La defensa de Canarias, Ceuta y Melilla ¿es posible?

Publicado: Lunes, 21 de Noviembre de 2005 19:14 por en GEOPOLITICA
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Redacción.- El expansionismo marroquí, amenaza a Ceuta, Melilla y Canarias. Se trata de una amenaza teórica. De hecho,  en el artículo anterior sobre las FFAA marroquíes, ya hemos visto que no están en condiciones de realizar un ataque frontal y encarar una contraofensiva de las FFAA españolas. En este artículo analizamos someramente las posibilidades de defensa de Ceuta y Melilla y la estrategia que debería adoptar el enemigo del Sur para obtener resultados.

Marruecos cuenta sólo con un buque LST de desembarco, clase Newport, con una capacidad de apenas 400 hombres y unos pocos lanchones de desembarco incapaces de llegar hasta las islas. Pensar que con estas fuerzas se podría invadir Canarias parece, en principio, absurdo. Pero hace falta apurar un poco el análisis para saber por dónde puede venir el riesgo.

Canarias es hoy un crisol de razas. Cadenas de tiendas indias vendiendo todo tipo de cámaras y electrodomésticos, coreanos y rusos dedicados a la pesca, mauritanos, marroquíes y senegaleses, chilabas y vestidos africanos hechos con pañuelos multicolores, apenas llaman la atención y son el pan de cada día en Canarias. Pero no todo va bien en las Islas Afortunadas. Los nacionalistas marroquíes las consideran patrimonio de esa ficción geopolítica que han dado en llamar el "Gran Marruecos" ideada por Allal El-Fassi. Las Canarias están sometidas a un proceso lento pero constante de colonización. Cada día llegan nuevos inmigrantes ilegales a las costas de Lanzarote y Fuerteventura. A muy pocos se les expulsa de manera efectiva, aunque casi todos lleven en su cartera el certificado de expulsión que un día podrán utilizar para demostrar que estuvieron en España en tal fecha, en una próxima regularización. Poco a poco, la población extranjera, en particular de origen islámico, va aumentando. Se trata de una colonización implacable. Cuando se hayan franqueado ciertos límites, es fácil prever lo que ocurrirá: inicialmente, los residentes islamistas, manipulados sin duda por el "príncipe de los creyentes", exigirán que se respeten sus derechos (derecho al reconocimiento de su especificidad Islamista en todos los terrenos: enseñanza, horarios laborales, religión, etc), posteriormente, internacionalizarán el problema como ya intentó Antonio Cubillo en la segunda mitad de los años 70, llevando el tema de la "independencia canaria" a la Organización de la Unidad Áfricana. Finalmente, una vez alcanzado el reconocimiento de ciertos derechos identitarios, la minoría islámica en Canarias (no sólo marroquíes, sino también miembros de las minorías islamistas subsaharianas) puede empezar a reivindicar la anexión del archipiélago a Marruecos, o bien la independencia dado que para ellos se trata de una situación colonial. A partir de ese momento, son posibles los incidentes, la aparición de movimientos de guerrilla urbana y un estado de inseguridad generalizada. En un momento de crisis de poder en España, Marruecos podría intervenir militarmente o generar un fenómeno parecido a la Marcha Verde, llegada desde el mar. Otra posibilidad consistiría en que Canarias fuera el escenario secundario de un conflicto polarizado en torno a Ceuta y Melilla.

Tal es el esquema sobre el que deberían trabajar los responsables de la defensa. El hecho es que Marruecos contempla una futura reivindicación de Canarias, en tanto que parte integrante del "Gran Marruecos". Puede argumentarse que el esquema que hemos planteado es hoy inviable. Seguramente quienes dicen eso, en 2004, consideraban que una revuelta de magrebíes en Francia era impensable. En noviembre empezó la guerra étnica en el vecino país, sin embargo, para el ojo habituado a proyectarse en el futuro, en noviembre de 2005, no ha ocurrido nada que no se pudiera prever desde hace quince años. La historia discurre a una velocidad que desdice a quienes proveyeron su final en 1990. No es el fin de la historia lo que tenemos ante la vista, sino la aceleración de la historia lo que, fatalmente, se va cumpliendo. El proceso de islamización de Canarias iniciado a mediados de los noventa, sigue hoy su curso. En el supuesto de que esta colonización sea espontánea y no un proceso planificado y previsto, resulta imposible pensar que el reino de Marruecos no vaya a utilizarla en beneficio propio. Así pues, hace falta prever una hipótesis como la descrita. La defensa nacional es tan vital para un Estado que se está obligado a valorar incluso las hipótesis, aparentemente, más descabelladas. Y esta no lo es.

Algunos responsables de la defensa sostienen que la forma más económica y eficaz de defender Canarias es mediante la aviación. Ahora bien, esta estrategia no es válida ante una insurrección interior instigada por agitadores infiltrados entre las masas inmigrantes de origen africano. Lo que sí parece razonable es dispersar bombarderos tácticos en todas las islas. En cuanto a las fuerzas terrestres sería preciso mantener pequeñas unidades de operaciones especiales, dotadas de morteros, lanzagranadas y ametralladoras pesadas, con gran movilidad, especialmente en las islas con poca población, La Palma, Gomera y Hierro. Estas unidades, junto a la Guardia Civil, estarían en condiciones de contener temporalmente a movimientos insurreccionales hasta que llegaran refuerzos de la península o de las grandes islas. Deberían de contar, así mismo, con helicópteros de transporte y ataque para aumentar su eficacia. Con esto sería suficiente para asegurar la situación en las islas menores.

En cuanto a las islas mayores, la columna vertebral de la defensa deberían ser fuerzas legionarias y de operaciones especiales, con apoyo aéreo ofensivo y helicópteros de transporte y combate. Pequeñas unidades blindadas deberían estar en condiciones de sofocar cualquier intento insurreccional.

Es imposible desvincular la defensa de Canarias al eje estratégico Canarias-Gibraltar-Baleares. Ahora bien, la cuestión, en este momento, no es discutir sobre la vigencia o no de este eje, sino si las FFAA españolas están en condiciones de garantizar la defensa del mismo. Y esta es la cuestión, que no parece que así sea.

Actualmente en Canarias se encuentran acantonadas las siguientes unidades militares:

Ejército del Aire: Ala Mixta 46 en Gando (Gran Canaria): dos escuadrones, uno de transporte (Escuadrón 461 dotado con C-212 y C-235) y otro de combate (Escuadrón 462 tiene de momento 12), escuadrón del SAR (3 Fokker F-27M Maritime y 3 Super Puma).

Armada Española: corbeta Descubierta, reconvertida en Patrullero de Altura P-75 "Descubierta". Patrulleros P72 Centinela (clase Serviola), P22 "Tagomago", P25 "Grosa" y P26 "Medas" (clase Anaga).

Ejército de Tierra: en Tenerife, Regimiento de Infantería Ligera "Tenerife" 49 Regimiento de Artillería Mixto (de campaña y antiaérea) número 93, Batallón de Ingenieros XV, Batallón de Helicóptero de Maniobra VI (10 UH-1H + AB-212). Isla de La Palma, Batallón de Infantería Ligero "La Palma", Isla de Gran Canaria, Regimiento de Infantería Ligera "Canarias" 50, Regimiento de Artillería Mixto (de campaña y antiaérea) número 94, Batallón de Ingenieros XVI. Isla de Fuerteventura, batallón del Regimiento de Infantería Ligera "Soria" 9. Isla de Lanzarote, batallón del Regimiento de Infantería Ligera "Soria" 9.

Todas estas fuerzas son insuficientes como para asegurar la defensa de esta zona estratégica. Es imposible defender Canarias con menos de una veintena de F18. Hoy nuestro principal handicap en esa zona son las fuerzas navales que deberían ser reforzadas, especialmente para cortar la posibilidad de que una insurrección interior recibiera armamento y apoyo desde el exterior. En esta dirección se echan en falta lanchas rápidas dotadas de misiles y torpedos, así como lanchas patrulleras. Para asegurar la defensa de Canarias serían necesarias, como mínimo, 5.000 soldados bien entrenados, incluidas unidades de operaciones especiales y especializadas en contrainsurgencias.

Así pues, volvemos al problema original: el PSOE presentó en su programa de gobierno de 2004, la propuesta de que la ayuda al desarrollo alcanzara el 0’5% al término de la presente legislatura y se estabilizara en el 0’7% en la siguiente. Pensemos lo que supone destinar un 0’7% en ayuda al desarrollo del Tercer Mundo (una gota en el océano) y destinar aproximadamente la misma cantidad a la defensa nacional. Y después, de pensarlo, horroricémonos, por que el 0’7% se pierde por el camino, mientras que reforzar los presupuestos de la defensa nacional, la renovación de material, la innovación tecnológica y salarios más realistas para los soldados profesionales, es hoy una necesidad de la defensa. Eso y, claro, tener un ejército digno de tal nombre en lugar de los "soldados sin fronteras", ONGs de uniforme y el "prefiero morir a que me maten", que nos embargan.

La defensa de Ceuta y Melilla

Las dimensiones de la Armada Marroquí no le permiten tener la superioridad en la zona del Estrecho ni en el mar de Alborán. De ahí que la amenaza militar que pesa sobre Ceuta y Melilla esté muy atenuada; no así la posibilidad de una subversión interior que culminara en un proceso insurreccional. De producirse un ataque convencional a las dos Plazas de Soberanía, la única posibilidad de defensa es mediante unidades aeromóviles capaces de ocupar puntos clave del terreno e impedir al ejército enemigo acudir a las proximidades de las ciudades. Estas unidades deberían estar compuestas por blindados y helicópteros, en condiciones de actuar en las proximidades de las plazas, entre las lomas y los barrancos y, sobre todo, ampliar el perímetro de la ciudad inmediatamente, penetrando en el espacio territorial marroquí a fin de articular una defensa en profundidad y mover libremente las unidades en la retaguardia. Esto implicaría, necesariamente, tener controlados los barrios con mayoría islámica, proclives a Marruecos, incluyendo su desalojo y desplazamiento a otras zonas. Eso, o de lo contrario, el interior de las Plazas de Soberanía se convertirán en zonas mucho más peligrosas que la propia línea del frente.

La defensa de Ceuta y Melilla ha tenido, tradicionalmente, como puntales a una fuerza formada por un Tercio de la Legión, dos Grupos de Regulares de Infantería, un regimiento de artillería mixto (costa, antiaéreo y campaña), un regimiento de caballería acorazada y un regimiento mixto de ingenieros. Pero, tras las limitaciones progresivas de los presupuestos de defensa, cada Tercio de la Legión, a pesar de haberse motorizado, ha perdido una Bandera (pasando de tres, a dos), los Regulares se fundieron en un Regimiento de Infantería y los Regimientos de Caballería (Alcantará y Montesa), que sepamos, tienen material anticuado M-48A5. La artillería de costa está prácticamente desmantelada, mientras que la de campaña recibió obuses autopropulsados M-44 de 155 mm.

La presencia de la Legión es el factor más disuasivo para los marroquíes, que todavía recuerdan la guerra de los años 20 y la contundencia de su operatividad. El estilo y las tradiciones legionarias se han mostrado, incluso en fechas muy recientes, completamente irreductibles a lo "políticamente correcto". Hasta hace poco, cualquier provocación pro-marroquí y antiespañola en el interior de Ceuta o Melilla, era contestada contundentemente por legionarios fuera de servicio, con sus oficiales al frente. El juez togado de Melilla cortó por lo sano estas operaciones de represalia y, en la actualidad, se procura que los legionarios apenas salgan de sus cuarteles no fuera a ser que "violen los derechos humanos" de los marroquíes o islamistas.

De todas formas, la situación de Ceuta y Melilla es, hasta cierto punto, diferente. Ceuta está más integrada en Marruecos, pues, no en vano, es contigua al antiguo protectorado francés y limita con la región de Yebala. No cabe la menor duda que la población islámica considera al rey de Marruecos "príncipe de los creyentes" y, por tanto, le deben sumisión. Esto podría haberlo pensado Felipe González cuando dio la nacionalidad española a miles de marroquíes que residían desde hacía más o menos tiempo en esas ciudades, sintiéndose marroquíes de corazón y españoles de oportunidad.

Melilla, por el contrario, está en la región del Rif, donde la autoridad real es mucho más discutida y se mantiene a duras penas, a condición de que el monarca no obstaculice el cultivo masivo de hachís. La población del Rif recuerda todavía la represión de que fue objeto por parte de Hassán II cuando era solamente príncipe heredero. En 1965, el general Ufkir, en aquella época fiel entre los fieles y diez años después, traidor entre los traidores, dirigió un desembarco en la bahía de Alhucemas para liquidar la rebelión. La desconfianza de la población del Rif dura todavía hoy. La población islámica de Melilla, es de origen rifeño, por tanto, depara una desconfianza endémica hacia la corona marroquí y no gustaría verse integrada en el "Gran Marruecos". Esta población, en el momento actual, de manera mayoritaria, aspira a poder desplazarse a la península.

Ceuta, por su parte, está próxima a la Base de Rota, al otro lado del Estrecho. Esta proximidad permite defender a la plaza, sin dificultades, especialmente mediante el traslado de refuerzos para el ejército de tierra y a la superioridad naval en la zona del Estrecho. Reforzando las unidades antidisturbios de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, se estaría en condiciones de conjurar el riesgo de agitación interior en esta plaza, a condición, claro está, de que el poder político tuviera el valor suficiente para modificar la ley de inmigración y proceder a las expulsiones inmediatas de los agitadores.

Ambas Plazas de Soberanía, carecen de retaguardia. El mar es la única retaguardia. De ahí deriva la dificultad que entraña su defensa. No hay espacio suficiente para asegurar la defensa de ambas ciudades ante un ataque relámpago. Un ataque de este tipo, llegado del exterior o una insurrección interior, corren el riesgo de alcanzar sus objetivos, sin dar tiempo de reacción al ejército español. De hecho, la sorpresa es lo único que puede garantizar el éxito de un ataque. En Ceuta, las unidades supervivientes a un ataque por sorpresa deberían fortificarse hasta que llegaran refuerzos de la península. En cuanto a Melilla, la falta de espacio, supone la imposibilidad de retirarse. Solamente sería posible resistir en la ciudad antigua, con su fortaleza y el Rostrogordo, donde se encuentra el cuartel de la Legión. Pero más allá de estas posiciones ya no hay repliegue posible; ambas posiciones se encuentran de espaldas al mar. Para colmo, Melilla está en las laderas del Gurugú. El control de esas alturas da el control de la ciudad. Y esas alturas están en manos marroquíes. Todo esto hace extremadamente difícil la defensa de la ciudad.

En este tipo de conflictos el tiempo es fundamental. Las primeras 72 horas son decisivas, a partir de ese momento, se impondría la mediación de organismos internacionales y las presiones para lograr un alto el fuego serían insorportables para los contendientes. Pero eso impediría que la parte agredida (España, sin duda) estuviera en condiciones de realizar una contraofensiva. La respuesta inmediata a una agresión de este tipo debería ser ataques demoledores a centros estratégicos e infraestructuras del agresor: refinerías, centrales eléctricas, instalaciones portuarias, red de alerta aérea y elementos de su defensa, minado de puertos, mediante ataques aéreos o navales.

En los momentos inmediatamente posteriores a la ofensiva del enemigo, el primer objetivo sería reforzar la situación de las plazas amenazadas, mediante el envío de unidades aerotransportadas y fuerzas de infantaría de marina. Ya hemos dicho que Ceuta recibiría ayuda aeronaval procedente de la ase de Rota y, seguramente, sería reforzada mediante un batallón de desembarco para reforzar la guarnición; la función de estas tropas sería asegurar el control del puerto por donde, posteriormente, entrarían las unidades blindadas del Ejército de Tierra procedentes de la Brigada Mecanizada nº X de Cerro Muriano.

Es de suponer que un ataque marroquí se realizaría en circunstancia estratégicas ventajosas, por ejemplo, cuando algunas unidades pesadas de la flota española estuvieran en el dique seco o en misiones humanitarias en el otro extremo del globo. Al primer ataque, es muy probable que nuestro país despertara del sueño de la paz perpetua y se produjeran momentos de confusión y desorganización extrema, especialmente en el sur de España; confusión aumentaría gracias al trabajo de saboteadores marroquíes infiltrados, a buen seguro, entre las masas de inmigrantes llegados ilegalmente a España. De producirse mientras el país está gestionado por un gobierno débil y timorato en materia de defensa como el de José Luis Rodríguez Zapatero, se perderían las primeras 72 horas en intentar resolver el conflicto por la vía de la negociación. Luego, ya sería demasiado tarde para reaccionar.

Marruecos cuenta a favor el hecho de que la OTAN no reconoce como perteneciente al ámbito de la alianza las Plazas de Soberanía española en el norte de África. Seamos claros, no cabe esperar ninguna ayuda de la OTAN y, muy difícilmente, de la UE. Francia, presa de las reminiscencias históricas, creería posible recuperar influencia en Marruecos, bloqueando la reacción de la UE.

En Melilla se encuentra acuartelado el Tercio Gran Capitán I de la Legión en Cabrerizas, en torno a lo que fue el antiguo fuerte; por su parte, en Ceuta, está el Tercio Duque de Alba II de la Legión, con tres acuartelamientos (Serrallo, García Aldave IVª Bandera y Recarga Vª Bandera), situados fuera del núcleo de población y cerca de la frontera con Marruecos.

 

 

Conclusión

Camino de la perdición 

En mayo de 2005, el gobierno Zapatero adoptó una de las medidas más desafortunadas de su corta carrera de decisiones tomadas a la ligera y frívolamente: vender, a precio de saldo, carros de combate a Marruecos. La cláusula de seguridad que acompañaba a dicha cesión, que impedía su despliegue ante Ceuta y Melilla, era casi una broma. Vende armas a tu enemigo para que pueda presionarte con ellas.

Entre 1977 y 1980, la política del gobierno demócrata norteamericano (período Carter) se basó en intentar demostrar a la URSS, por todos los medios, que EEUU carecía de intenciones agresivas, rebajando el listón armamentístico y facilitando el acceso de regímenes prosoviéticos unos (Nicaragua sandinista), antioccidentales otros (revolución islámica de Khomeini) y permitiendo invadir a la propia URSS países libres (Afganistán). Esa estúpida política fue abandonada desde el inicio de la era Reagan. La URSS se desmantelaba pocos años después. Es la fuerza y no la concesión generosa e irresponsable, la que opera efectos en política internacional. Pues bien, desde los años de Carter, no se había visto en la historia reciente de la humanidad una política tan torpe como la José Luis Rodríguez Zapatero en relación a un país del que, lo más piadoso que puede decirse, es que sus muestras de amistad dejan mucho que desear. Aunque esos carros de combate fueran pagados a precio de oro, eso no justificaría jamás el riesgo que supone para la defensa nacional.

En general, el socialismo español, después de la transición, ha practicado una política de mano tendida hacia Marruecos, iniciada ya con Felipe González y llevada hasta el extremo por Rodríguez Zapatero. Siempre que han tenido ocasión, han intentado apaciguar situaciones imposibles de apaciguar, mediante las buenas palabras y "tolerancia", sacrificando siempre los intereses de España. Cualquier cosa antes que demostrar fortaleza y vigor. Si la palabra "traidor" no es exactamente la que debería aplicarse a Zapatero (un traidor para serlo, debe ser consciente de su traición; un perfecto irresponsable propias como ZP no es un traidor, es simplemente, un tonto con ideas) aproxima, al menos, a quien ignora los intereses de su propio país en beneficio de otro. No es raro que en Marruecos se frotaran las manos cuando Zapatero viajó por primera vez a Rabat al poco de ser elegido Secretario General del PSOE y, mucho más, cuando estallaron las bombas del 11-M. Entonces, Zapatero, de manera imprevista, se sentó en La Moncloa: "Ahí tenemos al hombre que queríamos" debieron comentar los exponentes del majzén.

La única norma política de Zapatero es hacer justo lo contrario de lo que hizo el anterior presidente. Ciertamente, algunas de las decisiones de Aznar fueron discutibles, pero la mediocridad anodina e ingenuofelizota de Zapatero, contrasta con su gestión; hay que reconocer que –equivocado o no- Aznar se movió por un claro patriotismo; en Perejil por ejemplo e incluso en la polémica decisión de asistir a la cumbre de las Azores, lo que primó fueron los intereses del Estado Español. Situándose al lado de Irak, Aznar aspiraba a eliminar las carencias energéticas que pudieran aparecer en España en los próximos años y, por otra parte, la decisión fue tomada para contrapesar el absentismo francés en la crisis de Perejil. Decir "España", es decir nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros intereses nuestra estabilidad económico-social y nosotros mismos. Errónea o no –la función de este libro no es enjuiciar la gestión del anterior presidente- la política de Aznar intentó ser "patriótica". Existieron graves problemas de comunicación con la opinión pública, engaños procedentes de EEUU (como toda aquella absurda discusión sobre las "armas de destrucción masiva" que todo el mundo sabía que no existían y que apenas eran otra cosa que la improvisación de un "casus belli" para justificar la enésima aventura exterior norteamericana; o afirmar que Saldan Hussein tenía algo que ver con Al-Qaeda, producto de muchos informes "imaginativos" de la CIA, redactados tras el 11-S) y cierto desprecio hacia unas manifestaciones que, si bien es cierto que, en buena medida, denotaban un lamentable antiamericanismo primario, otras se basaban en algo tan básico como era el respeto de la legalidad internacional y las consideraciones éticas ante guerra injustas. Aznar no supo comunicar los motivos que le llevaron a la cumbre de las Azores. Se podría argüir que Aznar se puso en el furgón de cola del eje anglo-sajón y que un patriotismo subordinado a una superpotencia, difícilmente podría ser considerado patriotismo. Es una opinión, desde luego, pero tampoco es absurdo situarse al lado de una superpotencia, especialmente, cuando aparecieron recelos suficientemente fundados en relación a Francia y cuando lo que estaba en juego es el parón energético y la posibilidad de obtener recursos situándose a la sombra de un coloso. La política internacional es así.

Lo que resulta absolutamente incomprensible es la política de cesiones realizadas en menos de dos años, por el gobierno Zapatero al régimen marroquí. Marruecos, ni es una superpotencia, ni es un modelo democrático, ni es un país "amigo". Difícilmente podría ser considerado como "amigo" un país que envía toneladas de droga diariamente, que apenas realiza esfuerzo alguno para controlar la inmigración masiva, sino que la utiliza como argumento de presión para obtener fondos de España y la UE, que reivindica territorios españoles desde el siglo XV o que oculta informes sobre la filiación islamista radical de inmigrantes que le consta viven en España…

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

 

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