando la guerrilla en la selva boliviana. Durante la conferencia se emitió el mensaje que el Ché había redactado para los delegados. Poco sospechaban los presentes que Castro, presionado por los rusos, había decidido prescindir del Ché. A cuarenta años de distancia, aquel mensaje suena a despedida. Es posible que, en un momento dado, el propio Ché se convenciera de que aquella aventura era imposible y que entrañaría su propia muerte. Pero el ejemplo del Ché inducía al contagio: cuando se supo que estaba recorriendo las montañas bolivianas, toda una generación de jóvenes con el cerebro ardiente se dijeron que ellos querían ser también como el Ché. Diez años después, los que fueron más lejos en su aventura, lo habían pagado con la vida. Pero en 1967, cuando se había formado el ELN en el corazón del subcontinente americano, todo era fervor y optimismo revolucionario. Luego el Ché murió, pero su ejemplo (o su mito) persistió. Y casi dos años después, tuvo lugar el “cordobaza”. Era mayo de 1969, y una sucesión de huelgas e incidentes se produjo en aquella ciudad. Había mucho expontaneismo en el movimiento huelguístico y quizás algo de subversión organizada desde Cuba (¿quién podría hoy saberlo?). El caso es que los estudiantes se sumaron a los piquetes de huelga obreros, movilizados por las agrupaciones de izquierda. Los choques fueron violentos y duraron varios días. Las fotografías que han llegado hasta nosotros evidencian la virulencia, los enfrentamientos y en desbordamiento inicial de las fuerzas de orden público. El 29 de mayo se produjo la primera víctima civil y, a partir de ahí, la ciudad se vio sembrada de barricadas. En pocas horas los revoltosos se hicieron con el control total de la ciudad incendiando oficinas estatales y empresas extranjeras. El general Ongania decide enviar al ejército, ordenando la detención de Agustín Toscos y una veintena más de agitadores sindicales. Se habló de conspiración comunista, lo que parece exagerado. Sea como fuere, el impacto de los sucesos de Córdoba fue impresionante e incentivó la actividad de los grupos de la izquierda activista que tendrían una incidencia directa en el crecimiento del PTR-ERP y de las FAR.

Hacia 1970, los tupamaros uruguayos ya se mueven como Pedro por su casa. Previamente a lanzarse a la acción, han valorado la estrategia y roto con cualquier modelo anterior. En un país pequeño y con una configuración que hace imposible la guerrilla rural, se imponía la guerrilla urbana. Además, a ellos contribuía el modelo exportado por la Tacuara, tras la desarticulación de una parte de la organización posterior al asalto al Policlínico Bancario, la propia presencia de Baxter y de otros líderes de la Tacuara en Uruguay, y las teorizaciones de Carlos Margihela en Brasil (con su “Minimanual de la Guerrilla Urbana”, por él redactado, que sería leído con fruición por los tupamaros) y de Abraham Guillén considerado como el principal teórico del movimiento. En 1970, los tupamaros se encuentran en el mejor momento y ese año y los dos siguientes, protagonizarán sus acciones más espectaculares. El ejemplo de los tupamaros también se contagia. Además, en París, los “estudiantes revolucionarios” habrán demostrado su capacidad para poner en jaque a uno de los regímenes más sólidos de Europa, el gaullismo. Así que todos estos elementos actúan sinérgicamente y provocan en Argentina la eclosión brusca y brutal de las “organizaciones armadas”.

1.4.2.3. Izquierdistas, versus montoneros

Tras el golpe de Garín, realizado con una precisión milimétrica, casi matemática, las FAR realizan una serie de golpes que se saldan con un éxito similar y que les confieren cierta fama de infalibilidad, si bien en algunas acciones cometen pequeños errores. El 10 de junio de 1970, fallan en su intento de asesinar a Carlos Fernández Leche, secretario de juzgado. En abril de 1971 atacan un camión militar, asesinan a un teniente y se hacen con numerosas armas que son utilizadas unos meses después en el atraco a la Caja Popular de Ahorro de Rosario, golpe económico que les reporta carburante para los meses siguientes. En octubre se hacen con material para montar una radio propia y en diciembre roban una cantera en Córdaba haciéndose con varias toneladas de explosivos. Nuevos robos y atracos en Córdoba, asalto a emisoras de radio emitiendo proclamas revolucionarias en la misma ciudad. El año termina con buenas perspectivas para las FAR que apenas han sufrido bajas y se sienten extraordinariamente crecidas. Y es entonces cuando deciden pasar en 1972 a los atentados personales y a los ajustes de cuentas. En abril de 1972 asesinan al teninte general Juan Carlos Sánchez en Rosario. No solo es un crimen sino además un error, en la confusión asesinan a una vendedora de diarios. La operación está al mando de Juan Roque, alias “Lino”, que luego será un destacado dirigente montonero, muriendo en 1977 en un enfrentamiento con el ejército. También está presente otro futuro jefe montonero, Martín Gras, que será detenido en 1977 y dos años después accederá a colaborar con los militares en la represión contra la guerrilla. Robarán en 1972 millón y medio de dólares en Buenos Aires y en octubre recaudarán más fondos en robos a distintos supermercados en Buenos Aires. Pero vuelven a cometer otro error fatal. En mayo de ese año se les ocurre colocar una bomba en el Sheraton. Asesinararán a un matrimonio canadiense en luna de miel.

Las acciones cometidas en 1973 tienen como objetivos, recaudar más fondos y ejecutar venganzas políticas. En enero atracan el Super Mínimas de Munro, en marzo atentan contra el Decano de Exactas de la UNLP, en mayo obtienen un cuantioso rescate por el generente de Mecánica Lanin, Enrique Fridman y en junio por el de Coca-Cola, Oscar Castell. Se cuenta –y nadie puede asegurarlo- que esa inflación de secuestros con finalidades económicas se debe a la necesidad de recaudar fondos para la campaña electoral que en esos momentos se realizaba. No parece probable. Dos días después asesinan a un dirigente gremial peronista, Pascual Almada y en lo que queda de año realizan más secuestros para obtener fondos. En julio vuelan el Pabellón Universitario de Córdoba y hasta fin de año multiplica los atentados dinamiteros, especialmente en centros universitarios.

A principios de 1974, la mayor parte de miembros de las FAR, se integran en los montoneros, pero la sigla todavía brilla con luz propia el 31 de agosto de ese año, cuando asesinan al director de IKA Renault… Entre 1970 y 1974 han realizado un portentoso esfuerzo terrorista que ha dado sus frutos. El núcleo central es marxista y, por tanto, a allí en donde están las masas. Si las masas son peronistas, habrá que estar con los peronistas y si los peronistas tienen grupos armados y de izquierdas, se tratará de apoyarlos. Esto genera un entendimiento con los “montos” con los que terminarán integrándose en 1974.

Además, en estos años, han sufrido cierto desgaste en cuadros y militantes. Carlos Olmedo, uno de los fundadores de las FAR y su jefe indiscutible en la primera fase, muere en un enfrentamiento en la ciudad de Córdoba el 3 de noviembre de 1971, en el llamado “Combate de Ferreira”. No es el único caso, a pesar de que las FAR parecen haber actuado con una técnica más precisa y eficaz de clandestinidad y a las fuerzas armadas les cuesta localizar y desarticular sus células, la realidad es que, poco a poco, van cayendo cuadros, militantes y simpatizantes. En 1974 están presos en torno a 200 militantes vinculados a las FAR. No parece que, en ese momento, las FAR tuvieran en libertad a más de 300 activistas, bien entrenados, bien pertrechados y con experiencia.

Desde la que se produjo la fuga de Rawon, montoneros y FAR estaban llevando adelante conversaciones tendentes a unificar sus fuerzas. Durante un tiempo, cada una de las partes tantea a la otra, esperando que el tiempo les vaya reforzando y mermando a la otra parte. Además, en ese período, los montoneros no se consideran ni marxistas ni siquiera izquierdistas. Cuando a finales de 1973, resulta claro que los montoneros han ganado la partida, las FAR terminan integrándose en su sigla. En la cúpula montera, a partir de entonces, aparecen nombres ilustres de las FAR. Roberto Perdía, alias “el Pelado Carlos”, Marcos Osatinski, Julio Roque o Roberto Quieto, entran en la dirección montonera. Perdía llegará a ser el número dos de la organización, mientras que los otros morían en enfrentamientos o simplemente “desaparecían”.

(c) Erneto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

 

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