La “crispación”: denominador común de la política española

Publicado: Jueves, 02 de Diciembre de 2004 11:01 por en ORIENTACIONES
zapatero1.gifRedacción.- En ocasiones hay crispación por que el ejercicio de las tareas de gobierno genera amistades y odios, actualmente, la crispación es una forma de ocultar la falta de gobierno. Tres episodios lo confirman: el escándalo de la “reforma judicial”, la presencia de Aznar en la Comisión 11-M y la de Moratinos en el parlamento, merecen ser examinados en el mismo contexto de ausencia de iniciativas de gobierno. Y ZP se prepara para su comparecencia...

El “talante” del PSOE o la reforma judicial aplicada


El 30 de noviembre, el presidente del Congreso, Manuel Marín, suspendió el Pleno del Congreso ante la bronca suscitada en el hemiciclo por la tramitación de la reforma de los nombramientos judiciales. Bronca justificada, por lo demás. La decisión de someter a votación la tramitación en “lectura única” del segundo proyecto de reforma remitido por el Gobierno suscitó una nueva polémica entre el PP y el resto de los grupos parlamentarios y la Presidencia de la Cámara. ¿Qué había ocurrido? Simplemente, que el PSOE perdió la votación el día anterior por la vagancia y el absentismo de 18 parlamentarios de su grupo y se limitó a reelaborar el proyecto de ley sobre la reforma del poder judicial, introduciendo cuatro modificaciones irrelevantes y tramitándolo por vía de urgencia… porque le es urgente que se aprueben antes del nombramiento de nuevos altos cargos judiciales.

En otras palabras: el PSOE ha cometido un fraude de ley. Lo que no ha pasado, a causa del absentismo de sus diputados… pasará ahora por trámite de urgencia. El caso es acelerar la ley que permitirá colocar en los altos cargos del poder judicial, a los juristas próximos al PSOE. En otras palabras: como decía Guerra hace veinte años, “Montesquieu está superado”; por segunda vez, la separación de poderes ha sido pulverizada por el PSOE.

Lo normal sería que el poder judicial, en tanto poder soberano, eligiera él mismo a sus altos cargos en función de su capacidad, de su preparación, de su saber jurídico y de su prestigio profesional… no en función de que tome copas con el secretario de organización del PSOE, o de que un primo de un cuñado de un diputadillo del PSOE tenga por amigo de toda la vida a un juececillo gris e irrelevante al que le debe un favor.

Este “golpe” del PSOE entra dentro de lo que podemos considerar en rigor “involución democrática”: cuando el poder judicial está controlado por el poder ejecutivo, lo que hay es cualquier cosa menos una democracia real. Y en este sentido el “talante” es una forma de engaño al pueblo español: los procesos de involución democrática no los provocan siempre dictadores inmisericordes, sino que habitualmente, son traídos entre sedas y algodones, por individuos de sonrisa estúpida, jerga ingenuofelizota y bambis de la vida.

Pongan a un lado a ZP y a otro a Polanco, poder político y poder mediático; comparen sus historiales pasados y luego piensen ¿quién gobierna en realidad? De hecho, ZP debe a Polanco sentarse donde está. A Polanco y a los autores intelectuales del 11-M. Eso es lo que Aznar se ha preocupado de recordar ante la Comisión 11-M.

Cuando Aznar deglute a la Comisión 11-M

La presencia de Aznar en la Comisión 11-M nos recordó cómo, aproximadamente, es un presidente de Gobierno: decidido, con dominio sobre la situación, sabiendo su lección, yendo preparado a una comisión parlamentaria, creyendo firmemente en lo que hace, siendo capaz de establecer quien es su amigo y quien su enemigo e imponiendo su personalidad a los subordinados. Hacía meses que en el horizonte político español no aparecía la imagen de una “autoridad competente”. El talante instalado en el poder es la ausencia de “autoridad” y la autoridad es el principio del poder. El “diálogo” del que tanto hace gala ZP –que no existe más allá de sus palabras- sirve para el ejercicio de la convivencia, no para el ejercicio del poder político que, en el fondo, es lucha, voluntad, destino.

El problema de Aznar es que se ha enrocado en sus propios errores; el primero de todos fue el brusco giro en política exterior que le adornó a partir de principios de 2001, tras la cumbre del G-8, que luego transformó en obsesión a partir de Perejil y que le hizo cometer los dos grandes errores, sin los cuales hoy seguiría sentado en La Moncloa: postular la Carta de los Ocho, firmada por Blair y por otros presidentes europeos apoyando la iniciativa Bush en Irak, y asistir a la Cumbre de las Azores. A partir de entonces, todo para él, ha sido un sostenella y no enmendalla.

Aznar puede seguir explicando que “el mundo es más seguro sin Saddam Hussein” (no, el mundo es igualmente inseguro sin Saddam, y en Irak cada día muere un promedio de 50 personas). Puede seguir defendiendo la política Bush, cuando esa política ha fracasado tal como muestra el empantanamiento de Irak y hoy ya no se puede defender que existieron armas de destrucción masiva, ni siquiera que Saddam suponía un riesgo para la seguridad mundial.

Estos son los puntos débiles de la argumentación aznarista, no sus formas. A un presidente se le juzga por su gestión, no por sus formas, ni por seguir el manual Carnagie de cómo ganar amigos. Esto es política, no relaciones sociales. Y luego está saber exactamente lo que ocurrió el 11-M. Aznar sabe tanto como el ciudadano medio. Tiene –como tenemos todos, capacidad crítica e intuiciones- su capacidad crítica le indica que una banda de chorizos, macarras y camellos de discoteca, no pueden convertirse, de un día para otro, en terroristas dotados de una precisión política asombrosa. Esa misma intuición le dice también que en la investigación hay agujeros negros, que en las primeras horas funcionarios de Interior le engañaron, le dice, finalmente, que la policía siguió una serie de pistas prefabricadas que le llevaron a la detención de un grupo de marroquíes, chorizos, sin más y que, finalmente, la muerte de todos ellos en Leganés, es lo único que dió credibilidad a su participación en la masacre. Pues bien, todas estas intuiciones, ya las plasmamos en nuestro trabajo “11-M: Los perros del infierno”. Pero luego, Aznar añade otro punto de su cosecha: ETA estaba –“de alguna manera”- detrás de la operación. Y aquí se equivoca.

Se equivoca por que en marzo de 2004, ETA ya estaba solamente en condiciones de ir a ver a Carod-Rovira en Perpignan para tratar de pactar alguna salida al “problema”. El problema era, a fin de cuentas, que en marzo de 2004, ETA estaba literalmente masacrada, con 200 terroristas capturados en dos años (hoy son 250), con la infraestructura patas arriba y la “galaxia etarra” desmantelada, sin seguridad interior y con una infiltración que seguramente llega hasta el mismo comité ejecutivo. ETA, a partir de mediados de 2003, ya no estaba en condiciones de planificar nada fuera de la propia seguridad de algunos de sus dirigentes (y ya hemos visto con qué resultado).

Y, ni mucho menos, ETA estaba en condiciones de “trabajar” a un grupo inorgánico de moros, conocidos en la cárcel –la primera norma de cualquier preso que no pertenece al mundo de la delincuencia común es, al salir de la cárcel no conservar amistades con los presos comunes: en efecto, siempre traen problemas- y pactar con ellos la ejecución de un atentado como el 11-M. Hoy sabemos que ETA tenía un gigantesco arsenal de RPGs, misiles, fusiles de asalto, explosivos, etc. Que muy bien hubiera podido entregar a los “moritos zumbados” para que hicieran destrozos a su antojo… Improbable y caricaturesco.

El hecho de en la agenda de un moro preso, hubiera el teléfono de un etarra; el hecho de que en Topas se viera a etarras y moros paseando juntos en el patio del módulo penitenciario, etc., todo eso son pruebas tan absolutamente circunstanciales que, seguramente, el propio Aznar las hubiera desechado de seguir en el poder. Son pistas que no llevan a ningún sitio, más allá de insinuaciones oscuras que nada sólido parece confirmar. Ahora bien, es rigurosamente cierto que ETA tuvo algo que ver en todo esto. Pero no es lo que Aznar dijo ante la comisión.

Efectivamente, la tesis que hemos defendido desde la aparición del “11-M: Los perros del infierno” es que “alguien” planificó el atentado para que, al menos durante unas horas, los técnicos de interior tuvieran la seguridad de que había sido ETA: el atentado tuvo lugar en el Corredor de Henares (donde ETA había intentado pocos meses antes, tres intentos de atentado), había tenido lugar mediante utilización de gran cantidad de explosivos (ETA había intentado introducir cinco lanzaderas con explosivos en la zona), el atentado había tenido lugar en Madrid (ETA había pactado con Carod, tregua en Catalunya, luego si hubieran sido islamistas, habrían encontrado la guardia baja de la Seguridad del Estado en Catalunya, pero en situación de “prevengan” en Madrid), algún policía dijo por teléfono que el atentado se había cometido con “Titadine” (cuando el olor mismo delata desde el primer momento que era “Goma-2”, siendo que “Titadine” remitedirectamente a ETA); ETA precisaba de un atentado de esas caracteríticas y había huellas de que lo buscaba semanas antes del 11-M (así se lo comunicaron a Carod en Persignan y así lo hablaban desde hacía meses los presos de ETA); etc, etc, etc.

Hoy sabemos que en la quiniela de los atentados, los chorizos marroquíes tuvieron arte y parte, pero no albergamos la menor duda de que entre ellos no está el “autor intelectual” de la masacre, ni el técnico político capaz de calcular la precisión política con la que fueron cometidos los atentados para provocar el vuelco electoral. Y sabemos algo que Aznar no quiere reconocer: que le tomaron el pelo, le engañaron durante unas horas, haciéndole creer que era ETA. La trampa era esa precisamente: inducir a que el gobierno responsabilizara a ETA en un primer tiempo, para luego, demostrarse que la autoría correspondía a “Al Qaeda” o al islamismo radical… Así la SER podía decir desde el principio que “nos ocultan información” y los SMS “queremos la verdad”. ¡Era una trampa y Aznar y el gobierno cayeron en ella! Que por orgullo no lo reconozca es harina de otro costal. Es sobre esta hipótesis sobre la que los miembros de la Comisión 11-M del PP habrían tenido que trabajar y no intentando demostrar que Acebes y Aznar no se habían equivocado: se equivocaron. Errar es humano. Reconocerlo, al parecer, es demasiado humano.

Ahora bien, la comparecencia de Aznar ha servido para recordar que la Comisión 11-M se encuentra en la recta final: no ha servido absolutamente para nada, salvo para realzar el papel del expresidente. No ha aclarado ni uno solo de los agujeros negros de la investigación, no ha sido capaz de disipar ni una sola duda, sino, antes bien, ha generado otras muchas más.

Aquellas aguas (el atentado), trajeron estos lodos (el gobierno ZP). Se puede dudar de todo, menos de que la llegada del PSOE al poder, se debió al crimen. Y así nos va: tenemos un gobierno de amateurs incompetentes que en seis siete meses solamente han sido capaces de frenar proyectos del PP (Rajoy tiene mucha razón en esto), aplicar una hojarasca de medidas políticamente irrelevantes pero mediáticas (el acoso a la Iglesia, la ley del divorcio-express, las parejas gays, etc.) y un sin fin de propuestas seguidas de marcha atrás. Lo dicho, un gobierno de amateurs, dirigidos por un incompetente: el producto del error histórico del electorado español el 14-M.

Moratinos – Desatinos

Dentro del paquete de “crispaciones” múltiples, las explicaciones dadas por Moratinos en el Parlamento son, como mínimo, sorprendentes: se excusa por el medio en el que dijo lo que dijo, no por lo que dijo. Haber dicho que Aznar apoyó el golpe contra Chávez era lo de menos. A decir verdad, Aznar no conspiró contra Chávez, pero a nadie se le oculta que la caída del gobierno venezolano –exótico y “sudaca” como pocos, en el sentido pristino de la palabra, pero que irreprochablemente había alcanzado el poder por medios democráticos- hubiera agradado a Aznar, especialmente por que era lo buscado y promovido por Bush. No, lo sorprendente no es lo que dijo Moratinos, sino desde qué alturas lo dijo. Y lo grave no es que lo dijera en TV, sino que lo dijera desde su cargo de Ministro.

Existen ministros que en otro tiempo fueron “respetados” en el cargo público que representaron: Bono como Presidente de Castilla-La Mancha era, poco menos que indiscutible. Moratinos desde su cargo de embajador en Oriente Medio, parecía disponer de un prestigio inigualable. Sáquenlos de la plaza que les hizo respetados y demuestran dosis inalcanzables de incompetencia. De hecho, Moratinos tiene más de concursante de “Pasa Palabra” que de Ministro de Exteriores.

En su comparecencia lo peor, insistimos, no fue lo que dijo, ni cómo lo dijo, ni siquiera el medio en el que lo dijo, sino el que lo dijera desde la poltrona del Ministerio y que, finalmente, ZP terminara la farsa alabando su talante.
Digámoslo ya: no hay un ministro sentado en Exteriores, lo que existe es un tipo que “entendía” –en el PSOE, a partir de Zerolo, todos “entienden”- algo de Oriente Medio, pero que patinaba en cualquier otro tema, e incluso en aquella cuestión, sus conocimientos llegaban apenas a que había que apoyar a Arafat en la creación de un Estado Palestino. Pero sobre como resolver el atasco, nada. Moratinos no es más que un amateur de la política exterior, metido a un cargo que le viene grande y para el que carece de cualidades –oscila de la falta de tacto al servilismo- e incluso de preparación técnica, a pesar de su carrera diplomática.

ZP en la Comisión 11-M

Tenemos un gobierno de amateurs, dirigido por un boy-scout o, al menos, por alguien que quiere dotarse de los modales de un scout. Pues bien, ese scout está literalmente aterrorizado con su próxima presencia en la Comisión 11-M.

Las encuestas afirman que Aznar logró duplicar la audiencia de la “2” y que no decepcionó. A lo largo de sus 12 horas seguidas de comparecencia, Aznar no fue en ningún momento rebasado, acorralado o amedrentado por unos diputadillos del tres al cuarto que ni sabían lo que preguntar (más allá de donde les llevaban los editoriales de “El País”), ni estaban a la altura de las circunstancias (investigar el mayor atentado terrorista de la historia de España), ni les importaba otra cosa que ganar sus 15 minutos de fama a la sombra de una Comisión que, en su recta final, ha demostrado no haber servido para otra cosa más que para realzar el papel de Aznar.

Aznar, esa es la realidad, se comió a la Comisión 11-M. Era de esperar. Pero ahora le toca el turno a ZP. El PSOE se ha cuidado muy mucho de que la presencia de ZP se distanciara lo suficiente de Aznar como para que el efecto mediático de su intervención, se diluyera y, en la esperanza, de que la mediocridad exasperante y las sobredosis de talante, allí donde no hay nada más, que profesa, no pudiera ser comparada con la claridad, determinación, convicción del expresidente.

La comparecencia de Aznar ha servido para recordar que hubo un día en que, equivocado o no –lo estaba indudablemente en política exterior- éste país tuvo un presidente. Hoy, el cargo está vacante. Moratinos, al menos es un amateur que tiene colgado en su despacho el título que afirma que concluyó la Carrera Diplomática. ZP es apenas un abogadillo de pocos pleitos, diputadillo de provincias de gris trayectoria parlamentaria, alzado sobre su mediocridad estructural gracias a un congreso del PSOE en el que ningún “barón” de relieve le disputó el cargo a la vista de que en el 2004, el PP debía, en buena lógico, de haber ganado las elecciones. El único que pudo disputarle la Secretaría General, Bono, luego se ha demostrado que, en Defensa, era, pura y simplemente, un cateto. Luego, ese tipo gris, vendedor de talantes y vaselinas, resultó que se encontró sentado en La Moncloa, gracias a un atentado criminal que reactualizó el rechazo del electorado a la política exterior de Aznar. Lo dicho, ZP no es un presidente digno de tal nombre, es un “accidente” en la historia de España.

España es hoy un camión de 20 toneladas que no conduce nadie o, mejor dicho, conducido por un conductor cuya estatura impide que sus pies lleguen a los pedales y su vista no vaya más allá de la altura del volante. La cuestión es hasta qué punto las costuras de éste país van a aguantar la ausencia de liderazgo a la cabeza del Estado, es decir, hasta cuándo el camión va a poder seguir discurriendo por la carretera sin estrellarse. Y a la vista de los apoyos de ZP en el parlamento (los Carod, los Llamazares y demás apoyos nacionalistas ocasionales), todo induce a pensar que 2005 será el año decisivo.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

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