La necesidad de plantear respuestas urgentes a problemas de hoy

Publicado: Jueves, 02 de Noviembre de 2006 23:38 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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Infokrisis.- Es con una inmensa esperanza que recibimos la noticia de unas jornadas sobre la globalización organizadas por los círculos culturales "Tierra y Pueblo" y "La Emboscadura". Lamentamos no poder asistir a este avento a causa de otros compromisos ineludibles en Barcelona, pero no queremos dejar pasar la ocasión sin realizar algunos comentarios sobre lo que este tipos de encuentros representan en el momento actual.

 

La globalización. ¿Por qué la globalización?

El tema de este coloquio es la globalización. No podía existir otro tema más actual ni más importante. De hecho, todos los problemas que soporta Europa en este momento derivan de la globalización. Sin dominar este concepto es imposible entender ninguno de los procesos que en este momento se están desarrollando de forma acelerada.

La idea a retener de este tiempo nuevo es que transcurre demasiado rápidamente y que en apenas un lustro las situaciones pueden cambiar. En 2001, efectivamente, todas las esperanzas para la supervivencia del sistema mundial, se centraban en los principios emanados de la Organización Mundial del Comercio y de la libertad para la circulación de capitales. Eso era la globalización. Cinco años después, el panorama es desolador y todo induce a pensar que, la globalización está en crisis, como decía la canción de Pete Seeger, “es vieja y agoniza, aun cuando acaba de nacer”.

Por un extraño azar del destino, el ciclo de 12 años que va del 9.11.89 al 11.9.01, es decir, lo que va de la Caída del Muro de Berlín y el fin de la división de Europa en dos bloques, a los extraños ataques al WTC, es el período de consolidación de la globalización. Pero, cinco años después, este concepto no ha resistido el choque con la realidad. El mundo globalizado es un mundo plutocrático (en donde el poder está en manos del dinero), reduccionista (en donde desaparecen los rastros de cualquier identidad), socialmente detestable (nuestro destino es el de consumidores integrados y trabajadores alienados) y caótico (la eliminación de aranceles no hace sino interdependiente los destinos de todo el mundo, de tal forma que una epidemia o una guerra civil en Asia puede repercutir en la bolsa de la compra en Europa).

Pero la globalización ha generado dos fenómenos detestables, la deslocalización y la inmigración masiva. Ambos, conjugados, tienen como único fin la optimización de los beneficios del capital a costa del desarraigo y la miseria de millones de seres humanos. Hoy, la globalización está en crisis. A ello han contribuido distintos fenómenos, uno de ellos y sin duda el más importante, el agotamiento de los recursos petroleros que encarece los trasportes y limita, nuevamente, los beneficios de la deslocalización. Por otra parte, Europa empieza a ser consciente de que la inmigración ha ido demasiado lejos y que se ha creado una situación explosiva que puede derivar hacia conflictos que serán a la vez religiosos, sociales, étnicos y civiles. De ahí que no sea posible abordar una lucha política sin entender el concepto de la globalización y seguir su evolución y desarrollo hasta en los más mínimos detalles. No podía existir, pues, un tema más apropiado para debatir en estos momentos.

Dos debates necesarios

El viernes 3 de noviembre por la tarde, tendrá lugar uno de los debates más interesantes que pueden asumirse en este momento: “Europa frente a la globalización”, en el que participarán Enrique Rabello, Juan Antonio Aguilar, Pierre Vial, Pavel Tulaev y Pietro Capellari. En el mismo título del debate está implícita la respuesta: no es “Europa y la globalización”, sino “Europa frente a la globalización”. La construcción de la Europa del mañana solamente es posible en el marco de una lucha contra la globalización. Al día siguiente, el profesor Pavel Tulaev abordará un tema que estamos particularmente interesados en conocer su planteamiento: “España y Rusia en el eje geopolítico frente al Nuevo Orden Mundial”. Rusia no puede estar ausente de la construcción europea. Rusia es Europa.

El segundo debate “¿Qué futuro político para las fuerzas socialpatrióticas?”, contemplará la participación de Enrique Ravello, Juan Antonio Llopart, José Luis Jerez, David Junco y Jean David. Creemos que la primera cuestión a plantear es precisamente semántica: realmente es la palabra “socialpatriótica” la que define este ambiente. No lo creemos, precisamente por que la globalización ha impuesto una dinámica completamente diferente, como hemos dicho, que excede las fronteras nacionales, no podemos hablar de “Patria” sin antes definirla y este concepto es anterior a un debate como el que se plantea. Dejando aparte que se trata de una catalogación que es desconocida por la población. Probablemente convenga más hablar de “área identitaria” o de “fuerzas identitarias”, puesto que ese es precisamente lo que se pretende: defender un régimen de identidades en las que el sujeto se sienta arraigado y esté en condiciones de combatir los desafíos de la globalización. La definición de un área identitaria es fundamental, además, para arrojar lastres y cristalizar en acción política la “autonomía histórica” a la que aludiremos más adelante.

Así pues, en nuestra opinión, se trata más de definir el área –“área identitaria”, frente a “área socialpatriótica”- antes de responder si tiene un futuro. Si lo que se trata con el término “socialpatriótico” de definir una política nacionalista de carácter social, eso solamente es aceptable en la medida en que se es capaz de definir la dimensión nacional sobre la que se aplica. Y pediríamos a los participantes en este debate que se desembarazaran de una vez por todas de este término enrevesado, retorcido y, a fin de cuentas, ambiguo de “socialpatriotismo”, especialmente cuando es un término completamente ajeno a los conceptos y vocabularios de las masas. Por el contrario, el término “identitario” y todo el concepto que lo acompaña rebasa el campo político y nos sitúa en un fértil mundo argumental de la antropología, la cultura y la tradición.

Para culminar esta jornadas, vale la pena resaltar las conferencias de Laureano Luna sobre “Globalización y postglobalización” y de Robert Steukers sobre “Globalización y geopolítica de Europa”. Estamos firmemente persuadidos que los textos de estas conferencias serán fuentes de debates necesarios en los próximos meses.

La impagable labor de “Terre et Peuple”

Creo necesario resaltar la presencia en estas jornadas de Pierre Vial, presidente y fundador de « Terre et Peuple » a partir del cual ha podido nacer, no solamente un pujante movimiento en Francia, vinculado al Front National, sino, además, ramificarse en la mayor parte de países europeos. La red “Terre et Peuple”, desde el punto de vista intelectual es uno de los laboratorios de ideas en donde se han perfilado los conceptos que empezó a elaborar la “Nouvelle Droite” desde finales de los sesenta. Pierre Vial fue uno de los fundadores del GRECE y de la revista “Nouvelle Ecole”. Pero la “timidez” de estos círculos por adoptar una postura política, le convenció para fundar “Terre et Peuple” junto a otros intelectuales y notables de la “Nouvelle Droit”, entre ellos, el malogrado Jean Mabire.

En el curso de estas jornadas, Vial pronunciará una conferencia sobre “Mundialización, mundialismo y patrias carnales”, cuyo éxito auguramos. En las jornadas organizadas por “Tierra y Pueblo” en la valenciana localidad de Segorbe, hace un año, pudimos apreciar los argumentos históricos, étnológicos y políticos con los que defendió la tesis de la europeidad de Rusia. Así mismo, en las columnas de la revista “Terre et Peuple” y en la web de la asociación homónima “Tierra y Pueblo” podemos leer con frecuencia los artículos de Vial, traducidos al castellano, que lo señalan como un riguroso analista de la actualidad, pero, al mismo tiempo, con una voluntad de intervención política manifiesta.

La red “Terre et Peuple” se ha configurado como una verdadera escuela de cuadros a nivel europeo cuyos análisis, propuestas y planteamientos, deben necesariamente estar presentes en el patrimonio doctrinal de cualquier partido identitario europeo.

La nueva dimensión nacional

A la hora de afrontar estas jornadas, es preciso tener en cuenta algo que ya percibió Jean Thiriart desde los primeros años 60. Que la marcha de la historia había hecho imposible la supervivencia de los pequeños Estados Nacionales para afrontar la nueva etapa histórica que se iniciaba con el fin de la postguerra europea.

En la actualidad, nosotros, europeos, podemos estar orgullosos de algunos de los avances técnicos realizados por nuestros técnicos. Ahí está el “avión de combate europeo” o el mismo “Airbus”. Pues bien, estos proyectos hubieran sido absolutamente imposibles para cualquiera de las economías de los países europeos, si hubieran debido afrontar solos la aventura. A esto nos referimos cuando aludimos a la necesidad de una nueva “dimensión nacional”.

Este es un debate necesario en Europa y en especial en nuestro ambiente político: las naciones históricas son el pasado, la tradición; Europa es nuestro destino y nuestro futuro. Lo que implica definir nuevamente el concepto de “patriotismo” y “nacionalismo”. Por otra parte, es preciso conjugar la tradición y la modernidad, con un tercer elemento, el arraigo. Y es ahí en donde es preciso reconocer tres niveles de identidad: el lugar de nacimiento, la nación y Europa.

Los viejos planteamientos nacionalistas deben ser revisados, rectificados y completados. Hoy ya no basta con definir a España como “unidad de destino”… porque España ya no tiene la dimensión nacional mínima, necesaria para afrontar la modernidad, y, por tanto, en este momento, la crisis del nacionalismo español es, en el fondo, una crisis derivada de la incapacidad para definir cuál es ese “destino”. Por otra parte, es innegable la atracción natural –casi diríamos, biológica- de los individuos hacia su tierra natal, el terruño que les ha visto nacer. Ahí también existe un punto identitario de agarre frente a la globalización y sería absurdo que nos negáramos a admitirlo en beneficio de un nacionalismo jacobino y uniformizador que rechazamos de plano. Es hora de investigar en España, el sistema foral, irrepetible por supuesto, pero, en cualquier caso, susceptible de aportar algunas ideas sobre el papel de la tierra natal en una escala identitaria, que no se agota ahí sino que pasa a través de la identidad española y de la identidad europea. Articular y conjugar estos tres niveles identitarios, es una tarea intelectual de primera magnitud. Nunca como ahora, en plena globalización, ha sido tan precisa esta tarea de revisión intelectual.

La necesidad de un partido trasversal

En estas jornadas a nadie se le oculta la necesidad de construir un partido trasversal en el plazo más breve posible. Quien dice trasversalismo, dice “partido abierto” a la sociedad, partido arraigado en los intereses de las masas y partido, en definitiva, presente en las instituciones.

Vale la pena recordar las necesidades que implica un objetivo de este tipo:

- La necesidad de un método de análisis de la realidad: de una objetividad capaz de interpretar el día a día, la evolución de la modernidad y de cristalizarla en propuestas políticas. No se trata de caer en el vano intelectualismo: hacer política, para nosotros no puede ser otra cosa más que buscar soluciones simples a problemas complejos. Solamente la claridad en el análisis de la realidad podrá indicar cuáles son las necesidades de nuestra sociedad y solamente así estaremos en condiciones de redactar documentos políticos susceptibles de ser entendidos y seguidos.

- La necesidad de una clase política dirigente: se trata de forjar cuadros capaces de explicar a las masas la línea política del partido, no dirigentes anquilosados en ideas viejas, alejados de toda vibración con la realidad. Una clase política con conocimiento de las técnicas políticas mediáticas y que crea en lo que está defendiendo. Que busque el éxito, que se aleje de todo testimonialismo, que sea consciente que una opción nueva debe volar, que para volar no tenga miedo de soltar lastre.

- La necesidad de unos objetivos políticos: todos sabemos cuál es el objetivo político final, la conquista del poder, no como un fin en sí mismo sino como un  medio para alcanzar un fin, la transformación de la sociedad. Para ello es preciso definir objetivos intermedios y gradualistas.

- La necesidad de definir elementos estratégicos, tácticos y de imagen, susceptibles de conducir al movimiento a través de la conquista gradual de sus objetivos políticos. Los problemas de imagen son fundamentales: duros como el acero en los principios, dúctiles en la táctica.

- La necesidad de un criterio organizativo acorde con los objetivos a alcanzar y con la realidad de los tiempos nuevos: el modelo de partido tradicional está superado y jamás volverá. Hay que poner en marcha un nuevo modelo basado en los grupos de afinidad, un modelo “en red”, compuesto por círculos culturales, revistas, blogs, portales, asociaciones cívicas, y un largo etcétera, cada uno de los cuales opera, desde su nivel, para realizar el diseño estratégico aprobado. Estamos hablando de “movimiento”, más que de partido, si bien es cierto que es preciso un núcleo central capaz de vertebrar la organización “en red”.

La suma de todos estos elementos nos da el movimiento político. Es preciso quemar etapas en los próximos meses para definir la naturaleza de estos elementos y establecer un plan de trabajo. Hace falta crear más círculos culturales, más estructuras informáticas, reforzar los vínculos de amistad, cooperación y trabajo con asociaciones cívicas, plataformas e iniciativas, incluso con grupos políticos.

Y es preciso tener en cuenta, finalmente, que lo que salga debe de ser un partido capaz de mover su actividad en función de unos pocos ejes de actividad, bien definidos y, sobre todo, que interesen a las masas. La acción política y la captación de masas, no pide grandes doctrinas políticas, sino como antes hemos dicho, ideas extremadamente simples, respuestas sencillas a problemas complejos. Una acción política eficaz debe estar alejada de apriorismos, subjetivismos y fugas intelectualistas. Vale la pena que repasemos todos una obra clave para entender lo que supone la conquista de las masas: “Psicología de masas” de Gustav Le Bon, cuya lectura recomendamos a los asistentes a estas Jornadas Disidentes.

Es evidente que lo que estamos proponiendo es una forma de trasversalismo, que admita distintas sensibilidades doctrinales mientras existan acuerdos en torno a unas ideas-fuerza y ejes de actividad que constituyen la médula del partido. Hay algo que nos parece fundamental recalcar en este momento: no hay otra vía más que la “autonomía histórica”, definida hace algo más de 10 años por Laureano Luna, uno de los conferenciantes en estas jornadas. Este principio que consideramos, hoy más que ayer, irrenunciable, supone el reconocimiento que no hay modelos históricos que se puedan asumir y que guíen la actividad, la simbología y los modelos del partido. A tiempos nuevos, corresponden ideas y análisis nuevos. Nuestro campo de actividad no es la “reconstrucción histórica”, ni siquiera la “revisión histórica”, sin prejuicio de que círculos de estudio sobre aspectos concretos de la historia y fundaciones análogas formen parte del movimiento en sentido amplio.

Desde el punto de vista de la construcción del movimiento, creo que las ideas a retener son, inicialmente, tres: 1) modelo de organización en red, 2) autonomía histórica, con todo lo que ello implica y 3) firmeza en los principios y en el programa y adaptacionismo en la acción política.

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Deseamos un buen encuentro antimundialista a todos los asistentes y felicitamos a los organizadores del evento por esta iniciativa, fresca y hoy más necesaria que nunca.

¡Adelante con las Jornadas de la Disidencia! ¡Adelante en la lucha contra la globalización!

Ernesto Milà – infokrisis- infokrisis@yahoo.es

 

 

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