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Infokrisis.- Después de nuestra crónica de urgencia, publicada apenas una hora después de conocerse los resultados, queda ahora realizar un análisis sereno y en profundidad. Salvo leves rectificaciones en los porcentajes de votos, nos reiteramos en lo ya dicho en el anterior análisis: nos espera un mes en el que CiU y PSC van a escenificar su acuerdo. Esto sin olvidar que la legislatura que se inicia va a tener un ritmo frenético y unos contenidos conflictivos: la anterior legislatura crispó el ambiente con la elaboración del Estatuto, esta nueva la crispación va a generarse en torno a la aplicación del Estatuo.

 

Pierde Montilla. Pierde Zapatero

La gran derrota de Montilla, el único nombre que disponían los socialistas para presentar en las elecciones catalanas, no comprometerá solamente el futuro de este mediocre personaje, sino que salpicará a ZP de manera decisiva.

En primer lugar hay que tener en cuenta que los votos socialistas catalanes son importantes a la hora de sumar en el Parlamento Español. Y en Catalunya se ha producido una convulsión electoral: el PSC ha perdido no sólo diputados, sino, en cifras absolutas, casi 250.000 votos. Si no logra mejorar esos resultados (y parece difícil que mejoren en los próximos meses), en las elecciones generales el PSC podría perder dos diputados como mínimo.

Pero hay otro elemento a tener en cuenta. La debacle socialista en las autonómicas corre el riesgo de redoblarse en las municipales. Ahí es donde los candidatos del Cs –el valor emergente- pueden obtener mejores resultados, dada la procedencia municipal de la mayoría de sus cuadros. Y lo que es peor para ZP: pueden obtener votos, sobre todo, a costa del PSC. Así que al socialismo catalán le queda todavía mucho por sufrir antes de que la sociedad catalana haya estado en condiciones de olvidar los “trienio negro” de Maragall.

Decíamos que el gran derrotado es Montilla y ZP, pues no en vano el presidente del gobierno ha abandonado temporalmente su “tarea de gobierno” –casi mejor- para dedicarse a apuntalar a su candidato en Catalunya. Pero la gira catalana de ZP no ha propiciado resultados positivos. La merma de votos es incuestionable. La palabra del presidente del gobierno empieza a cansar y no suscita entusiasmos. Ya no basta con recordar la retirada de tropas de Irak para obtener el aplauso fácil.

El fracaso catalán es una muestra del desgaste de ZP.

Del tripartito a la sociovergencia

En nuestra opinión el futuro político de Catalunya está pactado desde febrero de 2006 a raíz de la llamada de ZP a Más para solicitar su apoyo al “estatuto”. A partir de esa llamada –realizada cuando ZP caía en picado en las encuestas de intención de voto- los sucesos se desencadenaron: ZP cortó el cordón umbilical con Maragall, arrojó a las fieras a Carod-Rovira, se desmigajó el tripartito, se rebajó el calado semiindependentista del “estatuto” y, finalmente, se convocaron nuevas elecciones, que implicaron apuntillar a Maragall definitivamente.

Es evidente que cuando no se sabía cuáles iban a ser los resultados electorales, nadie podía concretar algunos extremos del pacto. En nuestra opinión el pacto secreto contemplaba los siguientes aspectos:

- CiU apoyaba el “estatuto” de Catalunya y ZP se comprometía a una dotación suplementaria a la Generalitat durante los próximos años.

- CiU se comprometía a apoyar con sus votos las iniciativas legislativas de ZP en el parlamento, a cambio de que éste rompiera el tripartito.

- Ambos se comprometían a gobernar conjuntamente, presidiendo la Generalitat aquel candidato que obtuviera más votos, siendo el segundo “jefe de gobierno”.

- Ambos se comprometían en no desvelar este pacto hasta la hora de formar gobierno.

Ahora es el momento de cumplir los pactos y, después de una campaña electoral particularmente dura, en la que PSC y CiU se han puesto mutuamente verdes, es evidente que hace falta un período de preparación de la opinión pública catalana sobre lo que se avecina. De ahí que Mas acudiera ante notario y ZP dijera sobre Montilla: “PP tiene autorización para pactar con quien quiera”. En realidad, si Montilla quiere salir en la foto tiene que representar, imperativamente, el papel que ZP le ha escrito.

Y esto tardará entre dos y tres semanas en concretarse y el anuncio de un gobierno sociovergente se hará después de semanas de negar la evidencia y generar tensión emocional en la opinión pública.

Por qué no puede repertirse el tripartito

1) El tripartito carece de credibilidad en Catalunya, tal como han mostrado los resultados electorales.- Los partidos que componen el tripartito han perdido escaños y votos, pero han perdido algo más importante: credibilidad. El tripartito está todavía demasiado cerca como para que se pueda olvidar la parálisis continuada de tres años del gobierno catalán.

2) ZP no puede olvidar que el principal elemento de su erosión electoral en toda España hasta febrero de 2006, fueron sus relaciones con Carod Rovira. No va a repetir ese error: Carod en una nueva reedición del tripartito podría suponer una erosión del gobierno ZP que en este momento (con la presión negativa del “proceso de paz”) no podría soportar.

3) Con una abstención del 42%, y pérdidas de votos significativas en todos los partidos, incluido CiU, un gobierno tripartito sería socialmente demasiado débil y quebradizo para afrontar el crucial momento que se avecina en Catalunya: iniciar un proceso de transferencias generadas por la aplicación del “estatuto” que se prevé extremadamente duro.

4) De cara a las negociaciones para las transferencias de competencia, la presencia de ERC en una comisión tendería a erosionar a ZP y, consiguientemente a beneficiar al PP. El problema para los socialistas catalanes, ahora, consiste en reconocer que la política catalana y la española están íntimamente unidas y no son independientes tal como han querido dar la impresión.

5) El tripartito tendría como primer resultado, una revitalización de la campaña permanente de boicot a los productos catalanes que ha colocado sobre el abismo al sector catalán del cava. La patronal catalana, no puede permitirse otra vez a Carod o a los “sandías” (ICV = verdes por fuera, rojos por dentro) en un gobierno autonómico y no solamente por el boicot, sino por las medidas de gobierno absolutamente desenfocadas que ya evidenció el tripartito en su anterior período.

Así pues: se nos hace muy cuesta arriba que el PSC pueda arriesgarse, no solamente a hundir a ZP, sino además a hundirse a sí mismo en las municipales, reeditando el pacto tripartito que, por el momento, le ha llevado a perder media docena de diputados y 250.000 votos. No es una fórmula realista, no convendría al PSC, y solo satisfaría a ERC e ICV. Hay que descartarla.

La sociovergencia que se avecina

Sin embargo, la coalición PSC-CiU –en realidad otra forma de “tripartito”- tiene una serie de ventajas para los actores principales en Catalunya:

1) Supondría un número de escaños en el parlamento de Catalunya que implicaría una mayoría rotunda, inapelable y que actuaría a base de rodillo, necesaria para afrontar las negociaciones de transferencias que se avecinan.

2) Sería fácilmente aceptada por el Fomento del Trabajo, la patronal catalana, que está deseando verse libre del desprestigio que implica ERC y las molestias de ICV.

3) El PSC mantendría la cuota de poder que ha tenido en la última legislatura. Sus cuadros podrían seguir repartiéndose un pastel enorme. CiU, por su parte, accedería al pastel que le ha vetado el tripartito durante tres años. Algo imprescindible para asegurar el mantenimiento en vida de Unión Democrática de Catalunya, en quiebra técnica.

4) ZP se vería aliviado: mantendría a su hombre en el poder en Catalunya y no se vería afectado por el desprestigio de tener que bregar con Carod. CiU es más aceptable para el electorado español de ZP que Carod.

5) El PP seguiría aislado. Vería como el gobierno obtiene el apoyo de un socio hábil en el manejo de los resortes de poder, poco dado a extremismos, estabilizaría a ZP y daría pocos argumentos al PP en su política de desgaste del socialismo.

Estos argumentos parecen de peso. A pesar de carecer del carisma de Pujol, Mas es su alumno más directo. A pesar de que le gusta cultivar el maximalismo propio del nacionalismo, no se trata de un político radical, ni siquiera dado a radicalismos a la hora de la gestión. Es un moderado, en la línea de Durán i Lleida, cuyo único riesgo es falta de liderazgo y posibilidades de que puntualmente se vea arrastrado por unas bases extremistas o por la presión de ERC.

Para ambas partes, PSC y CiU, el problema es como escenificar el pacto de manera que no parezca una traición a sus electores. Para eso está el tiempo y la filtración de noticias y comentarios que, rápidamente, irán cambiando la opinión de los electores:

- en una primera fase se intentará hacer creer que el tripartito es todavía viable;

- en la segunda fase, el PSC hará público que el acuerdo es imposible por el maximalismo de ERC.

- en la tercera CiU afirmará querer gobernar en solitario.

- en la cuarta CiU afirmará que es necesario obtener una mayoría parlamentaria importante. Paralelamente, el PSC empezará a afirmar que está dispuesto a participar en una “mayoría estatutaria”, en una “mayoría de progreso”.

- en la quinta fase, asistiremos a la rúbrica del pacto: CiU se comprometerá a no mantener relaciones con el PP, pactará los ritmos de las transferencias y el PSC, aún siendo el gran perdedor obtendrá el 45% del poder autonómico.

La irrupción de Cs

Hay que reconocer que ni la caída del PSC ha sido todo lo espectacular que se hubiera podido pensar a raíz de la “catástrofe-Maragall”, ni CiU se ha sabido beneficiar de todos los errores del tripartido (que son mucho mayores de lo que su merma electoral indica), si ERC o el PP han caído en picado como preveían las encuestas, ni los tres diputados más de ICV suponen algo más que una victoria pírrica para este partido. Todo esto ha sido, como estas elecciones, mediocre, ramplón, gris y “viejo”. Aburre, en realidad, hablar de ello y oír las declaraciones de sus líderes que se sabe lo que van a decir antes de que les pongan la alcachofa delante.

No; todo esto es “lo viejo”, el ayer. Catalunya ha demostrado querer tener un futuro cuando 85.000 de sus ciudadanos han votado una opción nueva, Ciutadans-Partido de la Ciudadanía (Cs). Los tres diputados corresponden exactamente con las expectativas que se habían forjado sus impulsores.

Hay que recordar que hasta la última semana, Cs había sido boicoteado por los medios de comunicación catalana, se la había ninguneado en las encuestas, todos los partidos habían rodeado a esta opción de la “conspiración del silencio”. De no haber sido así, probablemente hubiera podido duplicar el número de votos. Pero, en cualquier caso, la irrupción de Cs supone la entrada de una bocanada de aire fresco en el Parlament y, además, la reintroducción de la lengua castellana en esa institución que prácticamente la había proscrito sin que el PP hubiera tenido el valor de afirmar la importancia de la lengua castellana… en el mundo y en Catalunya.

El problema actual de Cs es que no corra el riesgo de “morir de éxito”. Algunos de sus exponentes ya hablaban hoy de extender el partido al resto de España. Es prematuro, pero en cualquier caso significativo de la situación de hartazgo de los ciudadanos ante el duopolio del poder en España. Este partido puede irrumpir en las próximas elecciones municipales en los ayuntamientos del cinturón industrial de Barcelona, pero es mucho más difícil que sea exportable en la medida en que su gran reclamo en Catalunya es el antinacionalismo y su bolsa natural de votos, los emigrantes que llegaron a Catalunya en los años 50-70.

Así pues, hay que saludar con optimismo la irrupción de este partido, pero también con la advertencia de que deben de ser conscientes de su techo y sus límites.

Cs es una opción que aparece por el cansancio antes los partidos “de siempre”, por la desconfianza en la clase política y por el rechazó a sus tópicos, en especial al nacionalismo. En sus filas existen gentes venidas de muy distintos horizontes: hay prácticamente supervivientes de todas las opciones, desde antiguos colabores de Vidal-Quadras, hasta alcaldes y concejales socialistas, pasando por intelectuales, artistas y periodistas. Un plantel que va desde el anarquismo a la extrema-derecha. Bueno, eso no es malo. De hecho, cuando mueren las grandes opciones ideológicas en los años 80, los partidos de nuevo cuño, necesariamente tienen una alta dosis de transversalismo. En realidad, Cs es un partido transversal, del que albergamos ciertas dudas sobre su posibilidad de armar un programa electoral de cara a las municipales que sea atractivo, más allá de su antinacionalismo. Y, en este sentido, la inclusión del tema de la inmigración nos parece fundamental… aun cuando no estamos seguros de que Cs sea capaz de poner los puntos sobre las íes sobre este tema, aunque lo desearíamos fervientemente e incluso va a ser necesario para su propia supervivencia en el futuro.

Los indicativos complementarios

Hay varios elementos que abundan en lo dicho sobre el cansancio del electorado catalán ante el espectáculo rocambolesco de los tres últimos años. Los niveles de abstención son excesivamente altos. Y aquí hay un misterio: ¿Qué ocurrió entre las 18:00 horas cuando se publicaron los decepcionantes datos de asistencia a las urnas y las 22:00 horas cuando se hicieron públicas los porcentajes finales de participación? Prácticamente entre ambas horas hay una diferencia de 20 puntos… incomprensible a tenor de las costumbres de voto de la sociedad catalana. ¿Se ha producido un acuerdo entre las partes para enmascarar una abstención que todos creían que no había superado el 50%? A la vista de la moralidad y de las necesidades de la clase política catalana, no hay que descartarlo.

Pero, a pesar del presunto maquillaje que se demostrará o no, lo cierto es que la abstención es altísima e incomprensible para unos políticos que habían presentado al nuevo estatuto como producto de un “clamor popular”. Pero, hay que tener en cuenta que el porcentaje de votantes no indica la dimensión del problema. Además de la abstención hay un 3% de votos en blanco y varios miles de votos nulos. A lo que hay que sumar el voto de castigo del 3% de Cs. Podemos hablar de un divorcio del 50% de la población catalana de “sus partidos”, de sus “instituciones históricas”, y de “su nuevo estatuto”.

Este dato es importante a la hora de valorar los resultados. El voto nacionalista se va ruralizando, migra hacia la Catalunya profunda o a provincias “cerradas” como Gerona, disminuye allí donde Catalunya está en contacto con otras zonas del Estado, especialmente en Tarragona. Son datos a tener en cuenta para una correcta interpretación del fenómeno.

Catalunya hacia el futuro

El estatuto se aprobó tras tres años de indecibles peripecias, contradicciones y miserias. Es un estatuto grotesco, tanto en su construcción como en su fondo, que certifica la práctica desvinculación de Catalunya del resto del Estado sin siquiera rastros de cosoberanía. La frase más repetida en el estatuto es: “La Generalidad asume plenas competencias en…”, en prácticamente todos los sectores.

Ese estatuto ha sido contestado por el PP y por el Defensor del Pueblo. Veremos lo que dice el tribunal constitucional. Hay algunos artículos que son inadmisibles –como ya vimos en nuestro análisis pormenorizado del texto estatutario, véase “temas” de infokrisis- y que caerán por mucho que ZP se esfuerce y presiones en lo contrario. ¿Qué ocurrirá entonces? Nuevas tensiones entre la administración catalana y el Estado.

Pues bien, son decenas de competencias las que el gobierno ZP va a tener que negociar con el gobierno catalán. El drama de la aplicación del Estatuto, todavía no ha comenzado en su recta final.

Este proceso va a ser largo, traumático y va a generar crispación a lo largo de toda la legislatura que empieza. Una legislatura con negros nubarrones en el horizonte.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

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