PARALELISMOS .CAT (5)

Publicado: Miércoles, 07 de Marzo de 2018 11:22 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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PARECIDOS RAZONABLES (5): “MIRA QUE OS LO DIJE…”

El independentismo lleva desde septiembre recibiendo collejas que, hasta ahora no han sido particularmente duras, sino que casi han revestido el carácter de reprimendas propias de un padre amantísimo, harto de advertir a su hijo bienamado que “eso no se hace”. Así puede entenderse que la aplicación del Artículo 155 no haya sido particularmente sangrante, ni bochornosa para la autonomía catalana, comparado como podía haber sido. A fin de cuentas, en 1934, la cosa terminó mucho peor, con el nombramiento de un Gobernador General de Cataluña y la suspensión del Estatuto, juicios rápidos y condenas de prisión elevadas (si bien, Companys, el protagonista de aquella “flamarada”, era perfectamente consciente de que la próxima subida al poder de las izquierdas supondría una amnistía general).

En ambos casos, en 1934 y en 2017, unos y otros se habían preocupado por advertir al Gobierno de la Generalitat lo que podía ocurrir si vulneraba la legalidad vigente. El problema fue que los independentistas no dieron por enterados y no creyeron que el Estado estaría en condiciones ni que se atrevería a aplicar las medidas constitucionales previstas ante la eventualidad de una rebeldía.

1934: GENERAL BATET, “MIRA QUE OS LO DIJE”

El caso de 1934 es sorprendente porque son los mismos historiadores nacionalistas los que comentan que Companys en persona había advertido de sus proyectos al gobernador militar de la IV división Orgánica (Cataluña), el General Batet, nacido en Tarragona y de notorias convicciones republicanas.

En aquella ocasión, la sublevación se justificó porque en las elecciones de noviembre de 1933, el centro-derecha se había impuesto. El partido mayoritario, con 117 diputados, fue la Confederación Española de Derechas Autónomas. Sin embargo, gobernaron los radicales, con el apoyo exterior de la CEDA. Era la primera fase de Gil Robles para aproximarse al poder: condicionar al gobierno; la segunda fase sería introducir ministros cedistas en el gobierno, y el tercero, convocar nuevas elecciones y obtener él mismo la presidencia. Todo esto produjo una extraordinaria desazón en la izquierda española que consideraba SUYA a la República. Y tal fue el origen de la guerra civil: la fractura de la sociedad española en dos bloques, republicano y de izquierda a un lado y monárquico y de derechas, a otro, con un centrismo radical a modo de centrismo condicionado por unos o por otros. Los republicanos nunca consideraron que la República era DE TODOS los españoles y, por tanto, cualquier medida legislativa que no fuera en dirección a lo que las izquierdas consideraban como propio, era considerado como una “desnaturalización de la República” y, por tanto, se creían en el derecho de no aceptarlo. Companys compartía esta doctrina.

Las izquierdas estaban convencidas:

1) De que la subida al poder de las derechas entrañaría la abolición del Estatuto de Autonomía,

2) Que supondría una abrogación de la legislación anticlerical aprobada en los dos primeros años de la República y

3) Que la CEDA era el “fascismo y el nazismo” traídos a España…

Así pues, el PSOE y los independentistas catalanes, por una parte:

1) quería preservar la autonomía catalana como paso, bien a un Estado Catalán dentro de una República Federal Española o bien hacia una República Catalana independiente.

2) querían mantener la legislación anticlerical de fuerte matiz masónico y

3) querían batir a los que consideraban como “fascistas catalanes” (La Lliga), su principal escollo para orientar el conjunto del catalanismo hacia el independentismo.

Por eso PSOE e independentistas hicieron causa común en las jornadas del 6 de octubre y por eso mismo, el movimiento, tal como lo concibió Companys fue ambiguo: una mezcla de nacionalismo independentismo y de acto de defensa de la concepción republicana de izquierdas y del federalismo que siempre había mantenido Companys como objetivo.

Dentro de esta óptica parecía evidente que un general como Domingo Batet, notoriamente republicano, se decantara a favor de los que se declaraban republicanos… Antes de la sublevación del 6 de octubre, no una sino varias veces, Companys se había entrevistado con Batet anunciándole sus proyectos. Siempre, sin excepción, absolutamente siempre, el militar republicano había sido claro y sin sombra de dudas al explicar cuál sería su actitud ante esa eventualidad: CUMPLIRÍA LA LEGISLACIÓN VIGENTE (la misma actitud le costaría la vida cuando se opuso a la sublevación del 18 de julio de 1936 en la Capitanía General de Burgos).

Pues bien, aún así, Companys siguió adelante con sus proyectos, sin querer enterarse de que sublevarse contra el gobierno republicano legítimamente constituido, se encontraría pocas horas después con una batería situada frente al Palau de la Generalitat. Es más, cuando ya había proclamado el “Estado Catalán”, Companys telefoneó a Batet pidiéndole ¡que se pusiera a sus órdenes! Y apeló a sus sentimientos republicanos. El general le pidió una hora para meditar… Unas horas antes ya había recibido instrucciones del gobierno del Estado, así que esa hora la utilizó para sacar las unidades militares a la calle… Antes, Batet había pedido a los militares que estaban a las órdenes de la Generalitat (concretamente a Pérez Farrás), miembro de la masonería, que se pusieran a sus órdenes. Éste respondió que seguía a las órdenes de Companys y que estaba organizando la defensa del Palau de la Generalitat.

Sería el propio general tarraconense quien pidió unas horas después que lanzara una proclama de rendición. Companys la redactó y un oficial la leyó por la radio. Por cierto, concluía con un “Viva España” y una “Viva la República Española”, escritos por Companys de su puño y letra…

Si no fuera porque el resultado de tanta estupidez fueron no menos de 30 muertos, cabría decir que la astracanada fue digna de un sainete de los hermanos Álvarez-Quintero.

2010-2017: MARIANO RAJOY, “MIRA QUE OS LO DIJE”

Exactamente lo mismo, pero todavía más grotesco, se repetiría entre 2010 y 2017. Quienes acusan de debilidad a Rajoy, no deben olvidar que en innumerables ocasiones repitió, tanto a Artur Mas como a su desgraciado sucesor, Puigdemont, que la convocatoria de un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional tendría graves consecuencias jurídicas. El recordatorio se hizo por activa y por pasiva. Claro está que los independentistas nunca se lo terminaron de creer: su análisis sostenía que el Estado Español era débil (en 2010 lo era, pero la economía había sido intervenida por la UE, con lo que cabría decir que, aunque el Estado fuera débil, la UE actuaba como aval y apoyo internacional compensatorio) y que no tendría fuerzas para reaccionar contra “Cataluña”. Luego resultó que, como Companys en 1934, lo que ellos concebían como “Cataluña”, solamente era una parte, en absoluto la totalidad de la región.

Cuando se produjeron las primeras detenciones en septiembre de 2017, los independentistas se vieron sorprendidos. Cuando la Guardia Civil entraba en las consejerías afectadas por la puerta principal, las secretarias trataban de triturar los papeles comprometedores y sacaban otros por las puertas traseras… Puro vodevil. El mismo Artur Mas, alias “el astuto”, uno de los capitales araña del proceso, nunca creyó que iba a salir perjudicado judicialmente: cuando debió afrontar fianza y multa multimillonaria y comprobó que el “seguro de responsabilidad civil” contratado por la Generalitat no cubría “actos contra la ilegalidad” y fracasó estrepitosamente su campaña de recogida de fondos para cubrir las fianzas, entendió que aquello había terminado. Dimitió de cualquier cargo político y anunció su retirada de la política, entre el llanto y el crujir de dientes.

Los dirigentes de la Generalitat nunca podrán decir que el gobierno del Estado –y cualquier persona con dos dedos de frente y unos mínimos conocimientos jurídicos- no les hubiera advertido de los resultados de su irresponsabilidad. Alegar ignorancia en el siglo XXI, cuando en las fonotecas y videotecas se guardan cientos de bytes sobre todas estas declaraciones resulta ingenuo y propio del niño que ha sabido que ha cometido una travesura y baja la cabeza cuando su tutor le amonesta…

¿Qué pretendieron los independentistas en 1934 y en 2017? ¡JUSTO LO MISMO QUE MACIÀ EN 1926! En efecto, en aquel año, el “Avi” intentó un movimiento insurreccional absurdo en Prats de Molló. Ciertamente, en aquel momento, España vivía un gobierno de facto, dirigido por el General Primo de Rivera y había sólidas razones para pensar que las democracias europeas le apoyarían (ninguno lo hizo, por cierto, sí en cambio las logias masónicas francesas que lo absolvieron a él y a sus colegas, la mayoría italianos, pues en efecto, el ministro del interior francés y el presidente de la república eran masones, e incluso lo era Ricciotti Garibaldi que se sentó con él en el banquillo).

En aquella ocasión, Macià, antes de comenzar la enloquecida aventura dijo a sus colaboradores: “Si ganamos, ganamos, y si perdemos nos espera la gloria y el martirio”… Esa segunda posibilidad hubiera sido el eslogan más adecuado para cualquier gabinete sadomasoquista, pero indicaba una línea de tendencia. Macià fue, simplemente, santificado por el independentismo, que a su derecha sentó a Pau Clarís y a su izquierda a Companys. Resulta más improbable que Mas o Puigdemont alcancen ese trono de “gloria y martirio”.

 

 

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