No a Turquía en Europa (I). Rasgos del conflicto

Publicado: Sábado, 08 de Abril de 2006 19:14 por Ernesto Milá en NO A TURQUIA
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Infokrisis.- Iniciamos una serie de quince artículos sobre Turquía y la Unión Europea. Consideramos que Turquía es el "caballo de Troya" que pretende introducir EEUU en la UE para hacer inviable la construcción de una Europa unida, libre, fuerte e independiente. Consideramos que la entrada de Turquía en la UE desequilibraría, no solamente a esta institución, sino a todos los países miembros y a la sociedad europea. Consideramos, finalmente, que, en el momento actual, este es el problema más grave que afronta la UE.

Robert Kaplan en su obra “Rumbo a Tartaria”, describe la impresión que le causó su visita a la sede del Partido de la Virtud, precedente del Partido de la Justicia y el Desarrollo del actual primer ministro turco Tayyip Erdogan. A pesar de que se trate de un partido islamista moderado, Kaplan quedó convencido de su vocación modernizadora. Todos los partidarios de considerar a Turquía como “país europeo”, integrable en la Unión, parten de este análisis: “Si, creo que Erdogan tiene vocación modernizadora, lo cual no es óbice para que se defina como islamista moderado”. En Occidente tenemos tendencia a considerar que cualquier tendencia “modernizadora” que aparece en un país de mayoría islámica, tiene que ser, forzosamente, laica. Erdogan y su partido ha demostrado que era posible conjugar Islam y modernidad. ¿Lo ha demostrado, en realidad? No estamos completamente seguros.

Es cierto que Erdogan se ha ido moderando con el paso del tiempo. El Erdogan que inicia su carrera política junto a Necmettin Erbakan, no es el mismo que termina rompiendo con su maestro. Por lo demás, se trata de un islamista ilustrado, educado por el Sheik Kotku, de la orden Nakshibandi Kotku, en una moral muy similar a la calvinista, para la que la rectitud moral es el requisito indispensable para obtener el éxito económico y social. Kotku reconocía que la modernización del país era necesaria e inaplazable y supo transmitir esta idea a su alumno.

El programa político de Erdogan

Las ideas de Erdogan son extremadamente simples, pero no por ello menos eficaces: Turquía tiene necesidades de desarrollo y estabilidad interior y esto implica una aproximación a la Unión Europea, la única institución capaz de salvaguardar ambos objetivos y absorber los excedentes demográficos del país. La democracia, a diferencia de en Europa, un fin en si mismo, sino el medio para alcanzar estos dos fines. Sin democracia no hay “Europa” y sin Europa no hay desarrollo. Pero Europa mantiene prevenciones ante el islamismo, así pues hay que actuar con cautela. Por otra parte, la clase política turca está desprestigiada; para que pueda volver a recuperar credibilidad debe de pasar por un proceso de moralización.

El Islam ofrece la posibilidad de que cada miembro de la clase política se rearme personalmente; no se trata de que el Estado sea “islamizado” sino que lo sean sus servidores y, en especial, la alta clase política. El Estado no debe cambiar su orientación laica, lo que debe cambiar es la orientación de su clase política. Lo que se defiende no es una forma de laicismo, sino de las raíces culturales islámicas de Turquía que deben quedar salvaguardadas por encima de todo y ser compatibles con los dos objetivos propuestos (“Desarrollo” y “Europa”). Si Erdogan consigue engarzar democracia e Islam habrá conseguido realizar la “piedra filosofal”. Demostrará que su ejemplo es transferible a otros países del “dorsal islámica”.

Democracia e Islam, ¿compatibilidad o “takiyye”?

En la actualidad no existe ni un solo país de mayoría islámica en el que la democracia haya logrado instalarse. Desde la Segunda Guerra del Golfo (1989-90), se ha sostenido la idea de que la implantación de la democracia en un solo país islámico, arrastrará al resto en esa dirección. Se ha intentado en Afganistán, en Irak, en Palestina, en Marruecos… pero los resultados han sido completamente nulos. Hoy, en el año 2006, sigue sin existir ni una sola “democracia islámica”. Además, toda la cadena de razonamientos que hemos expuesto es excesivamente optimista y voluntarista como para que pueda ser aceptada. Veamos…

A lo mejor resulta que no hay ningún país islámico democrático por que la democracia “a la occidental” es incompatible con el Islam. O puede que lo que para Occidente sea la mejor forma de gobierno, no se considere así en el mundo islámico. Y, en lo que se refiere a las ideas de Erdogan, existe cierto pragmatismo en su planteamiento, pero un Estado en el que su clase dirigente fuera islámica, aprobaría algún tipo de ley incompatible con el Islam. Evidentemente no. Así pues, lo que surgiría de su gestión sería un “Estado islámico” propiamente dicho y entre tal Estado y la legislación de la Unión Europea, tarde o temprano, surgirían contradicciones. Finalmente, tras los planteamientos de Erdogan –y de otras formaciones islamistas moderadas emergentes en buena parte de la “dorsal islámica”- ¿no estará la vieja práctica islámica de la “takiyye”, literalmente, el “disimulo”, consistente en ocultar las verdaderas intenciones hasta que se es lo suficientemente fuerte como para poner las cartas sobre la mesa? No se puede excluir que Erdogan sea el “gran disimulador” y que, en realidad, esté interesado solamente por desparramar cuarenta millones de turcos por la Unión Europea, ser el Estado mas poblado de la Unión, obtener un mercado de quinientos millones de personas, mientras que, paralelamente, en el Este lleva a cabo el proyecto agresivo de construir un “espacio panturco” y, para lograrlo, precisa tener detrás el peso de la UE. No puede excluirse, desde luego y, tal como veremos a lo largo de esta obra, esta duplicidad de la política turca (mendigando la entrada de la UE en el Oeste y propagando la idea panturca en el Este) es, como mínimo, preocupante.

México y Turquía

Ahora bien, en todo esto hay una cuestión de fondo, la única que cuenta en última instancia: ¿el Islam puede evolucionar hacia formas democráticas?, o, dicho de otra manera, ¿el Islam es compatible con la democracia? También intentaremos responder a esta cuestión. Vaya por delante que no somos muy optimistas en cuando a una respuesta afirmativa a estas dos preguntas. Y, respecto a todo lo demás, lo único que vale la pena decir ahora es que… Turquía es un país importante, pero no es un país europeo. Turquía es un frente avanzado del “conflicto de civilizaciones”, está situado en la frontera entre Europa y Asia y, por tanto, va a ser un país decisivo en las décadas venideras. Se trata de un país roto. Está demasiado próximo a Europa como para ignorar que el “sistema europeo” funciona de manera mucho más racional y eficaz que el “sistema islámico”… sólo que sus raíces son islámicas y no está dispuesto a renunciar a ellas. Está dispuesto, por el contrario, a renunciar a una parte de su historia –la que va desde Kemal Ataturk hasta Erdogan- pero no a su pasado “imperial”. En ese pasado, el Imperio Otomano dominó los Balcanes y buena parte del Sureste europeo. Una parte del alma turca, no es que se siente europea, sino que tiene la sensación de que Europa, al menos una parte, le pertenece. Decir que Turquía es un país desgarrado entre dos civilizaciones no es hacer exactamente honor a la verdad. Quizás el país más próximo a Turquía, sea México. Al igual que Turquía, México tiene unas señas de identidad propias, extremadamente acusadas en relación a su gran vecino. México, al igual que Turquía, no puede prescindir de tener una relación privilegiada con el “gran vecino”, al que se siente unido por una relación de amor-odio. Y, tanto para la población de Turquía, como para la de México, el “gran vecino” constituye una especie de imán para legiones de menesterosos que desean mejorar su situación. Europa en relación a Turquía y EEUU en relación a EEUU no pueden olvidar que la llegada masiva de inmigrantes, con una cultura diferente, pertenecientes a un grupo antropológico y cultural diferenciado, con fuertes señas de identidad, y unas diferenciales demográficas extraordinariamente altas en relación a las propias, es, a medio plazo, una amenaza. Y, en este sentido, resulta extremadamente significativo que el gran apoyo de Turquía en su pretensión de convertirse en miembro de la Unión Europea, sea, precisamente, el gran enemigo de la Unión, los EEUU e Inglaterra, y los gobiernos situados en su órbita. No son, desde luego, los mejores avales. Turquía puede ser el “caballo de Troya” introducido en la Unión, que la haga inviable y que, finalmente, liquide el proyecto europeo en beneficio del proyecto atlantista anglosajón.

Turquía, Caballo de Troya de EEUU

Huntington en su obra “Choque de Civilizaciones”, considera que para que un país en las circunstancias de México o Turquía, pueda aproximarse al “gran vecino”, deben de darse tres condiciones: que la élite del país sea partidario del acercamiento, que la población acepte que, necesariamente, ese acercamiento implica una modificación en su identidad y que, finalmente, el país anfitrión acepte tal aproximación. Ninguna de estas tres condiciones se dan en la actual situación: la población turca, tal como demuestran los contingentes de la inmigración turca en Alemania (y los de la emigración argelina en Francia o de la inmigración marroquí en España) quieren tener acceso a los escaparates del consumo europeos, pero no están dispuestos a modificar ni un ápice su identidad. Esto lleva, necesariamente, a la formación de guetos de población turca en Europa. En cuanto a la unanimidad de la clase política turca en su voluntad de acercamiento a la Unión, es también cuestionable. Esa unanimidad no existe e, incluso, entre los que aceptan el acercamiento hay buenas razones para pensar si no se trata de mero “disimulo”, mucho más que convicción profunda y arraigada.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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