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Infokrisis.- Se ha discutido sobre el origen del antisemitismo de la Tacuara. Algunos lo han atribuido a la influencia del Padre Meinvielle y otros a la de los exiliados alemanes hitlerianos que llegaron a Argentina después de la II Guerra Mundial. Lo sorprendente es que ambas influencias eran excluyentes y que Meinvielle acusaba a los nazis de naturalismo y paganismo... pero, sea como fuere, el antisemitismo es, prácticamente hasta el final de la Tacuara, una de las características más sorprendentes de esta formación política.

 

 

1.2.3. El antisemitismo en la Tacuara

A principios de 1959 se produjeron las profanaciones de tumbas judías en el cementerio de la Tablada, apareciendo svásticas en algunas lápidas. Los tacuaras jamás reconocieron esta acción como propia y acusaron a los medios judíos de haber realizado la provocación. A partir de 1960, cuando se produjo el secuestro en Argentina de Adolf Eichmann, los Tacuara sostuvieron que era intolerable que agentes clandestinos judíos operasen en el país, con la complicidad de medios izquierdistas, así mismo judíos. Sea por este prurito nacionalista o acaso por que los exiliados fascistas y hitlerianos en el país se habían fijado en Tacuara, el caso es que, a partir de ese momento, el movimiento multiplica sus acciones antisemitas. El 17 de agosto de 1960, al producirse el acto de homenaje a San Martín, el grupo de militantes de la Tacuara del Colegio Nacional Sarmiento se enfrentaron con los judíos del mismo centro, produciéndose un enfrentamiento a tiros que causó la muerte de Edgardo Trilnik, de apenas 15 años. A este episodios seguirán varios meses de atentados contra sinagogas, centros judíos, colegios judíos, miles de pintadas y decenas de miles de panfletos aireando consignas antisemitas. La Guardia Restauradora Nacional que, desde 1960 e había escindido de la Tacuara, siguió por esos mismos pasos, compitiendo con ella en antisemitismo.

En Argentina existía una antigua y arraigada tradición antisemita que se reforzó en los años 30 con la irrupción del nacional-socialismo en Alemania. Leopoldo Lugones o el prolífico novelista Hugo Wast (director de la Biblioteca Nacional desde 1931 a 1955) hasta Enrique Larreta, José María Rosa, Carlos Ibarguren, Jordán Bruno Genta, habían sido exponentes, junto a Julio Meinvielle, del antisemitismo argentino que, se expresaba a través de los periódicos “Bandera argentina”, ”Nuevo Orden” y “Pampero”.

La comunidad judía respondió constituyendo la Delegación de Asociaciones Israelitas de la Argentina. La DAIA, fundada el 5 de octubre de 1935 por 28 organizaciones judías de centro y derecha pertenecientes a todos los gruos étnicos y tendencias de la sinagoga; por su parte, los judíos vinculados a la izquierda se agruparon en el Comité Popular contra el Antisemitismo. En 1937, la DAIA constituyó el Comité contra el Racismo y el Antisemitismo integrado entre otros por Arturo Illia y Arturo Frondizi... que luego gobernarían la Argentina post-peronista.

Durante la II Guerra Mundial, la DAIA se preocupó particularmente de ayudar a los judíos que huían de Europa, pero tras la guerra, con la llegada de Perón al poder, las organizaciones de defensa de la comunidad judía retrocedieron. Como se sabe, Perón favoreció la llegada de ingentes grupos de antiguos fascistas y nacional-socialistas a Argentina que fueron, en buena medida, incorporados como cuadros del nuevo régimen. Con la caída de Perón pareció que todo este entramado perdía fuerza y así fue, efectivamente, pero entonces la comunidad judía debió de afrontar un antisemitismo popular protagonizado por la Tacuara e inspirado en los escritos del padre Julio Meinvielle.

Una década después cuando se produjo el golpe militar del General Videla ese antisemitismo recrudeció. En la obra “La dimensión judía de la represión durante el gobierno militar (1976-1983),” (Informe Co.So.Fam, Barcelona, marzo de 1999) se rememora el aprecio que tuvo la Junta Militar por las obras de Meinvielle: «En febrero de 1979 el Ministerio de Educación y Cultura [de Argentina] instrumenta un decreto por el cual se establece la obligación de estudios confesionales católicos en la asignatura de Instrucción Moral y Cívica que afectó la libertad de cultos y el laicismo en la enseñanza. En la bibliografía recomendada se encontraban autores notoriamente antisemitas como el Rvdo. Julio Meinvielle y el profesor Bruno Genta».

Meinvielle, en su obra “El Judío plantea”: "Ser grande en la grandeza carnal de Babilonia podrán serlo, si, pero como sirvientes del Judaísmo. Porque los judíos dominan en lo carnal....[de ahí] que la grandeza del capitalismo inglés y americano no es mas que una creación judaica...". En esta frase pueden apreciarse los lugares comunes de todo antisemitismo. En síntesis, la idea del Padre Meinvielle era que los judíos controlaban la economía argentina y, a través de sus peones políticos y culturales alentaban la disolución de la sociedad argentina, atentando contra los tres elementos sobre los que Meinvielle consideraba que constituían su pilar: la Patria, la Religión y la Familia (o, como solía decir, el “Hogar”). No duda en que la única posibilidad de afrontar estos riesgos es mediante una limitación de las libertades civiles y la aplicación de una política de “mano dura”. Su modelo de baluarte y defensa contra estos riesgos era la Inquisición Española. La primera institución a defender, por encima de cualquier otra, era la Iglesia, pues de ella dependía la salud espiritual de la Nación. Había escrito: "Sinagoga y masonería son los agentes, encarnaciones del diablo, que movilizan el combate de la Contra-Iglesia a base de mentira y crimen...". 
Pero las tareas represivas o de contención no serán nunca eficaces del todo, si no se apoyan sobre un renacimiento cultural de los valores que hasta ese momento han sido específicamente argentinos. Meinvielle está en contacto con el clero tradicionalista español de los años 50 y 60. En aquel momento, ese clero goza en España de todas las facilidades que le da el hacer causa común con el franquismo. Lo que propone Meinvielle es un “renacimiento cultural Hispanoamericano” (no latinoamericano, el matiz es importante por que Meinvielle se identifica con la forma “hispana” de catolicismo, más rigorista, combativo, “íntegro” sino integrista, y misional que el Italiano o cualquier otro). La idea “Hispanoamericana” sería la única con energía y vigor suficiente para enfrentarse al “panamericanismo” de los EEUU (también es significativo que Meinvielle jamás aluda el “imperialismo” norteamericano, sin duda, por identificar este concepto con la izquierda.
El antisemitismo de Meinvielle es completamente diferente al nacional-socialista. Si en este el antisemitismo arraigaba en las diferencias raciales, en Meinvielle la raza apenas tiene sino un papel secundario. El padre Meinvielle ancla su antisemitismo en el hecho bíblico (los judíos, a la postre, crucifican a Cristo y, por tanto, Israel es culpable); había escrito: "¿Quiénes son los agentes que el diablo utiliza para la realización de sus maquinaciones? En la providencia actual, el cristianismo tiene un enemigo primero y natural que es el judío. No en vano el Señor los acusa de "hijos del diablo" (Jn 8,44). En segundo lugar los paganos. En la crucifixión los judíos actúan como verdaderos instigadores y responsables, mientras que los gentiles se desempeñan como ejecutores. De aquí que los enemigos del cristianismo sean los judíos, masones y comunistas". Es evidente que la matriz del antisemitismo hitleriano es completamente diferente. De hecho, el Padre Meinvielle hacia 1937 tiene palabras muy duras hacia el régimen hitleriano, en el que ve una forma de paganismo naturalista. Percibía, además, que, a diferencia de otros regímenes fascistas europeos (Franco, Pavelic, Tiso, Salazar, Mussolini o Dulfuss), el nacional-socialismo no había concedido privilegios a la Iglesia Católica. 

Además, tampoco se sentía –a diferencia de Perón- identificado con la forma política de esos regímenes. Si bien era partidario de un “gobierno fuerte”, más o menos similar a una dictadura, no era eso lo que sostenía Meinvielle, sino más bien un gobierno teocrático de estilo medieval. Años después, el Centro de Estudios Evolianos de Buenos Aires, definió a esta corriente como “guelfismo”, y, seguramente es el apelativo que mejor le cuadra. Meinvielle sostenía la necesidad de que el poder político estuviera bajo la férula del poder religioso. Así se evitarían abusos: lo que en la concepción democrática supone el equilibrio de poderes, en la guelfa es sustituida por la subordinación del poder político al religioso considerado como emanación de la divinidad. Dios nunca haría nada injusto contra su grey. Eso facilitaría el advenimiento de la “Ciudad de Dios”, concepto tomista que tuvo su momento álgido en el siglo XIII, con Hildebrando elevado al papado con el nombre de Inocencio III. Por lo demás, el Padre Meinvielle tenía en alta estima al pensamiento nacionalista francés de Charles Maurras, hasta el punto que el secretario de éste, luego catedrático en la Sorbona consideraba al Padre Meinvielle como una “inteligencia francesa”.

El Padre Meinvielle no fue una excepción en su generación. En aquellos años apareció toda una cohorte de intelectuales nacionalistas –algunos como sus discípulos y otros como sus compañeros de generación- de envergadura, los curas Castellani, Octavio Derisi, Sánchez Abelenda, Juan Sepich y los laicos Sacheri (asesinado por el ERP-22 de Agosto), Tomas Casares, Cesar Pico, Nimio de Anquin y Jordán Bruno Genta (asesinado por Montoneros). Aún hoy el legado de Meinvielle y de toda esta generación de intelectuales nacionalistas católicos, sigue presente en la sociedad argentina a través de la veterana revista “Cabildo”, dirigida por Antonio Caponetto y que mantiene un sitio en Internet donde puede percibirse lo esencial de su doctrina, incluido el antisemitismo.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

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