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Infokrisis.- Hemos llegado a una parte importante del diálogo. Si la inmigración es un problema, ¿quién lo resuelve? Es preciso un partido que abandere la lucha contra la inmigración de manera inequívoca y sin posibilidad de error. Hace falta construir una opción que suponga "el voto más seguro contra la inmigración masiva". En este diálogo se definen algunas de las líneas maestras por las que debe discurrir esta opción. Se definen moderlos de partido y se descartan algunos ejemplos tenidos hasta ahora como sacrosantos.

 

Diálogo XIX

La necesidad de un partido antiinmigración

[20 de noviembre de 2006]

¿De qué manera puede expresarse la movilización popular? ¿Te refieres a protestas callejeras como las que se produjeron en El Ejido y en otros muchos sitios?

No exactamente. Las explosiones de cólera son puntuales, los motines peligrosos y los disturbios rechazables. Lo que necesita la situación es acción política no revueltas insensatas. Todo lo que suponga vulnerar la legislación vigente es rechazable. Es más, de lo que se trata es de obligar a cumplir la legislación vigente… solo con la cual el problema de la inmigración se resolvería.

Si esto no ocurre y si cada vez más se está agravando el problema se debe a que no existe una fuerza política que exija cumplir la legalidad vigente en materia de inmigración. Esto genera laxitud por parte del poder y desinterés por parte de la oposición. Diferente sería si en el parlamento existiera una voz disidente en esta materia.

Así pues, de lo que se trata es de constituir una opción identitaria con capacidad para entrar en el parlamento. Si esa “opción”, tiene la forma de un partido, de un frente o de un movimiento cívico, es irrelevante. De lo que se trata es de que, cuanto antes, esta opción cristalice en los distintos centros de poder (municipal, autonómico, estatal, europeo).

Pero, construir un partido es una tarea muy compleja, es preciso una ideología, un programa, ingentes medios económicos… ¿no seria mejor que un partido ya existente asumiera las reivindicaciones sobre la inmigración? Eso evitaría el trabajo de construir un partido nuevo.

Hay que ser realistas. El PSOE no está dispuesto a actuar enérgicamente frente a la oleada migratoria. Es más, el PSOE es el principal responsable de lo que está ocurriendo, incluso desde los años del felipismo, cuando ya sus medidas legislativas favorecieron el que aumentara extraordinariamente el peso del islamismo en Ceuta y Melilla. Desde entonces, el socialismo ha sido responsable activo del efecto llamada sostenido que se ha generado desde el año 2000. Ahora bien, en lo que se refiere al PP, su responsabilidad es por omisión. Resulta imposible ignorar que el período en el que la inmigración se convirtió en un problema fue en su período de gobierno… especialmente en su segunda legislatura, cuando ya tenía mayoría absoluta. El PP se ha desinteresado siempre del tema de la inmigración; desde el poder lo ha considerado un tema secundario, apenas sin interés; solamente ha aludido a la inmigración cuando se ha encontrado en la oposición, percibiendo que el tema tenía seguimiento popular. Pero no hay que engañarse; difícilmente el PP va a ser creíble, proponiendo desde la oposición, aquello que no ha sido capaz de hacer desde el poder. En este sentido, la situación española no es diferente de la que se ha dado en otros países europeos: los partidos de centro derecha han ocultado el problema de la inmigración, mientras que los de centro-izquierda lo han estimulado.

Por su parte, los partidos nacionalistas periféricos ven con malos ojos la inmigración masiva, en tanto que susceptible de desfigurar sus identidades regionales. Pero, para ellos, el problema es muy simple: se trata de asimilarlos. Se ha llegado a situaciones grotescas. La Generalitat de Catalunya estimuló la inmigración a su territorio de magrebíes, pensando que estos asimilarían mejor el catalán, frente a los andinos que no experimentarían la necesidad de aprender un nuevo idioma ya que se expresaban en castellano. Esto ha hecho que Catalunya sea hoy la zona del Estado con más densidad de inmigración magrebí y, al mismo tiempo, en donde la inmigración pakistaní crece a más velocidad… sin haber podido evitar que la inmigración andina se haya convertido también en masiva.

De hecho, los partidos nacionalistas lo valoran todo en términos muy ingenuos: creen que la inmigración actual es integrable como lo fue la emigración interior española de los años 50 y 60. Se equivocan. No pueden admitir que en el caso de la inmigración extremeña, andaluza y gallega, no existía abismo antropológico y cultural… pero que ese abismo existe con la inmigración magrebí y andina.

Así pues, no puede esperarse gran cosa de los partidos actualmente representados en el parlamento. En realidad, no puede esperarse absolutamente nada.

Pero existen otros grupos antiinmigración ¿no cuentas con ellos?

Yo solamente percibo en Catalunya la existencia de la Plataforma per Catalunya, de Anglada, en Madrid, la Iniciativa Habitable… y poco más. Estos dos grupos expresan de manera regional –y limitada por el momento- el impulso contrario a la inmigración masiva. Es bueno que esos partidos existan y, antes o después, van a tener que colaborar. Tampoco es difícil que esta colaboración se produzca, dado que sus campos de aplicación son distintos: el ámbito catalán de la PxC no interfiere con las zonas en donde está implantados grupos de IH. Todos estos grupos están llamados a colaborar en caso de que logren superar su etapa grupuscular.

Sin embargo, existen más partidos antiinmigración, ¿por qué no los consideras?

Vamos a eso. Es importante tener en cuenta que la existencia de un partido antiinmigración está reñida con otras componentes, especialmente con el nostalgismo. Es cierto que existe media docena de opciones de extrema-derecha que afirman estar “contra la inmigración”. Estas opciones, fundamentalmente, pueden clasificarse en dos grupos: el “área histórica” y el “área de la autonomía histórica”. La primera es el área falangista. Se puede esperar muy poco de ella. Está multidividida y tiene sobre sí un lastre del que le va a resultar difícil de liberarse. Es esa imagen demodé, de partido de los años 30, identificado con la guerra civil y con el franquismo, que le ha hecho estar en este momento al borde de la extinción y fraccionado en cinco o seis grupos. Algunos de estos grupos han creído descubrir en las iniciativas antiinmigración, un balón de oxígeno. Pero sus manifestaciones en este terreno son anecdóticas. Están muertos y enterrados políticamente y harían bien en reconvertirse en una fundación para la preservación del pensamiento joseantoniano. Como máximo techo para su actividad.

En cuanto al otro sector, está constituido por dos formaciones, Democracia Nacional y España 2000. El primero es un partido que surgió hace diez años, sobre una base de documentos realistas de buena calidad. Lamentablemente los fundadores no se plantearon cuestiones estratégicas y tomaron como modelo a transplantar el Frente Nacional. Este partido nunca ha tenido ningún éxito apreciable, si bien entre el 2002 y el 2003 experimentó un crecimiento real. Pero las tensiones internas, generadas por individuos absolutamente olvidables y su aproximación al “área nostálgica”, lo ha situado hoy en un papel residual e irrelevante. En cuanto a España 2000, desde su fundación es el único grupo que realiza una actividad de propaganda a nivel de calle, que no ha sufrido escisiones y que, más o menos, va creciendo, en el ámbito del Reino de Valencia, con escasa proyección fuera del mismo. España 2000 ha recuperado buena parte de la documentación y las ideas que dieron origen a DN y, en el fondo, a la vista de la crisis terminas de este partido, lo ha sustituido. Si España 2000 quiere avanzar, va a tener que insistir en esa línea: despojarse de los residuos nostálgicos, convertirse en una formación dispuesta a cooperar con los grupos que han hemos mencionado y, en una palabra, eliminar los antiguos residuos ultras que todavía mantiene.

¿Así pues, el modelo a adoptar es el del Front National de Jean Marie Le Pen?

No creo. El “modelo Le Pen” aparece en 1973 y después de 10 años de “travesía del desierto” en el que Le Pen, apenas lograba ser “Monsieur 1%”, experimenta un crecimiento que le abre las puertas del parlamento europeo. Pero esto ocurre hace algo más de 20 años. Desde entonces el FN ha persistido en este modelo con buenos resultados, si exceptuamos la imposibilidad de haber superado su aislamiento político. Ahora bien… esto es imposible que ocurra en España: en las actuales circunstancias es muy difícil pensar en la irrupción de un “partido” convencional que crezca poquito a poco, vaya dando saltitos y mejorando sus resultados de una elección a otra. Los tiempos son diferentes y hoy el sistema de partidos está demasiado estabilizado como para que pueda irrumpir una nueva opción convencional.

Además, el FN tiene un sólido liderazgo y una clase política de reemplazo para cuando falte el líder. Este liderazgo no está presente en España. Además, en Francia –Estado jacobino por excelencia- la combinación entre el tema del antiinmigracionismo y el nacionalismo, no chirrían. En Francia, no existe el grado de centrifugación autonómica ni el desinterés de la izquierda por el patriotismo. El doble mensaje “antiinmigración-nacionalismo” que en Francia es aceptable para votantes de izquierda tiene mucha menos capacidad de encaje con la realidad social española en España. Esto no entendieron perfectamente, los fundadores de la PxC a la que en ocasiones se ha criticado por su “catalanismo”. Personalmente, creo que en el futuro habrán de matizar algunos aspectos de esta postura y les obligará a definir un modelo de Estado. No es por casualidad que la PxC haya irradiado a partir de Vic, que en otro tiempo fue la zona fuerte del tradicionalismo carlista catalán. Es importante tener en cuenta este dato que remite a una inspiración “foralista”. Pero, es evidente que el foralismo carlista del siglo XIX, ya no es aplicable hoy. Los antiguos fueros han desaparecido y restaurarlos supondría un arcaísmo en tanto ya no responden a las nuevas necesidades de los Reinos, Principados, condados y regiones en los que está dividido nuestro país actualmente.

En otras ocasiones hemos hablado de que es preciso redefinir lo que es “España”. Desde Ortega y Gasset se tiende a definir nuestro país como “unidad de destino”… ahora solo queda definir cuál ese destino y hacía donde circula, porque resulta evidente que ya no es el mismo que el que pudo defender la generación del 98.

Estamos hablando de “identidades”. Hoy, un individuo “integrado” en nuestro país, no puede sustraerse –negarla sí, pero sustraerse no- de tres niveles de identidad. La que nos aporta nuestra tierra natal, el lugar que hemos conocido en nuestra infancia y que nos otorga algunas particularidades culturales, son las regiones y nacionalidades (no confundas nunca “nación” con “nacionalidad”, las nacionalidades son relativamente recientes, nacen con la revolución francesa, las nacionalidades son las partes de un todo). Luego está la Nación-Estado, España, que aporta otros rasgos identitarios e históricos. Finalmente, cerrando el ciclo, se encuentra Europa. Europa es tanto nuestro pasado –somos hijos de la cultura clásica- como nuestro futuro –Europa da la dimensión nacional mínima para poder jugar un papel en el mundo multipolar del futuro0.

Así pues, un movimiento identitario abierto y no reduccionista debe articular, respetar e integrar, estos tres niveles de identidad, en absoluto contradictorios (y que solamente parecen contradictorios en función de los nacionalismos).

Entonces ¿cuál es el modelo de partido antiinmigración que propones? ¿el holandés? ¿el belga? ¿cuál?

Es tentador buscar modelos… pero la historia avanza demasiado rápidamente como para que modelos iniciados hace diez o quince años, o incluso cinco, sean hoy viables en nuestras latitudes. Es preciso pensar en el aquí y en el ahora. Modelo válido es el que funciona… y cuando funciona. Así que es mejor partir del análisis de las condiciones objetivas que se dan en España, antes que calcar modelos que en otro tiempo y en otra latitud han conseguido arrancar. Preguntas cuál es el modelo que puedo proponer. Te lo diré: el pragmatismo. Pero, claro, hay que matizar.

No se trata de un pragmatismo sin principios, sino simplemente de insertar el problema de la inmigración como problema central a defender. El espacio a cubrir no es el de un partido político convencional: ¡sino el de un antipartido! O si se quiere del “partido red”...

¿”Partido red”, “antipartido”? ¿No te complicas demasiado la vida con conceptos muy sofisticados?

No, simplemente estoy intentando interpretar las tendencias que se están manifestando en los últimos tiempos en nuestro país. Los partidos políticos convencionales siguen ganando elecciones y ocupando escaños… pero no pueden evitar tres fenómenos:

- un desinterés creciente de la población hacia la política de partido. A eso lo llamamos desvinculación entre España oficial y España real.

- una disminución de la gente dispuesta a acudir a las urnas, aumento del abstencionismo y del voto en blanco o nulo.

- un estado de ánimo progresivamente más airado contra los abusos de los partidos y su permisividad especialmente en materia de corrupción. Los partidos –todos- están bajo sospecha.

- la población empieza a ser consciente de que vota a rostros, no a programas y que cualquier rostro puede aplicar no importa qué programa. Así pues, el votante no sabe, en definitiva, la política que va a ejercer el cargo electo.

Todo esto explica el porqué las opciones que irrumpen con más o menos fuerza en los últimos años, lo hagan al margen de los partidos mayoritarios (el último, Ciutadans-Partido de la Ciudadanía). Se trata de formaciones que responden a las siguientes caracerísticas:

- son opciones monotemáticos: tocan especialmente un tema central, definiendo su postura sin lugar a dudas: Ciutadans es antinacionalista, PxC antiinmigración. Se trata de opciones nítidas, sin dobleces, que defienden su opción con claridad meridiana, cristalina.

- son opciones cívicas: además del tema central, no se complican definiendo políticas complejas, sino que simplemente proponen el restablecimiento de la moralidad y la ética en la gestión pública.

- son opciones democráticas: piden una mayor participación del ciudadano y el marchar hacia formas más directas de democracia, listas abiertas y desbloqueadas.

- son opciones abiertas: su jerarquía interior está reducida a la mínima expresión, tienen poca estructura de partido, integran a personas, pero también a grupos y a corrientes de opinión surgidas espontáneamente.

¿Es a eso a lo que llamar “partido en red”?

En parte, creo que todavía se puede avanzar mucho más en esa dirección. Creo que hacia lo que debemos tender es a una opción que englobe a grupos de muy diversos tipos, desde asociaciones culturales a redes de blogs, revistas, grupos políticos y asociaciones estudiantiles, grupos cívicos y todo lo que entraría dentro de la definición de “sociedad civil”. Todo esto tiene mucho que ver con el modelo de las redes informáticas. Grupos coordinados, cada uno actuando en su ámbito específico, que caminan juntos en determinada dirección provistos de la voluntad inquebrantable de lograr representación en el plazo más breve posible y de intervenir activamente –no de forma testimonial o residual- en la política real.

A esto podemos llamarlo “partido-flash”. Es ahí hacia donde hay que tender, amparados especialmente en nuestra posibilidad de manejo de los medios digitales de comunicación.

 

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