Ratzinger y el lobby gay

Publicado: Sábado, 02 de Julio de 2016 10:23 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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BENEDICTO XVI: EL LOBBY GAY TRATÓ DE INFLUIR EN SU PONTIFICADO.- Lo gay, como cualquier otra opción sexual, es aceptable en tanto que manifestación de lo humano. Ciertamente, cabría analizar el porqué hoy hay más gays que en épocas anteriores (a ver si resulta que será por culpa del pollo como decía Evo Morales). Y, por supuesto, habría que distinguir a la homosexualidad como opción, de la predicación de la homosexualidad, de las manifestaciones grotescas el “orgullo gay” y, por supuesto, de la existencia de lobbys gays. Estos últimos con los que Zatzinger acusa de haber intentado influir en su pontificado.

En sus memorias, que van a ser publicadas en breve y a las que el diario italiano Il Corriere della Sera ha tenido acceso, Ratzinger afirma que nadie le presionó para que renunciara a su cargo. Lo cual supone, en primer lugar, que su dimisión se debió al hartazgo generado por la situación de la Iglesia y la imposibilidad manifiesta de enderezarla. Supone, igualmente, el reconocimiento de “falta de fe” en la tarea de la Iglesia y en su misión histórica, en su eternidad y perennidad.

Pero todo esto era algo que podía intuirse antes de conocer la existencia de las memorias de Ratzinger (el ex miembro de las Hitler Jugeng, luego servidor de una pieza de artillería antiaérea durante la guerra y finalmente Papa emérito), lo que no podía intuirse es que el “lobby gay” intentó influir y tener poder en el Vaticano. Ratzinger cuenta en Las últimas conversaciones, que saldrá a la venta el 9 de septiembre, que el “lobby gay” vaticano está formado por “cuatro o cinco personas” y trató de ejercer su poder. Ratzinger, entonces Benedicto XVI, intentó frenar su influencia. A partir de ese momento, empezaron los problemas que le llevaron a la dimisión y de los que la filtración de documentos personales realizado por su mayordomo, fueron la primera parte.

Estaremos atentos a la publicación de esta obra que, suponemos, será demoledora para el Vaticano… especialmente, si Ratzinger tiene el valor de dar los nombres de esas “cuatro o cino personas”.  

 

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