La perspectiva de la guerra civil racial, religiosa y social

Publicado: Miércoles, 13 de Abril de 2005 10:48 por en INMIGRACION
0caldera.jpgRedacción.- Rafael Caldera acaba de sacar un nuevo eufemismo “políticamente correcto”; al haber llegado ayer a España y solicitar la regularización, se le llama “solicitar el empadronamiento por omisión”… ¿Cuál es el fondo de la cuestión? Muy simple: la regularización prevista por el gobierno ha fracasado y ahora se trata de llegar a las cifras previstas, como sea. El problema es que, ni aún así, se alcanzará esa cifra. Faltan 27 días para concluir el proceso de regularización…

Los socialistas son así: débiles, cobardes y contradictorios

El gobierno ZPlus tiene como costumbre cambiar las reglas del juego una vez iniciado el partido. Como si en un partido de tenis, un jugador decide, que a partir de cierto momento habrá que jugar con una pelota de fútbol. Lo han hecho en todos los terrenos, han manipulado la legislación vigente (véase el caso de PCTV o el proceso de elección de miembros del Consejo del Poder Judicial), han retirado las tropas y luego han mendigado el saludo de Bush, han establecido un código anti-telebasura que nadie absolutamente respeta, han presentado un programa electoral populista y luego lo han variado por una gestión contradictoria, torpe e ineficaz. Son socialistas, ellos son así…

Con la regularización masiva el problema ha sido peor de lo que el observador más pesimista era capaz de prever. Resulta irónico que un día de agosto, Consuelo Rumí, propusiera una regularización masiva y al cabo de los seis meses siguientes hayan entrado más inmigrantes ilegales de los que van a ser regularizados. Consuelo Rumí es socialista, ellos son así…

Parece increíble que Rafael Caldera hace solo dos meses y medio impusiera un plan del que ya preveíamos que iba a resultar un fracaso y lo hiciera, pomposamente, argumentando que sería la “última repesca” de ilegales, que, a partir de ahora, se tendrían que ir si no estaban regularizados; declaraciones que entraban en contradicción con la proverbial debilidad y cobardía del gobierno ZPlus. Ahora, ese mismo Rafael Caldera, no tiene el más mínimo inconveniente en cambiar las reglas del juego e intentar llegar a la cifra, sacada con forceps, de 500.000 inmigrantes regularizados (cuando inicialmente se preveía un millón, luego 800.000 y ahora solamente 215.000 han podido presentar papeles). Pero es que Rafael Caldera es socialista y los socialistas son así…

Cambiar las reglas del juego para jugar… y perder

Cuando un jugador, es decir, una parte interesada en un encuentro, cambia sobre la marcha las reglas del juego, es, sin duda, para jugar y ganar. Solo que para los socialistas esto parece un objetivo demasiado ambicioso. Porque a los socialistas, lo que verdaderamente les interesa es jugar y perder.

Rafael Caldera debería haberse dado cuenta de porque su maravillosa regularización masiva de inmigrantes ilegales ha constituido un absoluto fracaso. Y el punto clave es que, en su infinita demagogia populista, ha cargado el peso de la regularización sobre los empresarios. Ha olvidado que los empresarios contrataban ilegales porque no había que abonar los costes sociales de su contrato, porque permitía reciclar importantes masas de dinero negro del que no quedaban huellas y porque, en definitiva, era económicamente rentable. Cuando la perspectiva de una regularización masiva ha dejado de ser rentable la contratación de ilegales, ésta se ha detenido en seco. Pero hay más: hay fraude.

El 75% de los papeles presentados no corresponde a empresas, sino a ciudadanos particulares que han rellenado los impresos requeridos por el gobierno para regularizar a “jardineros”, “mayordomos”, “asistentas domésticas” y “acompañantes para ancianos”. El 15% corresponde, a trabajadores agrícolas y el 10% restante tiene que ver con la pequeña empresa, particularmente con hostelería. ¿Qué conclusiones puede extraerse de estas cifras?

En primer lugar que existe una bolsa de fraude que probablemente alcance al 40-50%. Es evidente que la mayoría de “mayordomos” y “jardineros” corresponden a contrataciones fraudulentas: “yo, inmigrante ilegal, te doy 3.000 euros y tú me firmas el papel conforme necesitas jardinero o mayordomo”. Hace solamente cinco años, bastaba con 900 euros, pero la llegada de los socialistas al poder –como suele ocurrir- ha aumentado los porcentajes de la corrupción. Ya se sabe, los socialistas son así.

La única forma de que el plan Caldera-Rumi tuviera éxito era que las grandes empresas entraran en juego y realizaran contrataciones masivas de ilegales… pero esto no ha ocurrido ¿por qué?, muy sencillo, por que las grandes empresas, antes, se cuidaban de contratar ÚNICAMENTE a inmigrantes legales... como todo el mundo sabía, menos Rafael Caldera y Consuelo Rumi.

La surrealista figura del “empadronamiento por omisión” (es decir, en la práctica, la abolición del certificado de empadronamiento que durante los últimos años ha sido el único patrón para dar cifras irreales de inmigrantes en España, tal como hemos afirmado siempre) no logrará el objetivo propuesto. Hará falta abolir también la petición de presentar una propuesta de contrato laboral. Porque el problema, no es –no ha sido nunca- el certificado de empadronamiento, sino el contrato laboral.

El germen de la guerra civil racial, religiosa y social

¿A dónde nos va a llevar esta política de ineficacia y estupidez mantenidas durante una legislatura? Los inmigrantes quieren “papeles para todos”, jaleados por las bandas de ultraizquierdistas y por los tontorrones-humanistas de IU. El gobierno, débil y cobarde no hay que olvidarlo, no se siente con fuerzas para realizar repatriaciones masivas, pero no conoce la solución para regularizar a casi ¡tres millones de ilegales! La conjugación de estos dos elementos está llevando, día a día, al aumento del número de ilegales en España, porque desde el mes de agosto el “efecto llamada” se ha desencadenado y no hay ningún elemento objetivo para pensar que va a detenerse. España es, en este momento, la puerta de entrada en la Unión Europea, de inmigrantes de los cinco continentes.

Hace sólo unos días, Antena 3 emitía un reportaje sobre las discotecas sudamericanas situadas en los bajos de la “zona de negocios” de Madrid. Miles de colombianos y ecuatorianos, bailando salsa, visiblemente colocados, hasta las 6 de la mañana (a las 7,00 horas la policía hace “limpias” en la zona para que no afecte la imagen de la “zona de negocios”. El reportaje estaba hecho un día de cada día: ¿de qué trabajan y viven esos miles de colombianos y ecuatorianos que tienen tiempo hasta las 6 de la madrugada de bailar salsa y “meterse caña”? Extendamos el problema a los 4.500.000 de inmigrantes que en estos momentos se encuentra en España, de los que casi dos terceras partes son ilegales ¿de qué viven? Respuesta: trabajo negro y protecciones sociales.

¿A dónde nos lleva esta situación? A la formación de dos tipos de inmigración: la legal, que trabaja aunque machaque el mercado laboral, y la ilegal que trabaja en negro o no trabaja, pero que, en cualquier caso, vive de las coberturas sociales. Ambas inmigraciones están encerradas en los mismos guetos urbanos y tienen conciencia de ser exactamente lo mismo: comunidades “diferentes” al resto que les rodea.

Tenían razón los teóricos marxistas de los años 70, cuando veían en la inmigración al nuevo proletariado del futuro en el que basar la lucha de clases. Hubo grupos ultraizquierdistas franceses que solamente se apoyaban en la inmigración. Acaso por eso desaparecieron completamente de la escena a principios de los años 80. Hoy no hay marxismo, pero existe lucha de clases: el odio con que algunos inmigrantes miran a todo lo que es europeo (véanse las declaraciones de los acusados por haber perpetrado el 11-M) es suficientemente elocuente de que este odio de clase, es también étnico y religioso.

Tensiones sociales, religiosas, étnicas, incapacidad del gobierno para resolverlas, llevan solamente a una perspectiva: el gobierno podrá ceder –y de hecho cederá- al papeles para todos, antes de que termine la legislatura. Creen que la sociedad y la estructura económica del Estado Español podrán resistir la riada de la que solamente hemos vivido las primeras vanguardias. No es así: ni la sociedad española, ni la europea, ni la economía española podrán soportar el peso y las tensiones que suponen esta presencia masiva de ilegales. Y lo que es peor: estas comunidades, progresivamente fortalecidas en número, finalmente, decidirán que ellos tienen fuerza suficiente como para coger por su cuenta lo que el mercado del niega. Es a esto, a lo que llamamos “guerra civil, religiosa, racial y social”.

Se dirá que somos muy pesimistas y alarmistas. Hace sólo un año, el director de inmigración de la Generalitat nos decía que el “padrón municipal” era exacto en la medición de inmigrantes ilegales. Hoy, resulta que en Catalunya, a los 350.000 ilegales empadronados en enero de 2004, y a los 300.000 legales de la época, hay que sumar, 425.000 empadronados y un número no determinado de inmigrantes sin empadronar, en nuestra opinión, de entre 100 y 150.000. La decisión de Caldera sobre el “empadronamiento por omisión” da la razón a las cifras que sosteníamos hace dos años.

En resumen: HOY EN ESPAÑA EXISTEN NO MENOS DE 4.500.000 DE INMIGRANTES, entre legales, ilegales empadronados e ilegales sin empadronar. Y la pregunta es: ¿Qué piensa hace el gobierno para detener la marea, qué piensa hacer para contener el efecto llamada y qué piensa hacer con los que no resulten regularizados? Respondemos nosotros: nada, o lo que es peor, un “papeles para todos” dentro de un año. Y esto lleva, de nuevo, a la “guerra civil, racial, social y religiosa”. Los socialistas son así…

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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