Diario de un pobre Diablo (40)

Publicado: Jueves, 16 de Marzo de 2017 12:07 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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WILDERS NO HA GANADO… LO QUE NO IMPLICA QUE HAYA SIDO DERROTADO.- La progresía europea se frota las manos. La UE parece que recibió ayer un balón de oxígeno en Holanda cuando el Partido por la Libertad de Geert Wilders ha salido derrotado: no habrá, pues, referéndum en Holanda sobre la permanencia en la UE, ni tampoco variará la política de inmigración. Así pues, el “nuevo orden mundial” no recibirá de Holanda su puntilla. Bien, pero hay que formularse tres preguntas: ¿Quién y por qué ha vencido en Holanda?  ¿Cuál era el tema estrella de la campaña? y, finalmente, ¿Qué partidos pueden considerarse irremisiblemente derrotados?

1. ¿Quién ha vencido en Holanda?

Incuestionablemente el primer ministro Rutte que se vio reforzado en el último tramo de la campaña por la “actitud de fuerza” ante la presencia de ministros turcos en territorio holandés para hacer campaña a favor del referéndum convocado en su país por Tayyip Erdogan. Quienes reprocharon al primer ministro excesiva beligerancia ante el gobierno turco, olvidaban que se trataba e la última esperanza para frenar a Wilders y al PVV. Se trataba de demostrar que podía detenerse al islam por procedimientos convencionales y sin recurrir al doble salto mortal que hubiera supuesto para el elector votar a una opción tan controvertida como la de Wilders. Y el electorado ha creído a Rutte y no se ha arriesgado a imprimir un nuevo curso a la política holandesa. De todas formas, la victoria de Rutte es una victoria pírrica, porque el mismo electorado que le ha votado será el que le exija medidas contra la inmigración masiva y la pérdida de identidad de Holanda. Pero Rutte tiene un problema: le va a ser muy difícil estabilizar un gobierno. Deberá poner de acuerdo a otros tres partidos, uno de los cuales será el de los verdes, que puede considerarse el segundo vencedor de estas elecciones. Pero la política de Los verdes es justamente la opuesta a la de Wilder: sociedad multicultural, “profundizar” en la integración de la inmigración, puertas abiertas a “refugiados”… Dicho de otra manera: el desgaste que a partir de esta semana va a sufrir Rutte hace muy difícil que pueda terminar la legislatura que ahora comienza. La promesa de “mano dura” que le ha llevado al éxito electoral y la necesaria “mano blanda” de la que deberá hacer gala mientras se mantenga en el poder dicen a las claras que ha tenido una victoria pírrica.

2. ¿Cuál era el tema estrella de la campaña?

Ni los Verdes ni los liberales de Rutte han impuesto sus propios temas en la campaña. En todo momento y desde hace un par de años ha sido Geert Wilders el que ha impuesto agenda y ritmo a la campaña. Y la campaña ha girado en torno a tres temas: identidad holandesa, inmigración masiva y permanencia en la UE. Los electores se han tenido que definir en estos temas que habían sido arrojados al tapete por el PVV de Wlders. Éste, por lo demás, no puede considerarse “derrotado”: simplemente, ha crecido menos de lo previsto (pero ha ganado cuatro escaños y con un 20% se ha configurado como el primer partido de la oposición, por delante de los verdes, de los democristianos y los socialistas. Que nadie piense que la Unión Europea ha salido reforzada: lo que ha ocurrido es que ha retrasado su caída inevitable. Nada más. Para salvar a la UE, que aun no ha superado el Brexit, haría falta que la economía de la zona euro experimentara una revitalización en la que nadie cree, o que las instituciones europeas se vieran de nuevo aureoladas de un prestigio de eficiencia y control del gasto público que han ido perdiendo en los últimos veinte años o que la “construcción europea” experimentara un golpe revitalizador después del fracaso de la “constitución europea” de 2004 del que no se ha repuesto todavía. Y nada de todo esto va a ocurrir en los próximos años. El problema no es ya ver a la UE como una iniciativa fracasada, sino prever cuándo y dónde se va a producir su apuntillamiento. Hubiera podido ser ahora en Holanda. Mañana podrá ser en Francia. Es posible que resista unos años más, por pura inercia: pero las circunstancias económicas mundiales juegan en su contra.

3. ¿Qué partidos pueden considerarse derrotados?

Basta mirar los resultados: el Partido del Trabajo, los socialistas, pasan desde 35 escaños hasta 10. Así pues, este es el gran derrotado: el partido que habla en nombre de los “trabajadores”, esa socialdemocracia ecléctica que siempre ha apostado por un progresismo humanitarista de puertas abiertas a la inmigración, que lleva décadas instalado en las ambigüedades ideológicas y que, a la hora de la verdad, opta por salvaguardar los intereses del capital y de la banca antes que los de sus electores y de los trabajadores en nombre de los que habla. Obviamente, la destrucción –sí, estamos hablando de liquidación de una opción política- del socialismo holandés es total y para siempre. No le va a ir mucho mejor en Francia, en donde ya conspicuos socialistas de toda la vida, hablan, no de “refundar” el partido, sino de “converger” con otras fuerzas políticas para crear otro nuevo. Y no hace falta más que mirar a la tragedia del socialismo español para ver que su futuro depende de tres opciones: la políticamente nula e inercial (Patxi López), el neozapaterismo (Pedro Sánchez) y la corrupción emblemática (Susana Díaz). Si hay un derrotado en Holanda ese es el socialismo. Su funeral augura el de toda esta corriente en Europa.

 

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