Desgracia de indepes...

Publicado: Lunes, 26 de Marzo de 2018 18:51 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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REFLEXIONES SOBRE LAS ÚLTIMAS DETENCIONES DE INDEPENDENTISTAS

No voy a ser de los que se alegra que algún ciudadano vaya a prisión, habida cuenta de que en tanto que antiguo “preso político” (condenado en 1983 a dos años de prisión por organizar una manifestación contra UCD…) sé lo que es una cárcel. Ahora bien, reconozco que, ayer, cuando me enteré de la detención de Puigdemont en Alemania, la primera idea que se me pasó por la cabeza fue: “otra anécdota que se acaba”.

Creo que va siendo hora de la situación puede parecer cambiante y fluida en algunos momentos (siempre relacionados con alguna detención) pero que, en su fondo, las cosas son como son: el proceso está finiquitado, los independentistas queda claro que no gobiernan para toda Cataluña sino sólo para la Cataluña independentista, que dentro de poco se convocarán nuevas elecciones autonómicas (lo más probable es que las convoque de nuevo el gobierno del Estado) y que, la justicia seguirá su curso. De todas formas vale la pena realizar algunas observaciones parciales y desperdigadas sobre determinados aspectos de la larga agonía del “procés”.

LOS CINCO AXIOMAS QUE EL NACIONALISMO CATALÁN DEBERÍA RECONOCER

Con su detención, Puigdemont pasa a la categoría de “mártir” y también pasa a otra casilla en su particular via crucis. Pero Puigdemont y los restos de CDC-PDCat no van a poder evitar que ERC se convierta en partido hegemónico del nacionalismo en las elecciones que vendrán. El problema para este partido es cómo encontrar un nuevo discurso político, tras haber comprobado que el independentismo era una vía muerta. Porque, Junqueras, o quien lo sustituya, debe tener el valor de reconocer algunos axiomas incontrovertibles. A saber:

1) La aventura independentista ha fracasado: está muerta y enterrada

2) Esta aventura se había emprendido de manera aventurera y a lo loco, sin medir las posibilidades, ni los riesgos.

3) La aventura no ha contado con ningún apoyo sólido en Europa, ni en el mundo.

4) El tiempo de los micronacionalismos ha pasado: es cosa del siglo XX, no del XXI.

5) Ahora se trata de “pensar en Cataluña” y no de pensar en “la independencia de Cataluña”, es decir, de gobernar el día a día, gobernar para “todos los catalanes” y no sólo para la “Cataluña independentista”.

Todo lo que no sea reconocer estos cinco elementos supone partir de bases falsas y prolongar el atasco político que sufre Cataluña.

De entre todos los mascarones y figurones del proceso independentista, si alguno tiene capacidad, valor, preparación y honestidad suficiente para conocer estos axiomas, me temo que es Oriol Junqueras. De hecho, si comparamos el curriculum de Junqueras con el de Puigdemont, vemos a alguien con preparación intelectual y técnica, frente a quien no ha dado un palo al agua en su vida, tras ser aprendiz en la pastelería de sus tíos.

JUNQUERAS Y SUS TRES LIBERACIONES

Porque lo más triste del “procés” es que, finalmente, Puigdemont, era un perfecto mediocre, un absoluto donnadie, un completo indigente intelectual. Y ya se sabe lo que implica el “principio de Peter” sobre los distintos niveles de incompetencia: cuando un incompetente ocupa un cargo que no le corresponde por su capacidad, tiende a que todos los que estén bajo suyo, sean aún más incompetentes, no sea que le hagan sombra y amenacen su posición. Puigdemont ha sido la anécdota más lamentable de un proceso lamentable en sí mismo.

En las elecciones de 2015, Junqueras cometió su gran error político: habiendo podido ganarlas para la sigla ERC, aceptó formar una candidatura unitaria con los desahuciados de CDC. Si lo hizo fue por algo tan lógico como demostrar la fuerza unitaria del independentismo. Permitió sobrevivir al “procés” un par de años más, pero para ERC fue “la catastrophe”. Junqueras, terminó dándose cuenta del error y no ha querido volver a repetir en las elecciones prenavideñas de 2017. Pero ahora su problema es mayor y para resolverlo tiene que liberarse de una triple presión:

1) La presión de su propia emotividad: un hombre que derrama públicamente alguna lágrima por la independencia de Cataluña es alguien que, sobre todo, tiene una muy fuerte emotividad. Lo contrario de la emotividad, es la objetividad: ver las cosas como son. No hay “una Cataluña nacionalista”, sino la Cataluña de los “cuatro cuartos” (la nacionalista, la unionista, la inmigrante y la pasota) y hoy ya no puede gobernarse la Generalitat sólo para la primera y pensar que la inmigración va a “catalanizarse”. Dicho de otra manera: Junqueras tiene que liberarse de su propia subjetividad, de sus lastres independentistas y de sus propios condicionamientos emotivos y sentimentales.

2) La presión de sus aliados: dentro de la esfera nacionalista, se siguen manteniendo posiciones independendistas, no por convicción de que la independencia es posible, sino temiendo que si alguna candidatura renunciase a ellas, las otras se beneficiarán de la sangría de todos que eso, posiblemente, acarrearía. Nadie quiere reconocer públicamente que el proceso independentista ha muerto y que no es viable. Quién lo haga, se dará un baño de realismo… pero posiblemente se vea abandonad

3) La presión en el interior de su propio partido en donde, la corriente mayoritaria sigue creyendo en la estrategia independentista (que es hoy como creer en los extraterrestres o en el chupacabras). El problema es que ERC es un partido que se está ruralizando progresivamente, cuyos enclaves están en la periferia catalana y entre grupos sociales con razonamientos muy primarios. De hecho, éste era el origen del partido a principios de los años 30 cuando era casi una emanación de la Unió de Rabassaires. Pero estamos en el siglo XXI y en una situación completamente diferente, en la que la Cataluña rural ya ha perdido el ritmo de la historia.

No parece muy claro que Junqueras vaya a tener el valor, la decisión y el temple suficientes como para conseguir imponerse a los que en el interior de su propio partido no son capaces de concebir otro proyecto más que la independencia, ni de imponerse en el sector nacionalista si reconociera el desenfoque del ideario nacionalista, ni siquiera para superar su propia emotividad… pero es que fuera de Junqueras, ya no quedan personajes con el más mínimo carisma, ni prestigio político. El hecho de que los últimos candidatos a presidir la Generalitat fueran Turull, Sánchez o la Rovira, indican el nivelazo en el que se mueve hoy ese ambiente.

RECONOCER LAS REALIDADES PARA INICIAR UN NUEVO RUMBO

Si en ERC, Junqueras sería el único con honestidad suficiente como para decir “nos hemos equivocado desde el principio, la independencia es imposible, la vida continúa”, en otros partidos esto ni siquiera existe. En el PDCat, los contrario al “procés” hace tiempo que se fueron a su casa certificando la evaporación del “nacionalismo moderado”. En la CUP, ocurre tres cuartos de lo mismo y la deserción de algunos dirigentes (incluso su cambio de look y la trasnformación de alguna de sus “luchadoras antipatriarcales” en “pubillas casaderas” cambiando el corte de pelo estilo “hachazo aizkolari”, por el de “nena de molt bona casa”) lo único que permite comprobar es la incapacidad intelectual de este partido para analizar correctamente (y desde su nacimiento) la situación política catalana y sus propias posibilidades: llamar a la “huelga general” en octubre indicaba el clímax de ese desfase, afirmar ahora una “primavera republicana” es dar un paso al frente hacia el precipicio de la política ficción al fondo del cual se encuentran los verdes prados del realismo.

Así pues, la tarea que le aguarda a Junqueras va a ser portentosa y, por supuesto, le va a ser imposible realizarla dentro de la cárcel. Y este es el problema: por que el “procés” solamente ha dejado detrás dos “logros”. El primero lo hemos mencionado (exteriorizar de una vez por todas la existencia, no de “una” sino de “cuatro” Cataluñas) mientras que el segundo atañe a los procesados: es el haber comprometido la libertad de las cúpulas promotoras del proceso después de años de recibir avisos por parte del gobierno de que sus acciones tendrían consecuencias jurídicas. Está claro que ahora ya no estamos en el tiempo en que el destino de estos barandas del independentismo se resuelva por la vía política: si en España hay “división de poderes” (y la hay hasta cierto punto), una vez incoados los procesos, la justicia seguirá inexorable su curso. Está claro que, como máximo, es posible que la situación de estos procesado se resolverá con indultos personalizados, rebaja en las peticiones fiscales y beneficios penitenciarios posteriores a las condena, pero, nada, absolutamente nada impedirá que su patrimonio personal quede mermado y que los sueldazos de expresident y exconsellers queden embargados, amén que alguna que otra propiedad procedente de las herencias de papá y mamá…

¿Querrá o podrá ejercer Junqueras la tarea de pastorear al independentismo hacia aquellos verdes prados del realismo político? Ignoro si tiene el valor suficiente y la mano izquierda necesaria para hacerlo. Pero tengo la sensación de que, incluso antes de las detenciones de octubre, era el único que advertía los riesgos de la operación. Y, finalmente, ese no es mi problema, sino el suyo. Por mí el nacionalismo se lo puede llevar el diablo en persona. Vayamos a Puigdemont.

Es significativo de que un individuo como éste se haya convertido desde hace casi tres años en líder de todo este embrollo. Hace falta ver su “historial” en Wikipedia para advertir las limitaciones de su currículo: sin estudios (“realizó estudios de filología y de periodismo”… lo que traducido quiere decir que no concluyó nada de lo que empezó), segundón de provincias cuya carrera en CDC se inicia cuando el partido declina y las bajas de la Operación Pretoria han descabezado a varias promociones de cuadros del nacionalismo, por no mencionar su “circunstancia” familiar de origen incierto (su esposa, rumana, que en su biografia aparece como “actriz y periodista” y que, en tanto que tal, debería tener miles de entradas en Google con su historial y sus trabajos, apenas está presente en lo que nadie puede dejar de juzgar como un barrado sistemático e interesado de su pasado… y que alguien explique por qué). ¿A quién tiene detrás Puigdemont para haberse encaramado hasta donde ha llegado?

Hace dos años se decía que George Soros estaba interesado en convertir a España en una nueva Yugoslavia… ¿Fue Puigdemont un “ejecutor” de los designios de Soros? Es hora de poner los puntos sobre las íes y aclarar definitivamente si hubo responsabilidad exterior o Artur Mas y Carles Puigdemont fueron los únicos responsables de la aventura independentista

GEORGES SOROS Y EL “PROCESO SOBERANISTA”

A fin de cuentas, Soros es uno de los nombres más conocidos de la cúspide del poder económico mundial. Nacido Schwartz György en Hungría en 1930, durante la Segunda Guerra Mundial su padre cambió el apellido familiar por el de “Soros” para eludir la persecución de la que eran objeto los judíos. Todos los miembros de la familia eran conocidos esperantistas y compartían la aspiración del Doctor Zamenhof (fundador de este idioma artificial) de unir mediante una lengua común a todos los pueblos del mundo. Tal es el origen de sus ideales “universalistas”. El joven Soros, aprovechó un congreso esperantista en Suiza para dar esquinazo a las autoridades comunistas de su país.

Se matriculó en la London School of Economics (LSE), centro fundado por miembros de la Sociedad Fabiana (una de cuyas impulsoras era Annie Bessant, la presidenta de la Asociación Teosófica y sucesora de Helena Petrovna Blavatsky).  La LSE, desde su fundación en 1895, ha formado a las élites mundialistas que luego se han integrado en las distintas asociaciones internacionales (Club de Bildelberg, Comisión Trilateral, Club de Roma, Pilgrims Society, etc) que constituyen círculos concéntricos del “nuevo orden mundial”.

Con el paso de los años, Soros desarrolló un fino olfato político que le llevó a interesarse por los países del Este de Europa. Su orientación política corresponde a lo que se conoce en EEUU como “ultraliberal” o “radical progresista” (que en Europa viene a ser, más o menos, equivalente a socialista), propia de la LSE donde estudió. Una vez convertido en multimillonario, financió el sindicato Solidarnosc durante los últimos años del gobierno comunista en Polonia, impulsó la Carta de los 77 que precipitó la caída del gobierno comunista Checoslovaco, aportó fondos para la “revolución de las rosas” en Georgia y fue el principal inductor del desmembramiento de Yugoslavia y de la independencia de Kosovo. Se calcula que su fortuna, hoy, asciende a 7.000 millones de dólares. Su influencia es mayor aún.

Soros es miembro del Council Foreing Relations, sin duda el grupo de presión más poderoso (y más antiguo) de los EEUU y utiliza como medio “amable” de penetración en los países en los que mantiene intereses, la Open Society Institute. Pues bien, esta fundación mantiene una antena en Cataluña con el nombre de Iniciativa Sociedad Abierta para Europa (calle Elisabets, 24, Barcelona) dirigida por Jordi Vaquer del que apenas existen datos en Internet y es una de esas personas que visiblemente buscan proteger sus actividades con el anonimato. 

La aportación de Soros al independentismo catalán, hasta ahora se ha reducido a una casi simbólica aportación de 27.049 dólares donados a Diplocat (un embrión de “ministerio de asuntos exteriores” de la Generalitat de Cataluña), para financiar unas “jornadas sobre xenofobia y euroescepticismo” celebradas en 2014. En la misma dirección fue otra aportación de 24.973 dólares transferidos por Soros al CIDOB para otro seminario sobre el mismo tema. El CIDOB (Centro de Información y Documentación Internacionales en Barcelona) fue fundado por grupos vinculados al cristianismo progresista de 1973, pasando a ser una fundación privada en 1979. Se le considera un think–tanks especializado en política internacional, obviamente relacionado con la Generalitat (que lo subvenciona) y vinculado internacionalmente al Real Instituto de Estudios Internacionales con sede en Chathan House (Londres).

La fundación dirigida por Vaquer no parece desarrollar una actividad particular y el conjunto de 50.000 dólares entregados por Soros a entidades catalanas son apenas una gota de agua comparado con lo que ha invertido la Generalitat en el proyecto secesionista. Así pues, no es Soros quien está detrás, ni siquiera quien aporta seguridades al grupo dirigente del proyecto.

Luego estaban los “centros del poder mundial”, la Trilateral, el Club de Bildelberg, los únicos que hubieran podido prestar al “procés” peso, medios e influencia decisiva para romper la unidad del Estado Español. ¿Qué pensaban estos “centros de poder” de Puigdemont?

PUIGDEMONT EN CHATHAN HOUSE…

Como hemos dicho, Soros es miembro del Council Foreing Relations (CFR), el poderoso grupo de presión norteamericano que trabaja permanentemente en contacto con el Real Instituto de Asuntos Internacionales (RIIA) de Londres, más conocido por la dirección de su sede en “Chathan House”. Las élites mundialistas, que capitanean la marcha hacia un “nuevo orden mundial” en el mundo anglosajón se reúnen en estos dos foros (de los que la Comisión Trilateral o el Club de Bildelberg son “círculos concéntricos” exteriores). “Chathan House” fue el escenario de una conferencia del presidente de la Generalitat de Catalunya, Carles Puigdemont cuyos rastros han sido borrados: en efecto, en la web de este instituto no existe ningún dato que permita pensar que Puigdemont fue allí, sin embargo, existen fotos de su conferencia y una web vinculada a la Generalitat (VilaWeb) ofreció el texto íntegro del discurso. Su lectura resulta sorprendente: se trata del mismo discurso pronunciado por Carles Puigdemont el pasado 11 de octubre ante el Parlamento de Cataluña, un verdadero “refrito” del que pronunció originariamente en Chathan House, cuando fue invitado para ser examinado y valorado por los representantes de lo que se ha dado en llamar “los amos del mundo”.

En su discurso alardeó de estar apoyado por “millones de personas en las calles”, pero no convenció sobre las garantías jurídicas, ni sobre la legalidad del proceso secesionista, únicos argumentos que interesaban al mundo del dinero que se mueve en el RIIA–CFR. Los datos que ofreció no coincidieron con los que ellos disponían de fuentes directas (estudios del Banco Central Europeo y del FMI, especialmente). El discurso de Puigdemont en aquel foro fue el típico “discurso electoral”, una mera enumeración publicitaria y voluntarista sobre la inédita “República Catalana independiente”. Su falta de realismo provocó ironías entre los dueños del RIIA–CFR que conocen mucho mejor que él la situación de la economía mundial y las implicaciones de la propuesta independentista. En la parte final del discurso procuró tranquilizar a los asistentes garantizando que el proceso independentista sería “tranquilo y pacífico” (lo que alejaba, incluso, la posibilidad de que el “complejo militar–industrial” también representado en esa institución tuviera oportunidad de lucrarse…). A partir de ahí cometió errores en cadena.

Mostrando una ignorancia suicida sobre la naturaleza y fines del RIIA–CFR, se empeñó en demostrar que Cataluña quería ser miembro de la UE (cuando la institución es un foro de influencia del ámbito anglo–sajón para el que la UE es completamente secundaria), cometió la torpeza de decir, textualmente, que “si Europa se ha reformado para evitar que el Reino Unido abandone la UE, también sabrá adaptarse para que Cataluña continúe en la UE cuando sea un Estado independiente”, demostrando además que ignoraba las condiciones de pertenencia a la UE, su arquitectura interior y el hecho de que no estaba ante crédulos electores a los que podía convencer argumentando que la potencia económica de Cataluña es “imprescindible” en la UE.

El tono del discurso de Puigdemont en Chathan House les pareció poco convincente, sin equipo político–económico solvente detrás y manejando datos cuestionables. Para colmo, una de las presentes, catalana, la editora Miriam Tey, le formuló una pregunta que terminó por agriar la intervención: “Soy catalana y no os puedo llamar presidente porque estáis aquí buscando el apoyo internacional para vulnerar la ley española y romper la instituciones”. Luego le recordó que su proyecto apenas tenía el apoyo del 37% del censo electoral. Puigdemont quedó descompuesto.

Ningún medio londinense se hizo eco de la conferencia y los propios organizadores borraron los rastros de su presencia en la institución. Los conspiranoicos atribuyen este secretismo al apoyo secreto prestado por el RIIA-CFR al proyecto independentista. En realidad, demuestra que Puigdemont no superó el “examen de acceso” en el club mundialista; y eso explica, al mismo tiempo, el porqué la prensa vinculada a estos sectores, o bien no ha informado o se ha mostrado hostil (o incluso muy hostil) al “procés”. Explica, también, la tranquilidad de Rajoy y el que tardara tanto en reaccionar: simplemente no había nada importante detrás de la intentona independentista: apenas un fuego de paja.

Salvo para los que han creído la absurda historia de que tras el independentismo catalán está la Santa Rusia, lo cierto es que para todos aquellos que tienen entendimiento, Puigdemont no ha tenido a nadie detrás: su ascenso se produjo en realidad por los huecos dejados por las anteriores promociones de CiU, masacradas por sus propias corruptelas y puestos en el banquillo por la Operación Pretoria. Después, al igual que le ocurrió a Artur Mas en sus dos últimos años, Puigdemot no lideró ningún proceso, simplemente, lo fueron empujando ¿quiénes? Borrokas, funcionarios de la Gencat, sectores de la Cataluña profunda encuadrados en ERC y poco más, amén de su propio analfabetismo político, claro está.

¿QUÉ HACEMOS CON LOS PROCESADOS?

Uno de los elementos más absurdos del sistema jurídico español es ese garantismo que sirve como excusa para retrasar los procesos años y años. No puede repetirse en este caso: la opinión pública y el electorado catalán exigen saber si los detenidos son, jurídicamente, culpables o inocentes, si son elegibles en próximas elecciones, o si se les inhabilita en función de la sentencia… Y, no solamente, exigen saberlo, sino que DEBEN SABERLO lo antes posible, so pena de seguir con este juego de equívocos que hemos visto en los últimos tres meses en Cataluña: que si tal sujeto en el autoexilio podía realizar el discurso de investidura por Skype, que si tal otro precisaba de un permiso penitenciario para presentar su candidatura en el parlament, que si el candidato siguiente tenía sobre su calva la espada de Damocles de un encarcelamiento… Ya se han hecho demasiadas memeces como para dar que prosiga la misma tónica.

¿Son culpables o inocentes? En democracia, quien lo dice es el sistema judicial, no los trapos que cuelgan de las ventanas, ni los berridos de unos manifestantes. Sí son culpables siempre tendrán derecho a elegir centro penitenciario de cumplimiento y saber, aproximadamente, el día en que saldrán de prisión. Y los electores conocerán si se les han privado de sus derechos políticos o no y, en caso afirmativo, por cuanto tiempo. Y, lo que es más importante, el electorado podrá conocer a dónde han ido a parar los cientos de millones invertidos alegremente en el “procés” y de dónde han salido. Porque la acusación de “malversación de fondos” es la que, moralmente, va a ser más grave para los acusados (incluido Junqueras).

Cataluña vive una larga agonía: está atascada políticamente desde 2003-2004 cuando empezó por la gracieta del pobre Maragall sobre un “nou Estatut” (sobre el que no existía la más mínima demanda social), siguió con el Pacto del Tinell, la meliflua etapa zapateriana iniciada con las bombas del 11-M, el “Estatut” rechazado por el Tribunal Constitucional en medio de la crisis económica que mutó en España en crisis política y, entre otros efectos secundarios, alejó a CiU de la posibilidad de actuar como factor clave del bipartidismo imperfecto, a causa de la irrumpió de Ciudadanos y de Podemos, luego vino el “procés” 2010-2017… Ahora, esto no termina de morir. Pero tampoco vive. Así pues, el independentismo es un no-muerto, casi el protagonista de una película de zombis.

EUROPA EN PERSPECTIVA

Y ya se sabe que para que nazca nueva vida, algo antes debe morir. Para los independentistas lo que debía morir era el Estado Español; pero esta esperanza se ha mostrado vana: el Estado Español goza, sino de buena salud, sí al menos del respaldo de la UE, así que cualquier proceso independentista en cualquier Estado-Nación de la UE está muerto por anticipado.

Para los unionistas lo que debe morir es ese nacionalismo nacido en el XIX, desarrollado en el primer tercio del siglo XX, ausente en la Guerra Civil y hasta 1975 (presente solo en los palcos del Liceo y en la platea del Palau) y depredador desde entonces, asaeteado por anti-corrupción y que dio origen al “procés”… Yo estoy en esta posición, con todos los matices que podría sacar a colación.

Y es que aquí no hay término medio: o se está con el independentismo, o se está con el unionismo. Los que se encuentren en medio tan solo sirven como apoyos de uno o de otro al carecer de fuerza suficiente para imponer en el Estado un “proyecto federalista” que sería como un triple salto mortal al vacío y sin red.

Quedaría por hacer una precisión. La flecha de la historia va en dirección contraria al nacionalismo: a todo nacionalismo:

- al nacionalismo catalán porque la Cataluña de hoy no se parece en nada a la Cataluña del siglo XIX, cuando nació;

- y al nacionalismo unionista porque el Estado-Nación española ya no tiene tampoco la dimensión suficiente como para afrontar solo los retos de la modernidad.

Así pues, parece claro que hay que pensar en términos de “federaciones de Naciones-Estado”. La UE sería un buen instrumento si no fuera porque, hoy por hoy, es una pieza más del proceso globalizador. Emancipen a la UE de este proceso, denle como denominar común una historia y una cultura concretas (en lugar del mestizaje de civilizaciones y la inmigración masiva), denle un objetivo y una Identidad (Europa, factor de civilización, cultura, ciencia y conciencia de la humanidad) y Europa volverá a ser un proyecto político en lugar de una zona de la globalización.

Hay que pensar en términos europeos (a fin de cuentas, ha sido la UE la que ha salvado a España de la aventura independentista de Puigdemont…).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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