Recordando al Cu-Cut. A propósito del Avui

Publicado: Lunes, 16 de Enero de 2006 12:21 por Ernesto Milá en NACIONAL
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Infokrisis.- Otro bobo ilustre, independentista por más señas, ha tratado de hijos de puta a los militares, superando los límites de lo tolerable y del sentido común. En Catalunya, además del seny y la rauxa d’orsianas, existe la estupidez independentista. No es la primera vez, ya hubo precedentes históricos. Hoy, vale la pena recordar el asalto al Cu-Cut realizado por oficiales del ejército español en 1905.
 
En Catalunya abunda el “graciosillo” en el terreno independentista. El graciosillo es aquel imbécil que se cree con derecho a bromear sobre cualquier cosa: la religión, los militares, las folklóricas, las corridas de toros y, por supuesto, España. Pero, diga usted  a ese mismo graciosillo que Maragall se bebe hasta el agua de los floreros, que CiU premió a Angel Colom exsecretario de ERC con un cargo muy bien remunerado en Rabat para que le hicieran feliz por la parte de atrás, o que el terrorismo de Terra Lliure fue más flojo que el pedo de un marica... frases coloquiales, pero que, inevitablemente, ofenden al receptor. Así pues, en Catalunya, mejor no bromear con la sensibilidad nacionalista porque, simplemente, el Consejo Audiovisual de Catalunya te puede cerrar el chiringuito. En Catalunya el único derecho a insultar, lo tienen los nacionalistas y los independentistas en uso de su derecho a la libertad de expresión y a la exteriorización de su propia estupidez, tal como ha demostrado el artículo publicado en Avui por Ivo Forn, “Manual del bon golpista”.
 
La historia del Cu-Cut
En la Catalunya de principios del siglo XX existían no menos de dos docenas de revistas satíricas. Una de ellas era el Cu-Cut que en 1905 publicó una caricatura en la que se veía a un militar dirigiéndose a un teatro de variedades. El mensaje era claro: los militares holgazanean mientras los soldaditos mueren en Marruecos. La reacción fue inmediata: los oficiales de la guarnición de Barcelona, algunos de los cuales procedían de la guerra de Marruecos, asaltaron colectivamente la redacción del Cu-Cut, causando solamente daños en el mobiliario que resultó arrojado por la ventana.
El asalto al Cu-Cut tuvo como efecto colateral la promulgación de la llamada Ley de Jurisdicciones, en 1906, que autorizaba al estamento militar a someter a juicio a civiles por delito de “deslealtad” y “traición”. Pero hubo más.
En esa época, en los jardines del Palacio de Pedralbes, Gaudí diseñó para el Conde de Güell (cuyos intereses, ligados a su concuñado el Marqués de Comillas y a los del Conde de Romanotes, llevaron a la guerra de Marruecos y que, por lo demás, era el principal impulsor del nacionalismo catalanista) una discreta fuente[i] en la que destacan unos cuantos elementos decorativos: un banco semielíptico en torno a una pileta de mármol con las cuatro barras catalanas, sobre la que mana una fuente con el caño en forma de dragón. Sobre la fuente figuraba un busto de Hércules tocado con el casco elaborado con la piel de león de Nemea. La fuente debió ser un trabajo juvenil de Gaudí. La presencia del Hércules con la piel del León de Nemea, es un recurso iconográfico habitual en la ciudad de Barcelona (en el Paseo de San Juan esquina calle Provenza, puede verse todavía una de los monumentos más antiguos de la ciudad, que muestra precisamente a Hércules con la piel del león). El conjunto de los jardines de Pedralbes, no puede ser posterior a 1884. Como se sabe, la familia Güell donó el palacio a Alfonso XIII y Franco lo utilizó como residencia en sus visitas a Barcelona. Extrañamente, al producirse la donación, la fuente había desaparecido. En realidad, seguía en el mismo lugar, solamente que cubierta por la maleza y con la pileta de mármol destruida. Así permaneció hasta 1983. Era evidente que se había intentado borrar el único rasgo de “catalanidad” del lugar (la pila con el escudo de Catalunya), por que en ese momento, primer tercio del siglo XX, el movimiento obrero organizado suponía el más fuerte escollo con el que chocaba el regionalismo catalán. Solamente el ejército español inspiraba confianza suficiente para conjurar el riesgo. Y cualquier forma de catalanismo pasaba a segundo plano ante la posibilidad de un hundimiento empresarial a causa de la revolución obrera. Desde los tiempos del asalto al Cu-Cut, estaba claro que el ejército no compartía en absoluto los ideales regionalistas y sinárquicos de Eusebio Güell, así pues, era mejor borrar rastros no fuera a ocurrir que el receptor del regalo se ofendiera: de ahí que la pileta fue destruida a martillazos. Los negocios son los negocios y Güell consideraba, a pesar de su nacionalismo, que el ejército “español” era el mejor garante de sus negocios frente a la clase obrera. ¿Se dan cuenta de la catadura ética del nacionalismo? Si hace falta machacar las cuatro barras, el negocio es el negocio, se machacan y en paz. La conciencia se lava financiando los siguientes juegos florales...
Del Cu-Cut al Avui
El Avui nunca ha logrado ser un diario de masas. Siempre, desde su fundación, ha sufrido una endeblez de ventas que lo han convertido, sin duda, en el diario más patético de toda España. Mientras estuvo en el poder CiU, todas las oficinas de la Generalitat estaban suscritas y, muy posiblemente, suponían las cuatro quintas partes de suscriptores; el resto eran las oficinas de La Caixa y poco más. La miseria endémica de Avui –un diario de perfil muy bajo en todos los sentidos y en todas las épocas- se compensó mediante generosas ayudas de la Generalitat. Pero hubo un momento en el que la quiebra fue inevitable. Menos mal que por allí pasaba Lara y Planeta para salvarlo de la ruina o, más bien, para que nadie le pudiera espetar a la cara que, siendo el Grupo Planeta, líder de la edición en castellano, no tuviera ningún diario en la lengua de Pompeu. Por que, el Grupo Planeta sabía que un diario de apenas 7.000 ejemplares de venta, no le iba a hacer sombra a nadie, sino que, como máximo, arañaría algunos ejemplares a la edición catalana de El Periódico y al Punt Diari.
Así, el Grupo Planeta, dispondría de un diario de acusado carácter nacionalista y, frecuentemente, vehículo independentista, es decir, el diario de la “rauxa” d’orsiana y, por otro, de un fuerte grupo editorial en Castellano. El cambio de empresa ha pasado sin pena ni gloria: el Avui, hoy, como en sus mejores tiempos, no interesa a casi nadie. Godó lo mantiene por que es un diario de bajo coste (ya ha creado y destruido varios realizados por becarios). Y nada hubiera pasado con este Avui, de no haber sido por el estúpido artículo de Ivo Forn.
Pero el artículo se ha publicado, lo dejó publicar el director del Avui, puesto allí por Planeta.

La cobarde y cínica disculpa publicada, en el Avui al día siguiente, sirve de bien poco: usted, ha llamado hijos de puta a los militares y cualquiera que lea su artículo advierte que usted no ha aludido a los “golpistas” –entre otras cosas porque no existen- sino que ha aludido a la totalidad de la profesión militar. Su explicación y sus disculpas son tan banales y cínicas como las de Joseba Permach cuando dijo que el emblema que figura en el cartel convocante del congreso de HB no es el de ETA, sino el de la sanidad mundial... El cinismo es el último recurso de los infames, cuando los cobardes están en el poder.
Hay que recordar, así mismo, que para el independentismo catalán, Catalunya es una “nación ocupada” y cualquier persona de uniforme forma parte del ejército de ocupación. De ahí que los distintos gobiernos nacionalistas, se hayan preocupado de que en Catalunya no existan unidades operativas del ejército español, siendo como es, una zona de frontera, en donde más lógico sería que estuvieran presentes. El nacionalismo y el independentismo cultivan el antimilitarismo, entre otras cosas, porque han sido incapaces de forjar un ejército propio (durante la Guerra Civil, las milicias catalanas estaban bajo el control del PSUC, el POUM y la CNT, pero nunca bajo el control de la Generalitat). Estos cretinos, de tener el valor en las entrepiernas y no en el culo, restablecerían el servicio militar obligatorio, lo extenderían a dos años, por el solo placer de ver a los reclutas evolucionar a las órdenes de jefes que dijeran algo así como “Puseu-vos firmes, vinga nois” y hacerles jurar a la senyera... no en vano “el coronel Maciá” es llamado así por toda una escuela independentista que en la posguerra se sintió irresistiblemente atraída por los uniformes y dio la máxima prioridad al escultismo uniformado y paramilitarizado de la época.
La enésima ofensa no debe quedar sin respuesta
Oriol Malló es un ilustre desconocido que pasó fugazmente por Terra Lliure en sus primeros momentos. Si no recuerdo mal, Malló era fotógrafo de “El Temps” cuando resultó detenido en junio de 1992. ¿Su delito? Como terrorista era una catástrofe. Protagonizó el primer atraco de Terra Lliure, no recuerdo si a un estanco, a una farmacia o a una tienda de chuches. El caso es que la dependienta al verlo tan alterado, le propuso pasar a la trastienda y tomarse una valeriana para ver si se serenaba, no fuera que se derrumbara allí mismo. Ese es Oriol Malló, alguien que no pudo ser terrorista, a pesar de haberlo pretendido.
Oriol Malló es ahora terrorista verbal. Un gallito amparado en una legislación permisiva, gestionada por un gobierno de bobos ilustres y bebedores impenitentes. Hoy, en Catalunya, cualquier independentista puede decir cualquier cosa, pero cuando la COPE recuerda, informando a sus oyentes que hay un boicot contra los productos catalanes en el resto de España, se arriesga a no ver renovada su licencia a petición de la censura inquisitorial, hoy llamada Consejo Audiovisual de Catalunya. Porque Oriol Malló publicó hace poco un ataque de inusitada violencia verbal –ya sabemos que no sirve para otra cosa y que, en lugar de tener los testículos delante, los tiene en la parte trasera- contra los promotores de la Plataforma Antinacionalista, llamándoles fascistas y proponiendo, literalmente, “exterminarles”. Nadie, absolutamente nadie, le llamó la atención.
Salvador Sostres, poco antes había publicado un artículo sobre la cuestión lingüística, afirmando con una seriedad pasmosa que “hablar castellano es cosa de pobres”. Y nadie, absolutamente nadie, le llamó la atención.
Pero en Catalunya, el independentismo y el nacionalismo, solamente hablan de la “violencia verbal” de la COPE e incluso la administración catalana, ha creado un ente oficial, el Consejo Audiovisual, para “defenderse” de tales “atropellos”. Porque, en la Catalunya del siglo XXI, no ser nacionalista y decirlo en voz alta, es arriesgarse a ser tachado de fascista, de hijoputa, de pobre o de golpista.
La cuestión es: ¿van a seguir quedando impunes todos esos excesos verbales? Hay que recordar que ha sido bajo el “zapaterismo” cuando todo este fenómeno ha eclosionado: los gobiernos débiles dan como resultado la extremización de sus aliados. Los Ivo Forn, los Oriol Malló, los Sostres, los Consejos Audiovisuales de Catalunya, florecen cuando la autoridad del Estado ha desertado de Catalunya.
Tosan al nacionalismo y al independentismo más radical; inmediatamente se acongojarán. El nacionalismo catalán es conejil y victimista. Saca pecho sólo cuando percibe debilidad. Es patrimonio de cobardes que como Ivo Forn arrojan la piedra, hacen daño y luego esconden la mano, lanzan balones fuera y quitan hierro a sus provocaciones. El caso del Cu-Cut está ahí como ejemplo de lo que es el nacionalismo catalán, graciosillo o no.


© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es


 

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