Inmigración y Ciudadanos

Publicado: Martes, 24 de Mayo de 2016 12:04 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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Elecciones 2016: inmigración – identidad – refugiados – yihadismo. Primera Parte: CIUDADANOS o como proponer A y no-A al mismo tiempo. No es nuestra intención preocuparnos del programa de Cs salvo en unos cuantos puntos. Inmigración, refugiados, identidad, por ejemplo. Para ello, no utilizaremos más que los documentos emitidos por el propio partido y las declaraciones de sus dirigentes recogidas por medios de comunicación solventes.

Introducción.- Hubo un día en que el centrismo suponía la equidistancia de posición entre la derecha y la izquierda. Aquel era el centrismo de la transición que un dirigente de UCD me simplifico: “Ni derechas, ni izquierdas, quedamos bien con todos”. Hay que decir que el fulano era de procedencia falangista y le había quedado algo en el recuerdo del famoso “ni derechas, ni izquierdas” que tantas veces repitió José Antonio desde su posición situada más allá de la “derecha radical”. Aquel otro dirigente de la UCD barcelonesa que había hecho carrera dentro del Movimiento en el tardo-franquismo, se limitó a añadir la coletilla “quedamos bien con todos” que era lo que Adolfo Suárez había sugerido a su grey. En realidad, era una posición que no podía mantenerse eternamente. Gracias a Carl Schmidt sabemos que la política es el arte de definirse en cada momento, de optar entre el amigo y el enemigo, no de mariposear.

Cuando la pérdida de vigor de los partidos tradicionales (la “banda de los cuatro”: PP, PSOE, CiU y PNV) se manifestó como irreversible, La Caixa optó por crear un nuevo partido que surgiría de la extrapolación a escala nacional de la iniciativa que en Cataluña había tenido cierto  éxito a partir de las elecciones autonómicas de 2010: Albert Rivera había ocupado un terreno abandonado por la timidez del PP en materia autonómica. Viendo en CiU a un aliado ocasional, Rajoy nunca terminó de creer que la deriva hacia el soberanismo era sincera; tendió a pensar que se trataba de la vieja artimaña de presionar para negociar en condiciones ventajosas. El PP perdió votos en Cataluña (y el PSC otro tanto) en beneficio de una opción que, sobre todo, era antisoberanista: Cs.

Pero lo que hasta aquí no pasaba de ser un neo-lerrouxismo postmoderno, cuando se extrapoló a escala nacional se convirtió en una reedición del centrismo de la transición: el paraíso de la ambigüedad. El típico partido que en una comunidad pactaba con unos y en la de al lado con sus contrario, que decía A y no-A al mismo tiempo, que carecía de expertos pero que tenía un “enterao” que pontificaba ante cualquier problema (las ocurrencia de Garicano en el programa económico de Ciudadanos son de traca). Que Rivera es un líder inmaduro se pudo comprobar en la campaña electoral del 20-D: no es que fuera inferior a los otros líderes, es que su ignorancia en algunos temas era palmaria. Y es que Rivera, se mueve mal en cualquier otro tema que no sea la denuncia del soberanismo.

Visión de conjunto: inmigración, identidad, refugiados, yihadismo.- El programa de un partido político debe ser algo más que una serie de propuestas de medidas coyunturales. Debe tener una lógica interior. El de Cs no la tiene. Se propone, todo aquello que sus redactores consideran “políticamente correcto” y de “sentido común”, pero ignoran que, frecuentemente, dos medidas dictadas por el “sentido común” pueden ser contradictorias. No existe un solo “sentido común”: el del gestor de una multinacional o de un consorcio financiero –de La Caixa, por ejemplo– no es el mismo que el “sentido común” del ciudadano de a pie. Por ejemplo: si se admite que el sistema capitalista, en su actual fase de desarrollo, el capitalismo globalizado, es el mejor modelo económico posible –lo que Cs opina– se estará de acuerdo en que su defensa debe de ser el primer elemento a abordar. Para poder estar presente dentro de una economía globalizada, deben admitirse ciertas reglas del juego (por ejemplo, bajar los salarios para “ganar competitividad” y, para hacerlo, aumentar los flujos migratorios, no ponerles control, es la condición sine qua non). De no respetar estas reglas no se será coherente con el modelo económico propuesto. Y si no se es coherente, habrá que reconocer que en ese partido existen contradicciones, agujeros negros, huecos en el programa, que implicarán reconocer que, o el programa no ha sido bien elaborado o, simplemente, el partido tiene muy poco interés en él (como si fuera un elemento que tiene que estar presente en una contienda electoral, pero al cual no hay ni que darle mucha importancia ni que hacerle mucho caso). Y eso es lo que le ocurre a Cs con su programa en materia de inmigración.

Un partido oportunista y con ambiciones electorales no solamente está obligado a decir a los electores lo que sus electores potenciales quieren oír, o, simplemente, lo que están seguros que “caerá bien” y no les comprometerá, sino lograr que sus propuestas en distintos terrenos sean coherentes y vayan en la misma dirección.

Cs dedica poco espacio a la inmigración. Todo lo que hemos podido encontrar en la web del partido y en el programa que allí se incluye ocupa un folio a doble espacio. Lo que se dice allí carece de coherencia con el programa económico. Otro tanto ocurre con la defensa de la identidad nacional que, además de ser limitado resulta incluso contradictorio: una cosa es estar contra el soberanismo y otra muy diferente defender la defensa de la identidad nacional y, por tanto, condenar la globalización y el multiculturalismo. Cs prefiere pasar de soslayo sobre todos estos temas. Y sobre los “refugiados”, el alegre presiente del partido se ha manifestado en varias ocasiones y de manera inequívoca a favor de que Europa los acoja, cuantos más mejor.

Posición oficial.- En el documento “Posicionamiento sobre la inmigración”, Ciudadanos fija sus posiciones. Cs define las políticas del PP y el PSOE en la materia como “deficiente gestión de la inmigración irregular” y como “importante problema”. Menciona como errores: las “regularizaciones masivas que actuaron de efecto llamada, la falta de control en las fronteras para evitar el tránsito ilegal de personas, así como también la prolongación ilegal de las estancias de ciudadanos extracomunitarios” como principales problemas. Y señala la “situación paradójica donde los extranjeros en situación irregular y por tanto ilegal en España, se benefician de los mismos derechos en sanidad, educación o ayudas sociales que quienes se encuentran legalmente o que los propios ciudadanos del país”.

Si hasta aquí el análisis tiene la virtud de ser justo, a pesar de que no llega ni a explicar el por qué de la inmigración y sus efectos, a partir de aquí Cs se sumerge en el terreno de lo políticamente correcto y en propuestas absurdas.

La primera de todas ellas es que los inmigrantes ilegales tendrán “una asistencia sanitaria de urgencias, o un servicio básico de atención social”. El absurdo deriva de que eso que proponen siempre ha existido (y, por otra parte, es humano que exista). Pero se olvida que el problema no es ese sino la REPATRIACIÓN DE LOS INMIGRANTES ILEGALES que hayan pasado o no por un ambulatorio de la SS. Un inmigrante que se haya roto una pierna, obviamente debe recibir atención hospitalaria… pero, sanada esa pierda, seguirá estando en situación de ilegalidad y, en ese caso, la alternativa solamente es o SE LE LEGALIZA, o SE LE EXPULSA.

Por otra parte, como sugiere Cs tarda poco en exponer cuál es el verdadero problema: los “discursos nacionalistas y xenófobos cuyos ejemplos ya salpican a una buena parte de Europa (…) con algún partido filonazi en el parlamento”… Y aquí ya estamos instalados en la corrección política. Nadie, absolutamente nadie, en Francia o en los Países Nórdicos, nadie salvo pequeñas fracciones ultraizquierdistas, considera a partidos como el Front National, el FPÖ, o el Partido del Progreso noruego, como “filonazis”. Cs, en cambio, sí, evidenciando su verdadera preocupación: que una marejada populista, identitaria y euroescéptica les reste espacio político.

La confirmación de esa corrección política prosigue con la propuesta siguiente: “Ciudadanos, en el tema de la inmigración irregular, hace suyo el Pacto Europeo sobre Inmigración y Asilo de 2008 donde se conmina a los Estados miembros de la UE a combatir la inmigración irregular bajo unos principios fundamentales: La cooperación de los Estados con los países de origen así como la obligación de abandonar el territorio de la UE de los extranjeros en situación irregular”. Pero Cs olvida que ese “pacto” data de 2008 y que, desde entonces han ocurrido muchas cosas: desde entonces han seguido llegando millones de inmigrantes irregulares en toda Europa. Ese pacto, simplemente, NO HA SERVIDO ABSOLUTAMENTE PARA NADA y, no sólo eso, sino que en los dos últimos años, el flujo de inmigración ha alcanzado cotas inéditas incluso en la década anterior.

Esto es todo lo que Cs propone en su “Posicionamiento sobre la inmigración”. NADA NUEVO, NI NADA CONCRETO.

En el Programa Electoral para las elecciones generales del 20-D de 2015, Cs introduce algunas ampliaciones a sus propuestas en materia de inmigración.  La actitud de  Cs en materia de inmigración responde, según el programa, a “cuatro pilares”: control de flujos migratorios, integración, dimensión europea e inversión en cooperación y desarrollo.

Muchas de las propuestas que realiza el partido son altamente idealistas, ya se han practicado (fracasando) o, simplemente son inviables, pero la tendencia es a que Cs, como antes han hecho el PSOE y el PP, intente eludir responsabilidades trasladándolas a las instituciones europeas. No debe ser el gobierno español, ni, por tanto, Cs, el que adopte una medida en materia de inmigración, sino las instituciones europeas… a pesar de que una medida tomada por la UE puede demorarse entre uno y dos lustros. Así por ejemplo, su propuesta estrella para “Control de flujos” consiste en crear “un visado europeo de trabajo y residencia” exigiendo a la UE una “política común y de control de flujos”. Siendo razonable la propuesta se enfrenta con la triste realidad: hasta ahora ha sido imposible porque las diferencias y necesidades de cada país son distintas y cambiantes y, porque, las orientaciones de sus gobiernos lo son igualmente. Por tanto, esta “propuesta estrella” choca con su imposible aplicación práctica. Y, por otra parte, ¿qué ocurriría si las negociaciones en la UE, dentro de 10 años, no hubieran llegado a ningún acuerdo? ¿Qué se hace con los inmigrantes que siguen llegando ilegalmente a nuestro país?

La segunda propuesta indica el grado de indefinición y corrección política en el que se mueve Cs: “Integración.- Los inmigrantes no pueden eludir el cumplimiento y respeto a las leyes y los valores democráticos de la sociedad española y europea”. La palabra fetiche en estas últimas décadas ha sido “integración”. Lamentablemente, esta “integración” no ha funcionado en NINGÚN LUGAR DE EUROPA. En todos los países europeos, las decenas de miles de millones invertidos en “integración” han dado el mismo resultado que si se hubieran arrojado a las letrinas: dese Holanda a Italia, desde Francia a Suecia, desde Alemania a Grecia.

¿Cuáles son esas “medidas de integración”? Cs nos lo dice: “Facilitar la inserción social, laboral y empresarial al inmigrante”, “reagrupación familiar”, “derecho de voto en elecciones municipales”… Los dos últimos elementos ya existen, así que la propuesta es inútil, en cuanto al primero: ¿es posible facilitar la “inserción laboral” en un país con 5.000.000 de parados y en donde el empleo que se crea es precario, de mala calidad y submileurista? ¿Esa es la gran propuesta de “integración”?

Cuando, en el punto siguiente, Cs alude a considerar el problema desde una “dimensión europea”, tiene razón: pero, una vez más, esto choca con la imposibilidad práctica. Por lo demás, cuando propone “eliminar las fronteras interiores [de la UE] y reforzar las fronteras exteriores” está proponiendo justo lo que desde los Acuerdos de Schengen a finales de los 80 ya establecían que es, precisamente, lo que está en el arranque de la actual crisis: un inmigrante ilegal (o un delincuente) pueden desplazarse por toda Europa, precisamente porque no hay fronteras interiores y porque las “fronteras exteriores” son vulnerables. La solución de “reforzar fronteras exteriores de la UE” es, igualmente, idealista porque eso puede llevar décadas o no realizarse nunca y, entre tanto, pueden ir llegando decenas de millones de inmigrantes.

En cuanto a la siguiente medida de integración, nuevamente, aflora la vacuidad de lo políticamente correcto: “Garantizar el cumplimiento de la Carta Europea de Derechos Humanos”. En ningún lugar del programa se alude a los derechos de los españoles ante la inmigración, a la posibilidad del Estado de seleccionar o rechazar inmigrantes por preparación, conocimientos, o a la posibilidad de cerrar las puertas a determinados grupos conflictivos.

Finalmente, en “Inversión en cooperación y desarrollo” se llega a la ya conocida desde hace décadas teoría que igualmente se ha demostrado inútil y falsa: hay que ayudar a los países en vías de desarrollo para evitar migraciones masivas… Estas políticas llevan aplicándose hace más de cuarenta años. De hecho, cuando terminó la descolonización, las antiguas metrópolis coloniales nunca cortaron completamente el vínculo con sus antiguos territorios, siempre, desde el principio de su andadura como naciones independientes, recibieron fondos y más fondos y muchos más para organizar sus economías: inicialmente, estos fondos fueron a parar a las élites, a menudo dictatoriales, que controlaban esos países. No sirvieron en absoluto ni para crear infraestructuras, ni para impulsar industria, ni comercio. En una segunda fase, entraron en juego las ONGs (con lo que casi nada cambió) y en una tercera fase, la burocracia gubernamental de los Estados europeos aprendió a negociar “ayudas al desarrollo” a cambio de comisiones ilegales: hoy la “ayuda al desarrollo” es una de las formas utilizadas para desviar dinero público del Estado, de ayuntamientos  de comunidades autónomas, a bolsillos privados. Por otra parte, esta propuesta ignora la realidad: frecuentemente no emigran a Europa los sectores más pobres de las naciones del tercer mundo, sino aquellos que pueden permitírselo (el pago a las mafias de la inmigración es elevado y no está al alcance de cualquiera). La inmensa mayoría no cuentan con volver a sus países sino en traer a Europa a sus familiares y amigos. Paradójicamente, en África, las zonas que han generado más inmigración, figuraban entre las más ricas antes de comenzar el proceso y hoy se cuentan entre las más pobres (con los 200 euros mensuales que envía un inmigrante a su familia en Costa de Marfil o Nigeria, no es necesario que esa familia cultive los campos ni trabaje: de ahí la pobreza de esas zonas. Sin olvidar que las “ayudas al desarrollo”, con demasiada frecuencia se pierden en el olvido: un ayuntamiento que ha dado 6.000 euros para la lucha por los derechos de la mujer en Botswana ¿realmente puede controlar en qué se emplea ese dinero?

El programa de Cs olvida además que el objetivo de una ley de inmigración es que sea precisa y que se cumpla. Lo que este partido propone, en síntesis, es lo que ya está establecido en la actual ley de inmigración y que jamás se ha cumplido y cuyos vacíos constituyen los verdaderos problemas. Lo “políticamente correcto” que proclama Cs en su programa en materia de inmigración es, justamente, lo que ya ha fracasado; y lo que propone para resolver problemas concretos es lo que ya está recogido en la Ley de Inmigración… y no se aplica.

Alguna de las propuestas sorprenden por su ingenuidad: “favorecer la importación de talento extranjero”… en un país que, precisamente, el problema que tiene es la “fuga de cerebros”.

Y, finalmente, están los “gestos”. Cs es un partido de “gestos”, en él el “look” siempre ha tenido mucho más valor que las ideas o las propuestas. Total, saben perfectamente que la mayoría de electores se dejan atraer por impresiones subjetivas, así que se trata de dar al posible elector la sensación de que está haciendo justo lo que espera y quiere que se haga: el “viaje” es una posibilidad de exteriorizar estas posiciones sin demasiadas explicaciones, basta con una foto: si se viaja a Venezuela y alguien saluda a Maduro ya está clara su posición; si se fotografía junto a la esposa de un opositor encarcelado, también. Rivera ha optado por esta “política” (viaje + gesto). Incluso en materia de inmigración.

El pasado 16 de mayo, Albert Rivera viajó a El Pireo (Grecia) para visitar el campo de refugiados que alberga a 2-000 ilegales y “conocer la labor que en este asentamiento están desarrollando la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR)”. Aprovechó para denunciar la “baja cuota de refugiados” (17.600) asumida por Rajoy… y la “responsabilidad” de España para “ejercer de garante del respeto de los derechos humanos en el trato dispensado a las miles de personas que huyen de la guerra en Siria, Libia, Yemen”… justo lo que hubiera dicho José Luis rodríguez Zapatero.

Por todo eso, en materia de inmigración, el Cs no es la solución, sino un “más de lo mismo”. Faltan ideas para solucionar un problema del que este partido ni siquiera es consciente de cuáles son sus orígenes, ni alcance. Falta valor para romper con la “corrección política”. En lugar de ello, lo que propone Rivera es exactamente lo mismo que lo que proponen sus otros tres rivales: Podemos, PSOE y PP.

 

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