TRES MITOS DEL TERROR, UN TEMA OCULTISTA: FRANKENSTEIN, DRACULA, JECKYLL/HYDE

Publicado: Lunes, 11 de Octubre de 2004 23:49 por en CULTURA

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Infokrisis.- En el siglo XIX se escribieron las grandes novelas de terror que el cine moderno ha pasado a imágenes con distinta fortuna. Drácula el vampiro, el monstruo del Doctor Frankenstein y la historia del Doctor Jeckyll y Mister Hyde constituyen tres mitos universales del terror, ahora bien sus autores Bram Stoker, Mary Shelley y Stevenson no fueron del todo originales en sus relatos, sino que se hicieron eco de un tema ancestral del ocultismo: el tema del doble etéreo de cada ser humano.

LA TEORIA OCULTISTA DEL DOBLE

Varios textos clásicos ocultistas sugieren la existencia de distintos "cuerpos" que morarían dentro del ser humano. Casi todas las doctrinas esotéricas aluden a tres: el cuerpo físico que sería el soporte de la personalidad, aquella parte tangible y material de nosotros mismos; luego seguiría un cuerpo astral o doble en donde residirían nuestros pensamientos, impulsos volitivos, instintos, pasiones, etc.; finalmente existiría una parte más íntima y recóndita que varias tradiciones llamarían "alma" y que sería aquella parte trascendente del hombre.

Esta clasificación no es independiente de otra doctrina esotérica la justeza de cuya afirmación es compartida por la física más avanzada. En efecto, esoterismo y física coinciden en que la totalidad del universo está compuesto por un mismo tipo de materia que se diferenciada según la cantidad de energía que contiene. Así pues, estos tres "cuerpos", no son otra cosa que materia sometida a distintas intensidades vibratorias. Según la vibración sea mayor o menor, la densidad de esta materia es menor o mayor. La materia que compone el cuerpo estará sometida a una gran intensidad vibratoria y por tanto será más densa que el resto. Por su parte lo que llamamos "alma" sería, dentro de esta óptica, una vibración de gran longitud de onda que implicaría una sutilidad máxima.

Lo que las experiencias de “desdoblamiento astral” exteriorizarían es ese ente intermedio entre la materia densa de nuestro cuerpo físico y la materia sutil de nuestra parte trascendente. Es un cuerpo inestable en cuanto que está sometida a la atracción poderosa del cuerpo físico y que el esoterista quiere liberar y situarlo bajo la influencia de la parte trascendente o alma.

Al decir de los esoteristas, en tanto que parte inestable del ser humano, este estado intermedio o astral, puede irse "sutilizando" o "densificando" según el tipo de vida que cada persona lleve. Una persona que lleve una vida pura, ascética, sometida a un ascesis interior, irá "sutilizando" esta parte astral. Otra atraída fuertemente por sus impulsos más bajos y sus instintos más animales, la irá, por el contrario, densificando.

Al producirse la muerte, el cuerpo físico desaparece. El "alma" recupera su libertad y el cuerpo astral queda sometido a la misma acción que las brasas de una hoguera después de que se haya extinguido la madera cuya combustión producía la llama. Hay que entender en este símil que la llama es la vida, la madera el cuerpo y lo que queda después de la desaparición del cuerpo, son las brasas. Éstas como el “astral” se mantienen durante un tiempo en actividad (lo que los cristianos conocen como "Purgatorio") pero también terminan por extinguirse (fenómeno al que los antiguos egipcios llamaban "segunda muerte").

Según sea más o menos denso el cuerpo astral, tarda más o menos tiempo en disolverse. Este cuerpo astral es considerado, por los esoteristas, como el "doble" del hombre, y a través de técnicas particulares que frecuentemente caen en el dominio de la magia negra y del satanismo puede superar su destino de extinción y perpetuarse.

A partir de aquí ya tenemos las bases ocultistas sobre las que Stocker, Shelley y Stevenson, crearon lo esencial de la trama de sus grandes novelas y los rasgos de sus personajes.

DRACULA DE STOCKER: LA SANGRE ES VIDA

Stocker escribe definiendo a Drácula: "... fue en vida un hombre extraordinariamente asombroso. Soldado, hombre de Estado y alquimista..."; serían precisamente sus conocimientos alquímicos los que le permitirían sobrevivir a su muerte. ¿Cómo lo consiguió? Tal es la clave de la novela de terror: absorbiendo sangre humana.

"La sangre es vida" repiten varios personajes de la novela, haciéndose eco del principio alquímico según el cual es en la sangre donde reside el fluido vital que contiene. Frases como "me hierve la sangre" o "me estoy haciendo mala sangre" se utilizan frecuentemente para definir estados del espíritu en los que éste es arrastrado por pasiones, instintos, cólera, lujuria, etc. Tales estados se conceptúan como "envenenamientos de la sangre", pero también como enfermedades del espíritu, o si se quiere, del cuerpo "astral"

Según el ocultismo todas nuestras acciones, buenas o malas, alterarían el fluido vital que cabalga sobre la sangre y ese fluido vital sería lo que determinaría la mayor o menor “densificación” del astral.

La afición de Drácula por la sangre procede de ahí. El doctor Van Helsing transcribe el pensamiento de Stocker y con él del esoterismo milenario: "Drácula es el no muerto". Su cuerpo físico ha muerto, su alma ha descendido a los infiernos, pero a través de la absorción continua de sangre humana, incorpora los fluidos vitales que contiene ésta y logra evitar la extinción de su cuerpo astral, densificándolo cada vez más y haciendo que perdure a través de los siglos. "Sus poderes mentales sobrevivieron a su muerte física", escribe Stocker.

El acto ritual en la redención del vampiro es clavarle una estaca en el corazón, arrancarlo luego y quemarlo finalmente. Como centro del ser humano, el corazón ocupa un puesto similar al sol en el sistema planetario. De hecho el ocultismo y las doctrinas esotéricas asimilan el corazón al sol y éste al fuego. Pero es en el corazón en donde según esas teorías reside igualmente la chispa trascendente que distingue a la raza humana de las especies animales, allí es donde mora el "alma". El alma como centro del sistema solar y el alma como centro de la personalidad radicando en el corazón nos llevan a otra similitud: alma corazón sol fuego. Arrancar el corazón del vampiro y arrojarlo al fuego es el acto simbólico de redimir al vampiro y restituir lo que es del fuego (el alma) al fuego, rompiendo así la tiranía que el cuerpo astral (sus "poderes mentales" como lo llama Stocker) materializado ejerce sobre el alma.

Otros aspectos del tema de Drácula (su unión indisoluble con la tierra de Transilvania que le ha visto nacer, la defensa que el ajo proporciona contra los vampiros, etc.) son otros tantos temas conocidos por los esoteristas que Stocker (del que se dijo que fue uno de los miembros de la sociedad ocultista inglesa “Golden Dawn”) aprovecha para componer su estremecedora novela puesta una vez más en el candelero gracias a la extraordinaria película de Francis Ford Coppola, “Drácula de Stoker”, filmada en 1992.

FRANKENSTEIN: MI DOBLE ES UN MONSTRUO

Con menos éxito comercial, y habiendo pasado directamente de la etapa de producción a su distribución en videoclubs, el "Frankenstein" rodado por los Estudios Pinewood en 1992 y dirigido por David Wickers, es sin duda la adaptación más rigurosa de la novela de Mary Shelley realizada hasta la fecha, desde luego mucho menos ambiciosa, pero sí muy superior a la versión realizada en 1998 por Kenneth Brannag y que constituyó un estrepitoso fracaso comercial a pesar de que la figura del monstruo estuvo encarnada por el conocido actor Robert De Niro.

En la película de Wickers, el monstruo creado por el doctor Frankenstein no tiene tornillos en el cuello ni alzas en los zapatos. Tampoco tiene costurones y cicatrices de una cirugía que tenía poco de estética. Reconociendo el mérito de Boris Karlof en la creación del personaje para el cine de los años treinta, ésta nueva versión se propuso ser fiel al texto escrito. Y de hecho lo es.

La Shelley no se desvía mucho de la temática ocultista, al menos en el inicio del relato: el monstruo es el producto de un experimento fallido a través del cual Frankenstein "coagula" una parte de sí mismo, clonándose, en un ser que debía ser hecho a su imagen y semejanza pero que un error en el curso del mismo, ha convertido en un monstruo.

Frankenstein y el monstruo son una sola y misma persona, desdoblada, eso sí, pero de la cual el primero es matriz. El experimento de Frankenstein exterioriza primero, coagula después, su propio cuerpo astral. En un momento dado del relato, el carácter del monstruo varía, siente pasiones, necesidades, deseos, bajos instintos, se aleja de la naturaleza, en principio bondadosa del doctor que lo ha creado y se convierte en un monstruo que siente placer en el asesinato y la destrucción.

La maldad ejecutada sistemáticamente es otra de las vías para densificar el astral y mantener su nivel energético. Es a través del ejercicio de la maldad que el monstruo conserva su vitalidad y evita la disolución de su cuerpo.

El monstruo quiere vivir, quiere incluso gozar de la misma sexualidad que los humanos y requiere una compañera. Frankenstein se niega y tal es el punto de inflexión del relato: a partir de aquí el monstruo será cruel y sanguinario. No hay que olvidar que el sexo es la "fuerza más fuerte de la naturaleza" según lo definió el mago y satanista inglés Aleister Crowley; por tanto es de la sexualidad de donde el monstruo pretendía obtener el aporte energético adecuado para mantener su consistencia y evitar la disolución. Recordemos solo que en el taoísmo chino y en el mismo sistema mágico de Crowley se enseñan técnicas muy precisas de "vampirismo sexual" (absorber el aliento de la mujer en el momento del orgasmo, por ejemplo) para obtener energía que retrase el envejecimiento o renueve el cuerpo.

DOCTOR JECKYLL: EL MONSTRUO ESTA EN MI

El tercer relato fue escrito por Robert Louis Stevenson "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde", otro clásico del terror varias veces llevado al cine y que hay que situar en la misma perspectiva de los dos anteriores. Pero así como Mary Shelley y Bram Stocker conocían bien el ocultismo anglo sajón del último tercio del siglo XIX, Stevenson tenía una idea mucho más vaga. Toda la floración de clásicos del terror en aquella época está relacionada con los momentos de mayor éxito de sociedades ocultistas como "Orden de la Aurora Dorada" (Golden Dawn), la Sociedad Rosacruciana Inglesa, o la Franternidad de Luxor, que tuvieron una audiencia excepcional entre intelectuales y artistas.

En el relato de Stevenson, el Doctor Jekyll, mediante la ingestión de una droga transforma su personalidad, altera sus rasgos y se convierte en el malvado Mr. Hyde. Uno y otro son las dos caras del mismo Jano bifronte, dos aspectos de una misma personalidad.

Hyde exterioriza la parte negativa, abyecta, pasional, los bajos instintos de Jeckyll. Stevenson escribe comentando uno de los actos criminales de Hyde: "No parecía acto de un ser humano, sino de un Juggernaut infernal". Juggernaut es un avatar de Visnhu, el dios destructor del panteón hindú. En su celebración, los adeptos más fanáticos de este dios se arrojan bajo las ruedas de la carroza que porta la imagen, muriendo aplastados. El autor redondea la descripción así: "He visto en la cara de tu amigo la firma de Satán". En cuanto a Jeckyll, médico "sus aficiones se inclinaban más a la química que a la anatomía". También él pretendía por procedimientos científico químicos extraer un fármaco que proporcionara vida eterna y vigor sin límites, el sueño de los alquimistas.

Mary Shelley y R.L. Stevenson escribieron sus obras en un momento de gran efervescencia científica, cuando existía la sensación de que la ciencia iba a ascender en un progreso ilimitado hasta alcanzar la realización de lo que en un tiempo eran los mitos alquímicos: elixir de la larga vida, borrar las enfermedades y la muerte, etc. Es en este contexto de cientifismo eufórico en donde hay que enmarcar estas novelas y las de otros autores como Julio Verne (rosacruz, por su parte) que interpretan temáticas ocultistas intentando adaptarlas a la luz de la razón científica de la época.

Se suele interpretar la personalidad del Mr. Hyde como el Dr. Jeckyll alterado por los efectos de la droga, convulso y deforme. En realidad no es así. Hyde y Jeckyll son dos aspectos de la misma personalidad, pero no la misma personalidad en sí. Esto nos lo muestra paladinamente Stevenson en el relato cuando dos curiosos investigan los libros de notas de Jekyll: "Aquí y allí, una breve observación seguía a la fecha, generalmente de una sola palabra: "doble", la cual se repetía unas seis veces en un total de varios cientos de anotaciones...". Es difícil evitar ver en esta anotación el éxito de Jeckyll en exteriorizar su doble astral, es decir, Mr. Hyde.

A finales del siglo pasado, varios ocultistas intentaban realizar experiencias de desdoblamiento astral ayudándose de algún estímulo exterior. Se sabe, por ejemplo que la resina de láudano era utilizada con este fin, entre otros, por Jean Julien de Champagne, ilustrador de las obras de Fulcanelli, el alquimista del siglo XX. La resina de láudano es un producto químico que se fabrica a base de leche de amapola mezclada con ciertos productos químicos. Sus efectos son parecidos a los que Stevenson atribuye a los pocos gramos de "la tintura roja que, de un tinte rojizo al principio, empezó a abrillantarse de color y a afervescer con ruido a medida que los cristales se disolvían, exhalando nubecillas de vapor". El láudano produce efectos en el cerebro que dan sensación de efervescencia y ruido de cristales minerales al estallar y fundirse.

El doctor Jeckyll en su confesión escribe: "... fue en la esfera de lo moral y en mi propia persona donde me dí cuenta de la completa y primitiva dualidad del hombre" y más adelante: "...Me había acostumbrado a acariciar con delectación la idea de la separación de estos elementos, y si cada uno de ellos pudiera ser alojado en una personalidad distinta". Y en cuanto a las vivencias al producirse el "desdoblamiento" dice: "Había algo extraño en mis sensaciones, algo nuevo, inefable, y por su misma novedad, increíblemente agradable. Sentíame más joven, más ligero, más feliz físicamente y en mi interior me daba cuenta de una arrebatada osadía, de un fluir de desordenadas imágenes sensuales que pasaban raudas por mi fantasía como el agua por el saetín de un molino (...) Me sentí más perverso, un esclavo vendido a mi demonio innato, y esta idea, en aquel momento era como un delidioso vino que me tonificaba". Y, finalmente: "Empecé a vislumbrar el peligro cuando sentía un más brioso fluir de la sangre"...

TITANES FRENTE A HEROES

Los argumentos de estas tres novelas de terror son las crónicas de un fracaso: un hombre, intenta vencer las limitaciones de su naturaleza física, quiere perpetuarse, pero fracasa en su intento. Dracula, Frankenstein, Jeckyll son el equivalente moderno de los titanes de la mitología clásica: también ellos querían emular a los dioses del olimpo y fracasaron, emprendieron con sus solas fuerzas humanas tareas que sólo competían a los dioses. En las antípodas del titán, el héroe clásico (Hércules, Agamenon, Teseo, los argonautas, Aquiles, etc.), son hombres que triunfan en su intención de superar su condición humana. Los tres mitos del terror a que nos hemos referido no tienen esta imagen heroica.

¿Por qué fracasan unos donde triunfan otros? Mientras la pretensión de superar la condición humana se realice tomando como base el cuerpo físico, el fracaso está garantizado: como materia densa que es, está sometida a las leyes de la física y de la química, no puede sobrevivir a la oxidación de sus células que se produce a lo largo de los años que dura una vida.

La única posibilidad de hacerlo es recurriendo al cuerpo astral, densificándolo. Pero esto implica el ejercicio continuado de la maldad. Jeckyll lo acepta preparando la droga que lo transforma en Hyde. El doctrol Frankenstein se arrepiente de proyectar su astral en forma de un monstruo que precisa ejercitar el mal para vivir. Y Drácula, finalmente, se ve obligado a ingerir el fluido vital de la sangre, para evitar la pérdida de vigor. En todos ellos el intento se ve frustrado. Pero tal es el destino del Titán.

Según enseña la mitología clásica y las epopeyas homéricas, el intento "heroico", es diferente y trata de desplazar el eje de la personalidad al estrato más interior y sutil, al alma. Intentar disolver al máximo la parte astral –ese “cuerpo intermedio” y hacer que el cuerpo físico sea dirigido, no por los impulsos del cerebro (creador de pasiones, bajos instintos, obsesiones, etc.), sino del corazón (lugar de residencia del alma, sol y centro del cuerpo humano). En ese caso sería el alma la que dirigiría al cuerpo y no este se vería libre de la tiranía que el astral le impone.

Los trabajos de Hércules, los peligros que tiene que superar Jasón y sus argonautas (también divulgados ampliamente por la industria cinematográfica) son las distintas etapas de ascesis y purificación del astral. La conquista de las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides o del Vellocino de Oro, es la recompensa para quien a superado la condición humana, (definida por la capacidad de pensar e imaginar), ascendiendo a un estado superior de conciencia caracterizado por vibrar al unísono con el universo y sentirse en armonía con lo Absoluto.

Y en esto es donde Jeckyl, Dracula y Frankenstein han fracasado. Y también el fracaso de la sociedad secreta que inspiró a sus autores.


© Ernesto Milà – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es

 

 

 

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