CATALUÑA: ÚLTIMAS ¿NOVEDADES?

Publicado: Lunes, 13 de Noviembre de 2017 11:15 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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La tensión generada por la cuestión catalana, poco a poco, va descendiendo de intensidad. La semana del 5 al 12 de noviembre supuso otro duro golpe para las cúpulas independentistas y un premio de consolación para el independentismo de a pie con la manifestación “de las antorchas” del sábado que sirvió solamente para demostrar que los medios de comunicación van perdiendo cada vez más el interés por este tipo de convocatorias que, dadas las circunstancias, no aportan nada nuevo. Lo cierto es que Puigdemont lleva ya quince días en Bélgica, que Junqueras y los consellers andan una semana en la cárcel, que “los dos jordis” van a cumplir el mes, que la huelga general se quedó en embotellamiento y que los partidos indepes, incluidos los más radicales, han decidido pasar por las “horcas caudinas” y apuntarse a las elecciones del 21-D, no fuera que. Vamos a intentar dar algunas claves de la situación.

1. 21-D: “HORCAS CAUDINAS” PARA EL INDEPENDENTISMO

Se dice (o se decía antes) que “pasar bajo las horcas caudinas” suponía una gran afrenta o humillación para quien tenía que hacerlo, o bien era sinónimo de hacer algo que no se deseaba. La frase procedía del paso de las legiones romanas por los Apeninos en el 321 a.JC por el llamado “paso de las Horcas Caudinas”, un difícil desfiladero. Los lugareños atacaron y las legiones debieron soportar condiciones humillantes (entre otras pasar bajo una lanza horizontal, lo que les obligaba a agacharse o bien salir del trance vestidos solo con túnica). La frase, como todo lo que se refiere a la historia, ha caído en desuso… pero es, justamente, lo que han tenido que hacer todos los partidos independentistas: PDcat, ERC y CUP.

Fijémonos lo que supone:

- el reconocimiento tácito de que la “república catalana” es una ficción y que carece de capacidad para convocar elecciones por iniciativa propia.

- el reconocimiento, por tanto, de que el “procés” ha fracasado y que el lustro perdido en alcanzar ese fin se ha saldado con un fracaso.

- el reconocimiento, igualmente tácito, de que la “Generalitat de Cataluña” es un organismo “colaborador del Estado Español” en la gobernabilidad de una región y no una estructura que pueda hablar de igual a igual con el Estado sino que está subordinado a éste.

- el intento de no quedar fuera del sistema de subvenciones que mantiene con vida al independentismo y que se produciría si estos partidos no acudieran a las elecciones.

Esto es particularmente dramático en el caso de la CUP que ayer se enfrentó a un dilema que hace prácticamente imposible su existencia en el futuro: porque, éste partido, el único animador de los “comités de defensa de la república” va a tener dificultades en explicar cómo sigue sosteniendo que el proceso independentista ha concluido con el DUI y que, a partir de ahora, se trata de “vivir independientes” (como “ha decidido el pueblo catalán” por votación de su parlamento electo… o al menos de los diputados que se quedaron en la sesión) y al mismo tiempo, reconoce la autoridad del Estado Español para convocar unas elecciones en virtud del artículo 155.

Puede decirse que la CUP y el propio Puigdemont han caído víctimas de su maximalismo. Éste les ha cortado la retirada y, sobre todo, ha hecho muy difícil toda marcha atrás tratando de diluir la frustración y la sensación de derrota que están experimentando.

2. JUNQUERAS, PRÓXIMO PRESIDENTE DE LA GENERALITAT

Cuando alguien pasa por las “horcas caudinas” es que ha sido derrotado. Lo que ocurre es que existen “dulces derrotas” y “amargas derrotas”. La que se le viene encima a Puigdemont y a exCiU, hoy PDcat, va a ser una muy amarga derrota. La victoria presumible de ERC que contará con votos llegados de exCiU e incluso de desengañados por el ultrarradicalismo extraterrestre de la CUP (único responsable de los “embotellamientos” que tuvieron lugar en la jornada de protesta por las detenciones de miembros del govern) llevará a Oriol Junqueras a la presidencia de la Generalitat. Será, sin duda, el partido mayoritario.

Ahora bien, eso no quiere decir que todo va a seguir igual. Por muy bajo que sea el sentido de la realidad de Junqueras y de la dirección de ERC, los días de prisión y el calvario judicial que tienen por delante, les debe de inducir –si queda en ellos alguna neurona que no se haya contagiado por cinco años de triunfalismo y de negarse a reconocer la realidad–, a reflexionar. La única consecuencia a la que pueden llegar era aquella a la que muchos habíamos llegado ya hace quince años: la independencia es imposible porque ni existe “mayoría social” a su favor, ni existe una situación internacional en Europa favorable para ella. Así que obstinarse en seguir esa línea es seguir por la vía muerta en la que se encarriló ERC desde finales de los 80. La única salida para ERC es configurarse como un partido de “izquierda nacionalista catalana” en lugar del partido “radicalmente independentista” que es ahora. Eso implicaría renunciar a su pasado. Pero la otra alternativa es la desaparición a largo plazo por incapacidad para alcanzar sus fines.

Estas elecciones conllevarán la desaparición completa del “nacionalismo moderado” que, en este momento está únicamente encarnado por Santi Vila (veremos lo que tarda en abandonar el PDcat). Así pues, sean cuales sean las simetrías electorales, ERC tratará de gobernar con lo que quede del partido de la Colau, algún diputado de PDcat y con el apoyo exterior de lo que quede de la CUP. La ruptura entre la Colau y el PSC indica a las claras cuál que el portento de oportunismo cambiochaquetista de la alcaldesa de Barcelona ha optado por apuntar a la Generalitat, sustituyendo al PSC en el gobierno de coalición que se anuncia para fin de año.

Cualquier otra vía está cerrada: si Junqueras, hombre que actúa más por los empellones que recibe por detrás que por iniciativa propia, persiste en la vía independentista, el artículo 155 seguirá siendo la “espada de Damocles” que impedirá un normal gobierno de la comunidad autónoma catalana. Su alternativa personal es: o seguir avanzando a empujones de los de atrás (y sufrir las consecuencias judiciales), ser un líder con iniciativa propia, o abandonar la política.

3. EL BOLSILLO Y LA EDUCACIÓN ES DONDE LES DUELE

Han pasado apenas dos semanas desde que se aprobó la aplicación del artículo 155. Sería inútil decir que Cataluña está como si no hubiera pasado nada: han pasado muchas cosas. La primera de todas es que los distintos sectores nacionalistas empiezan a ver que ya no disponen de la liquidez suficiente para seguir adelante con su faraónico ritmo de publicidad. La primera víctima es el diario Avui, deficitario desde el inicio de su andadura en los 70 (allí se quemaron buena parte de los fondos de Banca Catalana; en eso y en el apoyo al Omnium Cultural) y que al ver cortados los subsidios ha tenido que despedir a la mitad de su plantilla (49 trabajadores). Cabría preguntarse cómo un medio que en la actualidad es residual, puede contar con un centenar de trabajadores… La respuesta es clara: la teta de la gencat proveía, así que… El problema es que ahora ya no va a ser tan sencilla –mientras Montoro controle los gastos de la Generalitat- entregar subsidios como los que han beneficiado al Avui desde el inicio de su andadura.

La falta cada vez más acuciante falta de fondos se ha manifestado también en el “caso Artur Mas”, cada vez más airado por la falta de colaboración que registra en el pago a la multa de ¡5.000.000 de euros! a la que fue condenado por los hechos del 9-N. Artur Mas creía que podría pagar la multa mediante suscripción pública, a través de la póliza de responsabilidad civil suscrita por la Generalitat o mediante algún “fondo de reptiles” que le costa que existen en poder de Puigdemont… Pero nadie parece dispuesto a dar más allá de un billete de 20 euracos por el iniciador del “procés”. Los fondos que la gencat ha logrado eludir (se habla de 800 millones de euros lo que parece excesivo) no durarán eternamente, especialmente porque

- las campañas electorales son costosas,

- todavía quedan por pagar las fianzas de Junqueras y de los consellers.

- se prevén multas y obligación del retorno de los dineros “desviados” durante el “procés” para eludir la acusación de malversación de fondos.

- los bancos no están muy predispuestos a conceder pólizas de crédito a los partidos indepes por múltiples razones, es más: cuando se serenen los ánimos, lo más probable es que empiecen a apremiar a ERC y al PDcat para que pongan sus pólizas a cero.

No es raro que los más conscientes de ERC no se hagan muchas ilusiones sobre el futuro; les quedan los “premios de consolación”: alguna manifestación como la del sábado que deslumbre por la presencia de antorchas, el ser el partido mayoritario en las próximas elecciones y… poco más. Pero lo cierto es que, en Cataluña, los problemas económicos se viven con singular intensidad y son el único contacto que todavía mantienen los independentistas con la realidad.

En cuanto a la educación, el otro factor que el independentismo considera “intocable”, seguramente lo es. El Estado no parece muy interesado en este momento en atacar en esa dirección, pero tampoco parece que el poder judicial vaya a dejar pasar la utilización de menores como argumento de propaganda. Lo que va a ocurrir –posiblemente en los próximos días- es que se sustanciarán muchas de las denuncias formuladas por padres de familia por “adoctrinamiento” y se investigarán las iniciativas de maestros (buena parte de los miembros de la CUP son maestros de escuela) para utilizar a sus alumnos en acciones de propaganda independentista. Y, al igual que con los mozos de escuadra, alguien tendrá que “pagar el pato”.

4. LA CATALUÑA NO INDEPENDENTISTA

Uno de los efectos colaterales de la crisis independentista ha sido el reconocimiento de que en Cataluña un sector de la sociedad (véase nuestro artículo La Cataluña de los cuatro cuartos), no solamente no es independentista, ni siquiera nacionalista, sino que se siente mucho más apegado al Estado y a la Nación española. Era el pequeño detalle que se le había escapado a los independentistas y que la colocación de Gabriel Rufián en las listas de ERC no bastaba ni remotamente para contrapesar. ¿Cómo queda el “mundo unionista” en Cataluña?

Hay que reconocer que el éxito de la estrategia del Estado en la crisis independentista se ha debido a la flema de Rajoy, pero todo induce a pensar que no será el PP, sino Cs, quien se beneficie del fracaso del intento secesionista. Las encuestan dan a Cs un espectacular ascenso en Cataluña. Se verá recargado con votos procedentes del PSC y por decepcionados de la izquierda podemita y de la Colau (la izquierda catalana todavía no ha comprobado que el situarse en medio, entre indepes y unionistas, no da resultado especialmente en períodos de mucha tensión y de decantación de las posiciones). En cuanto al PP posiblemente se lleve algunos votos del viejo nacionalismo moderado, pero, en cualquier caso, su ascenso será menor que el de Cs.

El PSC es un caso aparte: en esta ocasión comprobaremos lo que queda del partido y si logra recuperar algunos votos fugados a la galaxia podemita. Si lo hace será a condición de realizar una campaña fuerte, agresiva y con propuestas netas… La del “federalismo” en la que se enroca regularmente y que parece que será el leit-motiv en esta ocasión, le augura malas perspectivas. No puede proponerse algo en lo que casi todos convienen que genera más problemas que soluciones.

La campaña del mosaico independentista será victimista y lacrimógena, propia de derrotados que solamente aspiran a que sus líderes no salgan muy malparados de la aventura judicial que tenían al final de la vía muerta independentista. La campaña “unionista” exigirá reconocer las realidades y “gobernar Cataluña”. Hay que permanecer muy cauto ante lo que dicen las encuestas: el “voto oculto” sigue presente especialmente en el sector unionista, pero todo parece indicar que los independentistas tocaron techo en las anteriores elecciones y que presentarse divididos les va a perjudicar. No olvidemos, además, que los márgenes del independentismo están ahora convertidos en un sumidero de decepcionados y confusos, muchos de los cuales se sienten engañados, sino traicionados, por quienes les convencieron de que la independencia era posible y, a la hora de la verdad, han huido a Bélgica y cada día tratan de desandar lo andado.

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Esto es lo que se refleja desde el más absoluto desapasionamiento, mirando las calles, hablando con las gentes y valorando cada noticia según el medio que la emite.

 

 

 

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