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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

LOS NUEVOS SENTIDOS: LA REVOLUCION DE LA PERCEPCIÓN



Infokrisis.- Lo malo que tienen artículos que tocan aspectos de desarrollo científico es que pronto quedan superados por la realidad. Este artículo escrito para la revista Año Cero en el año 2001 quedó pronto apisonado por la realidad. La velocidad a la que discurre el progreso científicos deja atrás cualquier innovación a poco de irrumpir. También es cierto que en 2000 se vivía una oleada de optimismo cientifista que posteriormente no se ha confirmado. Se alude, por ejemplo, a los programas de reconocimiento de voz que en 2001 parecían tener grandes posibilidades comerciales (dictáfonos que transcribirían las palabras a tratamiento de textos, ViaVoice, por ejemplo) y que finalmente están prácticamente retirados de los circuitos comerciales. De todas formas publicamos el artículo para que quede constancia de cómo estaban las vanguardias científicas en aquel momento. Para ilustrar el tema hemos optado por un vídeo que registra la última conferencia pronunciada por Aldous Huxley, autor de Las puertas de la percepción, en la que aborda un tema que tiene cierta relación con la "revolución de la percepción": las dictaduras científicasd el futuro.

 

LOS NUEVOS SENTIDOS: LA REVOLUCION DE LA PERCEPCIÓN

A partir de la próxima década se irán incorporando al ser humano nuevos adelantos que suplirán, sustituirán o superarán sus propios sentidos físicos. Implantes directamente conectados a su cerebro le permitirán tener una percepción más completa del mundo que le rodea. Será una revolución tecnológica, pero también nos situará en un nuevo umbral de la percepción. Dentro de poco nuestros cinco sentidos ya no limitarán nuestra percepción de la realidad.

En 1995, British Telecom hacía público un extraordinario y revolucionario proyecto. Una cámara microcámara de vídeo conectada a nuestro cerebro recogería, no solo todas las imágenes que ven nuestros ojos, sino también nuestros impulsos eléctricos traducidos en forma de pensamiento. Una unidad magnética de almacenamiento situada en nuestro cuerpo, recopilaría este back-up total de nuestra vida. Se calculaba que toda la información almacenada en la vida media de un ser humano occidental (en torno a 75 años) podría ser contenida en un disco duro de 7 teragigas.

En el fondo este proyecto aseguraba cierto tipo de inmortalidad: aunque el cuerpo terminara muriendo, hasta el último vestigio de información contenido en ese cerebro podría salvarse en la fantástica unidad de almacenamiento electromagnética y, finalmente, transplantarse a otro ser humano (¿acaso un clon del fallecido, sin recuerdos, sin visiones y creado con el cerebro completamente en blanco?).

BT terminó abandonando un proyecto tan ambicioso. Era demasiado prematuro y, en la época -¡hace ya cinco años!- era imposible contar con unidades de almacenamiento de tanta envergadura. La investigación se orientó hacia senderos mucho más realistas.

LOS CINCO SENTIDOS... ELECTRÓNICOS

George Dodd, investigador del Grupo de Investigación de Psiquiatría de Highland, en las proximidades del lago Ness en Escocia, está desarrollando una nariz electrónica. La idea no es nueva, sin embargo es la primera vez que se aplica con fines terapéuticos. La idea del profesor Dodd es realizar diagnóstico de pacientes a distancia, basándose en olores. En la actualidad una técnica parecida se emplea para detectar paquetes explosivos y también para establecer electrónicamente el control de calidad de las bebidas con grado alcohólico. El profesor Dodd trabaja sobre la base de que las distintas enfermedades alteran el aliento de los pacientes y, por tanto, sus dolencias son fácilmente detectables para un olfato lo suficientemente fino como para poder hacerlo. Un sensor instalado en un extremo del teléfono permitirá que el doctor, situado en el otro, "huela" el aliento de su paciente y un ordenador conectado establezca la dolencia. Se calcula que la capacidad de este "olfato electrónico" es treinta veces más potente que el humano.

Pero es el terreno de la visión donde se está produciendo una verdadera revolución. En la actualidad se está trabajando en varias direcciones. La más radical consiste en una microcámara de TV conectada al cerebro que ya está haciendo ver a los ciegos. El proyecto desarrollado en Suiza por investigadores del Hospital Presbiteriano de EEUU ha permitido a un ciego de nacimiento ver letras a 50 cm de distancia y distinguir formas, luces y colores. La microcámara envía directamente los impulsos a un electrodo injertado en el cerebro del sujeto. El doctor Tom Furness, Director de Tecnología de Interfaces Humanas de la Universidad Washington en Seattle, está trabajando en otro proyecto no menos ambicioso. Furness trabaja en un sistema de localización vía satélite que, mediante un sofisticado dispositivo, introduce rayos de luz directamente en la retina del sujeto que se transforman en impulsos creadores de una realidad virtual. El proyecto ha creado una ciudad virtual por la que ciertos tipos de ciegos pueden circular sin dificultad y trasladarse hasta los puntos elegidos.

Desde mediados de los años 90, se vienen ensayando distintos tipos de equipos que permiten transmitir a distancia sensaciones táctiles. El caso saltó a la prensa coincidiendo con el estreno de la película "El cortador de césped" en el cual pudo verse, por vez primera en la pantalla, una relación sexual en realidad virtual. El guión se basaba en un proyecto real que intentaba crear un traje integral provisto de sensores en los puntos más sensibles del cuerpo humano q    ue, estimulados a distancia y conectados a un equipo de realidad virtual, darían una sensación muy vivida de contacto físico. En terrenos mucho más serios, el famoso Laboratorio de Inteligencia Artificial (MIT) de Masachusets, los doctores Kenneth Salisbury y Thomas Massie, crearon el interfaz PHANToM entre el sentido del tacto humano y un ordenador. Se trata de un proyecto en fase de desarrollo pero promete jugar un papel importantísimo en el futuro especialmente en simulaciones virtuales. El sistema consiste en un dedal en el que se inserta un dedo y al moverlo aparece una representación en la pantalla del ordenador con figuras simples. Al tocar virtualmente alguna de ellas -la punta de un triángulo, por ejemplo o acariciar un arco de circunferencia- el interfaz ejerce una presión sobre el dedo de forma que el usuario sentirá el pinchazo del vértice del triángulo o la suavidad del arco de circunferencia. Modificando las texturas se perciben los matices de superficies lisas, ásperas, deslizantes, etc.

También el sentido del oído parece poder desarrollarse más allá del mero sentido físico. Así mismo desarrollado por el Director Adjunto del Laboratorio de Ciencias de la Computación del MIT, el programa JÚPITER es capaz de entender la voz hablada. Ciertamente, en la actualidad existen varios programa de reconocimiento de voz, pero JÚPITER va más allá de cualquiera de ellos. No solo transcribe la voz... también la entiende. Ciertamente hay que educarlo y, los primeros ensayos se han realizado sobre la base de un pequeño universo de temas, pero la esperanza es que el oído electrónico pueda entender lo que se le pregunta en una variedad distinta de campos -sobre todo en información y atención al público- y contestar con rigor, exactitud y presteza.

El gusto no iba a estar ausente. Ya existe la primera "lengua electrónica" diseñada por Robert Bradley, profesor de fisiología y odontología de la Universidad de Michigan. Bradley está especializado en investigación del gusto y sus relaciones con el sistema nervioso central. La lengua electrónica está formada por un disco de silicio de 4 mm de diámetro atravesado por diminutas perforaciones y conectada al correspondiente nervio cerebral. En el momento de escribir estas líneas la "lengua" puede reconocer sabores básicos, amargo, dulce, salado. En próximos años se espera que sea capaz de distinguir matices del gusto como el mejor de los gourmets.

Se trata de proyectos recientes, ninguno de los cuales tiene más de cuatro años y cuyo progreso está en razón directa a los avances paralelos que se vayan consiguiendo en microinformática. Para que estas prótesis e implanten superen en sensibilidad a los humanos será preciso disponer de más capacidad de memoria en las unidades de almacenamiento de la información, mayor rapidez en el procesamiento de la información y un software más sofisticado. Pero la proporción de la apisonadora científica es de 2 por 1: cada dos años se dobla la potencia de los microordenadores y se abarata a la mitad el costo de los equipos. Entre el 2005 y el 2010 los "nuevos sentidos" empezarán a comercializarse, primero entre quienes tienen sus sentidos físicos disminuidos. Luego se aplicarán a aumentar la capacidad de percepción del ser humano. Y esto no estará carente de riesgos. 

UN CAMBIO TOTAL EN LA PERCEPCIÓN

El ser humano tiene una percepción del mundo que depende de sus sentidos. El ojo humano, por ejemplo, es capaz de percibir un espectro luminoso situado entre el rojo y el violeta, pero incapaz de advertir matices infrarrojos y ultravioletas. Desde hace casi treinta años, determinados sensores son capaces de visualizar colores infrarrojos.

A nadie se le escapa que, a partir del momento en que se generalicen los implantes capaces de aumentar nuestras capacidades sensoriales, variará nuestra percepción del mundo exterior e incluso de nosotros mismos. Podremos ver en la noche, podremos percibir no solo las formas de un ser humano, sino ver el calor que desprende, advertir su aura, nos será dado "palpar" gases y formas sutiles de materia podo densa que hasta ahora eran inapreciables por nuestro tacto. Un oído electrónico multiplicará por diez nuestra capacidad auditiva y nos permitirá establecer aquello que se habla muy lejos de nosotros. Los mineros en las profundidades reconocerán el grisú inmediatamente aparezcan rastros.

Alterar la percepción que el ser humano tiene del medio ambiente, tendrá consecuencias espectaculares para el desarrollo de la vida. "Lobsang Rampa", en una de sus novelas de ficción ambientadas en el Tíbet explicaba como tras la apertura del "tercer ojo", el protagonista quedaba horrorizado al ver el aura de un monje; en efecto, esa nueva imagen nunca antes percibida, le daba la impresión de que el monje estaba literalmente ardiendo. ¿Lograremos acostumbrarnos a nuestros nuevos sentidos? Habrá que admitirlos: de la misma forma que el ciego agradece la operación que le devuelve la vista, es decir, que le otorga el uso de un sentido que antes no poseía, las nuevas formas de percepción serán incorporadas sin dificultad por la humanidad: veremos un mundo nuevo y original, nunca antes percibido, que, paradójicamente, es nuestro mundo.

A PARTIR DE VIETNAM

A mediados de los años 60 el Pentágono había desarrollado tecnologías militares capaces de percibir la gama infrarroja del espectro. Cuando el "Ché" Guevara estuvo en Vietnam, el general Giap, le regaló un hornillo de combustión interna. Al iniciar su aventura en Bolivia, el "Ché" incluyó este hornillo en sus pertenencias. Desde el primer día de iniciarse la guerrilla en Bolivia el "Ché" era localizado gracias a ese hornillo: los aviones de observación, dotados de sistemas de reconocimiento de infrarrojos, localizaban inmediatamente, no la llama, sino el calor desprendido por el hornillo.

En esa misma época, la CIA iniciaba el diseño de un "olfato electrónico". Los EEUU estaban comprometidos en la guerra del Vietnam y el viet-cong, agazapado en la selva, constituía una amenaza insalvable. Acostumbrados a luchar en un medio hostil, los guerrilleros vietnamitas habían logrado técnicas de camuflaje que impedían localizarlos a simple vista. Los científicos al servicio de la CIA desarrollaron un sensor olfativo que capturaba olores humanos y los transformaba en impulsos electrónicos. Los marines no veían a su adversario, simplemente lo olían...

EL SEXTO SENTIDO A VOLUNTAD

Aparte de los cinco sentidos que nos comunican con el mundo ¿será posible que el "sexto sentido" se pueda concretar en algo tangible? Estamos en plena ciencia ficción, pero el desafío es apasionante. Entendemos por "sexto sentido" el desarrollo de una capacidad intuitiva que no depende de la percepción objetiva. En realidad el llamado "sexto sentido" discurre por caminos diferentes a los otros cinco: las percepciones adquiridas por los sentidos convencionales derivan las canalizan a través del sistema nervioso simpático. Nuestro cerebro traduce las sensaciones captadas por los cinco sentidos físicos; es así como tenemos una percepción del mundo.

Pero el "sexto sentido" no sigue este camino. De hecho, experimentar sus cualidades supone inhibir el cerebro. Intuición es lo contrario que percepción. La intuición corresponde al sexto sentido, la percepción a los otros cinco. No es raro que las literaturas antiguas -que entendían poco de ciencia, pero sabían mucho del ser humano- situaran el centro de la percepción en el corazón. Incluso en las fachadas de nuestras viejas catedrales góticas es frecuente encontrar la figura del decapitado cuya cabeza sonriente se muestra asida por su propio brazo. Símbolo del pensamiento que se obtiene por un órgano diferente del cerebro, estos decapitados nos dicen mucho sobre cual es la sede de la percepción: el corazón. Otro tanto ocurre con las escuelas de meditación más puras (el Zen, los distintas yogas, etc.) que recomiendan al adepto desplazar el eje de la conciencia, del cerebro al corazón. Así se obtiene un pensamiento más directo y objetivo, no condicionado por las limitaciones de nuestros sentidos. Ahora bien, imaginemos que, a través de un implante podemos abrir y cerrar el flujo de datos sensibles a nuestro cerebro. A partir del momento en que cerremos nuestro cerebro, el impulso a la supervivencia, hará que, espontáneamente, aumente nuestra percepción subjetiva, es decir, nuestra intuición. De la misma forma que un ciego desarrolla otras capacidades de orientación y de ubicación de los objetos que sustituyen a su visión óptica. Hoy la ciencia de vanguardia no ha encontrado una forma mecánico electrónica para desarrollar nuestra intuición, pero si afronta el desafío de, disminuir nuestra percepción objetiva a voluntad -inhabilitando temporalmente partes concretas del cerebro donde residen las facultades sensoriales- para que emerja espontáneamente una intuición que hasta ayer solo era accesible para los grandes iniciados y los meditadores altamente cualificados.

Ese es el inicio de un mundo nuevo que alterará la percepción que tengamos del mundo y, posiblemente, de nosotros mismos.

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