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Infokrisis.- Los europeistas convencidos no albergamos la menor duda de que “Europa”, lo que se dice “Europa”, empezó con la llegada de los pueblos indo-europeos al continente y se refrendó en los momentos más estelares de la historia del continente: en Salamina e Himera, en las Termópilas, cuando Grecia contuvo a los pueblos asiáticos. En el fenómeno de las cruzadas y antes con el imperio carolingio, renovación, a su vez, de la idea imperial romana, pero inspirada por la catolicidad. No es a esta Europa a la que nos vamos a referir sino a la idea europea tal y como la vivimos hoy; la idea, en definitiva, que ha desembocado en la creación de la Unión Europea.

1. El precedente decimonónico: Giovine Italia

Para entender este proceso debemos remontarnos a mediados de los años 20. Hay un momento de fermentación de ideas generada por el horror producido por la Primera Guerra Mundial entre algunos intelectuales. Ortega y Gasset fue uno de ellos. Su libro, hoy relativamente olvidado, “La Rebelión de las Masas”, publicado en aquellos años, ejerció una fuerte influencia sobre quienes pensaban que una federación europea era necesaria para evitar nuevas guerras civiles europeas. Escribía Ortega: "El europeo no puede vivir a no se que embarque en una empresa unificadora. (...) Los nacionalismos no son nada, sólo una manía, un pretexto para escapar de la necesidad de inventar algo nuevo, alguna gran empresa. Sus métodos primitivos de acción y el tipo de hombres que lo lideran revelan que es lo opuesto a la creación histórica. Sólo la determinación de construir una gran nación de un grupo de personas del continente daría nueva vida a los pulsos de Europa. Se empezaría a creer en ella de nuevo."

Si el siglo XIX ha sido llamado el “siglo del nacionalismo”, será en la primera mitad del XX en donde se pondrán de manifiesto las consecuencias más odiosas de ese nacionalismo. Ortega contemplaba el lanzamiento de la idea europea como la única vacuna contra el nacionalismo.

Seguramente, Ortega había rescatado el recuerdo histórico de la organizaciones “Giovine Europa”, fundada 100 años antes por Giuseppe Mazzini. Desde que el Conde de Saint Simon, elaborase una complicada teoría sobre la “organización del mundo”, dentro de la cual, “Europa” formaba una parte de la “Confederación Mundial”[1], la idea europea siempre había ejercido una poderosa atracción sobre los medios socialistas utópicos. En 1814, Saint Simon había publicado una obra extraña “De la reorganización de la Sociedad Europea”, donde proponía un gobierno supranacional para el continente.

Generalmente, todo esto eran teorías, a menudo poco elaboradas, que reflejaban intuiciones místicas formuladas al margen de su posibilidad de realización. Sin embargo, vale la pena hacer una breve referencia a la primera estructura política, digna de tal nombre, que se construyó a nivel europeo: la “Joven Europa” de Giuseppe Mazzini.

“Joven Europa”, tenía como matriz a “Giovine Italia”, fundada en Marsella por Manzini en 1831. El nombre procedía del periódico e los italianos exiliados en aquella ciudad que publicaban un semanario del mismo nombre. Su proyecto consistía en unificar a los Estados en los que estaba dividida italia en aquel momento y establecer una “república democrática”. Se trataba de liberales exaltados, en su núcleo central vinculados a una asociación secreta similar a la masonería: los carbonarios.

Hacia mediados del siglo XIX, habían nacido en distintos países europeos, formaciones que reproducían, no solamente los temas de “Giovine Italia”, sino incluso su propio nombre. Así surgieron grupos llamados “Joven Francia”, “Joven Alemania”, “Joven Inglaterra”, “Joven Polonia”, “Joven España”, “Joven Austria”, “Joven Rusia”, “Joven Suiza”, “Joven Grecia”, etc., que Mazzini decidió federar en una estructura unitaria: “Joven Europa”.

El 15 de abril de 1834, se reunieron en Berna representantes de todos estos grupos aprobando el “Estatuto de la Joven Europa”. El símbolo de la asociación era una hoja de edera con la inscripción: “Pacto Federal de la Joven Europa. Ahora y Siempre”. En el artículo 20 de los estatutos se decía explícitamente: “La Asociación de la Joven Europa representa, en su organización efinitiva, el porvenir europeo. El porvenir europeo armonizará las dos ideas fundamentales de la nueva época: Patria y Humanidad. La Asociación de la Joven Europa representará estas dos ideas y el ligamen que las armoniza. Es una gran Asociación de dos grados, de los cuales, uno representa la tendencia nacional de cada Pueblo, y enseña al hombre a amar a la Patria, el otro representa la tendencia común a todos los pueblos y enseña al hombre a amar a la Humanidad”.

Mazzini en sus memorias explica este proceso. Para él, la idea europea debía cristalizar cuando los “pueblos de europa” asumieran la idea. Para Mazzini, había dos ejemplos a seguir: uno, para los pueblos que todavía no eran independientes, la lucha de liberación griega contra los turcos; y el otro era Suiza, independiente desde 1338 y que integraba a tres comunidades lingüísticas (francesa, italiana y germana) que vivían en permanente armonía. El primer ejemplo señalaba el camino (la lucha de liberación), el segundo era el objetivo a trasladar a nivel europeo.

Sin embargo, la debilidad de algunas secciones nacionales y la desaparición de otras, hicieron que el proyecto no tuviera continuidad y “Joven Europa” se disolviera a los pocos años. Era un intento y como intento frustrado quedó. Ciento veinte años después, Jean Thiriart recuperó el nombre y la idea mazziniana, la reelaboró y construyó un movimiento con el mismo nombre que contó con secciones nacionales en toda Europa Occidental, sin que, salvo la belga, tuvieran una especial importancia. Cuando esto ocurría el Tratado de Roma que dio lugar a la Comunidad Económica Europea ya se había firmado.

Mazzini, aprovechando los acontecimientos de 1848, intentó una nueva aventura europeista, creando el “Comité Central Democrático Europeo”, multiplicando sus llamamientos tanto a los “pueblos de europea” como a los “individuos de la humanidad”. En el llamamiento de 1850 clamaba para la constitución de parlamentos nacionales, a partir de los cuales debería surgir el “congreso representativo de las naciones libres”.

A partir de ese momento y durante los siguientes cien años, aparecieron distintos intentos definidos como “mundialistas” centrados en iniciativas por la paz, celebración de exposiciones internacionales, movimientos por los derechos de la mujer, movimientos internacionales vegetarianos, congresos teosóficos partidarios de crear una “religión mundial”, e incluso movimientos esperantistas partidarios de crear una “lengua mundial”. Habría que decir que los impulsores de todos estos intentos eran socialistas místicos, franc-masones y miembros de otras corrientes neo-espiritualistas, de la misma forma que Mazzini pertenecía a la Sociedad Carbonaria, otra de estas corrientes. Así pues, es preciso no perder de vista que, a partir de su irrupción, la idea europea está protagonizada por miembros de la masonería. ¿Qué puede deducirse de estos? Dos cosas: en primer lugar que la masonería era en esa época un laboratorio de ideas y en segundo lugar que, de la misma forma que la masonería había tenido mucho que ver en el desencadenamiento de las revoluciones liberales en todo el mundo, también asumió la dirección del proceso europeista.

2. Pan-Europa y el conde Coudenhove Kalergi

En 1923, el conde Coudenhove Kalergi funda el “Movimiento Pan Europa”. Y aquí si existe una relación directa con la actual Unión Europea.

En 1926, este movimiento organiza en Viena un primer congreso al que asiste cierto número de personalidades europeas, entre ellas Aristide Briand, será primer ministro en Francia en 1929. En calidad de tal, Briand dará un célebre discurso el 5 de septiembre de 1929 en la Asamblea de la Sociedad de Naciones, en el que propondrá la creación de una federación europea. Lo esencial de su discurso histórico se resume en esta frase: "Pienso que entre los pueblos que están geográficamente agrupados como los pueblos de Europa, debe existir una suerte de vínculo federal; estos pueblos deben en todo momento tener la posibilidad de entrar en contacto, de discutir sus intereses, de adoptar resoluciones comunes, de establecer entre ellos un lazo de solidaridad, que les permita, en los momentos que se estimen oportunos, hacer frente a las circunstancias graves, si es que estas surgen. (...) Evidentemente, la asociación tendrá efecto sobre todo en el dominio económico: esa es la cuestión que mas presiona..."

Las bases del proyecto de Briand eran solidaridad, especialmente en materia económica. Cuando elaboró su “Memorial sobre al organización de un sistema de Unión Federal Europea” en 1930, todo el continente vivía una nueva oleada de nacionalismo que imposibilitaba su aplicación. En apenas 12 años, parecía que los horrores de la Primer Guerra Mundial habían sido olvidados y Europa se precipitaba hacia un nuevo conflicto civil. El modelo de Briand y de su continuador, el primer ministro francés Herriot, era el sistema federal de los EEUU que debería ponerse en práctica progresivamente, mediante acuerdos económicos que hicieran interdependientes a los distintos Estados europeos y, finalmente, llevaran a una federación política. Briand aludió en esta intervención a “contemplar el interés entre los gobiernos interesados y entre los pueblos de Europa, en vistas de la institución, de un lazo federal que establezca entre ellos un régimen de constante solidaridad y permitirles en todos los casos en los que sea necesario entrar en contacto inmediato para el estudio, la discusión y la solución de los problemas susceptibles de interesar en común”.

En su conclusión Briand proponía “un pacto general”, afirmando “el principio de unión moral europea”, consagrando “el hecho de la solidaridad instituida entre Estados europeos”; “un mecanismo capaz de asegurar a la Unión Europea los órganos indispensables para la realización de sus fines”. El documento precisaba que “toda posibilidad de progreso en la vía de la unión económica estaba rigurosamente determinada por la cuestión de la seguridad, y estas cuestiones por si mismo estaba íntimamente ligada a los progresos realizados en la unión política; y es en este plano en el que deberían ser realizados los primeros esfuerzos tendentes a dar a Europa su estructura orgánica”.[2]

El plan, evidentemente, tiene una semejanza con lo que luego salió del Tratado de Roma. Briand, como Herriot, eran miembros de una discreta asociación fundada por un noble austriaco.

En efecto, el alma de todo este movimiento era, sin duda, Richard Nikolaus de Coudenhove-Kalergi. A él se deben la propuesta del primer proyecto de Europa unidad y la fundación de la Unión Paneuropea. Aristide Briand estaba inspirado por las ideas de Coudenhove-Kalergi.

A este grupo pertenecieron Aristide Briand y Gustav Strassemann, líderes políticos que tuvieron las riendas de Francia y Alemania respectivamente en la pre-guerra. Pero también participaron como miembros de la Unión Paneuropea, nombres de grandes políticos posteriores al conflicto: el futuro canciller alemán Honrad Adenauer, el futuro primer ministro italiano Alcide de Gaspari, el General De Gaulle, líder de la resistencia francesa y posteriormente presidente de la IV y de la V República, Paul Henri Spaak, primer ministro belga, etc.

Coudenhove-Kalergi era hijo de un diplomático austríaco y de una japonesa y había nacido en el país de su madre, a pesar de que pronto se trasladó al castillo familiar de Bohemia y estudió en los más prestigiosos colegios del imperio austro-húngaro. Curso estudios de filosofía y letras, alcanzando el doctorado en 1917. Al acabar la I Guerra Mundial adoptó la nacionalidad checa y es, a partir de ese momento, cuando empiece a escribir artículos de carácter político y a intentar dar un futuro a Europa. Su primera propuesta en esa dirección data de 1922 y la concreta un año después en su libro “Paneuropa. Una proposición”, cuando apenas tenía 28 años.

En esta obra, Coudenhove-Kalergi escribió esta frase afortunadaza y visionaria que inspiraría a Ortega y Gasset: "Europa como concepto político no existe. Esta parte del mundo engloba a pueblos y Estados que están instalados en el caos, en un barril de pólvora de conflictos internacionales, y en un campo abonado de conflictos futuros. Esta es la Cuestión Europea: el odio mutuo de los europeos que envenena la atmósfera. (....) La Cuestión Europea será resuelta sólo mediante la unión de los pueblos de Europa. (...) El mayor obstáculo a la realización de los Estados Unidos de Europa son los mil años de rivalidad entre las dos naciones más populosas de Pan-Europa: Alemania y Francia..."

En esta obra, será el primer en auspiciar la necesaria colaboración entre Francia y Alemania en materia siderúrgica, tesis que cristalizará treinta años después en la constitución e la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Aristide Briand se inspira en esta obra para lanzar su mensaje en 1920. Los considerados como padres fundadores de la UE, reconocerán su tributo hacia Coudenhove-Kalergi. Será también él quien proponga como Himno de Europa, el Himno a la Alegría de Schiller con música de la Novena Sinfonía de Beethoven. Así mismo propondrá la celebración del “Día de Europa” en mayo.

Pero la idea europea progresará muy lentamente, especialmente, a partir que el nacional-socialismo alemán ocupe el poder en 1933. Cuando se produce la anexión de Austria al Reich, en 1938, el conde Koudenhove-Calergi, se trasladará a Suiza y más tarde a EEUU donde vivirá el drama de la Segunda Guerra Mundial. De regreso a Suiza en 1945, al concluir el conflicto, seguirá adelante con sus iniciativas europeistas. En 1947 propondrá la creación de un sello de correos europeo y al año siguiente impulsará en Gstaad la fundación de la Unión Parlamentaria que desembocará en el Congreso de Europa en La Haya en 1948. Este encuentro es particularmente importante, porque desembocará en la creación del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo, instituciones hoy suficientemente conocidas por todos.

La Europa de Coudenhove-Kalergi abarcaba el espacio situado entre Portugal y Polonia; decía que más allá se había perdido la idea europea y no era posible restablecerla por motivos políticos, económicos y culturales. Desde finales de los años 20, Coudenhove-Kalergi, mantenía correspondencia con un oficial francés especialista en carros de combate, Charles de Gaulle. Coudenhove-Kalergi había adquirido la nacionalidad francesa en 1939 y a lo largo de todo el conflicto que se inició ese año, mantuvo contacto epistolar con De Gaulle, devenido general. En 1960, éste impulsó la creación del Comité Francés por la Unión Paneuropea. A partir de 1990, a la vista de la nueva situación creada en Europa tras el desmoronamiento del bloque soviético, el CFUP, fue revitaliza participando en las actividades de la Unión Paneuropea y siendo uno de los más firmes bastiones de la “Europa Política” hoy, como lo fue de la ampliación de la UE hacia el Este.

A pesar de que, en buena medida, Coudenhove-Kalergi logró hacer arrancar la idea europea y el que la mayoría de fundadores de la CEE fueran miembros de la Unión Paneuropea, en los últimos años y en varias ocasiones, demostró su disgusto por la deriva tecnocrática y excesivamente economicista en la que se encaminaba lo esencial de los esfuerzos europeistas en aquella época. El 27 de julio de 1972, moría tras haber designado a Otto de Habsburgo como su sucesor al frente de la Unión Paneuropea.

También aquí merece ser mencionado el papel de la masonería. Un autor, Pierre Virion, sostiene que la familia Coudenhove-Kalergi había tenido relaciones con la masonería[3]. De hecho, es fácilmente comprobable que al menos tres de las personalidades políticas que apoyaron a Coudenhove-Kalergi en sus primeros pasos, eran francmasones: el presidente checoslovaco Benes, el canciller alemán Strassemann y el presidente francés Edouard Herriot, como también lo era el destacado político italiano de la época F. Nitti

Hacia la “Europa Americana”

Recién terminado el conflicto, aparecen instituciones como la “Unión Europea de Federalistas”, el “Comité por los Estados Unidos de Europa” (de carácter socilista), los “Nuevos Equipos Internacionales” (de inspiración democratacristiana), el “Movimiento por la Unidad Europea” (promovido por Churchill), el ideal de todo este entramado asociativo era defender la progresiva integración de los Estados Europeos podría garantizar el desarrollo económico y social. En 1948 todos ellos fundan el Movimiento Europeo, cuyos objetivos declarados serán:

  • Elaborar una Carta sobre los Derechos del Hombre
  • Proponer la creación de un Tribunal Internacional que garantizara dichos derechos
  • Crear la Unión Económica Europea

Todo este proyecto era muy ambicioso y tenía, en realidad, un alcance “universal”, excesivamente idealista y escasamente pragmático. Probablemente, todo esto no hubiera llegado muy lejos de no haber sido por la ayuda americana en forma de Plan Marshal, a partir de 1947. Precisamente, el origen de la Comunidad Económica Europea será la exigencia de los EEUU de que su ayuda fuera coordinada por los países europeos, para evitar que se reprodujera la situación de rivalidades y tensiones, especialmente entre Francia y Alemania. La propuesta norteamericana no era completamente desinteresada. En realidad, de lo que se trataba era establecer un espacio europeo coherente y sin fisuras que garantizara que en caso de conflicto con el Este, sería en esa zona en donde se dirimiría el conflicto… para que no quedara afectado al territorio norteamericano. Así pues, en su primera fase, la idea europea quedaba lastrada y condicionada por la guerra fría y por el aliado atlántico norteamericano.

Pero, a partir de ese impulso, basado, exclusivamente, en la economía, nacerán:

- El Benelux o espacio económico de integración formado por Bélgica, Holanda y Luxemburgo, fundado en 1948, cuando se produce el Golpe de Praga que evidencia la voluntad de la URSS de controlar políticamente toda la Europa Oriental.

- La Comunidad Europea de Defensa, proyecto de coordinación militar europea con aspiraciones de constituir un “euro-ejército” operativo. En 1952, la retirada francesa entrañará el fracaso de la iniciativa y la posterior creación de la OTAN, señalarán, de nuevo, el liderazgo norteamericano en Europa Occidental.

- La OECE, específicamente destinada a coordinar y administrar los fondos del Plan Marshall y preparar la coyuntura para que finalmente terminaran desapareciendo las fronteras económicas entre los países de Europa.

- El Consejo de Europa, con sede en Strasbourg, fundado en 1949, sin participación norteamericana… pero también sin más funciones que proteger los Derechos Humanos.

En la práctica, a la contaminación masónica, de los primeros intentos de integración europea, se une, en la siguiente fase (en los intentos que van desde 1947 a 1989) la contaminación norteamericana. Aún hoy en el Parlamento Europeo y en el Consejo de Europa, la influencia masónica es extremadamente fuerte –y a despecho de la crisis internacional de la masonería a partir de mediados de los años 80, cuando dejó de ser “laboratorio de ideas”- como lo es la influencia del “partido americano” que, paradójicamente ha recogido el favor de algunas democracias surgidas en el Este Europeo (Polonia en particular).

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es



[1] Jacques Bordito, L’Occident Démantelé, La Livrairie Française, París 1976, págs. 13-14

[2] Extraído de “L’Occident Démantelé”, op.cit., pág. 193-4

[3] Escribe Virion, sobre Coudenhove-Kalergi: “de origen flamenco. Su abuela, Maria Kalergi, nacida en 1860, fue amida de Bismarck, de Enrique Heine y de Wagner, es decir, que había vivido en un medio pasablemente “iniciado”” (Pierre Virion, Bientôt un Gouvernement Mundial, une super et contre-église”, Ed. Saint Michel, Saint-Cenéré, 1967, pág. 45). En algún momento de sus vidas, tanto Wagner, como Heine y Bismarck, habían sido miembros de la masonería.

Más adelante, Virion añade: “Coudenhove-Kalergi además, tuvo buenos contactos, en realidad privilegiados, con jefes de Estado, pues no solamente Spaak, fue su amigo y discípulo. Durante una conferencia en la cumbre, reservada a los jefes de gobierno de los “cuatro grandes”, Coudenhove-Kalergi fue el único invitado tal como informó la prensa. Fue recibido en el Elíseo por Charles de Gaulle; (…) Le Figaró publica regularmente sus breves artículos, casi siempre en itálica, tras los comunicados oficiales y que solamente pueden comprender perfectamente los “iniciados””. Y concluye: “Coudenhove-Kalergi es el portavoz de la sinarquía en Europa. Su doctrina, como la de Saint Yves d’Alveydre es el Federalismo internacional” (ibid., pág. 45-46)

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