Programa PSOE inmigración

Publicado: Miércoles, 25 de Mayo de 2016 12:34 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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La caraba: El PSOE y su programa (suicida) para la inmigración.- No soplan buenos vientos para la socialdemocracia europea y mucho menos para el PSOE. Culpable, en primer lugar, de haberse desprovisto de una doctrina política y de asumir el progresismo más vacío como reemplazo, lo que verdaderamente desarticuló al PSOE ha sido su actitud ambigua ante el problema autonómico (especialmente en Cataluña), su reacción a la crisis de 2008 preocupándose por salvar, primero a sus comisionistas (Plan E y Plan E2010) y, finalmente, su actitud suicida en materia de inmigración. Es rigurosamente cierto que fue el PP –Aznar en concreto- el que abrió las puertas a la inmigración por la que pasaron 3.000.000 de inmigrantes- pero es a Zapatero a quien se debe la entrada de otros 4.000.000.

De la política de inmigración del PSOE, sabemos que, inicialmente apoyó las campañas de “ningún ser humano es ilegal” y del “papeles para todos” (mientras “todos” iban  recibiendo papeles y a todos los ilegales se les trataba como seres humanos). Luego, una vez en el poder, moderó su “pancartismo” y, simplemente, lo sustituyó por decretos-ley: el de la regularización masiva de febrero mayo de 2005 fue el más espectacular: se regularizaron 800.000 inmigrantes y al terminar habían entrado otros 800.000 nuevos… ilegales. De ahí que el paso siguiente fuera la “regularización por arraigo”: basta con que un ilegal vulnere la ley durante dos años seguidos, sin explicar ni sus medios de vida, ni cuál es el motivo de su presencia en España, para que se le recompense con la regularización.

En los últimos años, desde la oposición, las políticas del PSOE no han variado. Esto es lo que nos propone sobre la materia de inmigración en esta campaña electoral y en su práctica política. Empecemos por esto último.

Un sombrío “gabinete en la sombra

Tras pasar a la oposición, el PSOE, como máximo ha logrado estar presente en algunas comunidades autónomas, apuntalado por otras fuerzas políticas (Ciudadanos y fracciones de la galaxia Podemos). Esto le ha permitido poner en práctica algunos aspectos de su programa. Por ejemplo, el noviembre de 2015, Pedro Sánchez elogió la actitud de Ximo Puig de recuperar el acceso a todas las prestaciones de la sanidad por parte de los ilegales. En otras comunidades, los socialistas se dieron prisa en aprobar la misma medida, curiosamente, siempre, junto a la de autorizar operaciones de cambio de sexo con cargo a la seguridad social.

Sin olvidar que en su “gabinete en la sombra”, constituido antes de las elecciones del 20-D de 2015, Sánchez incluyó como “ministro de inmigración” a Luc André Diouf, un senegalés llegado a España en 1992… funcionario de Comisiones Obreras desde 1996 y, cuyo único mérito, ha sido ser presidente de la Federación de Asociaciones Africanas en Canarias y secretario de Migraciones de CCOO… además de fundar el “grupo afrosocialista del PSOE canario para luchar contra la discriminación y mejorar la integración de los inmigrantes” (o al menos eso es lo que dice su historial en el PSOE).

Dentro de ese “gabinete en la sombra”, Sánchez había incluido también como “asesor” a Sami Naïr, “politólogo y sociólogo francés” de origen argelino. Naïr explicaba en 2000 que el miedo de la población europea a la inmigración se debía a que, “no había tantos, pero como eran diferentes, parecían muchos…” (en Salt, la inmigración alcanza más del 60%... y parecen muchos, porque son muchos), teoría que satisfizo a la izquierda francesa y española, aunque mucho menos al sentido común.

¿Qué dice el preámbulo del programa socialista sobre inmigración?

En el apartado “Política Migratoria”, el PSOE empieza –significativamente- adoptando una postura fatalista y, a la vez, “positiva”: “Los movimientos migratorios, además de un rasgo definitorio e ineludible de nuestro mundo globalizado, son un importante desafío que entraña, a su vez, una oportunidad”. Se reconoce, en primer lugar que el “vaso está medio vacío” (desafío) pero hay que verlo como si estuviera “medio lleno” (oportunidad). Las frases siguientes son esa cháchara aburrida en la que un partido con mala conciencia desea manifestar sus buenas intenciones mediante frases huecas y retórica vacía.

Al igual que Ciudadanos, el primer problema que se percibe en el PSOE es que es incapaz de reconocer, o al menos de confesar, el porqué existen movimientos migratorios de Este a Oeste y de Sur a Norte y porqué existe deslocalización industrial siguiendo las direcciones contrarias. Simplemente por razones económicos: los primeros movimientos son para “ganar competitividad” (más inmigración, menos salario, menos costes de fabricación) y los segundos movimientos son para atenuar los costes de producción allí donde los salarios son más bajos. Este es el motivo principal. Para justificar esto que resulta injustificable se ha ideado toda una ideología que considera a la migración un derecho humano (y lo es… pero, antes, se sitúa la soberanía de los Estados y de las Naciones para decidir qué tipo de inmigración interesa, en qué cuotas y con qué preparación) amparado en la declaración universal derechos humanos emitida por la ONU en 1948. Lo más interesante de este primer parágrafo es ese “fatalismo” al que aludíamos: “Hoy día, todas las sociedades del mundo sufren transformaciones vinculadas a los desplazamientos de poblaciones. No hay ni un solo país que pueda pretender quedarse al margen de esa tendencia histórica. La realidad del siglo XXI está marcada por potentes movimientos de emigración, inmigración, intercambios y enriquecimientos identitarios. Nuestro país debe saber gestionar este reto con serenidad, realismo, madurez, solidaridad y proyección hacia el futuro”. Valdría la pena recordar que si esas migraciones existen es porque ningún Estado se atreve a adoptar medidas para proteger sus fronteras…

El segundo problema del PSOE abunda en ese mismo fatalismo: el saldo demográfico es negativo (y lo es, entre otras cosas porque el PSOE a partir de 1983 abolió toda la legislación de protección a la familia existente previamente con el argumento de que era… “franquista”), por tanto nuestra “única esperanza” es la “aportación demográfica procedente de la inmigración” (cuando, en realidad, hubiera bastado con campañas de estímulo de la natalidad y con mejores condiciones fiscales y ayudas económicas para la formación de nuevas familias y para maternidad para resolver el problema y no alterar la composición antropológica, étnica, cultural y religiosa del país).

A partir de este “análisis” absurdo, vacío, superficial y falaz, lo que sigue en el Programa del PSOE es un canto a la inmigración, un deseo indisimulado de estimularla y de conseguir reavivar el “efecto llamada” en el que se puede escuchar el estribillo de lo “políticamente correcto” una vez más. (“las no comunitarias, tras largos periodos en los que contribuyeron a nuestro desarrollo económico y social, han perdido  su estatus en nuestro país y han visto sus derechos reducidos, negados por medidas injustas, e incluso inhumanas (así, los efectos devastadores sobre el derecho a la salud de la población inmigrante irregular a partir del Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril)”...en realidad la “contribución de la inmigración” en estos últimos 20 años se ha reducido 1) Contribuir a que los sueldos se estancaran y rebajaran en términos macroeconómicos, 2) Contribuir a que algunos sectores patronales (turismo, construcción y agricultura) obtuvieran buenos beneficios, pero la “factura” la pagara toda la población (la inmigración “da” menos de lo que “recibe” mediante el sistema de subsidios y subvenciones), 3) Contribuir a que España ocupe puestos de cabeza en el paro en Europa, 4) Generar focos de tensión en aquellas zonas en donde la inmigración está sobrerrepresentada y 5) Desbordar muchos servicios del Estado (sanidad, juzgados, prisiones, servicios asistenciales, educación)…

Nada de todo esto –que es bastante evidente para quien tenga ojos y vea, cerebro y entienda- es mencionado en el Programa del PSOE que opta en su segunda página sobre Inmigración por recurrir a la palabra clave “SOLIDARIDAD”. La gestión del gobierno debe ser “solidaria con los inmigrantes”, la actitud de la sociedad española debe ser, igualmente, “solidaria”, los poderes públicos y las instituciones se deben preocupar por hacer efectivo este principios de “solidaridad” y –dice- “Nuestra obligación moral y humana es restablecer la realidad de una España digna y civilizada, propia de un Estado social y democrático de Derecho”. Civilización se confunde con “solidaridad” y “solidaridad” pasa a ser sinónimo de pro-inmigracionismo… único camino para ser “demócrata”.

Se alude también al problema de los “refugiados”… pero se olvida quién ha generado esos conflictos: se habla de Siria e Irak (conflictos que bullen a 10.000 km de distancia y que obligan a ser solidarios a los países vecinos), luego se alude a los conflictos en el entorno subsahariano (generados por la actividad yihadista o por guerras civiles). Se alude al conflicto de Somalia-Eritrea… Con todos ellos, el PSOE nos propone “ser solidarios”. En ningún caso hay palabras de condena para los promotores de las “Primaveras árabes” que han estado en el origen de todos estos conflictos, la mayoría de los cuales ligados a los manejos de los EEUU y a la complicidad de algunos gobiernos de la UE (Francia, especialmente).

En ningún punto del programa se alude a que la “solidaridad” en abstracto es puro idealismo y que los países fronterizos y de la misma sensibilidad cultural son los que están obligados a ejercerla. Los “europeos”, por algún motivo que la socialdemocracia continental no explica y que el PSOE igualmente ignora, debemos ser “más solidarios” que nadie, incluso que los vecinos, e insertar en nuestro continente enclaves trasplantados de horizontes con los que existen brechas culturales y antropológicas que, inevitablemente, generarán tensiones al considerar irrenunciables sus identidades de origen… pero ser contradictorios con los principios de la democracia europea.

Y eso es lo que más sorprende del programa socialista: que deplora la actitud de una Unión Europea que acaba de avalar la entrada de 1.000.000 de “refugiados” a su territorio. Para el PSOE no es solamente 1.000.000 sino todos los que lo deseen quienes deben instalarse en Europa. La frase y la retórica en la que se alude a esto es maravillosa: “Ahora bien, las políticas migratorias de la Unión Europea, tal y como están formuladas hoy, no están a la altura de esta situación. Y eso es así porque se inscriben en una perspectiva global errónea: consideran que, al fin y al cabo, es el mercado de trabajo desregulado el que debe, en relación con sus inputs, gestionar centralmente la inmigración y luego decidir por sí mismo las necesidades del país, lo que, en realidad, conduce al debilitamiento de los derechos globales de las personas asalariadas. Esta confusión, equiparada a la que se produce entre las personas refugiadas y peticionarias de asilo y la inmigración económica irregular, está fundamentando un tratamiento predominantemente de naturaleza represiva (policial y penal), y no civil y administrativo de la diversas facetas de la inmigración y desde los derechos fundamentales de las personas extranjeras”... Jerga neoliberal de inputs y outputs destinada a velar la propuesta de fondo: el viejo “papeles para todos” y “cuantos más mejor”…

Sin ningún pudor el programa socialista alude a la existencia de “población inmigrante no cualificada” como merecedores de más ayuda o a la necesidad de “neutralizar el efecto llamada”, fenómenos ¡DE LOS QUE EL PSOE ES UNO DE LOS DOS GRANDES RESPONSABLES! En “operaciones psicológicas” se sabe que para distraer la atención del problema real es necesario crear un señuelo contra el que vayan dirigida la atención: el señuelo que crea aquí el PSOE es la “xenofobia y el racismo” (“Debemos escarmentar en cabeza ajena y aprender que esa instrumentalización alimenta pulsiones racistas, xenófobas y beneficia la proliferación de opciones sociales y políticas no democráticas”). No se trata, en ningún caso, ni de analizar porqué entra inmigración con nula cualificación profesional, ni de considerar que su presencia pesa como una losa en la sociedad española, es un factor más de su falta de cohesión, sino que, de lo que se trata es de EVITAR QUE EN ESPAÑA APAREZCAN FENÓMENOS EUROESCE´PTICOS Y MOVIMIENTOS MASIVOS DE PROTESTA CONTRA LA INMIGRACIÓN MASIVA QUE SE NUTREN DEL APOYO DE SECTORES QUE HASTA HACE POCO APOYABAN A LA IZQUIERDA.

En el colmo de la irresponsabilidad y TRAICIÓN llegan a censurar la existencia de una examen lingüístico para acceder a la nacionalidad española (“[se] ha incorporado un examen de idioma e integración para todas las personas inmigrantes que quieran adquirir la nacionalidad española que resulta injusto, porque impedirá el acceso a personas que no alcancen niveles culturales que no suponen un estándar en la población española, y es arbitrario, porque no va a valorar la verdadera trayectoria de integración”… valdría la pena preguntar al “cerebro” que ha redactado estas líneas cómo es posible la sacrosanta “integración”, sin conocimiento mínimo del idioma y de la cultura el país de acogida ¿Dentro de cuántos programas electorales el PSOE –o sus restos- proclamarán la necesidad de que los españoles aprendamos árabe y cingalés para facilitar la “integración de la inmigración”?)

Medidas concreta del PSOE en materia de inmigración: la caraba

La palabra “caraba” es de origen árabe (“qarabah”) que indica “fiesta” o “reunión festiva”. El diccionario la define como algo “fuera de serie, extraordinario, tanto para bien como para mal. Eso es lo que son las propuestas socialistas: una verdadera caraba. Hay que leer cada línea del programa para advertir lo que es una política suicida, asumida con optimismo, “positividad”,  en la que un partido, lanza alegremente un programa que, de llevarse a cabo, haría de nuestro país la meca de la multiculturalidad y enviaría al baúl de los recuerdos en apenas cinco años nuestra herencia clásica greco-latina, nuestra herencia católica y nuestra herencia, en definitiva, europea. Y todo ello, eso sí, con la alegría del que practica balconing desde un décimo piso sobre un balde de agua.

En su primer parágrafo el derecho de la inmigración se antepone al derecho a la soberanía de un Estado. Dicho de otra manera un Estado solamente puede ser democrático si garantiza “los derechos humanos de los inmigrantes”. En el punto 1.1 el PSOE repite la cantinela que ha hecho de la justicia en España el paraíso de la corrupción: su obsesión “garantista”, aplicada ahora a la “política de fronteras” (“una política conforme al Estado de Derecho, presidida por los criterios de imperio de la ley, seguridad jurídica y respeto de los derechos humanos y fundamentales”). El “garantismo” en cuestión de fronteras ha tenido en estos últimos 20 años como resultado la inexpulsabilidad del inmigrante. Basta con que se niegue a decir su origen y procedencia para que bloquee su expulsión. Lo normal sería establecer que cualquier “garantía” se gana a cambio de “lealtad”: cuando una autoridad legal pregunta a alguien algo que tiene necesariamente que conocer y éste se niega a responder, se está cometiendo una “deslealtad”. El progresismo en general, desde 1789 siempre ha aludido a “derechos”, ningún a “deberes” y hoy el PSOE sigue por los mismos pasos. En un larguísimo tedioso párrafo –incomprensible en un programa electoral- el PSOE sale en defensa de “lo que denominamos inmigrantes irregulares” y pide compatibilizar la ley (que reformó el mismo ZP en 2005) para hacerla “compatible con el resto a la dignidad y a los derechos humanos”. Ahora bien: en España, en los últimos 20 años han entrado 8.000.000 de inmigrantes, la inmensa mayoría lo han hecho de manera ilegal. La Ley de Inmigración con las distintas reformas que ha sufrido y con su “garantismo” inherente, solamente puede aplicarse cuando se produce una inmigración por goteo, no cuando es masiva. Y HOY ESTAMOS AFRONTANDO UN PROBLEMA DE MASAS QUE NO PUEDE TRATARSE DE MANERA “GARANTISTA”, especialmente cuando los inmigrantes que llegan, vienen guiados por una única intención y asesorados por sus abogados: quedarse, realizando todos los fraudes de ley posibles.

El PSOE en el punto 1.2 alude a una “política migratoria flexible”… y un par de líneas después explica: “el concepto demagógico de inmigración “cero” es xenófobo, irreal y además  ruinoso para los intereses nacionales del país”. Por eso propone, acto seguido, “implementar cauces de acceso legales y seguros”.

Todo esto por lo que respecta a las políticas de Estado (“papeles para todos”… en conclusión y “garantizados”). El segundo punto del programa socialista era también previsible: dado que los trabajadores son los más afectados por la inmigración masiva (¿o es que hay alguien que lo dude?) y la sociedad arruga la nariz cada vez más ante el espectáculo multicultural, es preciso vacunar a la sociedad contra cualquier tipo de criterio de alarma, prevención o, simplemente, reserva ante la inmigración masiva: es decir, insertar un estupefaciente social. A este anestésico el PSOE le llama “toma de conciencia del principio de responsabilidad ciudadana como ingrediente básico de una política de integración”.

El error del PSOE en este terreno es múltiple: en primer lugar, reconocer que las políticas de inmigración han quebrado “por causa de la crisis económica”… cuando, en realidad, habían quebrado en toda Europa, mucho antes de la crisis económica: el fracaso de las políticas de integración en toda Europa es muy anterior al estallido de la crisis de 2007. Hay que recordar que el reconocimiento de la quiebra del “modelo holandés” se produce en 2002 y la intifada en Francia tiene lugar en noviembre de 2005…

¿Qué es lo que ha fracasado? El PSOE comete un error terminológico: no utiliza la palabra “asimilación” (disolución de la sociedad inmigrante en la de acogida, con adopción de los rasgos de esta y la renuncia a los propios rasgos), sino que coge el concepto, lo traspasa a “integración” y dice que si ésta ha fracasado ha sido porque no se ha entendido su “bidireccionalidad”. Pero, para que la integración funcione, además de hacer falta el apoyo de la sociedad (“responsabilidad compartida”), hace falta que los españoles hagamos un ¡ESFUERZO DE INTEGRACIÓN! Estado equivale a decir que, cuando alguien va a entrar en tu casa por decisión propia, no es él quien debe avanzar, sino que eres tú quien debes mover tu casa…

El PSOE sabe (de oídas, porque la superficialidad y la ignorancia del fenómeno de la inmigración es estridente en el redactado de su programa) que los inmigrantes de “segunda generación” han dado muchos problemas en Europa y están empezando a darlos en España. ¿La solución? “La integración, para no ser mera y simple asimilación, ha de ser bilateral, esto es, no va dirigida sólo a los y las inmigrantes, sino que debe contemplar acciones que favorezcan en nuestra ciudadanía la sensibilización ante las exigencias de una política de igualdad inclusiva, desde la información y formación en el respeto primordial a los derechos y la exigencia de cumplimiento de los deberes de toda la ciudadanía y también de los residentes en nuestro país”.

¿El riesgo de contagio yihadista? ¿Las mezquitas convertidas en centros de predicación del fundamentalismo islámico? Nada grave: “España, como país de inmigración, tiene un papel eminentemente pedagógico”.

“El acceso a la nacionalidad española por residencia, debe ser visto como corolario de un proceso de integración de las personas extranjeras en España (…) pues la adquisición de la nacionalidad comporta la plenitud de derechos de ciudadanía”… y, seguramente es por eso, por lo que el PSOE se ha manifestado en ese mismo texto, hostil a los exámenes lingüísticos. Ciudadanía con derecho a uso de traductor; derecho humano fundamental.

El tercer pilar del PSOE, en su redacción, es otro engarce de tópicos y de cháchara tendente a crear humo. Lo reproducimos y recomendamos su lectura para entender el universo en el que se mueve este partido y el lenguaje seudo post-moderno utilizado: “El tercer pilar que debe orientar la actuación básica en política migratoria para que sus programas e iniciativas permitan una gestión proactiva y mutuamente beneficiosa, es, evidentemente, el diseño de una política de cooperación y codesarrollo con los países de origen de los flujos migratorios y los de tránsito, que no esté supeditada a los intereses de las élites de esos países, ni tampoco a nudos intereses de mercado o geoestratégicos, y que tenga, más allá de los agentes fundamentales de las administraciones públicas, a los propios inmigrantes y a los agentes de las sociedades civiles de los países de origen y de nuestro propio país. Es decir, una verdadera cooperación descentralizada en materia de gestión de los flujos migratorios”. Dicho de otra manera que se entiende más rápido: “hay que echar una mano al Tercer Mundo”. Soltar dinero, vaya… A fin de cuentas, la “ayuda al desarrollo” genera importantes comisiones y, total, a nadie le preocupa si sirve o no para algo. Simplemente es dinero opaco a repartir entre las élites corruptas del Tercer mundo y las élites degeneradas del Primer Mundo.

Definidos los “pilares”, las propuestas son todavía más escalofriantes: política de asilo abiertas y solidarias a quien lo pida, sanidad sin restricciones para todos los que pisen territorio nacional, envío de fondos a los pozos sin fondo africanos, “eliminar el principio de reciprocidad del derecho de sufragio en las elecciones municipales de los extranjeros residentes en España”, más dinero para la integración (“Crear un Fondo para la financiación de las políticas de integración que, a su vez, represente un marco de cooperación y concertación con administraciones de los ámbitos regional y local”), integración y más integración especialmente de la “segunda generación” (mediante un “refuerzo de la formación educativa”, olvidando que la educación hace tiempo que ha quebrado), concesión más fácil de la nacionalidad (“reducción sensible de los plazos máximos establecidos actualmente, la revisión de los supuestos de renuncia a la nacionalidad anterior y la valoración de la trayectoria de integración, más allá de un examen, como elemento preeminente a la hora de evaluar las condiciones del acceso”), liquidar las “devoluciones en caliente” (derogación de la Disposición Adicional de la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo), “Retirar las denominadas concertinas en las vallas fronterizas que producen graves riesgos para la integridad física de las personas”, eliminar los actuales Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) convirtiéndolos en paraíso para las ONGs, “Recuperar la estrategia de cooperación migratoria bilateral con los países de origen y tránsito de los flujos de inmigrantes”, “Revisar la política de visados y autorizaciones para flexibilizar la movilidad de los flujos migratorios”, mejorar las autorizaciones, de arraigo y reagrupación familiar, “Impulsar una estrategia contra el racismo y la xenofobia”, “Dar respuesta efectiva y urgente a la crisis de las personas refugiadas mediante (…) el incremento  del número de acogidos, la dotación de los programas de reasentamiento”…

Increíble, si no fuera cierto… cuando se lee el programa del PSOE en materia de inmigración, por sí mismo, por la jerga utilizada, por los conceptos y tópicos repetidos hasta la saciedad, por ignorar que todo lo que propone es, justamente, lo que ya ha fracasado, porque el Programa socialista parece ignorar que uno de los terrenos en los que el fracaso del zapaterismo fue más palpable fue, precisamente, en materia de inmigración, por todo ello cabría definir mejor al PSOE como el Partido Sin Objeción Extraterrestre.

Quién vota “socialista” que sea consciente de que está votando contra su comunidad y su identidad.

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