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Infokrisis.- Los incidentes del sábado y del domingo en Alcorcón confirman lo que venimos diciendo desde hace meses: el primer problema nacional, es la inmigración. Mezclar la inmigración con temas patrióticos en igualdad de condiciones o incluso subordinado a otros temas, implica desvalorizarlo, diluirlo y arrastrarlo por la senda del 0’5%... Los incidentes de Alcorcón se extinguirán, cuando nuestro ambiente debería de haber aprendido la lección desde El Ejido (2000).

¿QUE HA OCURRIDO EN ALCORCON?

En 2000 los incidentes de El Ejido estallaron tras el asesinato de tres ciudadanos de esa localidad en apenas 10 días. Los nombres de estos tres asesinados no han pasado a las crónica periodísticas, pero sí en cambio el nombre de El Ejido como ejemplo de “racismo y xenofobia”. El Ejido fue el primer toque de atención para la sociedad española de que la inmigración estaba creciendo de manera descontrolada y que allí donde se producían acumulaciones de inmigrantes superiores al 5% de la población y existía dejación de las autoridades en el mantenimiento del orden público, se producirían incidentes similares.

Después de El Ejido se produjeron incidentes en otras muchas ciudades; incidentes esporádicos, aislados, que repercutían en la indiferencia y la lasitud general. Un buen día fueron incidentes en Torrejón, otros en la Almunia, otros en Premiá de Mar, otros en Hospitales de Llobregat y así sucesivamente. Hoy le ha tocado a Alcorcón.

El motivo es el habitual: durante meses las autoridades, amparadas en la legislación vigente, se niegan a hacer nada para evitar que menores latinoamericanos “controlen” plazas públicas, utilicen navajas y amedrenten a la población, multiplicando sus crímenes, robos y exacciones. Un buen día, la población, harta de la dejadez de las autoridades y de los vacíos leales, estalla. Ese día, cuando deciden decir basta y empiezan a reconocer su soledad y abandono ante los poderes públicos, caen en el error de considerar que es posible tomarse la justicia por su mano.

Ayer sábado, los jóvenes de Alcorcón dijeron basta, respondieron a la violencia de “los monos (las bandas latinas), con su propia violencia No podemos aprobarlo, pero “comprendemos” ese gesto. Nadie aguanta –salvo alguien sin dignidad- que diariamente le ofendan en su barrio, que le roben impunemente mientras la policía mira a otro lado y que, para colmo, las familias de los criminales reciban ayudas sociales y subsidios pagados con el dinero y los impuestos de los agredidos.

Ni lo justificamos, ni lo apoyamos: pero la reacción de los jóvenes de Alcorcón es normal, esperada y legítima. Mientras la clase política está inmovilizada todavía por el atentado de Barajas, mientras que el gran “debate nacional” se centra en quién es más chorizo, si los concejales del PP o los del PSOE, o todos ellos, mientras el palurdo ignorante que se sienta en la poltrona de la Moncloa intenta construir el mundo globalizado en base al “diálogo de civilizaciones” y al “mestizaje”, en Alcorcón se ha llegado nuevamente a un callejón sin salida para nuestra gente y se les ha puesto en el disparadero… nuestra gente se ha visto amenazada, expoliada, acuchillada y, finalmente, ha reaccionado ante la pasividad de las autoridades municipales, regionales y estatales.

En la tarde del domingo, 500 jóvenes (y no tan jóvenes) movilizados por MSM han protestado por los apuñalamientos de ayer sábado. Porque lo que ocurrió el sábado fue que una banda de payasos criminales, los “monos”, los Latin Kings, Ñetas, Salvatruchas y demás ralea, estaban acuchillando a nuestra gente ante la pasividad de las autoridades.

No vamos a estimular la revuelta, ni siquiera a justificarla, pero quien hace imposible el imperio de la ley crea las condiciones para actitudes como las que se han expresado en Alcorcón: "Latin King fuera", "Vamos a por ellos, vamos a matarlos". Mañana, la prensa etnocida hablará de “xenofobia y racismo”, nosotros por nuestra parte diremos: la dejadez de las autoridades municipales, autonómicas y estatales, hace que la delincuencia de las bandas latinas se enseñoree de nuestras calles y plazas. Todo Alcorcón ha visto a los “monos” esgrimiendo navajas, puñales y katanas. Hace solamente un año, un lamentable jefe de estudios de un instituto de Hospitales afirmaba que estas armas “forman parte de su cultura”… pues bien, esa “cultura” no tiene lugar entre nosotros. Alcorcón es una populosa ciudad de 165.000 habitantes. En esa población todo el mundo está de acuerdo: "Esto es la guerra del barrio de Alcorcón contra los que vienen de fuera a invadirnos". Vecinos de la zona advierten de que "no se puede criticar a los violentos con actitudes violentas".

Vale la pena recordar la nacionalidad de los detenidos ayer: siete pandilleros, tres dominicanos, dos colombianos, un boliviano y un ecuatoriano de entre 16 y 24 años. Luego no hay duda… la violencia tiene etnia y tiene nacionalidad. Se puede ser contrario a la xenofobia y al racismo, pero no a la realidad. Los criminales son SOLO miembrosde bandas latinas.

Y esto llega cuando se publica la noticia de que solamente en diciembre 25.000 bolivianos (1000 al día, prácticamente) optaron por emigrar a España… Y a cuatro meses de que un concejal gilipollas y neuronicorto legalizara a los “latin kings” en Barcelona, como si tal cosa, y les concediera jugosos subsidios…

¿QUÉ OCURRIRÁ MAÑANA EN ESPAÑA?

Los sucesos de Alcorcón llegan a menos de diez años de que la inmigración masiva se convirtiera en lo habitual en España. En Francia tardaron cuarenta años en ocurrir los incidentes de la intifada de noviembre de 2005. En España sabemos recuperar el tiempo perdido, especialmente en materias conflictivas como esta.

Nuestro gobierno de inútiles, incapaces y cegatones mentales ha generado un efecto llamada sobre la delincuencia internacional y sobre los dirigentes de las bandas latinas: ¿para qué ser pandillero en el Bronx o en Miraflores, si las legislaciones norteamericana o venezolana actúan con mano de hierro sobre los grupos de adolescentes criminales ? Mejor venir a España donde los menores se benefician de todas las prebendas legales y garantías para poder cometer sus exacciones sin obstáculos y ante la comprensión generalizada (este verano El Mundo dedicó un suplemento especial dominical a glosar la bondad de los Latin Kings...).

El problema es que, a diferencia de en Francia, donde lo esencial de la inmigración es de origen magrebí, en España la inmigración está dividida en dos grandes componentes: la magrebí, ubicada especialmente en Catalunya y la andina, mayoritaria en Madrid. Ambos contingentes migratorios son relativamente similares y relativamente diferentes. Son similares en cuanto a que se trata de comunidades:

- Con un mismo complejo de inferioridad cultural frente a la cultura europea.

- Con un mismo problema de violencia doméstica y desprecio a la mujer.

- Con un mismo problema de inadaptación y odio a la cultura europea.

Son distintos en tanto que:

- En sí mismas se odian mutuamente y se consideran rivales y enemigas

- Unas son islamistas y otras cristianas, especialmente vinculadas a sectas evangélicas

- Tienen referencias culturales completamente diferentes.

Desde 2002 hemos visto cómo en ciudades como Barcelona, regularmente en los barrios en los que estas dos comunidades estaban más próximas, estallaban violentísimos incidentes entre magrebíes y andinos.

Todo esto no puede ser presagio de nada bueno. Ni la comunidad andina, ni la magrebí, demuestran el más mínimo interés en integrarse en la comunidad que los ha acogido. Por el contrario, se refugian en sí mismas y en estructuras tribales para garantizar su “identidad”. Estas estructuras tienen un punto común: su hostilidad hacia el eslabón más débil: los “nativos”. En efecto, en nuestra concepción del mundo y de la sociedad, la delincuencia es algo anómalo que debe ser resuelto por la policía y los tribunales. En la concepción magrebí y andina, el elemento autóctono es “cobarde” y “pijo” y, por tanto, se le puede negar el pan y la sal, abusar de él, cobrarle peaje, robarle los móviles, los bocadillos y expulsarlos de las plazas públicas… Cualquiera que haya tenido contactos con el problema de la inmigración, sabe que esto es así.

Pero las bandas latinas y los delincuentes magrebíes olvidan algo esencial: una comunidad tiene paciencia y confianza en las autoridades y en la ley… hasta que la pierde. Y cuando la pierde puede ocurrir el motín. Cuando ocurre el motín el delincuente magrebí o el andino tiene las de perder, se le persigue por las calles, se incendia su casa, se vuelca su vehículo y se le expulsa del barrio. En ocasiones pagan justos por pecadores; en un motín es imposible distinguir quiénes son las bandas latinas y los delincuentes magrebíes, y quiénes los inmigrantes honrados y trabajadores. Pero la culpa no es de nuestra gente, la culpa es de las autoridades que se han desinteresado por los problemas de los barrios y de los cinturones industriales.

Una vez más, el gobierno es tan culpable o más que los Latin Kings, los Ñetas y su puta madre. Y cuando hablamos del gobierno nos referimos al gobierno estatal, al municipal y al autonómico.

¿QUÉ PUEDE HACERSE CONTRA LA DESINTEGRACIÓN SOCIAL DEL PAÍS?

Estamos asistiendo a un proceso de desintegración social generalizada en nuestro país. Un proceso que hay que detener o nos arrasará a todos y quebrará definitivamente el nervio de nuestra sociedad y la estructura del Estado.

Las medidas que exige una situación excepcional como ésta, son así mismo, excepcionales:

- Cualquier inmigrante perteneciente a una banda juvenil debe ser inmediatamente expulsado del territorio nacional y enviado a su país de origen sin dilación, tanto si ha cometido delitos como si no. Si ha cometido delitos deberá purgarnos en prisiones españolas. La pertenencia a una banda étnica debe ser considerada delito, en tanto las bandas étnicas son asociaciones para delinquir. En nuestro ordenamiento jurídico existe la figura de la “asociación ilícita” aplicable en estos casos.

- Es preciso reinstaurar el imperio de la ley en los barrios y en los cinturones industriales. Ser inmigrante y delinquir rompiendo la armonía social existente en nuestro país y generando alarma social debe ser considerado como un agravante a la hora de las peticiones fiscales ante delitos cometidos por miembros de las bandas étnicas.

- Los menores delincuentes deben ser recluidos en régimen cerrado en establecimientos penitenciarios hasta ser entregados a las embajadas de sus países respectivos en España, los cuales se encargarán de repatriarlos.

- Los menores de origen extranjero que creen problemas en el normal desarrollo de las clases en sus centros de estudio serán repatriados tras ser expulsados de dicho centro.

- No se permitirán acumulaciones de más de un 10% de inmigración en un barrio o en un centro de estudios concreto. Superado este porcentaje, los inmigrantes deberán empadronarse en otro municipio.

- De la misma forma que el velo islámico y cualquier otro atributo religioso no forma parte de nuestra tradición cultural, así mismo, las prendas habituales entre las bandas latinas deben ser proscritas en tanto que símbolos exteriores de unas formas de comprender la vida que no son las propias de estas latitudes.

- La usurpación de espacios públicos, el cobro de “peajes” y el hostigamiento de ciudadanos deben ser considerados como delitos de máxima gravedad, ante los cuales, los culpables no podrán alegar minoría de edad y conllevarán la expulsión inmediata del territorio nacional, con entrega a las delegaciones diplomáticas de los países de origen, a cuyo cargo y propios medios quedará realizar la repatriación.

HOY MÁS QUE NUNCA: UN PARTIDO ANTI-INMIGRACIÓN PARA SACUDIRNOS LA LACRA

El mensaje final de los incidentes de Alcorcón es claro: si existiera un partido anti-inmigración capaz de encauzar y encarrilar la protesta popular, no se producirían incidentes y motines como los que han tenido lugar en Alcorcón en los últimos dos días.

Hoy más que nunca es necesaria la construcción de un partido anti-inmigración no contaminado con interpolaciones propias de otro tiempo y temas ajenos al “movimiento anti-inmigración”.

O partido monotemático anti-inmigración: el voto más seguro contra la inmigración ilegal y masiva, o dejadez y lasitud de las autoridades con abandono de sus funciones y cometidos.

Así que, cuanto antes asumamos nuestro compromiso, antes evitaremos a nuestros conciudadanos los riesgos generados por las bandas étnicas.

Basta ya de dejadez y abandono, basta ya de bandas étnicas, por la cristalización del movimiento anti-inmigración en un partido monotemática que sea el voto más seguro contra la inmigración ilegal y masiva.

 

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

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