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Infokrisis.- Desde los sucesos de El Ejido, resulta evidente que hay algo que no funciona en el proceso de integración de la inmigración. La cuestión es que los incidentes de El Ejido se han reproducido con excesiva frecuencia, de manera puntual en los puntos más distantes de la geografía española. Y todo esto ante la parálisis absoluta del poder político, la incapacidad del poder legislativo para promulgar leyes capaces de contener el fenómeno, encarrilarlo e, incluso, con un poder judicial debilitado y desbordado. Sin que las distintas administraciones del Estado sean capaces de acertar a dar medidas enérgicas para resolver la crisis hacia la que caminamos a pasos agigantados.

 

Diálogo X

Las sacudidas generadas por la inmigración

[26 de octubre de 2006]

 

Papá, los sucesos de El Ejido fueron el primer toque de atención de que en España había aparecido racismo y xenofobia, tal como nos dijo el otro día Esteban Ibarra en una conferencia que dio en el colegio, lo que no dejó claro es por qué apareció este brote…

Esteban Ibarra es uno de los popes subvencionados del lobby inmigracionista, un oportunista que oscila entre el cálculo siniestro y la ingenuidad estúpida. Y además, miente. Miente porque el cacareado “brote de racismo y xenofobia” de El Ejido, no fue espontáneo. No voy a justificarlo, por supuesto; en estos tumultos, frecuentemente, pagan justos por pecadores y siempre es lamentable que se saqueen bienes privados o se persiga a la gente por la calle con intención de lincharlos… Ahora bien, seríamos injustos con la población de El Ejido –por que la reacción fue unánime y no afecto a exiguas minorías- no recordar porqué ocurrieron aquellos incidentes. Seguramente Esteban Ibarra no te lo contó: en los dos años anteriores al estallido de los incidentes, el ayuntamiento de El Ejido había solicitado reforzar la plantilla de la Guardia Civil a la vista del aumento asindótico de los delitos cometidos por miembros de la comunidad inmigrante, especialmente magrebí y, en los diez días anteriores al conflicto ¡habían resultado asesinadas tres personas en actos de delincuencia por miembros de esa misma comunidad! ¿Entiendes por que, finalmente, se produjo el estallido?

Toda comunidad tiene el derecho de reclamar al Estado defensa contra la delincuencia. Y si el Estado mira para otro sitio, defenderse por su cuenta. Si los escritos pidiendo ayuda no sirven, la manifestación en la calle es la forma adecuada para llamar la atención de las autoridades. Y una vez están las masas en la calle, resulta muy difícil controlar sus reacciones especialmente con la sombra de tres muertos y de dos años de expolio.

Eso fue lo que ocurrió en El Ejido. Hay que valorar aquellos sucesos como la primera muestra de un “modelo de inmigración” erróneo, suicida y extremadamente conflictivo. Allí en El Ejido, estaba concentrada una población magrebí en número muy superior a las necesidades, con una alto índice de paro y, con trabajos únicamente estacionales, lo que implica que buena parte del año esa comunidad vivía de los subsidios públicos y un sector se había especializado en la delincuencia tal como evidenciaba el anómalo índice de delitos cometidos en la zona. Creo que estos datos son incuestionable, además de necesario para comprender lo que pasó en El Ejido y establecer responsabilidades.

Pero la situación se estabilizó en El Ejido y no han vuelto a repetirse incidentes de la misma gravedad, así que se trató de un conflicto localizado y puntual ¿no te parece?

Creo que es bueno que solamente hubiera un episodio similar a El Ejido… pero no es cierto, se han producido muchos más y con cierta frecuencia los diarios reproducen brotes del mismo tipo, aquí y allí. Incidentes del mismo tipo han estallado en La Almunia, en Hospitalet, en el cinturón industrial de Barcelona y de Madrid, en Jumilla, en Crevillente, etc, etc, etc. Además, en muchas ocasiones, los incidentes no han trascendido a la opinión pública nacional y solamente han tenido una repercusión local o provincial.

El proceso es siempre el mismo: en una población se produce una concentración masiva de inmigración, pero este no es el problema, sino la aparición de niveles de delincuencia desconocidos y de una “hostilización” creciente de la calidad de vida para los ciudadanos autóctonos. Por ejemplo: tú antes ibas a una plaza a llevar a tu hijo a jugar y, de repente, te das cuenta de que esa plaza está poblada por gente de apariencia hostil, “bandas latinas”, por ejemplo. Puede ser que no tengas prejuicios y creas que no son peligrosos así que no te inmutas: pero luego vienen y te exigen “peaje” para estar en esa plaza que es “su plaza”. Lógicamente, te levantas y te vas, pides ayuda a la guardia urbana y te dice que no puede hacer nada si no se comete un delito ni se puede demostrar, así que queda claro que solamente harán algo cuando aparezcas con la frente abierta y la cartera robada… Inicialmente, no pasa nada, hasta que se genera una “masa crítica”, esto es, cuando la delincuencia rebasa determinados niveles. Es como una olla a presión que se va calentando. Dado que la ebullición tiene lugar en el interior, ningún organismo del Estado asume la responsabilidad de solventar el conflicto: el ayuntamiento bastante tiene con recalificar terrenos y este tipo de conflictos puede generar malestar si sale a la superficie en la Delegación del Gobierno, así que el Ayuntamiento no hace nada; las policías nacional y autonómica, explican que no pueden hacer gran cosa porque los jueces ponen en libertad a los detenidos inmediatamente, o incluso que solamente pueden hacer algo cuando hay delito contrastable y no solo presión psicológica; las Comunidades Autónomas dicen que el tema no es cosa suya, sino del Estado y éste explica que no hay que alarmarse y que la delincuencia va disminuyendo. Como máximo se limitan a enviar un coche patrulla al parque en cuestión… Todo esto ocurre a lo largo de meses, la “masa crítica” va creciendo hasta que, finalmente, se produce el estallido.

Es decir, que según tú, lo que existe es dejación de responsabilidades por parte de todos los poderes del Estado.

Efectivamente, no puede achacarse responsabilidades a un solo poder del Estado o a un solo nivel administrativo: todos son culpables por dejación de sus funciones. Es fácilmente comprensible que eso pase: habitualmente la clase política se identifica con las clases acomodadas, así que muy pocos miembros de esta clase viven en los mismos barrios que la inmigración o en barrios fronterizos con ella. Así pues, desconocen la verdadera naturaleza del problema.

Pero esta es una parte del conflicto. En realidad, el poder ejecutivo solamente está preocupado por desdramatizar problemas y crear una sensación de lasitud y normalidad. En esto la política que hizo Aznar es idéntica a la de ZP: aquí no pasa nada, aquí no hay conflicto. Pero lo hay: la inmigración es considerada como el primer problema. Luego está la cuestión del peso que la inmigración va a tener en algunos procesos electorales: inicialmente el PSOE pensaba que los votos de la inmigración irían a parar a ellos, lo que les ayudaría a obtener los concejales necesarios para obtener más alcaldías y recalificar más kilómetros cuadrados del país. Pero, luego, sondeos posteriores, demostraron que el voto inmigrante se repartía casi a partes iguales entre la abstención, el voto socialista y el voto popular. Los inmigrantes europeos del Este tienen más tendencia a simpatizar con el PP, los sudamericanos con el PSOE y los magrebíes con la abstención… Así que ninguna de las dos principales fuerzas políticas se atreven a decir las “verdades del barquero” sobre la inmigración, so pena de perder bolsas de votos decisivas.

El poder judicial actúa según las leyes que la churrera parlamentaria va elaborando. Y además, los fiscales actúan jerárquicamente a las órdenes del fiscal general y, éste actúa en función de las orientaciones del gobierno, el cual actúa en función de los hechos consumados: si aumentan los secuestros exprés y la noticia llega a la sociedad produciendo alarma social, el gobierno ordena al fiscal que, ordene a su vez a sus fiscales provinciales, petición de medidas más duras contra esa delincuencia.

Por su parte, el poder legislativo trabaja según las necesidades electorales de los partidos, no según las necesidades de la sociedad. Las leyes se aprueban según las necesidades electorales del partido en el poder: por ejemplo, cuando ZP subió al poder, con un mermado apoyo electoral y social, le fue necesario aprobar leyes a favor de los homosexuales, las divorciadas y las feministas con el fin de obtener apoyos de estas bolsas electorales.

Como verás, en una democracia formal como la española, la división de poderes es una ilusión, algo completamente ficticio e inexistente.

Pero luego están los distintos niveles administrativos: el municipal pesa poco, las competencias de las policías locales son pocas, sus miembros no están, por lo general, capacitados para golpear a la delincuencia organizada. En cuanto a las comunidades autónomas, en este terreno su papel es más que mediocre. En Catalunya, por ejemplo, los Mossos d’Esquadra no tienen órdenes específicas para contener todo el malestar social generado por la delincuencia extranjera ni siquiera en los barrios marítimos de Barcelona y, no digamos, en el cinturón industrial o en las zonas costeras de Catalunya que ya se han convertido en cotos de caza de la delincuencia extranjera. En Figueras y en Rosas, por ejemplo, desde hace veinte años, existen bases muy sólidas de mafias magrebíes, especialmente. Y, finalmente, el Estado actúa solamente a remolque de la realidad social y con mucho retraso. El plan presentado por Aznar en septiembre de 2003 para reforzar los cuerpos de seguridad del Estado solamente se podía concretas a partir de 2007-8, y con la llegada de ZP al poder, el énfasis se desplazaba del refuerzo de la seguridad, en el aumento de inversión en integración. Intente usted integrar a delincuentes y ocurrirá lo previsible: que le robarán la cartera y usted perderá la dotación presupuestaria para integración. Ya te he dicho que la vida de la delincuencia es muy cómoda y lujosa: mucho más que la que puede permitirse un trabajador.

Así pues, España se ha convertido o no en un paraíso de la delincuencia. Y eso ha generado el que la población encuentre en la protesta callejera lo que no obtiene de ninguno de los poderes del Estado y de ningún nivel administrativo: comprensión primero, ayuda después y resolución del problema, finalmente.

¿Seguirán habiendo estallidos, verdad?

Es inevitable. La olla social se va recalentando de día en día. Las alusiones a la inmigración de los voceros de ZP y de él mismo, tiene como resultado acentuar la brecha entre inmigrantes y autóctonos: los primeros se sienten cada vez más seguros y respaldados por el poder, hoy son casi completamente inmunes a las repatriaciones, no perciben ningún signo que indique que se van a endurecer las condenas o la actitud ante los delincuentes; incluso los propios inmigrantes honestos están perplejos ante esta falta de iniciativa y el autismo ante la delincuencia; porque las mafias también afectan a la vida de los inmigrantes. En cuanto a la población autóctona, se siente cada vez más desasistida. La olla aumenta su presión interior. Es inevitable que los estallidos aumenten su frecuencia.

Pero, al cabo del tiempo, el fenómeno irá cambiando. Es lo que ocurrió en Francia hace un año, durante lo que se ha llamado la “intifada en Enrabia”. La primera generación de inmigrantes, no es particularmente conflictiva: la mayoría vienen a trabajar y trabajan duro. Pero sus hijos, en realidad, están escindidos entre la cultura autóctona y la de origen. Se sienten ajenos a ambas. Además, no están dispuestos a trabajar con la dureza que lo han hecho sus padres y, lo que es peor, tampoco existen salarios que sean capaces de colmar su “sueño español”, por no existir, no existen ni contratos dignos y estables, ni puestos de trabajo. Así que los inmigrantes de segunda generación –en Europa- tienen como perspectiva el trabajo en precario y/o el paro. No es una buena perspectiva. Así que son, frecuentemente subsidiados por el Estado. Pero en época de vacas flacas, los subsidios no crecen y, por lo demás, cuando alguien es subsidiado siempre cree que el Estado tiene la obligación de darle más. En Francia esta situación ha llegado, durante el período de Mitterand, a ser caricaturesca: una inmigración que no quiere ser integrada y que el Estado se empeña en integrar, unos jóvenes airados que no pueden ser europeos, ni quieren ser magrebíes, frecuentemente acomplejados, con fracasos escolares y abandono de estudios, etc. También ellos tienen una masa crítica que crece hasta que, finalmente, estalla. Pasó en Francia, pasó en Inglaterra, pasa en Holanda, pasa en Alemania, pasará en España, con celeridad a la vista de que incluso aquí, la falta de trabajo y los elevadísimos niveles de precariedad laboral, así como la ignorancia de políticas de inmigración adecuadas y el desconocimiento total de nuestras autoridades de cual ha sido la evolución del fenómeno en Europa, van a acelerar el estallido entre los contingentes inmigrantes. Es sólo cuestión de tiempo.

Parece que desees que ocurra…

No, porque, como sabes, tengo amigos entre los inmigrantes y lamentaría que pagaran justos por pecadores. Pero es inevitable que ocurra. Además, la inexistencia de un partido anti-inmigración que podría canalizar, contener, apaciguar y llevar la voz de los sectores de la sociedad española que están alarmados por el curso de los acontecimientos, facilita el que los estallidos de violencia contra la inmigración, estén fuera de todo control. Fíjate que ni en Francia, ni en Bélgica, ni en Austria, la población autóctona ha generado incidentes violentos. Se han limitado a expresar su protesta según los canales legislativos y, por tanto, no ha existido nada parecido a El Ejido o en Elche. Pero en España, mientras exista este vacío, cualquier manifestación de este tipo, puede convertirse en un tumulto y, finalmente, en un motín de consecuencias imprevisibles.

Ni deseo que eso ocurra, ni puedo hacer nada para evitarlo. Con unas autoridades autistas y una inmigración desordenada, masiva y que llegará a 10 millones en el 2010, realmente no hay nada que hacer. Cuando estalle el conflicto, como ocurrió en Francia, lo peor será olvidar el nombre y los apellidos de los responsables. Y, si bien ZP es, desde luego, el bobo ilustre que más habrá contribuido a precipitar el drama, no es menos cierto que el PSOE ya desde los tiempo de Felipe González (y la izquierda europea por extensión) se cuentan entre sus instigadores iniciales. Por supuesto, las responsabilidades del PP también existen. Es difícil olvidar que fue en sus ocho de gobierno cuando la inmigración se convirtió en un problema y, si bien es cierto que solamente a partir del 2000, cuando tuvo mayoría absoluta, pudo operar con las manos libres… lo cierto es que no hizo nada para contener el fenómeno. Y cuando digo nada, quiero decir, nada en absoluto.

Tenemos por delante un conflicto que será a la vez civil, racial, social y religioso. Así que más vale que te vayas haciendo a la idea que esto no va a ser una balsa de aceite por siempre jamás. ZP me ha permitido recordar algún episodio de mi infancia: el bosque de Bambi era literalmente terrorífico e intranquilizador en la película de Disney. Hoy, Bambi no hay más que uno, sale todos los días por la tele, enarbola la sonrisa de Monalisa, sin caer en la cuenta de que su bosque, éste país, está almacenando un potencial explosivo que terminará estallándole a él en las manos y a nosotros en nuestra vida.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

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