Atención: ZP quiere pactar con ETA

Publicado: Domingo, 23 de Enero de 2005 01:13 por en ORIENTACIONES
eta.jpgRedacción.- En el terreno de la política antiterrorista, la política del PP fue impecable y rindió frutos abundantes: ETA estaba hasta hace tres semanas, acorralada y contra las cuerdas. Las bestias sedientas de sangre de otro tiempo, se habían convertido en ratas atemorizadas y en desbandada. Pues bien, desde hace quince días “bambí” está dando nuevas alas a ETA.

De la entrevista dada por ZP a la primera cadena de TVE, lo único que tuvo cierto interés y que la justificaba en sí misma, era anunciar su predisposición para “hablar” con ETA y HB, si ello implicaba acabar con el problema del terrorismo vasco. Al parecer, no fue únicamente Carod-Rovira quien ha querido pasar a la historia como el político que consiguió que ETA cesara en su actividad, sino que ZP también está aquejado por este virus. Sea como fuere, “bambi” quiere entrar en la historia patria: mediante el “diálogo de civilizaciones”, a través de la ley de extranjería más permisiva de todo el globo, o simplemente, desactivando a ETA.

La idea de ZP, y del ministro del interior, José Antonio Alonso, no es otra que acceder a las pretensiones de ETA: 1) reagrupar a los presos y 2) relegalizar a HB. A cambio, ofrece una tregua y “diálogo”; lo que salga de esa tregua y de ese diálogo, ya es harina de otro costal.

Ahora bien, es preciso recordar que la dispersión de presos ha sido uno de los elementos que más ha contribuido, a desmoralizar a la banda. Los presos, con perspectivas de pasar entre 10 y 20 años de cárcel, estando cerca de sus amigos, cómplices y familias, se habían convertido en un foco de agitación; dispersos, frecuentemente odiados y marginados por los presos comunes, alejados de lo propio, muy frecuentemente se han derrumbado, han solicitado la reinserción y se han desvinculado del terrorismo. La medida era justa, necesaria y ha dado sus frutos.

¿Reagrupamiento de presos? Mientras la banda siga colocando bombas como las que estalló en Guecho, es una posibilidad abierta. Efectivamente, concentrarlos en Fuerteventura no sería una mala idea.

Sobre la relegalización de HB se impone alguna consideración. Antes de su ilegalización, Otegui y sus monaguillos, habían amenazado con que el País Vasco sería ingobernable con HB ilegalizada. Amenazaban con extender los disturbios callejeros, hacerlos diarios y cada vez más incontrolables. Pues bien, HB se ilegalizó y el mundo no se hundió. Todo lo contrario: se demostró que HB y el radicalismo abertzale era un “gatito de uñas recortadas” incapaz de hacer frente a nadie que estuviera armado con la firme decisión de contenerlo. Mientras Jarrai tuvo enfrente una legislación permisiva confeccionada en la transición y una “ertzaina”, que llegaba, matemáticamente, diez minutos después de que los “kale borroka” se hubieran dispersado, era muy fácil mantener una “guerrilla urbana”. Ahora bien, cuando una legislación nueva equiparó los actos de violencia urbana a los de terrorismo, la cosa cambió. De una semana a otra, el “kale borroka” se deshizo como un azucarillo y los niños díscolos que lo protagonizaban, amonestados por sus papás y mamás, probos militantes del PNV, se dedicaron a actividades más dignas de encomio. Ilegalizar HB resultó muy barato para el Estado.

Y hubiera resultado todavía más barato, si el PNV no hubiera estado allí para sacar las castañas del fuego al radicalismo abertzale. En el Parlamento vasco, el grupo de HB no fue disuelto, simplemente cambió de nombre. Los innobles gestos del PNV, financiando los viajes a los familiares y amigos de los presos y negando el pan y la sal a las víctimas, es elocuente de la miseria moral del nacionalismo vasco. Para colmo, el pacto de Estella y la tregua-trampa, supusieron, para HB un balón de oxígeno y para ETA la posibilidad de recomponer sus líneas tras un período de desmantelamiento policial acelerado.

La política del PP fue dura en materia antiterrorista. El PP entendió que solamente es posible hablar un lenguaje con el terrorismo: el de la decisión inquebrantable de combatirlo. Cualquier otra cosa es una muestra de debilidad. Cualquier gesto, actitud o medida conciliadora, es tomada por el terrorismo de manera triunfal. Cuando en 1977, el gobierno de UCD concedió tres amnistías sucesivas, dejando en libertad a los asesinos de la calle del Correo, entre otros, demostró su debilidad. Algunos estúpidos, apoyaban estas ideas, escribiendo: “Contra terrorismo, democracia”. Y la democracia se demostraba por dejar a más presos en la calle en menos tiempo. No es raro que en 1979-80 el fenómeno del terrorismo hubiera alcanzado sus más altas cotas y que en 1981-82, la banda estuviera cerca del centenar de asesinatos diarios. Toda debilidad se paga, y con el terrorismo se paga con sangre.

A partir del momento en el que ZP nombró ministro del interior a José Antonio Alonso, estaba claro que su voluntad era romper con la política del PP en relación a ETA. Alonso se había opuesto a la dispersión de presos y a la ilegalización de HB. Más claro, agua. Desde su presidencia de Jueces para la Democracia, había mostrado más interés por los asesinos presos que por las víctimas y sus familias. Además, no tenía ni idea de las funciones que correspondía a un ministro del interior. No pertenecía a la “cuota del 50%”, pero ha demostrado ser tan incapaz como las ministras que fueron elegidas por el mero hecho de ser mujeres y no por su preparación. De Alonso no se sabe, exactamente, de ninguna cualidad que lo hiciera ministrable y mucho menos de interior.

Los éxitos que han conseguido las fuerzas de seguridad del Estado en los últimos 9 meses se han debido, no tanto a la gestión de Alonso como a la inercia del período anterior y se ha tratado de operaciones preparadas con antelación durante los últimos meses del período de gobierno del PP. Cuando se termine esa inercia, la impericia de Alonso y el talante, harán lo demás: ETA estará reorganizada para dar golpes rotundos el próximo verano, período para el cual ZP ya se habrá convencido de que es imposible negociar con ETA y cuando la banda se haya reforzado de nuevo con buena parte de sus cuadros presos, puestos en libertad.

Además ZP está mal aconsejado desde el País Vasco. Allí, los socialistas esperan tener un vertiginoso ascenso de votos en las próximas elecciones autonómicas de primavera. Se prevé que el PP se estancará o descenderá lo mismo que el PSE suba. Aralar será la principal beneficiaria de la prohibición de HB, una parte de cuyos votos reforzará al PNV, el cual, por otra parte, perderá votos tibios a los que aterra la secesión o realistas que perciben la imposibilidad de un “Estado libre asociado”. No parece que los resultados de esos comicios vayan a variar mucho la situación actual. El proceso de ruralización del voto nacionalista persistirá, y parece improbable que logren la mayoría absoluta. En este contexto, los “cerebros” [de corcho] del PSE opinan que la relegalización de HB tendría como corolario una merma en la intención de voto del PNV, el cual, retrocedería en relación a los anteriores comicios y, en esas circunstancias, el “Plan Ibarreche” sería de todo punto inviable.

Si, el razonamiento tiene cierta lógica… electoral. Pero ETA mata y HB es su desdoblamiento político, así que, en la práctica, relegalizar a HB supone dar nuevas alas al terrorismo de ETA. Lo que el PSE vasco tiene que confirmar es si ha abandonado la absurda idea que siempre ha mantenido, desde las profundidades de la transición, según la cual es imposible gobernar el País Vasco sin el PNV, o bien si está dispuesto a formar un “Frente Constitucional” junto al PP y alguna otra fuerza política minoritaria, para gobernar frente y contra el abertzalismo. Y no está clara la opción. Es más, da la sensación de que el PSE está dividido en relación a éste punto y ni siquiera es capaz de salir del atrolladero que supone definir a España como “una nación” o al País Vasco como “la nación”…

ETA ha tenido suerte en su historia. Cuando en 1970 estaba absolutamente contras las cuerdas, con prácticamente toda su militancia presa y sólo unos pocos exiliados en Francia dispuestos a hacer alto, Echave Obengoa tuvo la ocurrencia de secuestrar al cónsul alemán Behil en San Sebastián y tener a la opinión pública en vilo durante quince días. Fue el inicio de la recuperación de ETA. Luego en noviembre de 1975, ETA volvía a estar en cuadro, tras las desarticulación de diversos comandos de la organización en Madrid, Barcelona y Bilbao, con la mayoría de sus cuadros presos. En eso muere Franco y, a partir de ese momento, empiezan a salir sus presos en tres sucesivas amnistías que terminaron en junio de 1977 cuando los presos con delitos de sangre fueron “extrañados”, volviendo a España clandestinamente en apenas una semana… A partir de entonces y hasta las fechas previas al pacto de Estella, ETA había logrado mantener lo esencial de sus cuadros e infraestructura, pero en 1997 la situación era, nuevamente límite, y el PNV salió en su defensa. El PNV permitió que ETA, contra las cuerdas y noqueada, se recuperase en el año que duró la “tregua-trampa”. A partir de octubre de 2002, ETA volvió a encajar golpes policiales de dureza inusitada, a lo que se añadió una sistemática persecución judicial que volvió a noquear al terrorismo. El PNV volvió a salvar a ETA, una vez más… sólo que, ahora, estos días, con el visto bueno de una parte sustancial del PSE y con el placet de “bambi”.

Cuando se produce en Madrid, la manifestación de la Asociación de Víctimas contra el Terrorismo, quien es agredido y paga las ambigüedades del PSOE es precisamente Pepe Bono, eximio ministro de defensa. No era quizás la persona que, en este terreno, tenga más culpas, pues no en vano, tanto Bono como Ibarra se han mostrado muy decididamente partidarios de mantener la presión contra ETA y el divorcio de su partido de cualquier intento negociador.

Entre las frases leídas por el presidente de la AVT figura la exigencia de que los familiares y las víctimas no sean utilizadas como “moneda de cambio” en la resolución del problema del terrorismo en España. Estas declaraciones son todavía más significativas en cuanto vienen a pocos días de la declaración de intenciones de “bambi” de estar dispuesto a abrir una negociación con ETA y HB.

Hay que decir algo más: quienes han matado a 20 ó 25 personas no pueden extinguir su condena con 8 ó 12 años de cárcel. Una condena a 3000 años no se extingue en dos lustros. Y poco importa en base a qué consideraciones jurídicas los asesinos en serie aspiran a ser excarcelados a lo largo de 2005. Las bestias sedientas de sangre deben permanecer a fuera de circulación. Solamente la debilidad y ambigüedad, el ingenuo progresismo en el que se hizo la transición hizo posible que en la constitución no quedara registrada la posibilidad de cadena perpetua. Este año 2005, el gobierno –que en esto si parece respetar la “división de poderes”- se prepara para excarcelar sin problemas y como gesto de buena voluntad a los terroristas en serie. Es evidente que estos, pasarán inmediatamente a formar nuevos equipos terroristas en tanto se vean en libertad y así el ciclo del terror volverá a comenzar. ETA-HB impondrá la protección a sus miembros mientras duren las “negociaciones” (no llegarán a nada sustancial) y aprovechará este período para reforzarse y depurar interiormente sus filas de confidentes, chivatos y traidores (que no son pocos y están muy bien situados en la jerarquía de la banda).

Una vez más, la debilidad pasará factura. Una vez más, cuando ETA está al borde de la asfixia, un imbécil cree que tendiendo la mano pasará a la historia como la persona que logró el fin de ETA. En este momento hay que decir bien alto, aquí y en las próximas elecciones vascas, que contra ETA y el nacionalismo solamente la decisión rinde resultados, sólo la fuerza paga, sólo la voluntad inquebrantable de aplastar a la culebra y castigar a quienes tengan en su conciencia una sola gota de sangre inocente con la cadena perpetua hasta el fin de sus días, puede resolver el problema: existe terrorismo por que hay terroristas, hay gente que muere por que hay asesinos dispuestos a matar. Encarcélese a todos los asesinos y tírese la llave y el problema desaparece, o al menos, adquiere una dimensión razonable. La cuestión es que Ibarreche y el PNV sin asesinos que “golpeen el árbol”, jamás podrían coger fruto alguno. Arzallus dixit.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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