365 QUEJÍOS (181) - cat-kaput

Publicado: Domingo, 28 de Octubre de 2018 11:05 por Ernesto Milá en sin tema

365 QUEJÍOS (181) – EL EX ALCALDE, LA NENA FABA, LA TONTA DEL BOTE Y DEMÁS SURREALISMOS CATALANES DE FIN DE SEMANA..

Me quejo de que el independentismo ha convertido a Cataluña en un sainete. Veo el vídeo que se ha convertido en viral, de una triste presentadora de TV3 -con especto de “nena faba”- que entrevista al exalcalde de Medellín en catalán. El hombre, claro está, no entiende una lengua que no es la suya, Así que Ada Colau se presta a hacer de traductora. Es TV3, la emisora en la que el 100% de sus programas son en lengua catalana y el castellano (lengua vehicular elegida libremente por el 65% de catalanes) está completamente desterrada, so pena de bronca al presentador que la utilice. Alguien dirá: “Bueno, en Cataluña es normal que se habla el catalán”. En efecto, que se hable sí, que se enseñe también, pero no es tan normal que se imponga por algo tan sencillo como que el 65% de los catalanes, a pesar de entender la lengua propia de la comunidad (en un 95-98%), LIBRE Y SOBERANAMENTE deciden expresarse cotidianamente en castellano. Y, de la misma forma que un gobierno autonómico DEBERÍA gobernar para la TOTALIDAD de los catalanes y solamente lo hace para una parte (para sentirse representado por el gobierno de la gencat y por las instituciones autonómicas… hace falta -aquí y ahora- ser independentista), así mismo, TV3, la televisión pública que pagan TODOS los catalanes solamente representa y difunde un mensaje independentista.

Lo peor que le puede pasar a los indepes.cat es ver TV3 (o cualquier otro medio de comunicación subvencionado por la gencat) y no advertir que el proceso ha fracasado. Los más optimistas entre ellos, empiezan a ser conscientes de que el proceso está, simplemente, embarrancado. Pero, cada vez más catalanes y, desde luego, toda la Europa que se interesa mínimamente por lo que pasa en Cataluña, son conscientes de que los últimos estertores del “procés” están derivando hacia lo ridículo. Suele ocurrir que, cuando un proyecto político embarranca y se manifiesta como inviable, sus últimos mohicanos, en su afán por no renunciar a él, contra viento y marea, caen en actitudes surrealistas.

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