Diario de un pobre Diablo (43)

Publicado: Martes, 21 de Marzo de 2017 12:10 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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ATAQUE ISLAMISTA EN ORLY: ALGUNAS REFLEXIONES

Lo más significativo del último ataque yihadista que ha tenido lugar en París ha sido, una vez más, el tratamiento que han dado al tema los medios de comunicación franceses: estos han insistido, por activa y por pasiva, en una sola idea: “El asesino es un francés, nacido en París”… Otros medios han insistido en la misma dirección: “Français de souche” (francés de pura cepa). No hay nada más que ver su foto para comprobar la veracidad de la información. Es más, cuando conocemos su nombre, esta primera impresión –la de que se trata de un “francés, nacido en París”– se refuerza todavía más: Ziyed Ben Belgacem… Sobre su religión, obviamente se evitar decir que es islamista. Como se sabe, los islamistas no son una amenaza.

Este “francés de pura cepa”, con sus 39 años a cuestas, ayer, inició su yihad particular: salió de su casa, situada en la banlieu parisina. Llevaba un bulto que podría ser un arma, así que al llegar a Stains, dos policías le piden la documentación. Dispara sobre ellos, para confirmar su identidad de “francés nacido en París”. Y, de paso, adorna, los disparos con el consabido “Alá es grande”. Como la cosa más normal del mundo se mete en un bar de Vitry-sur-Seine. Los clientes no le gustan, seguramente porque no se sienten tan franceses como él. Así que los amenaza y dispara sobre ellos. Solo los milagros de la balística hacen que ninguno resulte herido. Luego roba un coche y se planta en el aeropuerto de Orly.

A eso de las 8:30 de la mañana en el primer piso del hall de Orly Sur, el “francés de pura cepa” lanza el suelo una mochila en la que lleva gasolina, luego dispara contra una patrulla de tres soldados (dos hombres y una mujer). La mujer logra arrancarle el fusil de asalto, pero Ziyed Ben Belgacem la arrastra amenazándola con un revólver (a ella y a los otros dos militares): “Tirad las armas. Manos a la cabeza. Estoy aquí para morir por Alá” y luego añade: “Detodas formas, seguro que hay muertos”. Demostrando su valor se escuda en la mujer militar, pero enfrente tiene a soldados bien entrenados que finalmente lo abaten. En su poder se encontró 750 euros, una lata de gasolina, cigarrillos, un mechero y, por último, un ejemplar del Corán.

Por una vez el “loco solitario” ha sido la única víctima mortal. Habrá comprobado que el anuncio de que Alá recompensa a los fieles que mueren en la guerra santa con siete palacios de jade y siete harenes en cada uno de ellos y que los yihadistas muertos viven eternamente conservando la edad de 33 años y un estado de erección permanente, era sólo publicidad de un inexistente paraíso.

Los que ayer volaron a París  fueron las víctimas colaterales del enésimo yihadista que decide acometer su guerra particular. Durante todo el día, los aviones en vuelo fueron desviados a otros aeropuertos y no se permitió despegar ni siquiera a los aviones que estaban en pista cargados con pasajeros. No se sabía si éste “francés nacido en París” podía tener más cómplices. De no estar presentes los tres militares, ahora estaríamos llorando una nueva masacre, tan estúpida como las anteriores y protagonizada por otro tarado con el cerebro recalentado por supersticiones mal asimiladas.

¿Lo mejor de todo? Ziyed Ben Belgacem no era un desconocido. Se trataba de un delincuente habitual con nueve tránsitos por la cárcel y 44 detenciones. Dicen que en 2011, tras salir de la cárcel se había radicalizado. En aquella ocasión fue por atraco y tráfico de drogas. Habá protagonizado muchos robos a mano armada. No, esto no es lo mejor: esto es lo esperable de un “francés de pura cepa” que atienda al nombre de Ziyed Ben Belgacem y lleve un Corán en la mochila. Lo mejor son las declaraciones del primer ministro francés Bernard Cazeneuve que por la tarde señalaba al enemigo metafísico: “el ultrancismo de Marine Le Pen”.

Hasta aquí los datos que hemos podido reunir a vuelapluma. No son sensiblemente muy diferentes a los de otros episodios similares. La buena noticia es que un chorizo pasado al lado el terrorismo ha ido a saludar a la nada. Pero es necesario extraer una serie de conclusiones, algunas de ellas son duras:

1) ELEMENTOS DE ODIO SOCIAL.- Ziyed Ben Belgacem, ha nacido en Francia y tiene nacionalidad francesa, pero ¿Es francés? Obviamente no. Ni lo es ni lo ha pretendido ser jamás. Es un hijo de inmigrantes que tuvo en vida todo el derecho de no sentirse miembro de la comunidad cuyo DNI llevaba en el bolsillo.  Él era el primera que no se sentía miembro de la comunidad nacional en la que vivía. Es más, no solamente, no se sentía francés, sino que odiaba a Francia y a los franceses. Lo ha demostrado con creces. Como muchos magrebíes consideraba que “el francés” es un tipo que, sobre todo, vive bien y consume mucho. Ziyed Ben Belgacem era un “nuevo proletario” y odiaba a todo aquel que vivía como un burgués. Hay en su locura y en la de todo yihadista odio social. Muchos inmigrantes, hijos y nietos de inmigrantes no soportan el papel subordinado y fronterizo con la pobreza que les ha atribuido el capitalismo moderno y los Estados Europeos: les han convencido de que se instalaran en Europa para hacer “competitiva” la economía europea, esto es para que su número hiciera disminuir el valor de la fuerza de trabajo. Se beneficiaban algunas patronales y pagaba el Estado (es decir, la sociedad francesa). Pero ellos querían tener acceso a los escaparates de consumo y con la caridad del Estado no podían hacerlo salvo por la vía del atraco.

3) NECESIDAD DE SEÑALAR LAS REALIDADES.- Hace falta ser un indigente intelectual para no darse cuenta de la realidad: la combinación de fanatismo religioso, pequeña delincuencia, nula cultura, crisis económica e islamismo, dan como resultado personajes como Ziyed Ben Belgacem: un chorizo que está harto de pasar por cárceles y que algún electroimán de pega le ha convencido de la existencia de un paraíso cuyo boleto te lo regalan muriendo en la yihad. Y va el idiota y, en su deseo de gozar cuanto antes de los beneficios prometidos, se “inmola” con un Corán bajo el brazo. Hijo de inmigrantes, islamista de origen étnico magrebí, impermeable a cualquier tipo de educación europea, islamista ansioso de alcanzar el paraíso sensual prometido…  Estas son las realidades.

2) SITUACIONES FÁCILMENTE REVERSIBLES.- Hace veinte años, algunos amigos empezaban a comentar que el tema de la inmigración ya no se puede resolver porque los inmigrantes ya tienen pasaporte y nacionalidad francesa. Lo tienen pero lo pueden perder. De hecho, la concesión de la nacionalidad debería ser algo condicional: “yo te doy la nacionalidad, pero si muestras que no eres un buen ciudadano, me reservo el derecho de quitártela”. Tal hubiera sido la norma: pero la izquierda quería “nuevos franceses proletarios” para sustituir a los “proletarios franceses” que se desenganchaban de sus opciones electorales. La mayor tropelía que ha cometido la derecha europea ha sido abrir las puertas a la inmigración masiva, pero la mayor estupidez de la izquierda ha sido ver en esos “nuevos europeos” a carne de cañón para sus candidaturas. El problema, en realidad, nunca han sido los inmigrantes: estos jamás hubieran venido a Europa si la derecha no los hubiera traído, primero y subvencionado después y si el esquematismo de la izquierda no hubiera visto en ellos a “nuevos proletarios”. Pero el entuerto es más fácil de resolver: basta con una serie de medidas disuasivas. No permitir la permanencia en el país de inmigrantes que hayan cometido delitos, eliminar las medidas de “discriminación positiva”…

3) EL PROBLEMA ES EL ISLAM.- Recordemos algo que los medios hacen esfuerzos por enmascarar: hoy la única religión en nombre de la cual se mata y se muere es el Islam. Así pues, el islamismo, moderado, radical o ambidextro, es un problema y como tal hay que tratarlo… a menos que se quiera que el problema se generalice. El error consiste en considerar que la religión islámica es, como cualquier otra religión, una especie de evasión espiritualista y mística que enseña buena conducta, códigos éticos y da esperanzas para la muerte. La teoría de la guerra santa coránica es un incentivos para morir matando y lo antes posible. Sabiendo que al otro lado de la puerta esperan 77 huríes dispuestas a satisfacerlo a usted eternamente ¿esperaría a mañana o cruzaría la puerta hoy mismo? Fracasados, incompetentes, individuos sin formación profesional, que en su momento despreciaron la escuela y la educación, que han ido sobreviviendo a base de subsidios y, cuando no, de atracos, ¿pueden aspirar a algo mejor que morir en la yihad lo antes posible y vivir de lujo sin sudar la camiseta? Esa es la cuestión.

4) HAY REMEDIO, PERO NO CON LOS QUE HAN CREADO EL PROBLEMA.- Los avances de los partidos euroescépticos e identitarios que en grandísima medida encarnan el rechazo de las poblaciones autóctonas europeas a la nueva situación generada por la inmigración masiva de un lado y la deslocalización de otro, se basan precisamente en que proponen soluciones extremadamente simples a problemas complejos. ¿Las empresas se van para obtener beneficios? Bien, pues cuando quieran vender sus productos aquí, que paguen una sobretasa… que corresponde a los problema de paro que generan. ¿Hay riesgo yihadista? Bien, con limitar la difusión del islam, prohibir las ediciones del Corán con determinados versículos y dejar de incentivar a las comunidades islámicas, es suficiente. ¿Hay mucha población extranjera en las cárceles? Tampoco hay problema: los que han venido a Europa a robar, Europa tiene el derecho de expulsarlos. Y así sucesivamente. Pero de la forma en que las cosas no se solucionan es manteniendo en el poder mediante el voto a una clase política ciega, de derechas o de izquierdas, pero ciega en su conjunto. Los que han generado el problema y quienes lo han agravado, no tienen al alcance de su mano la solución, salvo  traicionándose a sí mismo y traicionando a sus intereses. Ved a la izquierda europea: la única esperanza de volver a gobernar consiste en ganar el voto de los grupos étnico-religiosos no europeos.

Hay muertes inútiles, la de Ziyed Ben Belgacem no habrá sido tan absurda como fue su vida, si ha servido para que algunos de nosotros realicemos estas reflexiones. 

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