Italia: cuando la unidad no lo es todo

Publicado: Martes, 12 de Abril de 2005 14:06 por en ORIENTACIONES
musolini.jpgRedacción.- Las recientes elecciones italianas han defraudado las esperanzas de Alternativa Sociale, presidida por Alessandra Mussolini, que esperaba obtener mejores resultados, en línea con los obtenidos en las pasadas elecciones europeas. Vale la pena preguntarse qué ha ocurrido y porqué los porcentajes obtenidos, defraudan las esperanzas depositadas en la candidatura.

Existen “factores objetivos”

Los “factores objetivos” son los que dependen de la coyuntura política concreta; ante ellos y contra ellos no podemos hacer nada, están o no están. Si están, es posible pensar en que la organización política, avance. Si no están, ese avance es completamente impensable. Si una sociedad no tiene problemas, esa sociedad seguirá en la inercia; si no existe un extendido deseo de cambio, esa sociedad seguirá votando a quien lo ha hecho hasta ese momento; si no existe desconfianza hacia los portavoces del régimen, cualquier información emanada por el stablishment será tenida como verdad incontrovertible…

En la sociedad italiana, estos factores están presentes. Ante algunos de estos factores, la izquierda propone soluciones. Pero no, desde luego, ante la inmigración. Así pues, había que pensar que Alternativa Sociale y los cuatro partidos que lo constituyen, trabajan sobre un terreno abonado.

Ahora bien, para que se produzca un éxito político, es preciso algo más que factores objetivos. Porque si la coyuntura no depende de nosotros, es la que es, no hay que olvidar los factores subjetivos y los voluntaristas.

Los “factores subjetivos” ausentes

El segundo paquete de factores a tener en cuenta son los “factores subjetivos”, es decir, los que dependen del movimiento político. Por favorables que sean los factores objetivos, si no existe ni clase política, ni objetivos definidos, ni estrategia, ni táctica, ni criterio organizativo, ni capacidad de análisis político, ni programa, ni cuadros, ni liderazgo, resulta completamente imposible aprovechar una coyuntura.
Y esto es lo que ha fallado en Italia. Faltan algunos de los factores subjetivos.

Llama la atención que hasta la aparición de Alleanza Nacionale, la única organización política sólida que existió a partir de la prohibición de Avanguardia Nazionale, fuera el MSI. De hecho, solamente a principios de los años 70, el MSI tuvo una concurrencia seria (y nunca electoral) en Avanguardia, pero nunca a partir de los años 60, tuvo que competir electoralmente con formaciones concurrentes.

Liquidado el Partido del Uomo Qualcunque, sin haber despegado jamás, ni Nuova República, absorbiendo cada vez a sectores más amplios del Partido Monárquico Italiano, reabsorbiendo a sus esporádicas escisiones, el MSI, logró llegar a la transformación gozando de buena salud y exclusividad en el sector de la derecha nacional. Pues bien, esto no ocurre ahora.

La unidad que no lo es tanto

La transformación del MSI en Alleanza Nacionale, no fue obstaculizada por sectores significativos del partido. Pino Rauti, en otro tiempo dirigente de Ordine Nuevo y considerado –muy erróneamente- fuera de Italia como “nacional-revolucionario”, después de años de aspirar a la Secretaría General, cuando la tuvo, no fue capaz de sacar al partido de su estancamiento e incluso, en su período de mando, existieron peligrosas regresiones. Rauti, aprovechó la transformación para escindirse y pasar a constituir su Movimiento Social Italiano “Fiamma Tricolor”. En un primer momento, en el interior de “Fiamma”, se realizó un simulacro de unidad y allí fueron a parar sectores muy diversos que habían permanecido separados desde principios de los años 70. Sin embargo, la unidad fue efímera y al 1998 existía una dispersión sin precedentes que no se ha paliado en parte, sino hasta la aparición de Alternativa Sociale, generado a partir de la dimisión de Alessandra Mussolini como diputada de AN.

Bajo los colores de Alternativa Sociale se incluyen cuatro organizaciones diferentes: el Fronte Nazionale de Adriano Tilgher, Forza Nuova de Roberto Fiore, un sector de “Fiamma” dirigido por Romagnoli y “Liberta’ d’Azione” de Alessandra Mussolini. Cuatro siglas parecen muchas siglas; en España, habitualmente, se dice en términos militares que “más vale un mal mando que muchos mandos”.

Pero el problema no es que estas cuatro organizaciones no hayan conseguido un despegue en su primera consulta electoral, sino que el camino hasta llegar allí ha sido duro y no exento de fricciones y que, por lo demás, no son todos los que están.

Hay que recordar que en las pasadas elecciones europeas, después de un coqueteo inicial, “Fiamma” se había presentado independientemente de Alternativa Sociale, obteniendo cada una un diputado europeo, en lo que podía considerarse un resultado esperanzador. Ahora bien, “Fiamma” había tenido en el curso de la última legislatura europea dos problemas: el primero fue la “fuga” del anterior diputado europeo, Roberto Bigliardo, tras pasarse a Alleanza Nacionale, formó su propia organización y el segundo problema fue la marginación de Rauti que, por su parte, también constituyó su propio núcleo político. Pues bien, ambos, Bigliardo y Rauti, presentaron listas propias en las últimas elecciones regionales.

Si a estos unimos media docena de pequeñas organizaciones, veremos que la “unidad”, dista mucho de ser completa. Ahora bien…

Cuando la “unidad” no lo es todo

Sería absurdo responsabilizar a la falta de unidad de la modestia de resultados de Alternativa Sociale en las últimas elecciones regionales. Dejando aparte que algunas de las formaciones no incluidas en AS, están dirigidas por personas muy conocidas en la política italiana (Rauti, Bigliardo), la unidad no lo es todo. De hecho, nunca lo es.

La unidad es efectiva cuando existe una campaña previa de lanzamiento de la sigla que permite tener un eco mediático, a través del cual se proyecta la candidatura sobre la sociedad. Para poder realizar una campaña de lanzamiento, se precisa una dirección única, capaz de promover un programa electoral único y unas temáticas únicas. Basta examinar las distintas webs de los cuatro partidos integrados en AS, para advertir que sus diferentes “sensibilidades” están presentes y, con excepción de la postura sobre la inmigración, en el resto de temas, existen variaciones no desdeñables.

El estallido ideológico del “ambiente”

Los períodos de éxitos políticos generan el flujo de militancia, votos y medios, pero también profundización ideológica. Los períodos de regresión política, provocan estallidos ideológicos. En efecto, al no alcanzarse los éxitos propuestos, la primera tendencia es a examinar el fracaso desde un punto de vista subjetivo: y así aparecen las autocríticas parciales, en las que los datos objetivos se confunden con las opiniones personales, siempre, inevitablemente, subjetivas.

El medio nacional, popular y alternativo, vive desde hace años esta situación. Unos atribuyen el fracaso a la imagen “de derechas” del ambiente… y adoptan, en consecuencia, la imagen más alejada y de izquierdas. Ni siquiera en el tema de la inmigración existe uniformidad de criterios, ni en los “temas fáciles” (Turquía, por ejemplo). Basta que Evola o Guénon hayan escrito sobre el esoterismo islámico para que el tema de la inmigración musulmana se haga ininteligible y algunos apoyen el ingreso de Turquía en la UE. Los hay que opinan que el error consiste en identificarse con el pasado… y otros opinan que el error es haber abandonado las referencias del pasado. También los hay que tienen a Giorgio Almirante por el último gran líder de referencia, para otros es justo la referencia indeseable. Los hay que consideran la UE como justa y necesaria y otros como odiosa y rechazable. Y así sucesivamente. Existen varios pequeños diarios… pero ningún diario, ni siquiera semanario, competitivo.

Hubo un tiempo en que la polémica ideológica se polarizaba en torno a los gentilianos y a los evolianos. Hoy, salvo en núcleos muy reducidos, frecuentemente situados al margen de los partidos políticos, estas posiciones han perdido toda influencia. Tampoco han existido teóricos capaces de adaptar el pensamiento de Gentile o el de Evola al siglo XXI. Buena parte de los ideólogos de los años 70 y 80 se encuentran alejados de toda actividad política (Tarchi), en posiciones problemáticas (Mutti) o ejerciendo de ministros en carteras estratégicas del gobierno Berlusconi (Urso y Gasparri). El documento ideológico más ilustrativo de este período es la llamada “Doctrina de las Tres Liberaciones” que no puede paliar la ausencia de un trabajo sostenido de permanente análisis y adecuación ideológica. Con mucha frecuencia se tiende a compensar ese déficit con traducciones de autores belgas, franceses, rusos, etc, pero esto va en detrimento del análisis que afecta directamente a la sociedad italiana.

El estallido terminológico

El ambiente nacional, popular y alternativo italiano ha estallado y evidencia dificultades insuperables para reconstruir su unidad y su recuperación de iniciativa, porque también, paralelamente, ha estallado su terminología. Según quien emplee la palabra “socialismo” se tendrá un concepto u otro muy distinto. Existen sectores, por ejemplo, que confunden la “república social” con el socialismo. Decir “destra” no es lo mismo en unos que en otros ambientes. Aparecen, de tanto en tanto, conceptos equívocos en los que lo que se defiende no tiene nada que ver con lo que, habitualmente, se entiende por ese concepto (“Eurasia”).

Para colmo, se ha acentuado un problema que siempre ha estado, más o menos, presente en este sector: mientras que en el lenguaje de la calle los temas que interesan a la población van por un lado, la temática de estos grupos va por otro; en su propaganda, se tiene cierta tendencia a girar en torno a una serie de temas culturales (Drieu, Brassillach, Celine, Pound, etc) que, si bien constituyen unas bases culturales aceptables, es imposible perder de vista que, a medida que el tiempo va pasando, sus estilos van quedando atrás. Por otra parte, si bien en los años 60 y 70, las obras de estos autores circulaban abundantemente en las librerías, en la actualidad han desaparecido prácticamente de los catálogos editoriales.

Finalmente, es particularmente peligroso separar el análisis político del ideológico. Ambos no pueden caminar de espaldas uno a otro. Frecuentemente, así ocurre. Los análisis ideológicos tienen tendencia a llevar a callejones sin salida políticos. Por ejemplo: Si es Islam es una forma “tradicional”, cualquier “movimiento y gobierno islámico” son un apoyo para los que luchan por la tradición en Europa… cuando, de hecho, ocurre todo lo contrario, porque, se olvida que el razonamiento, para ser justo, debe necesariamente incluir otra premisa: el Islam es el enemigo de Europa, esto es, de nuestra forma de vida.

La conclusión: Italia hoy no es una referencia

Desde hace años venimos comentando con antiguos camaradas italianos de pasadas luchas políticas, que lo que está ocurriendo en el movimiento nacional, popular y alternativo italiano de hoy es regresivo en relación a lo que ocurría en los años 70, cuando éste sector era una referencia para todos nosotros. Era en Italia, precisamente, en donde se realizaban las iniciativas más innovadoras, donde, socialmente, existía en algunas zonas, una influencia real que lograba superar la represión del centro-izquierda, la criminal agresividad comunista y terrorista, poniendo en práctica iniciativas extremadamente creativas y vanguardistas en las peores condiciones políticas imaginables. En aquel tiempo, para nosotros, el movimiento italiano era el ejemplo a imitar.

De todo eso hace ya mucho. Hoy el movimiento nacional, popular y alternativo italiano ya no puede ser considerado como una referencia, sino que debe intentar reconstruirse interiormente en torno a una sigla única, en torno a una clase política y a un liderazgo único, en torno a un programa único, en torno a una estrategia única. Todo esto no puede salir más que de la reflexión objetiva que debe ser, tanto ideológica como política, caminando ambas al paso.

Las abstracciones políticas y las abstracciones ideológicas, son productos del subjetivismo. Conducen directamente al error. El error a la esterilidad política.

No se trata de que el ambiente nacional, popular y alternativo no haya alcanzado un despegue en las elecciones regionales de 2005, sino de que, aun si hubiera tenido un éxito rutilante, los problemas serían exactamente los mismos: dispersión, subjetivismo, estallido organizativo, rotura del esquema ideológico, alejamiento de la Italia real, etc.

Los países del Sur de Europa (Portugal, España, Italia, Grecia) no han logrado afianzar un fuerte movimiento nacional, alternativo y popular y, no por que no existan condiciones objetivas, sino, más bien, porque las condiciones subjetivas (las que tienen que ver con la capacidad de construir un movimiento político, con la habilidad y con las posibilidades reales de hacerlo) siguen sin estar presentes…

Afortunadamente, las condiciones subjetivas dependen de nosotros… Superarlas, siempre es posible.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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