Convergencia identitaria

Publicado: Martes, 07 de Julio de 2015 13:06 por Ernesto Milá en ORIENTACIONES
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Info|krisis.- A mediados de junio tuvo lugar el congreso de Partido por la Libertad. Poco después, en los primeros días de julio, Plataforma per Catalunya celebró el suyo. Ambos congresos aprobaron la resolución para iniciar un proceso de convergencia tendente a construir un “gran partido identitario” en España. Paralelamente, en las redes sociales aparecían distintas iniciativas destinadas a sondear en la misma dirección y a movilizar a los independientes interesados en el mismo proceso. Finalmente, el pasado lunes, España 2000 emitió un comunicado sumándose a la iniciativa. Sin embargo, en el momento de escribir estas líneas subsisten algunas dudas sobre todo esto que vamos a intentar enumerar desde nuestra independencia.

Vaya por delante que estamos afiliados a E2000 pero no ocupamos ningún lugar en su dirección y que nuestras opiniones son completamente personales. Y, en este sentido, nos consideramos independientes en la medida en que también colaboramos con otras siglas o en medio digitales igualmente independientes. Así pues, lo que escribimos representa, en principio, nuestra opinión personal, no la de ningún grupo. Dicho lo cual, podemos entrar en materia.

Hay dos formas de hacer política: sumando fuerzas o exteriorizando la estupidez. Mientras las organizaciones identitarias llevan en contacto algo más de un año y han abordado la cuestión de la convergencia de manera discreta y calmada, ha aparecido el segundo llamamiento para la constitución de una “Izquierda Falangista”. Poco importa quien firma este último llamamiento e incluso el hecho de mostrar públicamente su analfabetismo político, lo esencial es que así no se construyen partidos, ni se agrupa gente válida, ni siquiera un yonki de la presencia mediática lograría mantener el interés mediático más allá de los cinco minutos habituales y del consabido artículo en Interviú en las proximidades del 20–N.

Sin embargo, el nivel de descomposición de un ambiente –en este caso, el falangista– lo da el hecho de que algunos de quienes dicen pertenecer a él, entran al trapo y “saludan” la creación de una “falange de izquierdas”, recuerdan los “buenos viejos tiempos del hedillismo”, tratan de situarse en la foto junto a Podemos esperando que alguien allí se los tome en serio (como Carrillo se tomó en serio al “carlismo autogestionario” en la Junta Democrática) e incluso los contrarios a la iniciativa renuncian a alertar de manera razonada sobre lo inocuo de la operación, contribuyendo a crear un espacio de difusión a la misma. En el medio identitario no puede ocurrir nada parecido, especialmente si se trata de una operación “sólida”.

De momento, la solidez de la iniciativa de convergencia identitaria viene dada por las tres formaciones que hasta ahora se han comprometido en abordar esta línea. Detrás tienen “algo”, lo suficiente como para haber despegado de la “carrera de caracoles” que desde hace treinta años emprendió algo más de una docena de siglas vinculadas al mismo ambiente político. El rasgo de estos tres grupos es que ya no parten del consabido 0+0+0=0, sino que han logrado algunos cargos electos (18 en total) avalados por 40.000 votos

Es poco, ciertamente, pero algo es, y desde luego es más de lo que existía antes. Y, sobre todo, existe un número mínimo de cuadros políticos fogueados identificados con el mismo discurso y una militancia activa presente en redes sociales, y sensibilizada en torno a los mismos problemas. Otra cosa que también está presente y que debe seguir estándolo es cierto pragmatismo: hoy la política no consiste en discutir sobre ideologías, sino en afirmarse en la realidad cotidiana, no es debatir eternamente sobre ideas y proyectos irrealizables sino participar en el debate presente en la sociedad. Y seguramente en el objetivo también hay unanimidad: presencia en la sociedad mesurable mediante la participación en procesos electorales. Nadie duda, igualmente, de la necesidad de abordar una convergencia. Pero a partir de estas certidumbres se abren distintos interrogantes

1. ¿Está cerrado el cupo de siglas participantes en la operación? La lógica implicaría que, de existir alguna otra fuerza política que expresara su interés en la operación, lo exteriorizada mediante una resolución de su junta de gobierno, tal como ha hecho PxC, E2000 y PxL.

2. ¿Existe un común denominador para participar? Creo que deben existir varios:

cierta “solvencia” política, es decir, firmeza en las convicciones, honestidad en los participantes, estabilidad en los dirigentes, bases identificadas con la dirección, solidez mínima de las estructuras políticas, claridad en la línea.

postura política concordante con la “autonomía histórica”, es decir, conciencia clara de que no se trata de reconstruir ningún movimiento que haya existido en el pasado.

–  decisión unánime de participar en un proceso de este tipo.

3. ¿Existen unos “puntos mínimos” que pudiera servir como punto de referencia? Obviamente no puedo más que dar mi opinión personal, pero si se trata de afinar en unos pocos puntos, lo que debería ser esencial a defender en un proceso de convergencia, sería:

– Defensa de la identidad nacional. Instauración de la “preferencia nacional”. Cierre de fronteras a los ilegales. Repatriación de los excedentes de inmigración.

– Mano dura contra la corrupción. Disminuir el poder de la partidocracia y encontrar fórmulas alternativas de representación democrática.

– Profunda reforma constitucional que extraiga consecuencias del fracaso del Estado de las Autonomías y tienda a reforzar la cohesión del Estado.

– Devolver a la sociedad la idea de “orden”, cortando los procesos de desintegración y degradación que experimenta la sociedad española.

– Renegociar el acuerdo de adhesión con la UE. Tender a una economía productiva y social antes que a una economía especulativa y globalizada.

–Política de paz en Europa con desenganche de la OTAN y defensa europea común basada en el multilateralismo y la defensa ante el fundamentalismo.

Creo que estos puntos pueden desarrollarse perfectamente y dar lugar a un programa político extremadamente renovador y necesario en el momento actual para la sociedad española y con el que amplios sectores de la población podrían sumarse. Reducir este programa a algo menos sería debilitarlo y reducir su campo de aplicación, ampliarlo no sería cuestión de “puntos mínimos” sino de “programa político” (lo cual es muy diferente). Por otra parte, estos puntos coinciden plenamente con los principios del Grupo Parlamentario Europeo “Europa de las Naciones y de las Libertades” con el que, creo, que deberíamos alinearnos de partida.

4. ¿Qué forma final debería tener el conjunto? Los partidos hermanos europeos lo que quieren es un interlocutor único a escala de Estado (“Europa” es, hoy por hoy, una “Europa de las Naciones”). Quizás el primer paso sería la creación de una Comisión de Enlace, la ejecución de algunas campañas de propaganda comunes sobre los temas del programa y, si se producen los resultados positivos esperados, dar un paso más adelante formalizando la creación de un “Frente Nacional” en el que las mismas siglas pudieran mantener su entidad en un primer momento para irse diluyendo en el segundo (a recordar el proceso de formación del Front National francés: se suma inicialmente Ordre Nouveau, el Partí de la Unité Française (Le Pen) y el grupo Militante, luego se añade un grupo “solidarista” (hacia 1977). Poco a poco, las siglas van desapareciendo sin traumatismos, a medida que se va afirmando la nueva sigla. Con todo, no es éste ni el único camino a seguir, ni el único modelo:

– Modelo Frente Nacional (inclusión de siglas y desaparición progresiva de las mismas). El modelo “Izquierda Unida” es muy similar. Y creo que es al que habría que tender: federación inicial versus unidad e integración progresiva.

– Modelo Podemos (suma de distintos “colectivos” políticos, sociales, vecinales, funcionamiento asambleario). No existe diversidad suficiente para un modelo así concebido, ni siquiera los grupos que se podrían considerar tienen suficiente entidad. Por otra parte, el modelo asambleario se presta a confusiones, centrifugación e inestabilidad. Es un modelo, en mi opinión, a descartar desde el primer momento.

– Modelo nuevo partido unitario (disolución de las partes y formación de una nueva estructura). Creo que es otro modelo a excluir de partida. Lo poco que existe hoy, al menos es algo, no se puede romper para construir otra cosa con sus fragmentos.

5. ¿Hay sectores a excluir? Por supuesto y creo que vale la pena enumerarlos:

– los maniaco–obsesivos monotema: aquellos que se centran en un solo tema y creen que ese tema debería estar presente de manera monocorde dentro de la estructura que resultase de un proceso de convergencia: por ejemplo, los partidarios de que el eje del programa fuera el aborto.

– los hiper–ultra–mega–revolucionarios: partidarios del “purismo revolucionario” basado en una exaltación de cualquier medida implicara el seguimiento de una “línea anticapitalista” inspirado en la extrema–izquierda de los años 60 y 70. Habitualmente estos sectores consideran que “nadie es suficientemente revolucionario” y siempre, antes o después, terminan con la excusa más peregrina rompiendo la baraja.

– los permanentemente auto–excluidos: existen personajes que desde hace décadas capitanean grupos minúsculos, completamente aislados, y que han manifestado reiteradamente ser “socios poco seguros”. Tiene gracia, por ejemplo, que algunos, cuando se les ha hecho imposible la vida en grupos creados por ellos, hayan creado grupos aun menores y tiene todavía más gracia que haya otros partidos que constantemente desde hace 15 años tienen sangrías de militantes y mantengan todavía a la misma dirección a la vista del cero absoluto obtenido en cuestión de resultados.

– los “doctrinarios rigurosos”: en el actual momento histórico no es el mejor momento para acometer trabajos de “infiltración cultural”. Un Frente que quiera actuar políticamente no puede estar permanentemente embarcado en una polémica cultural o ideológica, con la excusa de que hay que “fijar posiciones”: las posiciones se fijan en el programa político y en los puntos básicos. El resto no es competencia de una organización de este tipo. No es una “ideología” lo que debe defender un “frente nacional” sino una forma de ver la vida y, sobre todo, unos puntos básicos y un programa.

– los obsesos del activismo callejero: una organización que busque crecer debe necesariamente realizar tareas de agitación y propaganda, pero no reducir toda su actividad a esta dimensión para agitar de manera obsesiva a la militancia y reventarla en pocas semanas. El “activismo” supone una forma de agitación compulsiva sin objetivos ni estrategia. Un partido político necesita justamente objetivos – estrategia – táctica, pero puede prescindir de los obsesos del activismo.

– los timoratos: en política hay que ser decidido y ambicioso, si no se es, nunca se termina el momento para lanzarse al ruedo o para reemprender el combate. Hace falta valor y decisión para hacerlo… unido a la lucidez (lo contrario sería pura irresponsabilidad). El timorato es aquel que encuentra eternamente motivos para dudar.

6. ¿Y los independientes? ¿Qué hacemos con los independientes? En los últimos años se han generado decenas y decenas de militantes del área política que han recuperado su independencia en relación a las organizaciones existentes. Se trata de un fenómeno típico de períodos en los que no se producen avances sensibles y se extiende un alto grado de desmoralización. Eso no quiere decir que estos “independientes” hayan renunciado a la actividad política, sino que están a la expectativa. Probablemente, ahora ha sonado la hora de que se movilicen de nuevo. Las posibilidades que se ofrecen hoy a los “independientes” son dos:

– Reinsertarse en algunas de las organizaciones existentes.

– Formar “círculos de independientes” con los que participar en los encuentros para cristalizar el proceso de convergencia. Afortunadamente, las posibilidades de realizar algo así en la actualidad son mucho mayores que en años pasados. Las redes sociales de Internet ofrecen con facilidad esta posibilidad.

7.  ¿Radicales o moderados? Cuando se lanza un movimiento político de lo que se trata es de que irrumpa con garra y mordiente: si estos elementos están ausentes, el nuevo movimiento tiende a pasar desapercibido. Luego ya habrá tiempo para moderarse, pero los primeros pasos tienen que ser decididos y el movimiento deberá demostrar estar hecho de la solidez del pedernal, de la flexibilidad del mejor acero y de la agresividad del fuego.

8. ¿Cuestiones de imagen? Una cosa es el radicalismo de las propuestas, la otra muy diferente, la imagen de marca. La imagen debe ser actual. Si remite a otros tiempos ha perdido. Radicalismo en el mensaje – moderación y actualidad en las formas. Estilo propio. Transmisión de las sugestiones de dinamismo, autenticidad, responsabilidad, conocimiento, decisión…

9. ¿Algunos grupos sociales preferenciales para el trabajo político? Una alternativa como la que pueden encarnar los partidos identitarios no puede aspirar a un mensaje dirigido al 100% de la población y debe de saber elegir qué sectores sociales admitirán mejor su mensaje: clase obrera empobrecida y amenazada por el fantasma del paro; juventud sin más perspectiva que la de acabar los estudios y engrosar las listas del paro o ir a parar al exilio económico; sectores de las clases medias empobrecidas alarmadas por la situación de desintegración del sistema político–social y la decadencia cultural. No es este el lugar para hacer un análisis sociológico de todo esto, pero sí que apuntamos a estos grupos como “preferenciales” tal como nos lo sugiere las experiencias políticas tanto en nuestro país como en Europa.

10. ¿Y los tiempos? Estamos en pleno verano. Pero queda todavía mucho de mes de julio como para que en este mes no tengan lugar las primeras reuniones de tal manera que a lo largo del otoño próximo todo esto se haya concretado. Vale la pena recordar que el 27–S hay elecciones autonómicas en Cataluña y que antes de finales de año tendrán lugar las elecciones generales en todo el Estado. En esas condiciones, la velocidad es fundamental.

11. ¿Y los contenidos? Las cuestiones a debatir después de quedar claro lo que cada grupo está dispuesto a dar y exige a cambio, son en mi modesta opinión:

– Modelo organizativo: federación, frente, etc.

– Puntos mínimos: ejes de agitación y propaganda

– Programa: análisis y desarrollo de los temas, argumentario y propuestas.

– Imagen: aspecto exterior e imagen corporativa

– Objetivos, estrategia y tácticas: ¿a dónde llegar? ¿En qué tiempos? ¿Siguiendo que direcciones? ¿A través de qué caminos?

– Calendario: timming de actividades de lanzamiento del proyecto, concreción del mismo, primeras campañas…

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Así ve las cosas alguien desde su independencia. Corre mucha prisa concretar esto porque se viaja con 30 años de retraso (como para incorporar a quienes viajan con maletas de 70 u 80 años…). Si se quiere expresar con una sola frase quizás sea bueno resumirlo así: o se crea un partido nacional (bajo la forma de federación o de frente) con “masa crítica” suficiente como para participar en las próximas luchas políticas y hacerse a codazos un hueco en el panorama político español o mejor abandonar el país, por náusea hacia el rumbo que ha iniciado y ante la imposibilidad de que ni la “vieja banda de los cuatro” (PP+PSOE+CDC+PNV), ni la “nueva banda de los cuatro” (Podemos+Cs+ERC+Bildu) impriman una rectificación en la pendiente de la decadencia. Y no sólo náusea: náusea y el riesgo que implica permanecer en un barco que tiene cada vez más abierta la vía de agua, se dirige hacia un iceberg y el capitán y la tripulación están convalecientes aun de la borrachera de la fiesta de la noche anterior. Eso es lo que hay…

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

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